"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).
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miércoles, 22 de junio de 2011

LA IMPORTANCIA DE CONOCER A CRISTO

LA IMPORTANCIA DE
CONOCER A CRISTO

Cualquiera que haya comenzado a conocer a Cristo, sabe que conocerle no es cosa de poca
monta; sabe que, por el contrario, conocerle es algo de supremo valor. Empieza uno a descubrir
que se ha embarcado en la más seria aventura, la más sublime, la más bienaventurada, y la más
terrible; ¡nos compromete hasta el súmmum de nuestro ser total, y nos lo exige todo!
Palidecemos a la simple sombra de Sus pies. Y perdóneme, por favor, el Señor por hablar de
“simple sombra", pues hasta el lugar más escondido y recóndito del abismo se estremece de
pavor por Su presencia; es la presencia de Su juicio, y nadie puede ignorarla; nadie puede ya
más restarle su importancia; allí se ven las cosas desnudas, tal cual eran en la realidad. Pero
esto es solamente para aquellos que rechazan Su insondable amor. Su Amor no puede
describirse. La altura de Su Amor y la potencia de Su ira son insondables; desde aquí y ahora
comienza el hombre a conocerles. Su amor y Su ira están fundidos juntos en la naturaleza de Su
santidad. Pero Dios es grande en misericordia y lento para la ira. Glorioso es, pero también
terrible, como dijera el salmista. La Pasión de Cristo es sacra; es la pasión por la voluntad del
Padre, el celo de Su Nombre; la fidelidad purísima de la Deidad. ¡Conocerle es vida eterna! "Y
ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios Verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado" (Juan 17:3). "Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi
Padre conoceríais" (Juan 8:19). "Y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mt. 11:27).
Conocer a Cristo es, pues, conocer a Dios. “...el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado
entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en Su Hijo
Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna" (l Juan 5:20). Hablaba aquí el apóstol a los
hijos de Dios. Aparte de éste Dios, lo demás es un abominable ídolo. En Cristo están escondidos
todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, y todas las riquezas de pleno
entendimiento, que se alcanzan al conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo.1 Mediante el
conocimiento de Dios en Cristo, recibimos del poder divino todas las cosas que pertenecen a la
vida y a la piedad.2 He allí la razón por la que el apóstol Pablo estimó todas las cosas como
pérdida, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, nuestro Señor, por amor del cual lo
perdió todo y lo tuvo por basura para ganar a Cristo y ser hallado en Él, a fin de conocerle y el
poder de Su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él
en Su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos.3 Por la misma
razón el apóstol oraba insistentemente "17para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre
de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18alumbrando los
ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a la que él os ha llamado, y
cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19y cuál la supereminente grandeza
de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20la
cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares
celestiales, 21sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se
nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22y sometió todas las cosas bajo sus
pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23la cual es su cuerpo, la plenitud de...
---1Cfr. Colosenses 2:2,3.
2Cfr. 2 Pedro 1:3.
3Cfr. Filipenses 3:8-11---...Aquel que todo lo llena en todo” (Ef. 1:17-23).
Conocer a Cristo es, pues, de suma importancia y vital para todo hombre, pues es en Él donde
se reúnen y explican todas las cosas, y es en Él donde todas las cosas hallan su destino y
origen, su razón de ser. Y descubrir que la razón de todas las cosas anida en el seno de un Amor
que quiere revelar su insondable gloria, es algo tan sorprendentemente maravilloso que deja
anonadado a todo aquel que recibe la gracia de comenzar a ver las cosas como en realidad son.
Es entonces cuando despertamos y somos anegados de un sentir inefable, pues “Dios, quien
mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones,
para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).
¡Conocerle es la consigna! Ignorarle significa la muerte, significa el caos, ¡es la oscuridad! "¿A
quién iremos? Tú (Jesucristo) tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).

