"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).
Mostrando entradas con la etiqueta William Soto Santiago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta William Soto Santiago. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de julio de 2011

(9): LA APERTURA DE LOS SELLOS


Capítulo IX

LA APERTURA DE LOS SELLOS[1]

Abordamos a continuación uno de los temas más espinosos del movimiento branhamita, el relacionado con la apertura de los sellos.  Espinoso decimos, porque es precisamente el que ha dado pie a peligrosas herejías, enredándose en lo cual han surgido personas que se han declarado a sí mismos: Mesías. Son varios los aspectos que incluye este tema, tales como acerca del séptimo ángel de Apocalipsis 10, el fin del tiempo o dispensación de la gracia, la segunda venida de Cristo, el nombre nuevo del Señor, etc.  Pero debemos atender primero a las claras y categóricas declaraciones de las Sagradas Escrituras en lo relativo a este importante asunto.
Comencemos citando el hecho de que tan solamente el Cordero de Dios, Jesús de Nazareth, es digno de mirar el libro y desatar sus siete sellos; lo dice Apocalipsis 5:2‑5:


"2Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? 3Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. 4Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de  leerlo, ni de mirarlo. 5Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos".
Debemos notar que el Único que puede abrir el libro es el Cordero que fue inmolado; se refiere, pues, al Hombre Jesús de Nazareth, el Verbo encarnado que permanece el mismo y en Su humanidad por todos los siglos. Al decir “León de la tribu de Judá" y "raíz de David", también lo hace para referirse a su perfecta humanidad, pues alude a Su ascendencia humana de la que tomó de María para así cumplir las promesas a Abraham y a David. Igualmente, al hablar de haber vencido y de Cordero inmolado, no puede sino tan sólo referirse a Su humanidad; de manera que quien abre el libro no es el Padre ni el Espíritu Santo, como sostiene Branham, sino el Verbo encarnado cual Jesús de Nazareth. El Espíritu Santo no fue inmolado, ni tampoco la Divinidad precisaba vencer nada.  Era el Cordero, el Hombre semejante a nosotros, tentado en todo cual nosotros, pero victorioso; sí, Jesús de Nazareth, el Verbo encarnado, el Único digno de abrir el libro. No existe, pues, otro hombre que pueda hacer tal cosa; y si alguno pretende hacerlo, entonces simplemente está tomando el lugar de Cristo; y eso es precisamente lo que da a entender Branham; ya cité, y lo vuelvo a hacer, aquella declaración de Branham durante su disertación acerca de la revelación de los siete sellos:


"Y ahora en esta noche el Cordero está parado con el libro en la mano y está empezando a revelarlo mientras entramos a este capítulo 6.  Ojala el pueblo tenga mente espiritual..."
Y un poco más adelante:
"El libro enrollado con los siete sellos está ahora siendo abierto por el Cordero.  Estamos llegando a ese lugar en esta noche". (Páginas 99 y 100, el primer sello).
Debemos atender además al hecho de que es muy diferente predicar acerca de los siete sellos, y abrirlos realmente.  Cualquier predicador puede hablar acerca de tal tema, pero solamente Jesús de Nazareth, Dios como Hombre y en gloria, puede realmente abrir el libro.  Notemos por ejemplo que cuando el Cordero abre el sexto sello, “12hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 13y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. 14Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. 15Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?" (Apocalipsis 6:12-17).



He ahí, pues, lo que acontece cuando realmente el Cordero abre el sexto sello. Los acontecimientos demuestran la apertura verdadera, pero una simple predicación acerca de la tribulación final no significa que sea la apertura verdadera. Tal verdadera apertura es el acontecimiento. Sin embargo, dentro del movimiento branhamita se confundió la semana de predicaciones de Branham acerca de los sellos, del 17 al 24 de marzo de 1963, como si fuese la apertura verdadera, dividiéndose los grupos del movimiento en fracciones encontradas en cuanto a la interpretación del séptimo sello; pues unos lo consideraban aún cerrado, y otros, ya abierto; esto debido al velado y ambiguo lenguaje de Branham, pues con el séptimo sello abierto se presentaba la segunda venida de Cristo. Todo esto acarreó, como era de esperarlo, una tremenda confusión, pues si aquellas predicaciones eran no sólo eso, predicaciones acerca del tema, sino la verdadera apertura por el Cordero a través de Branham, que se presentaba como el séptimo ángel de Apocalipsis 10, entonces por supuesto que el tiempo de la gracia llegaba a su fin, pues ya el Cordero se había levantado del Lugar de Intercesión para venir a abrir el libro y reclamar a Sus escogidos. Eso significaba además el cumplimiento de la segunda venida de Cristo en las nubes, para lo cual se señalaba aquella nube de que hablamos en otro capítulo y que fue fotografiada por el observatorio de Flastag, y publicada en las revistas "Life" y "Science". Y además, puesto que Branham había dicho que los siete truenos que eran los que estaban sellados con los siete sellos de afuera del libro, al ser revelados mostrarían el Nombre nuevo del Señor, entonces, a partir de William Soto Santiago, y con la actividad y carisma de Óscar Candelario, ambos de Puerto Rico, se concluyó que tal nombre era William Marrion Branham; por lo cual se extendió principalmente en Latinoamérica entre los grupos branhamitas, la costumbre de orar a Dios en ese nombre, suponiendo que el tal fuese el nuevo nombre del Señor, del que habla Apocalipsis 2:17; 3:12; 19:12. No obstante, Apocalipsis 2:17 se refiere al nombre que recibirá cada vencedor cuando el Señor regrese con Su galardón, lo cual dice cumplir William Soto Santiago presentándose a sí mismo como el Señor en su venida galardonando. Respecto a Apocalipsis 19:12, nos dice la Biblia que ninguno conocía ese nombre sino el Señor mismo; por lo tanto es una necedad aceptar que William Soto Santiago nos pueda decir ese nombre. Branham, con declaraciones como la que cito a continuación, encaminó las cosas de esa manera:
"Y ahora Jesús, Su nombre sobre la tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo nombre.  Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada.  Será revelado en los truenos". (Los sellos. Pág. 131).


Con esa frase se presenta como inútil orar a Dios en el nombre de Jesús, lo cual es ya un crasísimo error, pues “no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos";[2] además, se insinúa orar en otro nombre que sería revelado y con el que "providencialmente" dio Wiliiam Soto Santiago: William Marrion Branham.
Vemos, pues, que el error "sólo Jesús" de Branham dio lugar para confundir al Cordero con el Espíritu Santo, y así desencarnar a Cristo, lo cual es anticristo, de manera a presentarlo a través de otro hombre; separado el logos del hombre Jesús, se presenta supuestamente al Logos en otro hombre, lo cual es característico de los falsos mesías; pero Jesús es el Cristo. ¡El Verbo y el Carpintero de Nazareth es una y la misma persona indivisible! Y Él es el Cordero, el Único que podrá abrir el libro.


Branham enseñó de sí mismo que él era el séptimo ángel que recibió del Cordero‑Espíritu Santo (sabelianismo) el libro abierto (interpretado como la explicación infalible de la Biblia). Sin embargo, en Apocalipsis 10:7 NO dice que el séptimo ángel reciba el libro abierto y nos lo participe.  En primer lugar, ese séptimo ángel es el último de la serie de ángeles celestiales que tocan las siete trompetas en el contexto de Apocalipsis 8 al 11. La consumación del misterio de Dios NO consiste en una colección de herejías presentadas como revelaciones divinas, sino que es la culminación del desarrollo del plan de Dios con el establecimiento perfecto del reino de los cielos; efectivamente nos dice Apocalipsis 11:15 que cuando el séptimo ángel tocó la trompeta, los reinos del mundo llegaron a ser del Señor y de Su Cristo, y llegó el tiempo de dar el galardón a los Suyos y de juzgar a los muertos. He allí entonces cuando el misterio de Dios se consuma transformando nuestros cuerpos y barriendo la tierra. Pero suponer que la predicación de Branham, y otros después de él, y en especial a partir de sus disertaciones sobre los sellos, sea la consumación del misterio, resulta anacrónico e ilusorio. Aun el mismo Branham respondía a preguntas en 1964, más de año y medio después de su predicación de los sellos, que no entendía bien el mismísimo tema del Milenio y otros, y que apenas opinaba en ciertos asuntos escriturales. Recordemos que el misterio se consuma cuando el séptimo ángel realmente toca su trompeta, con lo cual los reinos del mundo pasan a ser del Señor y Su Cristo; y el reino se establece literalmente sobre toda la tierra; pero Branham aun confesaba no entender bien ni siquiera el tema del Milenio. Por lo tanto no puede sostenerse que aquella predicación de los sellos, presentada como verdadera apertura, sea la plenitud de la Palabra y la consumación del misterio.