LA MANERA DE CONOCERLE

LA MANERA DE CONOCERLE

Cada cosa tiene su instrumento correspondiente de captación, y a cada porción de la realidad
corresponde un sentido; por ejemplo, a la realidad de los colores corresponde el sentido de la
vista; a la realidad de los sonidos corresponde el oído; a la realidad de los olores corresponde el
olfato, y así sucesivamente. Y de la misma manera que la realidad del universo visible es
aprehendido por los sentidos que corresponden estructuralmente a su captación, así también, al
mundo interior y psíquico, en cierto sentido invisible, pero no menos real, corresponden también
sentidos del alma; es decir, facultades psíquicas; es el hecho de la mente, la voluntad y la
emoción. Igualmente, con el espíritu recibimos las impresiones del Espíritu de Dios. De manera
que con el cuerpo y sus diferentes sentidos tomamos contacto y conciencia con y del mundo
material que nos rodea. Con el alma, el yo de nuestra personalidad, somos conscientes de
nuestros pensamientos, sentimientos y voliciones. Con el espíritu captamos a Dios, tenemos
conciencia moral, intuición espiritual y comunicación directa con el Espíritu Divino. De manera
que lo espiritual se discierne espiritualmente y lo natural naturalmente. Sería absurdo tratar de captar una porción de la realidad con el sentido equivocado; aplicar el olfato a los colores o el
tacto a los sonidos, sería anormal; solamente acontece en las enfermedades llamadas estesias,
en las que por razones de perturbación nerviosa y cerebral, o por efecto de alucinógenos, un
sentido mal recibe las informaciones dirigidas a otro en la corteza cerebral. De la misma manera,
no son los diferentes sentidos naturales del cuerpo, ni siquiera las facultades psíquicas del alma,
los que están diseñados para aprehender directamente las evidencias de la realidad espiritual
de Dios; con tales facultades se perciben solamente sus reflejos y sus efectos; pero el órgano
especialmente diseñado para el conocimiento experiencial de Dios es el espíritu del hombre,
que a través de sus diversas funciones recibe las diferentes impresiones de la realidad divina.
Esto lo hace, ya no como deducción en base a efectos e interpretaciones de reflejos, sino en
contacto y aprehensión directa. El Espíritu de Dios se amalgama con el nuestro para damos
testimonio directo de Sí Mismo y de las cosas Suyas. Es esa experiencia de evidente
conocimiento lo que en el lenguaje de las Sagradas Escrituras y de la verdad conocida por los
cristianos se llama "iluminación" o "revelación"; la dirección del Espíritu también es una
experiencia real. Revelación, en un sentido más amplio, es, pues, el testimonio que Dios da de
Sí Mismo, el cual también nos impresiona directamente en el espíritu, de manera que podemos
llegar a conocerlo, y no sólo superficialmente como una experiencia esporádica y aislada, sino
como es común entre los verdaderos cristianos maduros, en forma íntima, normal y permanente,
haciendo de la vida un deleitoso compañerismo, una labor mancomunada dentro de un
propósito definido, revelado, conocido, puesto en práctica y experimentado, encaminado a una
consumación total de gloria.
Dios, pues, se ha revelado perfectamente y en forma completa en Cristo, lo cual es conocido
directamente por revelación del Espíritu. De manera que el Espíritu Santo revela en nuestro espíritu humano a Cristo, el Hijo del Dios Viviente, y Éste nos da a conocer al Padre. Las Sagradas Escrituras son un testimonio de la experiencia de estas realidades. La Iglesia universal de Jesucristo, no una denominación cualquiera, sino Su Cuerpo místico, es, pues, el vaso que contiene y participa este testimonio; y este testimonio, más que una cosa o simple doctrina, es la evidencia de la VIDA ETERNA, en su naturaleza propia, y manifiesta en la demostración de las características actuantes del Espíritu; actuaciones que nacidas en Dios, producen efectos restauradores y verificables, los cuales se encaminan todos coordinadamente
a la redención total; es decir, a la reconciliación de todas las cosas con Dios, de manera, que Él
sea conocido por Su gloria en todas ellas. Esto ha sido hecho posible en Cristo Jesús sobre
quien fue puesta toda la vieja creación rebelde, entregada a muerte en la cruz de Cristo, y
reconstituida en una nueva creación, por la resurrección de Cristo, quien como segundo Hombre
y como Espíritu Vivificante permea ahora lo temporal para transfigurarlo en el día postrero hacia
la libertad incorruptible de que goza el Cristo resucitado. Y todo en su debido orden: primero Él
en Su resurrección para llenarlo todo, y entonces por el Espíritu derramado para confirmar la
plenitud de Su gloria, ahora a través de la Iglesia, que es Su Cuerpo, que será transformada
hacia la incorruptibilidad en la segunda venida de Jesucristo. Entonces, el resto de la creación
será libertada también para que Dios lo sea todo en todo, según ya lo ha hecho en Cristo,
Principio de la Creación y Sustentador de todo lo creado. Aún el juicio sobre lo reprobado
manifestará Su gloria. Esto es de lo que los cristianos damos testimonio.
Claro está que antes de conocer íntimamente al Cristo vivo y resucitado en forma espiritual,
normalmente se tiene primero un punto de contacto, pues el Verbo de la gloria vino al mundo y
se hizo carne visitando la historia. En ningún momento desconocemos, pues, la importancia que
pudiera tener en el comienzo de la fe de los cristianos, y también a lo largo del camino, el conocer primero naturalmente, según la carne, al Cristo objetivo de la historia; pero estábamos simplemente diciendo como Pablo que el verdadero conocimiento es por el Espíritu; como está escrito: "De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según 1a carne ; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así" (2 Co. 5:17). Pero claro está que para conocer espiritualmente por aprehensión directa al Dios de la gloria en Cristo por el Espíritu, es necesario primero «nacer de nuevo» y ser regenerado para tener parte en el reino espiritual (Jn. 3:6). El nuevo nacimiento mismo es un comienzo de conocimiento espiritual. Para que ese nuevo nacimiento sea de veras precisamos de la fe que nace gracias al testimonio
espiritual escuchando espiritualmente del Cristo objetivo e histórico y Su obra. Pero la gracia de
poder reconocer en Jesús de Nazaret al Cristo, el Hijo del Dios viviente, es indudablemente una
obra espiritual de iluminación por la que el Padre revela a los bienaventurados acerca de Su Hijo
y por Su Hijo acerca de Sí Mismo.
Así que antes del conocimiento espiritual y de la comunión personalísima con Dios en forma
directa, normalmente resulta necesario la invocación de fe; y para que haya tal fe suele ser
necesario escuchar el testimonio del evangelio que nos presenta primeramente la historicidad
del Cristo; pero mejor, al Cristo de la historia fluyendo evidentemente mediante el Espíritu. Tal
testimonio, además de en el Espíritu, que es fundamental, se halla también a través de las
Sagradas Escrituras y en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, es decir, el organismo vivo constituido por
los auténticos cristianos. No es necesario acudir a otro lugar, pues éstos bastan como testigos
autorizados. Sin embargo no estamos cortos del testimonio «externo» acerca de la historicidad
de Cristo. Tal testimonio simplemente confirma el de las Escrituras y la Iglesia, de manera que la
invocación de fe tenga un aliciente más.
A pesar de lo antedicho, no restringimos la obra del Espíritu al punto de contacto histórico, pues Cristo mismo vive hoy, y si lo quisiera, bien podría dar testimonio por Sí mismo y sólo, lo
cual ha hecho en casos esporádicos donde la necesidad era imperiosa. Recordamos el caso de
un brujo indonesio en la década de 1960-70, narrado por Mel Tari;4 también el caso del Rabí
Miguel,5 y el del ex-hindú Sundar Singh compilado por J. McDowell.6 Hay otros casos,7 pero
basten estos tres testigos.
El énfasis es que a Cristo lo conocemos verdaderamente al entrar en contacto directo con Su
Espíritu, para lo cual Él descendió y envió al Paracleto. También Su Espíritu se movió en la
dirección de Su Iglesia testigo e inspiró la Escritura, que presentaría los aspectos esenciales, de
manera que respaldados por todos los flancos, el Espíritu, las Escrituras, la Iglesia, la tradición y
experiencias vividas, junto con la evidencia "externa", tengamos los puntos de contacto, el
portal, donde la fe es animada para el diálogo que le llevará a la experiencia y al conocimiento
espiritual. Una vez que tal conocimiento sea engendrado por el testimonio espiritual, y parido,
"ya nadie os quitará vuestro gozo",8 en el decir de Jesucristo.
La fe depende primordialmente del Don de Dios, pero claro está que es fe otorgada en el
testimonio que Dios ha dado9 y da de Sí mismo en múltiples maneras, aunque exclusivamente
revelado en Cristo Jesús en su forma perfecta. Crezcamos en la Fe del Hijo y en su
Conocimiento.
---4Mel Tari, Como un Viento Recio.
5Miguel Hesbe, Miguel, Miguel, ¿por qué me persigues?
6Josh McDowell, Evidencia que Exige un Veredicto.
7Por ejemplo, los nombrados por John Walker y su familia en Milagros y Mártires, etc.
8Juan 16:22. 9Hechos 17:31.---