Hemos dicho ya que Branham presentaba su ministerio como el cumplimiento de Lucas17:30, la manifestación del Hijo del Hombre; y lo hacía incluso antes del tiempo de su predicación de los sellos. En su mensaje "el rapto"(1965) enseñó que la segunda venida del Señor según l Tes. 4:16 tenía tres partes: aclamación, voz de arcángel y trompeta de Dios. Lo relativo a la aclamación o voz de mando, lo aplicó a su propio ministerio; es decir, que la segunda venida de Cristo comenzaba a cumplirse en él. Luego, William Soto Santiago se aplicó el resto, presentándose también como el Mesías en su segunda venida.  Sólo dentro del branhamismo surgieron así varios falsos mesías, tales como también Julio Alvarado en Bolivia con milagros y prodigios, y Laurey en India, adorado en Madrás como Nishu Krisna. Pero sigamos recordando que el Señor Jesús nos advirtió que antes de Su venida vendrían falsos profetas y falsos cristos diciéndonos: He aquí está el Cristo, allí está, en el desierto, en los aposentos; y harían grandes señales y prodigios, y engañarían, si fuese posible aun a los escogidos; por lo cual nos advirtió el Señor que no veríamos días como los del Hijo del Hombre (Lucas 17:22,23), y que no creyéramos ni siguiéramos a estos falsos cristos, sino que le esperásemos venir en gloria; sí, al mismo Jesús de Nazareth, al mismísimo Hombre que fue crucificado y resucitado en carne, y en carne ascendido y glorificado, sentado a la diestra de la Majestad en las alturas hasta que la muerte sea vencida en nuestros cuerpos mortales con Su venida; nos dijo que regresaría cual resplandor de relámpago, en gloria y majestad.



[1]Este capítulo fue escrito en Ciudad del Este, Paraguay, en julio 26 de 1983.
[2]Hechos 4:12

(11): BREVE RESEÑA DE LA DIFUSIÓN DEL BRANHAMISMO


Capítulo XI

BREVE RESEÑA DE LA DIFUSIÓN
DEL BRANHA­MISMO[1]


Sirva este capítulo final como un pequeño apéndice informativo, en atención al interés de los investigadores.

La ordenación al ministerio de William Marrion Branham vino a través de la línea de los anabaptistas por medio del Dr. Roy Davis, misionero bautista; luego Branham se independizó de los bautistas, y más tarde, en 1946, recibió la aparición del ángel que le comisionó a llevar un don de sanidades a las naciones, y especial­mente a la costa occidental; entonces su ministerio de campañas de sanidad se realizó con el respaldo princi­palmente de los pentecostales; el compañerismo de los Hombres de Negocio del Evangelio Completo le abrió las puertas en diferentes lugares del mundo; sin embar­go, en estas correrías Branham se adaptaba en sus primeros tiempos a la situación en los diferentes lugares; pero donde estableció su cuartel general fue en Jeffer­sonville, Indiana, EEUU, donde predicaba abiertamente su doctrina y donde se conservó la colección de sus disertaciones.  En la misma ciudad se le asociaron otras congregaciones como la del hermano Jackson, que sólo difería en pequeños asuntos de orden en los cultos.
Pero puesto que el ministerio de Branham era itinerante, entonces él y la congregación del "tabernácu­lo Branham" nombraron a Orman Neville, antiguo pastor metodista, como obispo dentro del compañeris­mo de ministros en el "tabernáculo Branham” de Jeffersonville.  O. Neville predicó en la línea de Bran­ham.  Íntimamente ligado a Branham estuvo en Tucson, Perry Green, quien en vida de Branham hubo de ser amonestado por éste por haberle llegado a confundir con Jesucristo.  Este Perry Green fue quien en la década posterior a la muerte del profeta, organizó en Tucson un encuentro branhamita de todos los líderes que represen­taban dentro del movimiento diversas líneas de inter­pretación; se escuchó a cada cual.
Lee Vayle, doctor en teología, asesoró a Branham en los asuntos de erudición acompañándole y hablando por él ante auditorios intelectuales cuando Branham contaba su testimonio; éste fue quien hizo la revisión gramatical del libro "Las Edades de la Iglesia", y escribió el libro "El Profeta del Siglo XX".  A la muerte de Branham, era contado entre los líderes prominentes.

Roy Borders fue quien tomó bajo su responsabilidad la edición de los mensajes de William Marrion Branham a través de su imprenta “Spoken Word Publications".  Las cintas magnetofónicas se transcribían y publicaban en inglés mediante ofrendas voluntarias, por lo cual los libros y folletos se distribuían gratuitamente, lo cual contribuyó enormemente a la difusión del mensaje de Branham. Hubo también otras imprentas que se dedica­ron a publicar sus mensajes.  También se hicieron traducciones al alemán, francés, portugués y español.
En Sudáfrica, que fue visitada por Branham en persona, contaba éste con la colaboración de los Jack­son, una familia misionera. George Smith, yerno del profeta, viajó también a Sudáfrica. En otras naciones africanas tales como Kenia y Nigeria, el branhamismo aceptó la línea de Paul Jones de Newstraitville, Ohio, el cual enfatizó el tema de las dos almas, y sacó a luz el tema de la poligamia en el mensaje.  Aunque este tema de la poligamia es muy viscoso, no obstante Paul Jones lo trató con altura; es decir, considerando con honesti­dad el asunto desde el punto de vista doctrinal, pero sin ponerlo en práctica.  No obstante, la doctrina dio frutos esporádicos, de los cuales yo conocí un caso en Para­guay y otro en Perú.

Europa tuvo su centro de irradiación branhamita en Alemania mediante el ministerio de Ewald Frank. El primer contacto del branhamismo con Latinoamérica, que en nuestro contexto nos interesa particularmente, fue en el inicio con los viajes de Branham a Puerto Rico y México.  Aquellos viajes en persona fueron, sin embargo, apenas campañas pentecostales.  Pero en Puerto Rico, el evangelista Óscar Candelario entró en contacto con el movimiento en Norteamérica, y se constituyó en cabeza de lanza para Latinoamérica, mediante programas radiales.  En Puerto Rico se formó una numerosa congregación y asociados que respaldaba la difusión.  En Estados Unidos, Bernabé García lo difundió entre los inmigrantes de habla hispana.

Con Óscar Candelario entró en contacto Óscar Galdona de Barquisimeto, Venezuela, antiguo pastor bautista pasado al pentecostalismo, y que entonces llegó a presidir un compañerismo denominado "Ebenezer". Óscar Galdona propagó el mensaje en Venezuela, donde a instancias de Miguel Bermúdez, futuro adalid de la causa branhamita y luego sotiana, comenzaron a hacerse grabaciones en español de la traducción hecha por Galdona del inglés de Branham.  Miguel Bermúdez insistió más y se formó la imprenta Ebenezer de Barqui­simeto, que publicaba las diversas disertaciones de Branham, en traducción española, y bajo el título "La palabra hablada".  También publicaba la revista "Quitan­do el velo"y otros folletitos, con la interpretación de Galdona.  Venezuela llegó a constituirse así en poderoso foco de irradiación branhamita para todo el mundo de habla hispana. La imprenta, bajo Miguel Bermúdez, colportor por excelencia, jugo, pues, un papel importan­tísimo.
Al lado de Miguel Bermúdez se distinguió en el colportaje branhamita el misionero canadiense Ewan Paras, que recorrió difundiendo el mensaje por los distintos países de América.  Donde Paras tuvo más éxito fue en Bolivia, aunque también introdujo la literatura en muchos países, incluso Cuba, Belice y España.  La literatura hacía su labor por sí sola, pero en Bolivia, Paras branhamizó congregaciones enteras.

Se recuerda también un viaje de los dos Óscares, Candelario y Galdona, a la Argentina.  En Buenos Aires el mensaje branhamita fue examinado por el presbiterio que formaban los hermanos del Movimiento de Reno­vación, del cual daremos también algunas breves noticias para completar el panorama principalmente del Cono Sur.  El presbiterio renovado de Buenos Aires captó las herejías sutiles branhamitas y desechó asimilar­las.  Esta noticia la recogí de Ángel Negro, miembro del presbiterio.  Sin embargo, algo del branhamismo quedó en Buenos Aires con Ocampo de Quilmes. En Córdoba, no obstante, se estableció un centro de difusión de literatura con José Torres, unitario; de éstos se alineó luego Raúl Veliz con el falso mesías William Soto Santia­go.  Walter Méndez fue coordinador nacional del movimiento en Bolivia.  Miguel Bermúdez abonó el terreno en Sudamérica, también aquí en Paraguay, primero, con programas radiales, y segundo, con un cargamento de literatura y repetidas visitas.  En Para­guay yo fui el primero en identificarme abiertamente, y tomé sobre mis hombros la tarea de la difusión, por lo cual hube de retractarme después.
En Perú lo difundió Moisés Concha Miche, y en las diversas naciones de Centroamérica, Edy Corado.  En Brasil se difundió principalmente desde Goias con Francisco González.

En esta difusión pueden notarse dos etapas: Antes y después de 1974, año en que se entró de lleno en la consideración del séptimo sello y que acarreó diversas confusiones, divisiones y excesos.  En la primera etapa de difusión y según el primitivo entendimiento branha­mita, se enfatizaba la restauración de la iglesia por medio del profeta Elías.  Esta etapa anterior a 1974 captó mucha gente, puesto que el ambiente estaba propicio entre las denominaciones para buscar una restauración, y mucho más si se presentaba ésta bajo la señal de haber sido enviada por Dios mediante el Elías profetizado.  A mí, en mi novelez de año y medio de incipiente cristianismo, eso fue lo que me impresionó.  Como ingredientes añadidos a la restauración se presen­taban las novedades branhamitas como revelaciones para la última hora, tales como la simiente de la serpien­te, el séptimo ángel, y otras; y en cuanto a restauración propiamente dicha, se consideraba la herejía sabelianis­ta, el bautismo en nombre del Señor Jesucristo, el énfasis sobre la “posición" de la mujer, el antidenomina­cionalismo, la superación del pentecostalismo, y otras interpretaciones branhamitas sobre las etapas de la gracia, etc.
Había muchas razones para que se deseara una restauración; por lo demás, ese deseo de restauración y de volver a las fuentes ha sido característico dentro de la cristiandad, aun desde sus primeros siglos; y con ese afán surgieron líderes ya dentro de la ortodoxia, ya dentro de la heterodoxia, ya en la misma frontera.  El montanismo, tertulianismo, novacianismo, donatismo, fueron movimientos que querían una restauración de la gloria primitiva en la iglesia dentro de los primeros siglos.  Aun el papa Gregorio VII (Hildebrando), con sus subidos reclamos hegemónicos, luchaba por la libertad de la iglesia, entendiéndola él como supremacía papal.  No debemos olvidar que aun los historiadores romano‑papistas más honestos, reconocen la degrada­ción a que llegó la cristiandad nominal con jerarquía y todo, sí, con el papado a la cabeza, especialmente en los siglos medios.

Por todo eso se alimentó la llama que buscaba una reforma, ya sea dentro del mismo romanismo, como los movimientos cluniacence y franciscano, o fuera de él como el bretón de Dagán de Bretaña y Colmán de Iona, el pauliciano, el petrobuisiano, el enriquista, el valdense y el anabaptista, los cuales llegaron a entroncar con la reforma protestante, la cual fue ya una explosión de ansias de restauración, que conmovió al romanismo y lo obligó también a una reforma dentro de sus hormas con el Concilio de Trento, pues aun sus cánones, aunque antiprotestantes, señalaban la necesidad de una verda­dera reforma.  Pero para muchos, como Grebbel, Philips, Karlsdad, Meno Simons y otros, aun la reforma luterana, calvinista y de Zwinglio se quedaban cortas en su retorno a los orígenes, por lo cual se buscó una mayor recuperación del cristianismo primitivo. Porque, ¿qué cosa buscaban los reformadores?  Y si desconta­mos de unos y otros sus errores e intereses personales, ¿qué buscaban también a su manera los defensores de la tradición?  Pues, entre los honestos, reforma o tradición significaban en el fondo el mismo anhelo: valorar la gloria primitiva de la Iglesia.  Por eso dentro del protestantismo surgieron Wesley y los metodistas; y luego, desde Plymouth, intentaron saltar muy alto Darby, Kelly y Mckintosh.

¡Pero si aun falsos profetas, como pienso acerca de José Smith, padre del mormonismo, se lanzaron adelan­te enarbolando la bandera de la restauración!  Restau­ración querían también Miller y los adventistas; eso pretendían Russell y Rutherford.
Y llegando a nuestro propio siglo, ¿qué cantaron los pentecostales de la calle Azuza? ¡Restauración! El pentecostalismo tomó la jurisdicción del mundo entero, e invadió a casi todas las denominaciones, incluso al romanismo.  Branham, pues, a mediados del presente siglo, en la década de los años 50, tomó en su mano la antorcha del amor a una restauración, y se propuso superar al pentecostalismo. Consideró al catolicismo romano y al Concilio Mundial de Iglesias como del mismo diablo, y dejó que Billy Graham se ocupara de los pecadores para llevarlos a la justificación y al compa­ñerismo de las congregaciones evangélicas ortodoxas; y en cuanto a la moda de avivamiento con campañas de sanidad que alentó Branham, decidió dejárselas a Oral Roberts, Tomy Osborn y Tomy Hicks dentro del pente­costalismo, a los cuales se añadieron luego Morris Cerullo y Yiye Ávila en nuestros propios días.

Pero no, Branham no quería lo que él consideraba mero pentecostalismo; él quería la estatura del hombre perfecto, y presentó su ministerio como la manifestación del Hijo del Hombre, Dios en carne humana visitando a Abraham, la simiente escogida, antes de la quema de la moderna Sodoma.
Por su parte, la jerarquía romano‑papista se sentía sacudida por "las señales de los tiempos", y se vio urgida a ponerse al día. El peso de los tiempos obligó al papa Juan XXIII a abrir las ventanas y a dejar que se ventila­sen en el Concilio Vaticano II las cuestiones modernas.  Pablo VI, y los dos Juan Pablo, I y II, continuaron en la línea postconciliar que abrió experimentos en Holanda y se tiñó de rojo en Medellín. La apertura postconciliar continúa, pues, sin inmutarse por Lefévre o el antipapa palmariano Gregorio XVII.

Toda la época ha buscado grandes cambios, y si cambios, los cristianos queremos los que nos acerquen más a Cristo y a la pureza debida a Su Cuerpo que es la Iglesia. En esa misma restauradora línea se inscribe el movimiento carismático, del cual es entrañable la renovación que comenzó en Argentina y se desarrolló en la década de los 70s.  Ya un poco antes, en la China, Dios levantó en este siglo a uno de los apóstoles más eminentes de la causa de Cristo, y que mayor influencia está alcanzando aún en Occidente entre los hambrientos de Dios; se trata de Nee To-sheng, comúnmente llama­do Wachman Nee, cuya influencia parece reverdecer más y más en los días actuales, y cuya luz se halla como en el rescoldo de muchas fogatas a través del mundo.  En vida, Nee To-sheng fundó en la China cerca de 500 iglesias locales y apadrinó un movimiento cristiano de profundad espiritual de cerca de 70.000 almas en sus propios días.  Con el alzamiento comunista de Mao Tse Tung, en la China popular, el cristianismo sufrió sobre­manera en esta nación del lejano oriente, pero allí estaba la obra de Nee To-sheng por un lado, y la de Wang Min Tao por otro, alentando la resistencia cristia­na al ateísmo y a la manipulación estatal de la iglesia.
Algo similar hace hoy en Rusia Genady Kruskov, según nos tiene informados David Bontrayer.[2]  Genady Kruskov es el líder en la clandestinidad de cerca de 2.000 congregaciones cristianas subterráneas, y es buscado desde hace 22 años, a la fecha (1983), por la KGB.

Dos años después de la muerte de Branham, y a fines de los días de Wachman Nee, cuyos últimos veinte años los pasó encarcelado por la fe, un avivamiento sobrena­tural encendió Indonesia, de lo cual Mel Tari nos informó en 0ccidente.[3]  Se ha dicho que el misionero norteamericano Miller de Quilmes, en Buenos Aires, estuvo en Indonesia antes de venir a la Argentina, donde en Mar del Plata estableció el Instituto "Peniel", émulo del cual fue "La Cueva" con Jack Schisler, cercano de Miller, en Córdoba, Argentina.  Miller y Schisler enfatizaron la importancia de la verdadera adoración a Dios en espíritu y verdad, para lo cual Miller era sobresaliente.  Cuando Keith Benson en casa de Schisler escuchó cantar a las hijas de éste, comprendió profundamente la importancia de la alabanza, con lo cual comenzaron él y otros pastores de Buenos Aires a buscar a Dios; se reunían en casa de Darling, junto a Benson, Orville Swindoll, Augusto Erickson, Ángel Negro, Ivan Baker, Jorge Himitián, y después también Juan Carlos Ortiz, con los cuales se inflamó la chispa del movimiento de renovación que abrazó a la Argentina, y pasó luego a Paraguay, Brasil, Ecuador y otros países.  En un principio estuvieron más estrechamente relaciona­dos a estos, también Miller, Schisler y Sorensen; después hubo un alejamiento por diversidad de enfoque y visión.  Samuel Sorensen, abandonando las seguridades económicas, se lanzó a vivir y predicar una vida de fe misionera, y junto con Óscar Darwich y otros, dio origen al movimiento cristiano misionero que se constituyó en una especie de familia.  De Miller se alejaron por ciertos motivos Swindol, Benson, Negro, Baker, Himitián, y J. C. Ortiz; solamente Schisler quedó como en medio, el cual hubo de mudarse a Asunción del Paraguay, donde apadrinó una comunidad en las afueras de Limpio.

Todos estos, y en especial desde la década de los 70s, anhelaban la profundidad de la vida en el Espíritu, y la enfatizaban con diversos matices.  Miller y Schisler más contemplativos; los demás más inclinados a la práctica; Swindoll a la restauración de las familias; Himitián y J. C. Ortiz enfatizaron el señorío de Cristo, y junto con Iván Baker el discipulado y un acoyuntamiento jerárqui­co donde cada discípulo entraba en pacto con un "padre" espiritual que a su vez estaba en sujeción a otro, y este a otro, hasta llegar a uno de los pastores del presbiterio, los cuales formaban el consejo de ancianos con sede en Buenos Aires.  Su matiz era, pues, más misionero, aunque sin descuidar tampoco la adoración.  Juan Carlos Ortiz enfatizó también la Unidad de la Iglesia, y fue muy usado en llevar esta línea de renova­ción primero en Argentina, y también en Paraguay, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra y otras partes alrede­dor del mundo.  Ángel Negro era muy bien recibido en Paraguay, al igual que Swindoll; Jorge Himitián en Ecuador.  Keith Benson, que de Buenos Aires se mudó luego a Córdoba, ha sido uno de los más sobresalientes consejeros de este movimiento de renovación.  El movimiento tiene lazos estrechísimos con los líderes del movimiento carismático norteamericano: Charles Simpson, Bob Munford, Derek Prince, Dom Basham y Ern Baxter, los cuales tienen puertas abiertas en Centro América, principalmente en Costa Rica, donde se edita en español su revista "Vino Nuevo".