LA HISTORICIDAD DE CRISTO

LA HISTORICIDAD DE CRISTO

A pesar de lo que hemos dicho acerca de la «espiritualidad» del verdadero conocimiento de
Cristo, no estamos restringiendo su realidad al testimonio del Espíritu, que no es meramente
subjetivo, sino que es dado al sujeto objetivamente en su espíritu personal, órgano de
percepción apropiado a la dimensión del mundo espiritual invisible, pero real. No restringimos la
realidad del conocimiento de Cristo al campo meramente espiritual; y no necesitamos hacerlo en
relación a su realidad histórica, porque Jesús de Nazaret, el Cristo, es el personaje histórico más
sobresaliente que ha pisado nuestro planeta, y cuya huella es la más profunda de las que se han
impreso en la historia. El testimonio «terrenal» es también en su caso sin paralelo y más
abundante y más seguro y más probado que el de otros personajes abiertamente recordados,
recibidos y seguidos en el mundo y por el mundo. La huella imborrable de Cristo en la historia es
un peso inexorable que se asienta sobre la humanidad para salvarla para siempre o condenarla
justamente.
No podemos eludir el hecho de que con Él, toda la estructura humana, desde lo más íntimo,
haya esa satisfacción plena excepto en la complicidad con el pecado, como es bien testificado
por millones. Sin Él, la estructura humana gime, clama y reclama buscando una respuesta total
sin la cual se atormenta en una desubicación absurda que no hace más que confirmar el diseño
del hombre acondicionado para Dios; y para el Dios único y verdadero revelado exclusivamente
en Cristo Jesús. Era necesario Cristo al hombre; necesaria Su persona, Sus obras, Sus
palabras. En Él y en ellas se ubica el hombre para siempre y realiza su identidad a plenitud.
A diferencia de los mitos, Jesucristo es absolutamente histórico, absolutamente objetivo, el
cual coloca al sujeto en perfecta sintonía con la realidad total, incluyendo aquella del más allá;
para muchos desconocida, más sin embargo existente y poderosamente influyente. Jesucristo
es, pues, el eje de la historia y del hombre; del hombre-humanidad y del hombre-personal. Es el
deseado y el buscado de los antiguos, el necesitado de los mitos, el esperado de los anhelos, el
cuerpo de las sombras amadas como sustitutos del que era necesario que viniera. Sí, porque
hay elementos en los mitos que son sombras; y el reclamo humano se abrazaba a ellas para que
le sustituyesen a Aquel que había de venir, el Deseado de las gentes; así como la casadera se
abraza a la almohada en ensueños y en espera de que algún día lo que la almohada representa
se convierta en realidad. ¡Pero qué alegría! ¡Qué júbilo! ¡El Verbo de Dios se hizo carne y habitó
entre nosotros ¡Y Su nombre es Jesús el Cristo, el Hijo del Dios Altísimo y el mismo Hijo del
hombre, el que bajó del cielo y fue visto y oído, palpado. Y la gloria del Dios invisible penetra en
la historia del hombre, y desde más allá del mundo metafísico, del cual apenas los filósofos
hilvanaban imágenes abstractas, ideas y conceptos, descendió el Verbo, se encarnó y visitó los
valles del Jordán, la Galilea, la Samaria, la Judea, la Jerusalén, cual Hombre verdadero, mas
mostrando a través de perfecta y real humanidad el carácter de la Hípóstasis Divina.9
---9Cfr. Hebreos 1:3, griego---.


Su historia ha sido conservada, pues, hasta nosotros envuelta y preservada cual tesoro
inigualable, en la sangre de los mártires. Sus discípulos del círculo íntimo nos hablaron y
escribieron de Él, Su obra y Su doctrina; Juan, Pedro, Santiago, Mateo, Judas; y junto con ellos
Pablo, Lucas, Marcos. He allí el testimonio de los que estuvieron cerca, y tan cerca que
podemos tocarlo junto con ellos. También la tradición nos quiere conservar el Aroma fragante de
Su influencia primitiva siempre revitalizada hasta hoy; recuerdos que afectaban el modo de vida
de comunidades enteras dando fuerza al cristianismo, milagro histórico, fruto que tan sólo puede
serlo del Cristo verdadero.
También la historia temprana nos da abundante testimonio. Además de Lucas, excelente
historiador sagrado, reivindicado por la arqueología en W. Ramsay contra la escuela de Tubingia
y afines, tenemos los documentos de propios y de extraños dando razón del testimonio poseído
por los cristianos en sus días más tempranos; la Didaké, Bernabé, Clemente, Policarpo, Ignacio,
Papías, Hermas, Ireneo, etc., hasta Eusebio historiador, además del cúmulo de la
documentación patrística. Esto a vuelo de pájaro entre los propios, pero también la historicidad
de Cristo y Su fruto milagroso, el cristianismo primitivo, nos es mencionado por extraños y no
adeptos que nos refieren hechos ciertos e indubitables. Actas, historiadores, estadistas,
filósofos, enemigos declarados, poetas satíricos y retóricos, griegos, judíos y latinos, de entre los
cuales citaremos a algunos. Todos estos atestiguan de aquella realidad que afectó los siglos
contándolos de nuevo a partir de allí.
Empecemos mencionando el documento hebraico "Tratado del sinedrio", y junto a él las
jurídicas actas de Pilato. Entre los famosos historiadores hagamos mención de Josefo entre los
judíos, Talo entre los samaritanos, y Tácito, Suetonio y Arriano entre los gentiles. El primero,
Flavio Josefo, en su obra "Antigüedades de los judíos", hace una cita tan formidable, que se ha
intentado sin éxito impugnarla como espúrea; pero es una cita tan antigua y tan citada por los
antiguos, que se ha ganado el respeto. Algunos, inclusive, por el tono de la cita incluyendo las
apariciones de la resurrección y la identidad de Jesús como Cristo en labios del mismo Josefo, lo
han clasificado a éste como ebionita; sin embargo, el resto de su obra no da pie para tal
conjetura. La versión árabe de la cita, aunque más atenuada, es completa.
Talo hace mención del eclipse, según él, que acontecería el día de la crucifixión. Tácito en sus
"Anales" y Suetonio en su obra sobre los doce césares y específicamente en la sección de
Claudio, aluden a Cristo y a la persecución contra los cristianos y su testimonio, y a la expulsión
de los judíos de Roma por disturbios a causa de Cresto, Cristo. Aquila y Priscila, cristianos
prominentes, estuvieron entre los expulsados. Tácito es del año 54, y Suetonio de fines del
primer siglo. El historiador que también hace mención y que es a la vez filósofo, el griego Arriano,
data del año 96.
Entre los estadistas que también hacen referencias, podemos mencionar a Séneca, quien fue
preceptor de Nerón y además filósofo; vivió entre 4 a.C. y 65 d.C.; Plinio el joven, gobernador de
Bitinia, hace referencia en su informe al emperador Trajano, y Trajano mismo también en su
carta respondiendo a Plinio el joven. En tiempos de Adriano (117-138), el sobrino de Trajano
escribe también al procónsul de Asia. En tales documentos de estadistas están, pues,
incrustadas tales referencias históricas. Habíamos ya mencionado las actas de Pilato.
Entre los filósofos, sofistas y retóricos griegos haremos mención de Numenio, Dio Crisóstomo
y Luciano. Numenio fue un filósofo griego de mediados del siglo segundo, el cual buscaba la
interpretación escondida de citas que hacía de la historia de Jesucristo; Orígenes lo menciona.
Dio Crisóstomo, que se refirió a nuestro tema, fue un sofista griego que vivió entre 40 y 115 d.C.
Luciano fue un retórico y satírico griego del siglo segundo, a fines del reinado de Trajano, quien
escribiendo concerniente a la muerte del cínico Peregrino Proteo, en su carta a Cronio, dice de
los cristianos que hablaban de Cristo como un dios y lo tomaban por legislador y lo honraban con
el título de maestro, y que adoraban a ese hombre que fue crucificado en Palestina y que
introdujo en el mundo esa nueva religión; que el primer legislador de los cristianos les había

persuadido de que todos ellos eran hermanos unos de otros, a pesar de haber Él transgredido
sus leyes al negar la existencia de los dioses griegos, a quienes Luciano pretendía hacer
hermanos del dios Cristo. Los cristianos ahora, según él, adoraban a Aquel sofista crucificado
viviendo bajo sus leyes. Muy diciente también la referencia histórica de Luciano.
Entre los latinos citaremos también 2 o 3 testimoniantes: Tertuliano, escritor jurista, que
testifica con las actas de Pilato. Lucano, poeta latino, y Juvenal, satírico notable de la época
(60-140 d.C.) que en sus divulgadas "Sátiras" contra el César hace referencia de Cristo y de los
cristianos, confirmando él también su realidad histórica. Aludía a la persecución. A mediados del
segundo siglo vivió Flegón, quien hizo mención del cumplimiento de profecías relacionadas a
Cristo.
Un enemigo declarado fue Celso, de fines del siglo segundo, quien escribió un libro contra los
cristianos, haciéndose sin quererlo eco del testimonio histórico sostenido por ellos. Orígenes lo
refutó en su obra "Contra Celso". Otro enemigo declarado fue el filósofo Frontón de Cirta de
Numidia, profesor de Marco Aurelio y autor del "Discurso". Marco Aurelio mismo en sus
"Meditaciones" refiérese al hecho cristiano. La carta de Mara bar-Serapio es también testigo
histórico extrabíblíco, amigable. No incluimos en la misma categoría histórica a la carta de
Publius Lentulus que supuestamente se hacía leer Calígula con la descripción de Cristo. El
Talmud también es eco de la historia, y si bien ataca el mesianazgo de Jesucristo, confirma su
historicidad.
El Señor Jesucristo está, pues, ubicado en el centro de la historia en un puesto que nadie le
puede quitar. Y cerrar los ojos frente a tal hecho es negar, como se ha dicho, que exista tal cosa
como historia. Ahora bien, su biografía la encontramos en sus detalles esenciales
principalmente en los escritos inspirados de sus discípulos, el testimonio del Nuevo Testamento.
También del Nuevo Testamento apócrifo se podría extraer con cierto discernimiento un núcleo
auténticamente histórico.

¡He allí al Hombre! ¡Sus obras, Sus palabras, Su muerte y Su resurrección, Su Nombre, Su
Espíritu y poder, Sus reclamos! El cristiano auténtico, la Iglesia universal que es Su Cuerpo
místico, existe para confrontar a la humanidad con tales hechos, con tal personaje histórico
resucitado y vivo hoy, actuante evidentemente en millares de vidas transformadas, liberadas,
sublimadas y convertidas, muchas hasta la abnegación del martirio; y una clase de martirio que
no son bajas de guerra ni de guerrilla, sino ofrendas de amor que perdonan, holocaustos
inexplicables para los perseguidores.
La gran noticia, pues, la buena nueva, el evangelio, es que el Dios de la gloria, el Dios invisible,
Aquel que mora en los cielos, más allá y más acá de las regiones metafísicas de que hablaría el
filósofo, ha descendido a la historia del hombre, por Su Verbo, haciéndose semejante a los
hombres, y revelándose, declarándose; y Su gloria fue vista con ojos humanos y palpada por
manos de hombre; sí, por testigos de entre los hombres que presenciaron el cumplimiento
profético de las predicciones antiguas acerca del Mesías, muerto por nuestros pecados
conforme a las Escrituras y resucitado al tercer día también conforme a ellas. Apareció a
testigos10 y les comisionó, y éstos llevaron la comisión de su testimonio fiel hasta el martirio, que
sólo podía ser soportado en el sustento de la certeza de la verdad.
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1:14).
"1Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo
que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2(porque la vida
fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba
con el Padre, y se nos manifestó); 3lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que
también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el...
---10Cfr. 1 Corintios 15:3-5---...Padre, y con su Hijo Jesucristo. 4Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido" (1 Jn. 1:1-4).
"Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para
que vosotros también creáis" (Jn. 19:35).
"16Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo
siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.
17Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria
una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18Y nosotros oímos
esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo" (2 Pe. 1:16-18).
"39Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en Judea y en Jerusalén; a
quien mataron colgándole en un madero. 40A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se
manifestase; 41no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano; a
nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos" (Hch. 10:39-41).
"...5y... apareció a Cefas, y después a los doce. 6Después apareció a más de quinientos
hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7Después apareció a
Jacobo; después a todos los apóstoles; 8y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a
mi" (1 Co. 15:5-8).
"1Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre
nosotros han sido ciertísimas, 2tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con
sus ojos, y fueron ministros de la palabra, 3me ha parecido también a mí, después de haber
investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh
excelentísimo Teófilo, 4para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido
instruido" (Lucas 1:1-4).
"1Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no
 sea que nos deslicemos. 2Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda
transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3¿cómo escaparemos nosotros, si
descuidamos una salvación tan grande? la cual, habiéndose anunciado primeramente por el
Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4testificando Dios juntamente con ellos, con
señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad"
(He. 2:1-4).