Otros líderes evangélicos prominentes de la órbita de Luis Palau tienen con ellos algunas diferencias, como por ejemplo en lo relacionado con el modo de ver la sujeción.  Existen también las divergencias características acerca de los dones del Espíritu.  Todos éstos, sin embargo, reciben alguna luz de Nee To-sheng.  En Inglaterra ha sobresalido desde la capilla de Westminster el ungido ministerio de Martin Lloyd-Jones, celoso de una unidad de la Iglesia verdaderamente escritural.  En Suiza irradió su luz evangélica en los ambientes intelec­tuales el fundador de la comunidad da l’Abri, Francis Shaeffer.  En Bolivia surgió, bajo la influencia de Katerine Kullman, el carismático Julio César Ruibal. Entre los bautistas permanece el auge de E. Y. Mullins.
Todas estas poderosas corrientes espirituales han sido, pues, el ambiente paralelo y a la vez barrera del movimiento branhamita, especialmente en el continente americano, pues presentan una imagen de ortodoxia por un lado, y de restauración por otro, mucho más bíblica y excelente en frutos de santidad que el branha­mismo; por lo cual éste, de corazón exclusivista, se ha cerrado en sí mismo abandonándose a sus propias fuerzas, y cayendo en los extremos que caracterizan, tras el año 1974, la segunda etapa de su difusión.


Ya antes de esa fecha (1974), Óscar Candelario había entrevisto en el mensaje de Branham que éste introdu­cía la segunda venida de Cristo por su intermedio; pero en conversaciones con otros líderes norteamericanos, éstos eludían tales implicaciones, dejando el séptimo sello como inconcluso; pero acercándose el año de 1974 a William Soto Santiago le pareció descubrir en el mensaje que el nombre nuevo de Díos era William Marrion Branham, y que estábamos entrando en una nueva dispensación.  Candelario, con lo que ya había antes entrevisto acerca de la segunda venida de Cristo a través de Branham, y Soto con el nombre nuevo y la nueva dispensación, y junto a ellos Adalberto Pérez, todos ellos puertorriqueños, llegaron a la conclusión de que ya era la hora de proclamar solemnemente tales hallazgos, lo cual hicieron en una memorable vigilia el l° de marzo de 1974, en la ciudad de Ponce, Puerto Rico.  Inició la velada 0. Candelario proclamando el reconoci­miento de Dios manifestado en carne en William Ma­rrion Branham, el Ángel del Pacto de Apocalipsis l0 a través del séptimo ángel, el profeta.  Le siguió William Soto Santiago proclamando el nombre nuevo; y coronó la madrugada Adalberto Pérez.  Desde aquella noche se dividió el movimiento branhamita en Puerto Rico y después en Latinoamérica y el resto del mundo.  Galdo­na rechazó las implicaciones del mensaje y lideró la resistencia, aunque luego se alineó con Coleman de New York, el cual proclamaba por su parte haber recibido la revelación de los siete truenos bajo el sépti­mo sello. Lo mismo proclamó Paul Jones haciendo en parte consistir tal revelación en la doctrina de las dos almas.

Miguel Bermúdez acusó a Galdona de evadir las realidades del mensaje de Branham, por lo cual, con una disertación a la que tituló "La Clave" marcó su separación definitiva, y se unió a Candelario, Adalbeto Pérez y William Soto Santiago.  El canadiense Ewan Paras se alineó también con éstos, y como Bermúdez, hicieron repetidas recorridas por Latinoamérica difun­diendo la doctrina del nuevo nombre, la nueva dispen­sación y la venida de Cristo.  En República Dominicana, Colombia y Perú se llegó al extremo de bautizar en el nuevo nombre.  En otras partes se rechazó tal fórmula bautismal, pero no la doctrina del nuevo nombre, que recibimos Raúl Véliz de Córdoba, Argentina, Moisés Concha Miche del Perú, Celim Péres y Juan Santa Cruz de Bolivia, y yo en Paraguay, quienes lo difundimos en nuestros respectivos países. Yo por mi parte mezclé también la interpretación con la de Paul Jones y así lo enseñé erradamente en Paraguay y Bolivia; pero en 1976 comencé, por la gracia infinita de Dios, a darme cuenta de los horrores y extremos a que había llegado, y entonces comencé a retractarme primero verbalmente, y luego por escrito enviando mi retractación a quienes me conocían en Paraguay, Bolivia, Perú, Venezuela y Puerto Rico.  De Perú, Moisés Concha Miche me escribió felicitándome, otros me maldijeron, pero yo me amparo en la infinita gracia de Dios que me fue concedi­da, bajo la cual he escrito este libro.[4]
A fines de 1975 y a comienzos del 76 desde Puerto Rico se comenzó a propagar la doctrina de que así como Branham había manifestado a perfección a Dios como profeta, así los otros cuatro ministerios debían también manifestarse en la perfección de Dios.  Entonces se proclamaron cuatro ministerios mayores mundiales, a quienes debían estar sujetos los demás ministros.  El principal artífice, y maestro mayor, se proclamó William Soto Santiago; a éste disputaba el ministerio de maestro Óscar Candelario, que fue el líder más prominente hasta 1976; no obstante, tras terribles luchas de conciencia y bajo espíritu de error se doblegó ante Soto; y entonces aceptó ser llamado el evangelista mayor; pastor mayor se proclamó a Adalberto Pérez, y apóstol mayor a Miguel Bermúdez.

En enero y febrero de 1976, Adalberto Pérez y Miguel Bermúdez recorrieron Latinoamérica proclamando esto entre los branhamitas del nuevo nombre. Preparaban el camino de William Soto Santiago, a quien presentaban como el canal escogido para determinar la doctrina.  Cuando llegaron a Bolivia con esto en una reunión internacional de ministros branhamitas, no lo pude aceptar.  Ellos pasaron al Paraguay, y debido a la confusión se dividió también una vez más el branhamis­mo. Fue a partir de allí que el Señor comenzó a abrirme los ojos.  Luego, a mediados de 1976, William Soto Santiago se estableció definitivamente sobre los cuatro ministerios mayores, proclamándose el único canal escogido para interpretar el mensaje de Branham, el portador de las llaves, ya que por él fue revelado el nombre nuevo; entonces dijo ser el cumplimiento de Apocalipsis 11: el ministerio conjunto de Moisés y Elías a través de su persona.  Utilizaba citas de Branham sacadas del contexto.  Por fin, como desarrollo natural del espíritu de error, se proclamó como el Mesías en su segunda venida, la trompeta de Dios, pues la voz de mando se lo atribuyó Branham.  Recorrió William Soto Santiago América Latina, proclamando en grandes auditorios heterogéneos el día de venganza, insinuando, ya no sólo a sus seguidores sino a todo el público en general, que la segunda venida de Cristo era cumplida.  Soto fue recibido por sus partidarios en los aeropuertos de las capitales latinoamericanas con hosannas semejan­tes a las proclamadas al Hijo de David; fue, pues, proclamado y recibido como el Hijo de David.  Candela­rio y Pérez llegaron a desilusionarse.


Otro que llegó a proclamarse a sí mismo "el Hijo del Hombre" fue el ya citado Julio Alvarado en Bolivia; puesto que Branham se presentó como el séptimo ángel, Julio Alvarado dijo ser entonces el octavo, presentándo­se también como el precursado por Branham y al cual señalaba éste, pues Branham, al hablar de Elías lo prometía para el futuro, pero dando a entender que era él mismo; de manera que sus alusiones a un futuro personaje fueron aprovechadas por William Soto Santiago y Julio Alvarado.  De octavo ángel pasó Julio Alvarado a presentarse, pues, como Dios en carne humana, señalando como credenciales milagros y prodigios, y hay quienes hasta llegaron a testificar de levitaciones.  En las emotivas reuniones se presentaba proclamando lo que dice el salmo 24 respecto del Señor: "7Alzad, oh puertas vuestras cabezas, y entrará el Rey de gloria"; entonces se presentaba en medio de sus emocio­nados seguidores, los cuales se abalanzaban y extendían a él sus manos como hacia el lugar santísimo; sus lugartenientes entonces se veían en la necesidad de hacer un cerco alrededor de él.  Y como de Puerto Rico llegó la moda del nombre nuevo que debía ser revelado bajo el séptimo sello, entonces Alvarado no podía quedarse atrás; sus seguidores oraron entonces en el nombre del señor Julio.  Después leímos en el diario que había sido encarcelado por abusos sexuales y por engañar a los campesinos, la hija jovencita de uno de los cuales quedó embarazada y a cuyo hijo presentó entonces Julio Alvarado también como el Mesías.
Laurey pidió a Branham en Norteamérica apoyo para viajar como misionero a la India; mirándole Branham, se lo dio, pero le encargó que se mantuviera en humildad. Laurey, ya en la India, identificándose con el branhamismo, lideró en Madrás un movimiento que después llegó a considerarle a él como Dios, postrándo­se ante él y nombrándolo Nishu Khrisna.  No podemos narrar aquí todos los excesos a que se llegó en distintas partes del mundo al entrarse dentro del branhamismo en la consideración del séptimo sello a partir de 1974 principalmente.
Vemos, pues, que el branhamismo ha cosechado a varios falsos cristos, los que al lado de otros como Moon de Corea, Maherthal de Holanda, Abdú‑bahá iraní y los cientos que figuran en las estadísticas norteamericanas, cumplen al pie de la letra las profecías del Señor Jesu­cristo, quien nos advirtió claramente de esto.  Nos hallamos, pues, ante el panorama religioso actual: agosto de 1983. o


[1]Este capítulo fue escrito en Ciudad del Este, Paraguay, en julio 30 y agosto 2 de 1983.
[2]David Bontrayer, “Jesús tras la Cortina de Hierro”.
[3]Mel Tari, I”Como un viento recio“.
[4]Ver texto de la retractación y cartas relacionadas, en el Apéndice.

(12): APÉNDICE DOCUMENTARIO


Capítulo XII

APÉNDICE DOCUMENTARIO:

* Retractación de Gino Iafrancesco V.
* Carta de Moisés Concha Miche a Gino Ifrancesco V.
* Carta de Eubdulio García Canois a Gino Iafrances­co V.
* Carta de Gino Iafrancesco V. a Moisés Concha Miche.
* Carta de Rufino Terry R. a Gino Iafrancesco V.
* Carta de Gino Iafrancesco V. a Tom Hess y otros ancianos, denunciando a William Soto Santiago en Jerusalem.
* Sueños proféticos.




RETRACTACIÓN
de Gino Antonio Iafrancesco Villegas

Tobatí, Paraguay, enero 16 de 1981.
En la gracia de Dios, bajo Su misericordia, y delante del rostro del Padre revelado en Su Hijo Jesucristo, Señor nuestro; invocando el auxilio del Espíritu Santo.
Yo, Gino Iafrancesco Villegas, en lugar y fecha arriba indicadas, dirijo este escrito a aquellas personas que por algunas de mis enseñanzas pasadas fueron colocadas en una posición vulnerable, y que según lo mejor de mi entendimiento actual, se encuentran descarriadas del camino de la verdad; lo dirijo también a cualquier interesado.
Habiendo colaborado yo en tiempos pasados para que algunos se encaminaran en peligrosa dirección, hoy me siento responsable de hacer las retractaciones necesarias y las advertencias consiguientes con el fin, no sólo de limpiar egoístamente mis manos de la sangre, sino también y principalmente en beneficio de la liberación y salvación de los implicados, para la gloria de Dios ante Quien está todo y para Quien son todas las cosas.


Les ruego, pues, tolerancia y paciencia para soportar este escrito hasta su final y examinarlo responsablemen­te delante de Dios, pidiendo Su protección y guía,  y atendiendo al Espíritu Santo que puede operar en nuestras conciencias.  Permitidme, por favor, abrir mi corazón y entonces después de leído todo, juzgad.



En marzo de 1973, en Asunción, llegaron a mis manos algunos folletos de predicaciones de William Marrion Branham por mano de Delio Ruíz Díaz, quien a su vez las recibió de manos de Eugenio Paras; aunque me fueron prestadas con ciertas recomendaciones y sin identificación con los folletos de parte de aquel que me los prestaba, yo me interesé en la lectura de ellos.  Días después John Denis Baker me prestó tres folletos "Quitando el velo" de Óscar Galdona.  Todos estos folletos me interesaron y entonces yo mismo escribí a Venezuela una carta pidiendo ese tipo de literatura; de modo que después de un tiempo Miguel Bermúdez, venezolano, de paso por Paraguay me dejó una colección de folletos, y cuando José Torres trajo al Paraguay gran cantidad de literatura, yo la recibí y comencé a distribuirla en Asunción y en el interior del país; eran libros y folletos de William Marrion Branham y folletos de Óscar Galdona.  De las primeras lecturas entendí que el bautismo era en el nombre del Señor Jesucristo, de manera que urgido por mi conciencia me volví a bautizar.  Tal suceso causó un escándalo entre cristianos de Asunción, y por causa de eso y nuestra identificación con la doctrina de los folletos de William M. Branham y O. Galdona, fuimos excluidos de la comunión con varios grupos cristianos, junto conmigo, Adolfo Osorio, Ramón Ortigoza y J. D. Baker, los cuales fuimos declarados falsos profetas.  Entonces salimos al interior.  Visitamos Repatriación y Walter Infranz donde Marcelo Velázquez y parte de la congregación se esta­ban identificando también con la doctrina de tales folletos, de manera que nos consideramos unidos. Recorrí también Arroyos y Esteros, Tobatí, Colonia Stroesner, donde se formaron grupitos que aceptaban la doctrina de los folletos de W. M. Branham y O. Galdo­na; también recorrimos otros lugares, pero fue en estos donde se asentó la doctrina.  De manera que, por lo antedicho, me siento responsable por la difusión en el Paraguay de tales folletos y de la doctrina contenida en ellos, la cual yo mismo predicaba.  Dos años después, en 1975, y en cierto modo influenciados también por algunos casettes con predicaciones grabadas de Óscar Candelario, Adalberto Pérez, William Soto Santiago, Mario Pérez, puertorriqueños, y Miguel Bermúdez de Venezuela, comenzamos a entresacar de los folletos de W. M. Branham, mezclándolo con algunos versos de las Escrituras, la idea de que estábamos en una nueva dispensación, la del juicio, donde ya no se hablaba más en lenguas, ni se celebraba el memorial de la Santa Cena, y donde el Señor Jesucristo tenía Su nuevo nombre revelado en William Marrion Branham.  De manera que comenzamos a adorar a Dios en ese nombre; lo hacíamos delante de Dios por Jesucristo y no por medio del hombre W. M. Branham, pero creyendo que Jesucristo había revelado Su nuevo nombre allí.  No adorábamos a W. M. Branham el hombre, sino al único Dios por Jesucristo pensando que Su nuevo nombre fuese tal.  También afirmamos que la segunda venida de Jesucristo había comenzado a ser cumplida cuando la famosa nube de la historia de W. M. Branham apareció el 28 de febrero de 1963.  Esto lo dedujimos de los folletos.


A comienzos de 1976, por pedido propio, recibí de los Estados Unidos folletos de Paul Jones, el cual, basándose en citas de W. M. Branham, predicó la doctrina de las dos almas, o el alma vieja y el alma nueva; también la doctrina de la poligamia.  Estudiando tales temas en los folletos, adopté yo también la doctrina y la prediqué en Paraguay y en Santa Cruz, Bolivia.  Hoy me retracto completamente de tales enseñanzas;[1] explicaré el porqué más adelante.  También a comienzos de 1976 recorrieron Latinoamérica Adalberto Pérez de Puerto Rico y Miguel Bermúdez de Venezuela con la doctrina de William Soto Santiago, el cual preconizaba cuatro ministerios mayores mundiales de los cuales él era el maestro mayor y único intérprete autorizado de W. M. Branham.  Luego dio a entender que en él se cumplía Apocalipsis 11 diciendo ser a la vez Moisés y Elías y la segunda venida de Cristo glorificado. Se basaba en folletos de W. M. Branham, de quien decía era su precursor.  Entonces todo ese año estuve entre los grupitos resistiendo la interpretación de William Soto Santiago, el cual usaba las citas de W. M. Branham sacadas de su contexto.  Durante ese año el Espíritu Santo comenzó a hacerme notar mis errores, y poco a poco me fui retractando entre los hermanos.  El proceso de regreso fue marcado entonces por dos divisiones principales: La primera en Tobatí en enero de 1977, cuando nos separamos nacionalmente en dos grupos: los que rechazábamos la interpretación de William Soto Santiago y los que la seguían.  Con el grupo restante comencé una revisión lenta de nuestra fe, lo que nos llevó a mediados de1978 a otra división.  Ramón Ortigoza y Adolfo Osorio, de Asunción, se separaron de nosotros por asunto de autoridad.  Nosotros volvimos a colocar a la Biblia simple y llanamente sobre toda interpretación de los folletos, y a Jesucristo como la Única Voz autorizada.  Ellos continuaron aferrándose a la interpretación de W. M. Branham, hasta la fecha.  Hasta aquí la historia a grandes rasgos de los hechos.  Paso ahora a las retractaciones en particular y a la razón de ellas.


En primer lugar soy responsable por la difusión de errores y por poner, sin saberlo, el fundamento para otros de los cuales, por la gracia de Dios, no participé directamente. La razón de mi responsabilidad es debido a que repartí tales folletos, los cuales poco a poco se convirtieron en autoridad sobre la conciencia de mu­chos, llegando a repetirse lo que se decía en ellos más de lo que la Biblia simple y llanamente dice.  Por lo tanto me considero responsable y me retracto pública­mente pidiendo perdón y disculpas a todos los afectados de cualquier tipo, pues puse en manos de la gente cosas difíciles de manejar, las cuales en muchos causaron estragos.  Esto no significa que necesariamente todo en los folletos esté errado, pues éstos contienen también cosas buenas.