PROFECÍAS ACERCA DE CRISTO

PROFECÍAS ACERCA DE CRISTO

Una de las cosas más satisfactorias es ver la vida del Señor Jesucristo ajustarse al molde de
las profecías acerca del Mesías. Es un nutriente maravilloso de la fe el ver que antes de Su
venida los siglos preparaban ya su identificación con detalles que hubiera sido imposible fraguar
y hacerles a todos coincidir; tal cosa sería imposible; no estaban en la mano del hombre. El
pre-conocimiento divino había hecho que se escribiera, por así decirlo, una biografía antes de
que aconteciera en el tiempo y la historia. Estaba prevista la raza, el pueblo, la tribu, la familia de
su ascendencia, el lugar de su nacimiento y la forma del mismo, junto con acontecimientos
concomitantes. Estaban previstas sus obras y su ministerio, e incluso la época de éste, y el día
de Su visitación; aun Su precursor estaba previsto. Su muerte en detalles y su significado; Su
sepultura y Su resurrección; Su ascensión y partida por un tiempo a ministrar en los cielos; y aun
Su regreso está previsto, acerca del cual se dieron señales que le precursarían, las cuales, gozo
da el verlo, se confirman en la realidad histórica corroborando la veracidad de la inspiración
profética.
En Jesús de Nazaret se cumplen, pues, las expectativas mesiánicas de los siglos pasados,
todo en su debido orden, la parte del Cordero y la parte del León. La parte ya cumplida nos
hinche de esperanza en relación a la parte restante, que con toda lógica corresponde a Su
segunda venida, de cuya cercanía ya las vestiduras del siglo presente nos avisan confirmando la
promesa, cuyo cumplimiento se escucha ya viniendo como piedras del río que suenan
anunciando el aluvión. Todo se acomoda como estaba previsto para ser hallado de Él cual lo
anunció; aunque el día y la hora nadie sabe, sino sólo el Padre. No obstante, señales nos dio y señales tenemos; no han faltado a la cita, enriqueciendo la fe. La profecía y su cumplimiento son
hechos ineludibles, vindicaciones que dejan sin excusa a los que tratan de eludir el hecho de que
la historia estaba preparada para Cristo.
Él es la Simiente de la Mujer que, al ser herido en el calcañar, aplastó la cabeza de la
serpiente; 11 con Su muerte nos dio el perdón, la liberación y la reconciliación; con Su
resurrección, la vida y todo lo que ella implica.12 El es Siloh a cuyo nombre se congregarían los
pueblos. Él es el León de la tribu de Judá cuyo cuerno no sería quebrado.13 Él es la bendición del
Dios de Sem y Aquel que hace a Jafet morar en las tiendas de su hermano.14 El es aquel profeta
al que había que escuchar;15 Él es el Hijo, el Sacerdote conforme al orden de Melquisedec,16 el
heredero para siempre del trono de David.17 Él es Emanuel, el hijo de la virgen, el admirable
consejero, Dios fuerte y quien es llamado Padre eterno; el Príncipe de Paz que nos sería dado
como un niño.18
---11Cfr. Génesis 3:15. 12Romanos 6:23. 13Génesis 49:9,10. 14Génesis 9:26,27.
15Cfr. Deuteronomio 18:15. 16Hebreos 7:11. 17Lucas 1:32. 18Isaías 7:14; 9:6,7.---

Él es el siervo de Yahveh y Yahveh mismo que abriría los ojos de los ciegos y haría cantar la
lengua de los mudos.19 Él es el Príncipe que nacería en Belén,20 el Rey que entraría en un
burrito, manso y humilde, a Jerusalén.21 Él es el Mesías Príncipe que se presentaría tras la
semana sesenta y nueve de la profecía de Daniel, que moriría mas no por sí, sino que daría Su
vida en expiación por el pecado de su pueblo;22 Aquel varón de dolores, despreciado,23 cuyas
manos y cuyos pies serían honrados,24 a quien se daría a beber vinagre25 y de quien se
repartirían sus vestidos.26 Aquel que sería vendido por treinta piezas de plata;27 Aquel que se
llamaría Nazareno, aquel pimpollo, sí, aquel renuevo, la vara de tronco de Isaí.28 Aquel que
sepultado Su alma no sería dejada en el Hades, que es el Seol. Aquel cuya carne no vería
corrupción sino que viviría, resucitaría y nos daría vida.29 Aquel que se sentaría a la diestra del
Padre hasta que sus enemigos fuesen puestos por estrado de sus pies.30 Aquel cuyo Nombre
daría luz a los gentiles;31 sí, aquel que nos dejaría por un poco de tiempo para volver a
establecer el Reino recibido.32 Aquella piedra no cortada de mano, que desmenuza los reinos,33
el Hijo del Hombre que después de traspasado será visto en las nubes del cielo viniendo en
gloria y majestad.34 He allí lo profetizado. ¡Solamente Jesucristo es Aquel! Las profecías lo
presentan, la historia lo presenta, y lo que es más asombroso, Él mismo se presenta. Todas Sus
credenciales están en orden, y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en Él.35 Entonces,
también la Iglesia por Su Espíritu le presenta.
Pero hay algo más en esta relación profética: los tipos, las figuras, las sombras y la alegoría le
presentan también. Para la analogía del pensamiento fue provisto también un testimonio.
---19Cfr. Isaías 35:4-6. 20Miqueas 5:2. 21Zacarías 9:9. 22Daniel 9:26. 23Isaías 53:3.
24Cfr. Salmos 22:16b.
25Cfr. Salmos 69:21. 26Salmos 22:16,18. 27Zacarías11:12.
28Cfr. Isaías 11:1. 29Salmos 16:8-11. 30Salmos 110:1. 31Isaías 42:6. 32Miqueas 5:3,7.
33Cfr. Daniel 2:44-45. 34Daniel 7:13. 35Mateo 11:6; Lucas 7:23.----