He aquí, pues, lo que por mi conciencia debo soste­ner: la autoridad, la última palabra, descansa en Dios mismo revelado a los hombres exclusiva y suficiente­mente por medio de Su Hijo Jesucristo, del cual dan testimonio suficiente las Sagradas Escrituras, las cuales, como registro inspirado de Dios, tienen autoridad superior en sí mismas y están escritas de la manera que Dios quiere que se lean (hablo de los originales); por lo tanto considero correcto creerlas y aceptarlas tal como están, sin agregarles ni quitarles nada, y sin necesidad de interpretarlas, explicarlas o acondicionarlas por medio de otras revelaciones ajenas a ellas, o por medio de especulaciones, términos y definiciones extrabíblicos y meramente humanos.  Ellas son comprendidas directa­mente por iluminación del Espíritu Santo, que las inspiró, y cuando la letra de ellas es vivificada por el Espíritu, entonces es confirmada y dice exactamente lo que está escrito. El Espíritu y la letra de las Escrituras van juntas, y según Jesucristo, no pueden ser quebran­tadas. Por lo tanto, la verdad brota directamente de ella, y es necesario aceptarla en toda la fidelidad de su declaración y en el espíritu de su contexto; es preciso no filtrarla con filtros tomados desde afuera, los cuales enturbian su comprensión y colorean sus declaraciones, deformándolas.  Deberíamos, pues, preguntarnos: ¿De dónde proviene mi entendimiento de la Biblia? ¿Del Espíritu de ella misma? ¿o de un elemento extraño a ella, interpuesto entre mí y ella para acondicionarla?  Enfrentemos la evidencia directa de las Escrituras, recibamos su testimonio y no la oscurezcamos con conceptos preconcebidos que vienen de otras fuentes, no necesariamente divinas, sino más bien humanas y hasta diabólicas.  El nuevo Pacto de Dios con el hombre por medio de Jesucristo consiste también precisamente en eso: Una promesa de revelación de Dios a cada uno de Sus hijos, y tal revelación es por lo tanto consecuente con su testimonio escrito, pues Él no puede contradecir­se.  Cualquier revelación que esté en pugna con las Sangradas Escrituras no es de Dios, pues él no se contradice.  Desechemos todo lo que contradiga la letra y el espíritu de las Escrituras.


El Espíritu Santo, las Sagradas Escrituras y el Cuerpo de Cristo tienen una misma voz y se confirman mutua­mente.  Lo que leemos de las Escrituras y no entende­mos, debemos dejarlo tal como está y simplemente repetirlo así sin modificarlo; cuando sea comprendido dirá exactamente lo mismo que decía cuando leíamos y no entendíamos. Así que conservemos no solamente el espíritu sino también la forma de las palabras.  Dios da no solamente la revelación, sino que enseña también las palabras que expresan mejor esa revelación; esas palabras son la letra de las Escrituras. ¡Guardémoslas!
Al ir entendiendo esto y sosteniéndome en ello, me abrí a la declaración llana y exclusiva de las Escrituras; el Espíritu Santo siguió ayudándome entonces, y fue poniendo en evidencia aquellos errores que entraban en contradicción con las declaraciones expresas de ellas.  Entonces comprendí lo que ellas verdaderamente dicen acerca de la identificación de Cristo y de Su venida, Su identidad.


Él es el Hijo Unigénito, el Verbo de Dios que estaba con el Padre, por medio de quien Dios hizo todas las cosas; siendo el resplandor de Su gloria y la imagen misma de Su substancia;[1] la imagen de Dios, del Dios invisible, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que siendo en forma de Dios, se humilló a sí mismo haciéndose semejante a los hombres cual siervo, [el Verbo se hizo carne, Jesucristo es venido en carne], y concebido virginalmente en María, nació y cumplió las profecías correspondientes al Mesías; fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza, pero sin pecado, obediente hasta la muerte; muerto como Cordero expiatorio por los pecados del mundo y resucitado al tercer día corporalmente, aparecido así durante cuarenta días a sus discípulos, y tomado de entre ellos al cielo corporalmente, sentado a la diestra de Dios, presentándose como ofrenda, mediador e interce­sor; hecho Señor para gloria del Padre sobre todos los cielos, en el Lugar Santísimo, esperando que todos sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies, y el último será la muerte.  Volverá entonces tal como se fue, corporalmente, en gloria y majestad, y miraremos al que traspasamos.  En Su venida seremos transformados o resucitados.  Con respecto a Su nuevo nombre, del cual habla la Biblia, sostengo con ella que aquel nombre escrito en su frente ninguno conoce sino Él mismo; por lo tanto, ningún hombre, ni aun William Soto Santiago, ni yo, puede decir qué es ese nombre.


Y puesto que Él se fue corporalmente, volverá también así en gloria; de manera que cualquier otro hombre que no sea Jesús de Nazareth y que diga ser el Hijo del Hombre, o que sostenga que el tal está aquí o allí, es clasificado por Jesús, según las Escrituras, como falso profeta o falso cristo; pues la encarnación del Verbo permanece en Jesucristo. ¡Jesús es el Cristo! ¡Quien lo niegue es el mentiroso! No importa qué milagros y señales ostente alguien; eso nunca será criterio para aplicarle el honor del Hijo del Hombre.  Acerca de esto advirtió Jesús diciendo a sus discípulos que vendrían días en que deseando ver los días del Hijo del Hombre, nos dirían: ¡Helo allí, helo aquí!  Pero agregó Jesús diciendo: Mas no lo veréis, no vayáis, ni los sigáis, ni creáis.  Nadie sabe tampoco el día de Su venida, aunque podamos saber, por las señales, cuando está cerca.  De modo que hasta que Él vuelva corporal­mente seguiremos recordando Su muerte por nosotros con el pan y el vino en memoria de Él; e igualmente, hasta que en Su venida seamos transformados o resuci­tados corporalmente, cuando venga lo perfecto, estare­mos ejercitando en el espíritu y por Su Espíritu, todos los dones legados a Su Iglesia para su desenvolvimiento en la tierra.  Con esta confesión, corrijo, pues, mis enseñanzas pasadas.


Hago igualmente retractación pública de mis ense­ñanzas, tanto en Paraguay como en Bolivia, que derivé de los folletos de Paul Jones basados en citas de W. M. Branham, en lo referente a los temas del alma y de la poligamia, tal como se encaran en los folletos de los autores mencionados.  En el presente (lugar y fecha arriba indicados), sostengo con la Escritura, que el hombre está compuesto en su orden, de espíritu, alma y cuerpo; siendo el espíritu el asiento de la conciencia, la intuición y la comunión con y aprehensión de Dios.  El alma (la psique) es el asiento de la mente, las emocio­nes y la voluntad; el cuerpo, el asiento de los sentidos.  La persona renace cuando recibe en su espíritu la vida de Cristo por medio del don de la fe.  El que se une al Señor un solo espíritu es con Él,[2] siendo así templo del Espíritu Santo.


Con respecto a la enseñanza de la poligamia según interpreta Paul Jones de W. M. Branham de su folleto "Divorcio y casamiento", parte de cuya interpretación yo adopté, de lo cual ahora me retracto, presento la simple razón de mi retractación.  En el Nuevo Testamento simplemente se declara de Jesús: Quien repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera.[3]  Marcos y Lucas dicen lo mismo con excepción de la salvedad.  También Pablo, en nombre del Señor, dice que el marido no abandone a su mujer y que ésta no se separe del marido, y si se separa, quédese sin casar, o reconciliese con su marido, pues está ligada por la ley al marido mientras este vive.[4]  Los ancianos y los diáconos de la iglesia sean maridos de una sola mujer.[5]  Siendo Cristo el postrer Adán, todo lo que fue introducido por la caída es crucificado en Su cruz, comenzando con la resurrección un nuevo régimen del Espíritu, donde éste vivifica nuestra carne mortal; el principio es redimido; la monogamia vuelve con el principio.


En lo relacionado al tema de "la simiente de la serpiente" tal como es encarado en los folletos de W. M. Branham y Óscar Galdona, yo escojo simplemente repetir con la Escritura que de una sola sangre Dios hizo todo el linaje de los hombres;[6] también a partir del diluvio todos descendemos de Noé, y por lo tanto de Adam, por el cual el pecado pasó a todos los hombres.  Cuando Adam conoció a Eva su mujer, ésta concibió de éste y dio a luz a Caín, como se lee en Génesis 4.1.  Espiritualmente, Caín era del maligno. La salvación no depende del nacimiento natural, pues toda maldición fue llevada por Cristo en la cruz; la salvación está relacionada con el nuevo nacimiento, del Espíritu, mediante Jesucristo.  De manera que por ser descen­dientes de Adam, no de Caín, es que los hombres son por naturaleza hijos de ira, siendo renacidos por medio de la fe en Jesucristo todo aquel que verdaderamente cree en Él y recibe Su vida para vivir por ella.  De modo que la salvación es por gracia mediante la fe, y no por obras humanas ni descendencia natural.  Cristo Jesús murió por todo el mundo, y Dios quiere que todos sean salvos.  Su elección antes de la fundación del mundo es en Cristo, y todo aquel que esté en Él es acepto por medio de Él ante Dios.  Por todo esto, debo retractarme de haber repetido y enseñado apresuradamente, e igualmente repartido folletos, donde este tema, de la "simiente de la serpiente", es encarado en forma confu­sa, atribuyendo la caída al sexo, y dando una idea errada de la predestinación.  Con la Escritura debo sostener hoy que el sexo fue creado por Dios, bueno desde el principio, para vivirse dentro del matrimonio y para la reproducción del género humano.  Dios mandó fructificar y multiplicarse al varón y a la hembra, y los bendijo Dios queriendo que fuesen una sola carne.[7]  No puedo entonces repetir que la mujer haya sido el árbol prohibido, ni el sexo, pues Dios mismo lo ordenó, y aún antes de ser creada la mujer, ya estaba en el Edén el árbol de la ciencia del bien y del mal.


También veo la necesidad de enfocar algo en lo relacionado con la apertura de los siete sellos, los cuales solamente el Cordero puede abrir.  El Cordero no es el Espíritu meramente, sino la encarnación del Verbo cual Jesucristo.  Leemos de la Biblia que cuando el Cordero abre realmente los sellos, ocurren entonces los eventos allí descritos; no se trata sólo de una predica­ción acerca de ellos, sino del acontecimiento mismo. ¡El mediador es Jesucristo Hombre!  Y hasta que Él no aparezca corporalmente es porque no se ha levantado de la diestra del Padre para reclamarnos en rapto. ¡La intercesión continúa!
Él es sacerdote según el orden de Melquisedec para siempre por juramento divino.
Con este escrito pretendo, pues, deslindar mi posición actual, retractándome públicamente de lo que he reconocido como error doctrinal, y pido perdón a todo aquel que por mi culpa, apresuramiento e imprudencia haya sido perjudicado, engañado o mal encausado.  Ruego examinar sinceramente las declaraciones de esta retractación, y ver si hay verdaderamente en las Escritu­ras motivo para ella; yo encontré y prefiero la vergüenza antes que hallarme voluntariamente torciendo la Palabra de Dios. Si hay algo que no entendemos, es mejor morir dejando pendiente una pregunta sincera en las manos de Dios, esperando en el Señor, que aventurarse a correr con conjeturas propias o ajenas.  Es mejor renunciar al mérito carnal de nuestra teología y dejar que sólo Cristo sea nuestra sabiduría. ¡Que la sangre de Jesucristo nos siga limpiando!  En ella confío profunda­mente y me amparo.
Consciente y voluntariamente:
(Fdo.): Gino Antonio Iafrancesco Villegas
Tobatí, Paraguay, Enero 16 de 1981.

 
CARTAS RELACIONADAS

LA NUEVA JERUSALEM - PERU
La Nueva Jerusalem Eterna,
Paucartambo ‑ Pasco ‑ Perú.  S. A, 0008
Dom. 2 de Enero de 1983
Señor
Gino Iafrancesco Villegas
ASUNCIÓN
Mi muy apreciado hermano en Jesucristo:
Por medio de la presente me es muy grato saludarte después de los largos 7 años atrás cuando tuve la grata oportunidad de conocernos en la casa del hermano Eugenio Paras, y después fuimos para Argentina, Córdoba, mas con el hermano Ortigozo.
Siempre conservo nuestra cordial amistad fraternal en la fe en Jesucristo.
Cuando alguna vez pases por el Perú, mi humilde hogar es también tuyo; eres bienvenido.
He recibido un cuadernillo de copia fotostática de tu RETRACTACIÓN, del 16/1/81.  Y la he leído minuciosa­mente por dos veces.


Te agradezco mucho, mi hermano, por hacerme llegar tu testimonio valiente de Retractación a la Verdad genuina.
Dicho sea de paso, te felicito por tu valentía personal y por la bondad divina que te haya hecho volver a las Sagradas Escrituras.
Saludos a los hermanos Paras, y a los otros si todavía se recuerdan de este su humilde servidor.
Y no te olvides, siempre escríbeme, y para mí será una satisfacción.
Sin otro particular, me despido hasta otra oportuni­dad, siempre tuyo.
(Fdo.): Moisés Concha Miche

La Nueva Jerusalem Eterna,
Paucartambo ‑ Pasco ‑ Perú.  S. A, 0008
6 de Enero de 1983
Señor
Gino Iafrancesco Villegas
ASUNCIÓN
Por la presente me dirijo ante usted con todo respeto. El objetivo de la presente es hacerle ver la realidad de su caso personal.


Yo tuve la oportunidad de oír su Retractación cuando nos leyó el hermano Moisés Concha Miche, y después le pedí que me prestaran la copia; me la prestó y la leí como 4 veces.
Yo tengo que ser franco con usted:
En ese panfleto de tu retractación lo que hablas es una cosa boba; en otras palabras, tú eres un pobre bobo, un idiota.
Tú eres como una mujer prostituta que estás convi­viendo sexualmente con cualquier hombre.  Y ahora tú piensas que con enviar tu panfleto de Retractación, nos convences a otros bobos como tú; lo primero debes de haberle mandado a tu vieja madre y abuela. ¡Quién sabe te crea eso!
Tú eres como un perro busca hueso; donde te dan un buen hueso ahí te quedas cubriéndote con la Santa Biblia tus artimañas, tu cuerpo mañoso, lascivo, concu­piscente, vanaglorioso, flojo, ocioso, vagabundo, homosexual.  Ahora te han ofrecido unos huesos denominacionales, huesos podridos.  Prácticamente tú has nacido para eso, para andar tras los huesos podri­dos denominacionales.
Tú eres un cobarde, un hipócrita, un sin nombre, un creído, sabelotodo, serpiente, reptil de cisternas rotas.


Ahora es cuando verdaderamente te toca pensar, meditar, arrepentirte.  Antes que definitivamente se te cierre la puerta de la misericordia del Señor de señores y Rey de reyes William Marrion Branham Elohim. Él es el eterno juez supremo.
Si hoy no te cae juicio de maldición eterna, para el final te caerá.
Ahora yo no te digo nada de Soto, es otro enredado en asuntos de otro sistema de adeptismo y proselitismo, negocio económico, de ofrendas, de diezmos de diez­mos, etc., y mujer.
Mira, amigo Gino, yo te aconsejo conscientemente que hoy mismo arrepiéntete y vuelvas a tu Rey de reyes y Señor de señores William Marrion Branham Elohim, Juez Supremo Eternamente.
Contéstame a la dirección del hermano Moisés Concha Miche.
Su atto. y SS. En el Señor.
(Fdo.): Eudulio García Campos.

Paraguay, Ciudad Stroesner, 5‑IX‑1983.
Mi apreciado Moisés:


Te saluda Gino en la misericordia de Dios por Jesucristo.  Habiendo recibido tu carta ya hace algún tiempo, me animo a escribirte de nuevo, pues algunas de tus frases, si no las entendí mal, me dieron esperan­zas de un diálogo más aplomado.  Te había enviado mi retractación de ciertos aspectos branhamitas; y en tu respuesta, repito, si no lo entendí mal, te alegrabas de que la bondad divina me hubiese concedido en Su gracia retornar a la Verdad genuina de las Sagradas Escrituras; por lo cual un rayo de esperanza cruzó en mi corazón de que sin fanáticos prejuicios y sin apresuradas reacciones, y con honesta valentía y sinceridad, a la vez que con prudente humildad, podría abrirte más amplia­mente mí corazón, y hallar en ti una correspondencia madura y sensata, a la vez que sincera; pero con esa sinceridad noble que procura tan sólo el honor de la verdad.  Ojalá que yo haya entendido bien esas frases que me dieron alguna esperanza; de otra manera, te ruego me lo hagas saber claramente.  Pero a pesar de todo, como si internamente hubiese entendido bien, me estoy arriesgando a molestarte un poco más; y es que te estoy enviando, en borrador, un adelanto del libro que deseo publicar, Dios mediante, "encarando aspectos branhamitas”.


Mucho te agradezco el hecho de que te hayas moles­tado en leer mi retractación más de una vez, y además haberla participado a la congregación.  Ahora, pues, como en tu carta me dejabas abierta la puerta de la comunicación, con un poco de esperanzada osadía me atrevo a entrar por ella para presentarte el libro que estoy enviándote en fotocopia.  Comencé a escribirlo en 1981, pero apenas lo terminé este año. Si lo juzgas digno de leerlo, y hallas que sería de utilidad difundirlo, entonces queda también en tus manos.  No quiero, sin embargo, utilizarte como mi propagandista, pero sí deseo para lo que juzgo verdadero y en lo cual tengo responsabilidad, hallar un lugar común donde la causa de la verdad se asiente y cumpla su cometido, con el concurso de los que estamos por ella.  Tengo la impre­sión de que no he sido lo suficientemente delicado; te ruego disculpes mi desborde.  En caso de que quisieres escribirme, puedes hacerlo a la misma dirección donde enviaste la carta anterior: Calle Avalo Sánchez 855, Asunción, Paraguay.
Saludos respetuosos para toda tu familia y la congre­gación, en especial a quien por la misma fecha de tu carta me envió también una.
Esperando tu respuesta, me despido:
(Fdo.): Gino Iafrancesco Villegas.

LA  NUEVA  JERUSALEM - PERU
La Nueva Jerusalem, Paucartambo‑Pasco. Perú. S.A. 0008, 07 de Octubre de 1983.
Sr. Dn.
Gino Iafrancesco Villegas
Asunción
Mi reconocido amigo y hermano Gino:


Reciba saludos de parte de este su amigo y hermano en Cristo, Rufino Terry R., encargado de la oficina del hermano Moisés Concha Miche aquí en La Nueva Jerusalem.
Acabo de recibir una correspondencia de parte suya a nombre del hermano Moisés, y de inmediato lo hice saber a él, que se encuentra en Lima a 4000 kl. de distancia de donde le estoy escribiendo.
Hace un instante estuve conversando con él por Radio Trasmisor y me dijo que le escribiera y lo saludara muy afectuosamente.  Y le hice saber de su libro.  El hermano Moisés, está muy contento y cre lo va mandar a publicar en la imprenta, un millar, si económicamente nos es posible.
Toda la congregación la leeremos esta tarde y creo nos gozaremos grandemente, y próximamente le escribi­rá el mismo hermano Moisés Concha Miche, cuando él regrese del viaje a los Estados Unidos de América, que posiblemente será a mediados del presente mes y año en curso.
Sin otro particular suyo en el Señor Jesucristo,
(Fdo.):  Rufino Terry R.