TIPOLOGÍA DEL CRISTO

TIPOLOGÍA DEL CRISTO

El pensamiento analógico es una realidad dentro de la humanidad; y Dios, en Su trato con el
hombre, no se limita a un sólo aspecto o tipo de pensamiento. Dios es el Dios de todos los
hombres y el Creador de todos los aspectos de la mente y del hombre. De manera que Él se
adapta perfectamente a todo tipo de pensamiento, y sabe hacerse entender por todos los
medios. La hermenéutica se asienta en esta área. Dios hace un uso legítimo de la alegoría, pues
ésta tiene un lugar adecuado dentro de la realidad, y es un departamento dentro de las muchas
vivencias del hombre. Así que para la comunicación es posible hallar puntos de contacto
también en la analogía, y aun en los más recónditos aspectos del pensamiento llamado mágico.
Cualquier tipo de pensamiento tiene sus normas legitimas dentro de la realidad y también sus
limitaciones, cruzando las cuales, cualquier tipo de pensamiento se desliza en extravagancias y
delirios; incluimos expresamente también al pensamiento llamado lógico del racionalismo;
también este debe sujetarse a normas legítimas y límites jurisdiccionales. Hay una jurisdicción
para la razón, y la hay también para lo mágico. Si bien la magia está prohibida por Dios, no por
eso es menos real. Jurisdicción hay para lo de acá y para lo de más allá; lo hay para lo explicable
y para lo milagroso. De la misma manera, dentro del pensamiento hay lugar para el razonamiento
abstracto y para la imaginación, etc. Todos estos aspectos solamente siervos son del
hombre total; no debe permitírseles ser señores; son secretarios, no presidentes. Sí, la
deducción es una sierva, la inducción también; la síntesis y el análisis igualmente; sirven al
hombre todo, pero no deben tiranizarlo ni deformarlo con desequilibrios. Queremos al hombre todo, realizado a plenitud en todas sus capacidades y posibilidades, equilibradamente, para su
fin innato: la gloria de Dios.
Todo lo que descentre al hombre de su fin innato es enfermedad que corrompe hasta la
desintegración. Repito, pues, entonces que el fin innato de la realización plena del hombre está
relacionado a la gloria de Dios; contenerla, reflejarla, representarla. Háblase de la gloria del
verdadero Dios, que se ha revelado en la historia con exclusividad mediante Jesucristo, el hecho
de cuyo testimonio estudiamos. Tal testimonio nos llega también multiplicado en la concordancia
de la realidad histórica y espiritual de Cristo con los tipos y figuras, ejemplos, sombras y
alegorías que ya le presentaban de antemano. De manera que nos maravillamos de los métodos
didácticos de Dios.
Cristo es, pues, aquel verdadero Adam que al ser herido en el costado durante el sueño
profundo de la muerte, entregó de Sí mismo para la formación de su Eva, la Iglesia. Él es el
verdadero árbol de vida, el sacrificio de cuyas pieles cúbrese al pecador desnudo; el sacrificio
que a las puertas del Paraíso nos hace gratos a Dios como la ofrenda de Abel. Él es testador del
pacto cuya señal es el arco iris. Él es la bendición de Sem y el verdadero Isaac que retorna de la
muerte, el Hijo esperado, la simiente prometida. Él es quien corta a la carne en la circuncisión
verdadera. Él es el José verdadero cuyo Espíritu moró en aquel primero, vendido aquel por casi
30 piezas de plata, sacado de la cisterna y de la cárcel para la diestra de la majestad. Sí, Él es
quien, herido en la casa de sus hermanos y amigos, se da luego a conocer a ellos para preservación
del alma. Él es el legislador verdadero perfeccionando a Moisés. Él es el verdadero Aarón,
el sumo sacerdote perfecto; Él es la ofrenda sacrificada, el holocausto; Él es el verdadero pan, el
trigo molido cual harina, molido por nuestros pecados y ungido con el aceite del Espíritu Santo.
Él es el Arca de madera de acacia cubierta de oro, la naturaleza humana y la divina en Su sola
persona; el maná verdadero, pan del cielo, agua viva y Roca herida, almendro escogido y
florecido en la resurrección. Él es la Pascua, el Cordero expiatorio, la trompeta perfecta que reúne así al pueblo santo. Él es el primogénito, el siclo del santuario, el precio del rescate, el
tabernáculo henchido de la gloria de Yahveh; Él es el descanso, el sábado y el jubileo; las fiestas
solemnes sombra de Cristo son. Cristo es el nazareno separado para Dios, el Sansón perfecto,
el Josué que nos introduce en el Canaán de los lugares celestiales. Aquel que abrió el Jordán de
la muerte y devoró como pan a Sus enemigos.
Cristo es el juez justo, el libertador perfecto, el cántaro de Gedeón, que al quebrantarse
alumbró asegurando la victoria. Él es el pariente redentor, marido de la gentil convertida, el
restaurador del alma de la Noemí-Israel en su vejez; el tronco de Isaí, el David verdadero, el
Heredero del trono de Israel y las naciones; el Rey de Paz y Sabio, también reconstructor de
ruinas. Él es aquel que cual Elías fue arrebatado al cielo dejándonos la capa de Su Espíritu. Él es
aquel que resucita a los muertos que descansan en su tumba, como al contacto de los huesos
de Eliseo un muerto volvió a vida. El es el monarca que extiende el cetro de oro de la
misericordia a la esposa querida que se aventura en Sus brazos. Él es el Amado de la amada en
el Cantar de los Cantares; el Hijo del hombre, el Príncipe de los ejércitos, la Piedra. Él es aquel
que regresó del vientre del abismo, uno mayor que Jonás, mayor que Salomón, el Renuevo, el
Deseado, el Ángel del Pacto de Yahveh, que ruge cual león; el Único que puede abrir el libro; el
hijo varón de la mujer arrebatado para Dios y Su Trono. Aquel cuya hoz está en Su mano y cuya
espada en Su boca. ¡La Lumbrera perfecta de la Nueva Jerusalén! ¡Jesucristo es Su Nombre!