CARTA - DENUNCIA
Contexto histórico.-


Durante el mes de octubre del año 2005, por esas cosas misteriosas de la soberanía divina, nos encontra­mos en Jerusalem, Israel, William Soto Santiago y quien esto suscribe. Después de haber denunciado por escrito el peligro que significaría su participación en la Convo­cación a Jerusalén como Casa de Oración para Todas las Naciones, con una nutrida participación de delega­dos de más de noventa países del mundo, los organiza­dores de la Convocación en Jerusalem me pidieron que sostuviera los cargos directamente en la cara de William Soto Santiago y sus pastores acompañantes, lo cual sucedió en la tarde del 7 de octubre de 2005 en el kibuts hotel Ramat-Rahel de Jerusalem. Considerados los pormenores de tal sesión, la dirección de la Convoca­ción en Jerusalem decidió retirar la participación de William Soto Santiago en aquella asamblea mundial en Jerusalem. No obstante, se repartieron libros suyos y se le dejó hablar en el Parlamento de Israel, pues pretendía presentar la restauración de Israel a través del “Mesías”, pero sabiendo nosotros a quién se refiere. Las adverten­cias, no obstante, fueron hechas. Acerca de todos estos acontecimientos se trató también abiertamente en un foro a través de la televisión internacional en el canal Enlace, durante el mes de noviembre de 2005. A continuación, la carta denuncia presentada en Jerusa­lem el 4 de octubre de 2005:
Jerusalem, 4 de octubre de 2005.
Apreciado hermano Tom Hess


y apreciados hermanos ancianos que le acompañan:
Se subscribe: Gino Iafrancesco V., de Colombia.
¡Paz en Jesucristo!
Llegado al hotel anoche, me sorprendí al leer la programación de la presente Convocación a Jerusalem para Todas las Naciones, y encontrar que se le daría abierta participación a William Soto Santiago el sexto día de la Conferencia.
Probablemente, por no pertenecer ustedes al área de Latinoamérica, no conocen quién es William Soto Santiago; pero quien aquí subscribe, conoce muy quién es. Y como atalaya, no puedo callar, sino advertir a los organizadores acerca de quién se trata.
En Latinoamérica es bien conocido por presentarse a sí mismo como el Ángel de Jesucristo. Anteriormente, en la década de los años ‘70s, William Soto Santiago era seguidor de William Marrion Branham, a quien presen­taba como Dios manifestado en carne, y enseñando que el nuevo nombre de Jesucristo era William Marrion Branham.
Lugo William Soto Santiago se presentó como el maestro mayor a quien debían sujetarse todos los demás ministerios puesto que a él supuestamente había sido revelado el nuevo nombre. Después de esto, presentó su ministerio como si fuera el de Moisés y Elías de Apoca­lipsis 11 a través de su persona.


Enseñó que la segunda venida de Cristo tenía varias partes: la primera de las cuales, con Voz de Aclamación, decía haberse cumplido en Branham, y la continuación en su precursado William Soto Santiago que supuesta­mente era el Ángel de Jesucristo que presentaba esta otra etapa de Su segunda venida, para anunciar el día de venganza, habiendo cambiado la dispensación.
Se presenta a sí mismo como la única voz autorizada de Dios en la actualidad para recoger a la simiente escogida especialmente de Latinoamérica y el Caribe. Habla sutilmente induciendo indirectamente a sus seguidores.
Heredó además las her4ejías de Branham, tales como el sabelianismo, la simiente de la serpiente y otras. Quien esto subscribe conoce esto de primera mano, pues ha debido combatir tales cosas en varios países de Latinoamérica. Ha sido William Soto Santiago recibido por sus seguidores en varios aeropuertos latinoamerica­nos como si se tratase del Hijo de David, debido a su inducción a sus seguidores.
Se subscribe:
Firmado: Gino Iafrancesco V., de Colombia.


SUEÑOS PROFÉTICOS[1]
Sueño de la crisis branhamita.-

Durante la época en que incursioné en el Branhamis­mo, un tiempo antes de retractarme, tuve un sueño: -Soñé que junto con Ramón Ortigoza piloteaba una avioneta. Yo era el piloto y Ramón el copiloto. Mientras volábamos, un grupo de palomas volaba delante de nosotros. Entonces una Voz de lo Alto nos dijo: -“Sigan siempre la ruta de las palomas”.- Y así lo hicimos por algún tiempo. Pero en un determinado lugar había como un gran obstáculo, una gran montaña difícil de superar. Las palomas volaron por encima de las monta­ñas y siguieron derecho, pero nosotros no pudimos ganar la altura suficiente en nuestra avioneta para seguirlas, de modo que para no chocar, desviamos a la izquierda y caímos a un costado y destruyó nuestra avioneta. Estábamos en un lugar perdido.  De pronto miré y vi que en ese paraje estaba William Marrion Branham. Yo pensé dentro de mí en el sueño: -¿qué hace este extranjero en este lugar?- Entonces me di cuenta que para salir de ese lugar, sólo se podía hacer rodeando un desfiladero de la montaña por una senda muy estrecha. La Voz de lo Alto entonces me dijo: -“De este lugar solamente se puede salir de a uno”.- Efectiva­mente, con Ramón trabajábamos en la obra juntos por unos años buscando la restauración de la Iglesia; pero nos desviamos al Branhamismo. Ese era el obstáculo a superar y el paraje perdido. La gracia del Señor me concedió comprender los errores de Branhamismo una vez que le encomendé entera e incondicionalmente el asunto al Señor. Entonces tuve que salir paso a paso y con cuidado, retractarme y refutar los errores. Pero Ramón Ortigoza no entendió mi posición, ni aceptó mi retractación; y él quedó en ese lugar hasta la fecha (escribo esto en enero de 1995). ¿No escribí algo de esto también en el libro “Encarando aspectos branhamitas” con el texto de mi retractación y cartas relacionadas?

Sueño y avisos acerca de problemas ministeriales.-


Por la misma época del sueño del accidente branha­mita de la avioneta, y la salida de tal paraje, tuve otras advertencias acerca de nuestra relación con Ramón Ortigoza. Soñé que los dos llegábamos juntos a un cruce de caminos donde había mucho barro. Aunque caminá­bamos juntos, sin embargo, al llegar a tal cruce, yo salté por encima de un gran charco con barro. Entonces me volví para esperar a que Ramón saltara, pero antes de que lo hiciera, una Voz desde lo Alto nos dijo: -“Tengan mucho cuidado, porque en este lugar acostumbra a haber siempre un poco de barro. Voluntad y tranquili­dad; y esperen siempre en la voluntad perfecta de Dios”.- Entonces desperté del sueño. Por aquellos días analizábamos con Ramón en la Biblia, y en los escritos de William Marrion Branham y de Paul Jones, lo relativo al matrimonio, divorcio, recasamiento y poligamia. Ese fue uno de los temas en que comencé a disentir de William Marrion Branham mientras estaba en Bolivia a principios de 1976. Precisamente antes de dar un mensaje sobre el tema en Santa Cruz de la Sierra, el Espíritu Santo me indicó los pasajes de las Escrituras que me hicieron disentir de William Marrion Branham al respecto. Pero Ramón Ortigoza siguió la interpretación poligámica que Paul Jones demostró ser la enseñanza de William Marrion Branham, de la cual yo me retracté; pero no Ramón, sino que más bien algunos practicaron. En una madrugada, al despertar de este sueño con Ramón, preocupado me puse a interceder. Entonces al comenzar a dormitar de nuevo, Aquella Voz de lo Alto me dijo: -“Encontré que esta oveja mía era una persona débil”.- Entonces desperté de nuevo y seguí orando. Pero al volver a dormitar, la Voz de lo Alto me dijo: -“Queriendo hacer cabriolas con las riendas, se enredó en ellas”.- Más tarde, mientras conversaba con Ramón acerca de estas cosas y de mi retractación del Branha­mismo en tales aspectos que yo consideré heréticos, a los largo de una avenida, el Espíritu Santo cargó mi espíritu con una profunda carga, tristeza, intercesión y premonición acerca de Ramón. Todo esto fue antes de la caída de algunos en la poligamia, mientras el Señor me sacaba del Branhamismo.
Lobos.-[2]
En el año de 1976, durante un campamento en Caacupé, Paraguay, mientras cantábamos cantos de amor y comunión, el Espíritu me mostró a dos personas allí presentes, y me dijo: -“Estos dos son lobos”.- Al mes se supo que estaban visitando subrepticiamente las casas de los hermanos, predicando la falsa doctrina del falso profeta y falso mesías William Soto Santiago. Las congregaciones entre las que trabajábamos se dividieron a lo ancho del Paraguay.


[1]Estos dos sueños proféticos fueron tomados de la obra de este mismo autor titulada: Los Pequeños Libros, numerales 20 y 21. Bogotá 1999.
[2]Una palabra de ciencia recibida del Señor, que ha sido también tomada de la obra de este mismo autor titulada Los Pequeños Libros, y que trata del tema de este libro.


[1]Cfr. Hebreos 1:3; Filipenses 2:6
[2]Cfr. 1 Corintios 6:17
[3]Cfr. Mateo 5.32; 19:9.
[4]Cfr. 1 Corintios 7:10-13; Romanos 7:2,3.
[5]Cfr. 1 Timoteo 3:2; Tito 1:6.
[6]Ver Hechos 17:26
[7]Ver Génesis 1:27-28,31