INTRODUCCIÓN ACERCA DEL VERBO DE DIOS

INTRODUCCIÓN ACERCA
DEL VERBO DE DIOS

La Revelación que Dios ha dado de Sí mismo ha sido a través de Su Verbo, el cual se hizo
carne,12 semejante a los hombres,37 y vino a la tierra en la Historia, y nos dio y da a conocer al
Padre.38 El propósito de Dios es reunir todas las cosas en Cristo,39 reconciliar en Él y por Él.40
Jesucristo es, pues, el fundamento puesto, y nadie puede poner otro fundamento.41
La intención de Satanás ha sido colocarse a sí mismo en el lugar de Dios,42 y el misterio de
iniquidad, por el espíritu de anticristo, trabaja en ese propósito malévolo, a fin de colocar al inicuo
satánico en el lugar de Dios.43 Es por esa razón que la serpiente procura presentar a otro
Jesús,44 con el fin ulterior de sustituirlo. El espíritu de anticristo se caracteriza por su manera de
enfocar a Cristo;45 procura confundir a la Iglesia acerca de Jesucristo, presentando a otro Jesús,
de manera que nos aparte del verdadero y nos atraiga poco a poco y sutilmente a un falso cristo.
---12Cfr. Juan 1:14,18. 37Filipenses 2:7. 38Juan 17:26; 1 Juan 5:20. 39Efesios 1:10.
40Cfr. 2 Corintios 5:19. 411 Corintios 3:11. 42Isaías 14:14. 432 Tesalonicenses 2:3,4.
44Cfr. 2 Corintios 11:13.4. 451 Juan 2:22,23; 4:3; 2 Juan 7.---

Quien no conozca, pues, al verdadero Cristo, puede caer en las redes de uno falso. Conocer a
Cristo es, pues, el asunto de mayor importancia; sólo por Él conocemos al Único Dios
verdadero;46 Jesucristo es, pues, el Fundamento. El Espíritu de Dios se caracteriza por su
confesión del Cristo;47 la Iglesia está edificada sobre la Roca de la revelación y confesión de
Jesucristo como el Hijo del Dios viviente.48 El Espíritu Santo glorifica al Hijo49 y lo presenta como
Señor;50 cualquier supuesta "revelación" que disminuya o niegue al Hijo, no proviene del Espíritu
de Dios, y es característica de la serpiente; y es tan sutil el asunto, que en muchos casos se
pretende confesar al Hijo al mismo tiempo que se le niega, como veremos, Dios mediante, más
adelante.
Es posible que algunos hijos de Dios, niños en Cristo e inmaduros para discernir la Voz del
Espíritu, y con insuficientes elementos de juicio para examinar, sean en parte confundidos.51
Pues Jesús dijo que engañarían, si fuese posible, a los escogidos;52 pero al conocer la verdad,
son libertos, pues el Espíritu de verdad oye lo que dicen los apóstoles de Cristo, que hablan
desde las Escrituras; el espíritu de error no escucha a los apóstoles y permanece en error.53
¿Quién es, pues, el Verdadero Cristo que presentaron sus apóstoles? Debemos enfrentarnos
a su Testimonio. Comenzaremos el examen con la magistral presentación del apóstol Juan en
su evangelio; éste fue el último en ser escrito, y uno de los últimos libros de la Biblia escrito con
conocimiento de causa, y específicamente en medio de un ambiente que comenzaba a ser
infestado por el trabajo del espíritu anticristo; de manera que el valor de sus declaraciones es
inapreciable, ya que son tan específicas y equilibradas, que si las tomamos cuidadosamente en
cuenta, nos evitarán de deslizarnos en cualquiera de los extremos. De antemano advertimos
que se hace necesario tomar en consideración todos los aspectos de la verdad presentados...
---46Cfr. 1 Juan 5:20. 471 Juan 4:2. 48Mateo 16:16-18. 49Juan 16.14. 501 Corintios 12:3.
51Cfr. Gálatas 3:1-5. 52Mateo 24:24. 531 Juan 4:6---...acerca de Cristo, el Verbo de Dios encarnado.
Un énfasis parcial, en desmedro de otro aspecto igualmente importante, nos daría una visión
deformada del verdadero Cristo. Debemos, pues, tener en cuenta al mismo tiempo todas las
declaraciones acerca de Él para no desviarnos; debemos observar juntamente con Su
Generación, Su Eternidad; con Su co-existencia, Su Deidad; con Su Deidad, Su Humanidad. Ver
tan sólo Su co-existencia con Dios, sin ver juntamente Su Divinidad, nos puede llevar a dividir la
Substancia esencial. Ver tan sólo su Divinidad sin ver juntamente Su co-existencia con Dios, nos
puede llevar a confundir al Unigénito del Padre con el Padre del Unigénito. El Verbo es
Unigénito, engendrado; el Padre no, sino que es ingénito, y es Quien de Su Plenitud, desde la
eternidad, ha engendrado inmanentemente a Su propio Verbo, el Unigénito. Así que
acerquémonos con reverencia, prudencia, sinceridad y acatamiento a la revelación que el
Padre proveyó para nosotros en forma escrita. Igualmente puede decirse del Espíritu Santo, que
procede del Padre, sin embargo, el Padre no procede; en esto se distinguen.
Leemos del evangelio según Juan 1:1,2,3, 10,14,18; estos versos nos hablan de Su Identidad
(léase en privado el contexto completo).
"1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Éste era en e1
principio con Dios. 3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho
fue hecho... 10En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11A
lo suyo vino... 14Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros [y vimos su gloria, gloria
com del unigénito del Padre], lleno de gracia y de verdad... 18A Dios nadie le vio jamás; el
unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer".
El apóstol Juan conoció personalmente a Jesucristo, Su Persona y Su gloria, Sus obras y
palabras; él no escribe mera teología, él escribe Historia; él describe a Aquel a quien llegó a
conocer cada vez más íntimamente; él nos presenta al que conoció, no al que se imagina; confiesa no sólo lo que cree sino lo que palpó; habla de la evidente realidad objetiva con la que
se encontró en su vida.
Recordemos que él fue testigo de Su gloria: "y vimos su gloria, gloria como del unigénito del
Padre". "1Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al verbo de vida 2(porque Ia vida
fue manifestada, y Ia hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba
con el Padre, y se nos manifestó); 3lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que
también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el
Padre y con su Hijo Jesucristo".54
Juan se presenta, pues, como historiador testigo; su interpretación teológica le fue forzada por
la evidencia histórica; de los hechos nació su teología; el lenguaje no le agrega nada. Sólo
aquellos que por el Espíritu comienzan luego a gustar de aquella revelación gloriosa, llegan a
entender la propiedad de las expresiones apostólicas y el contenido de profundidad que hay
detrás de ellas, pues una cosa es conocer lo que dice la Escritura, y otra conocer a Aquel de
quien apropiadamente éstas hablan. Al conocer al Cristo resucitado, por el Espíritu que vino
para glorificarlo entre nosotros, vemos cuán auténtico es el testimonio de Juan; no sólo es
teología, es realidad. Esto lo digo, pues, a propósito de los que menosprecian la magnitud de la
confesión juanina, y la realidad objetiva que hay detrás de ella; la realidad de gloria que él palpó
y que anuncia para invitar a conocer y comulgar.
Juan le llama, pues, a Jesucristo, nuestro fundamento: "El Verbo de Dios". Detengámonos,
pues, primeramente en el concepto de Verbo.
¿Qué significa "el Verbo"? Esta no es una palabra ideada o inventada por el apóstol, sino una
palabra ya existente y con profundo significado en su contexto histórico, la cual Juan, guiado por...
---54Juan 1:14; 1 Juan 1-3---...el Espíritu Santo, usó para aplicarla con propiedad a Jesucristo. Así que la palabra "Verbo" que Juan aplica a Jesucristo, por el Espíritu Santo, era ya usada en y antes de su tiempo.
"Verbo" es la traducción de la palabra griega "Logos" (λόγoς). Ya desde Heráclito, 500 a.C., los
filósofos griegos hablaban del "Logos". Agustín de Hipona confiesa haber ya encontrado en la
filosofía griega el concepto de "Verbo", aunque no el de Su encarnación. El Verbo es, pues, la
Palabra, el Concepto, la Expresión, la Mente, la Sabiduría, la Razón fundamental. Cuando los
filósofos griegos observaban el universo, descubrían en él un orden tal y un designio tal, que
concluían que detrás de todas estas cosas había una razón fundamental que sustentaba el
orden y el designio de todas las cosas; tal razón era el Logos que dirigía el curso cósmico y
universal. Pablo apóstol escribía de Cristo, el Verbo encarnado, que todas las cosas en Él
subsisten,55 y la carta a los Hebreos nos informa que Él es quien sustenta todas las cosas con la
Palabra de Su Poder.56 Ya con Alejandro Magno, el imperio griego estuvo en su apogeo; él fue el
rey primero, el cuerno grande entre los ojos del macho cabrío de la visión de Daniel (8:5-8,
21,22), del cual sucedieron cuatro, los cuatro (4) generales que se dividieron el imperio y de los
cuales se sucedieron las dinastías de los Antíocos y Seléucidas, y los Ptolomeos, los reyes del
Norte y del Sur,57 que atravesaron la Palestina; el libro de los Macabeos también nos informa de
esto. Así que la cultura griega penetró a la Palestina y hubo quienes intentaron helenizar el
Judaísmo, o a lo menos hacerlo inteligible al Helenismo.
El judío Filón, contemporáneo de Cristo, hablaba también del Verbo, como de la Sabiduría
Divina, intermediario para la creación. El Apóstol Juan escribía, pues, en ese contexto histórico,
acerca del Verbo de Dios, reconociendo Su existencia objetiva más allá del mero concepto
metafísico. El Verbo es entonces la Palabra creadora de Dios, la Palabra que le revela, el
Concepto, tan perfecto que expresa a Dios mismo tal cual Dios es, siendo igual a Él y uno con...
---55Cfr. Colosenses 1:17. 56Hebreos 1:3. 57Daniel 11:3-24---...Él, engendrado de Él. El Verbo es la Sabiduría de Dios, por la cual Dios lo conoce todo y aun a Sí mismo en forma perfecta; de modo que el Verbo es Su Propia Imagen, Su Expresión.58
---58 Consideraciones más exhaustivas del autor a este respecto pueden verse en “Cristo en la Eternidad y la Trinidad”.

LA SABIDURÍA DE DIOS

LA SABIDURÍA DE DIOS

En este punto resulta excelente comparar Proverbios 8 con el pasaje mencionado de Juan 1.
El apóstol conocía Proverbios y el concepto del Verbo como Sabiduría, de modo que puede
observarse en Juan 1 un resumen de Proverbios 8. Pero antes de cotejar los pasajes citados,
identifiquemos definitivamente por las Escrituras mismas a Cristo, El Verbo de Dios, como Sabiduría. Esto podemos leerlo sin lugar a dudas en forma definitiva en 1 Corintios 1:24: "Mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios". ¡Cristo, Sabiduría de Dios!
En Colosenses 2:2,3: "2... el misterio de Dios el Padre y de Cristo [(μvστηρίov τo_ θεo_,
Χριστo_) Misterio de Dios, Cristo - según manuscritos antiguos]] 3en quien están escondidos
todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento [(σoφίας κα_ γvπσεως) sofía y gnosis]". En Él
están escondidos todos los tesoros de la Sabiduría y del conocimiento; Él es la Sabiduría de
Dios, el Verbo que era en el principio con Dios y era Dios, sin el cual nada de lo que ha sido
hecho fue hecho.13
En proverbios 8:12, la Sabiduría se nos presenta así: "YO, la Sabiduría...", y desde los versos
22 hasta el 31 nos habla de Sí misma magistralmente: Su eternidad pre-existente, Su
co-existencia con Dios; de manera que en el Nuevo Testamento hallamos luego muchas
alusiones, como veremos Dios mediante.
Proverbios 8 nos habla también, junto con la eternidad, de la generación de la Sabiduría. Así
que seguimos la lectura en Proverbios 8 interpolándola con citas neotestamentarias a modo de
comentario y comparación: "22Yahveh me poseía en el principio ("en el principio era el
Verbo"60), ya de antiguo, antes de sus obras ("y él es antes de todas las cosas"61).
23Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra. 24Antes de los
abismos fui engendrada ("Unigénito del Padre"62); antes que fuesen las fuentes de las
muchas aguas. 25Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados ya había
sido yo engendrada; 26no había aún hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del
polvo del mundo. 27Cuando formaba los cielos allí estaba yo ("y sin él nada de lo que ha sido
hecho fue hecho"63); cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; 28cuando afirmaba...
---13Cfr. Juan 1:3. 60Juan 1:1. 61Colosenses 1:17. 62Juan 1:14. 63Juan 1:3---....los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; 29cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas nos traspasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra, 30con él estaba yo ordenándolo todo ("y el Verbo era (estaba) con Dios"64), y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo ("la gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese...; por qué me has amado desde antes de la
fundación del mundo"65). 31Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son
con los hijos de los hombres ("y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"66). 35Porque
el que me halle. hallará la vida... ("En él estaba la vida...; Yo soy la Vida...; "el que tiene al Hijo,
tiene la vida"67).
---64Cfr. Juan 1:1. 65Juan 17:5; 17:24. 66Juan 1:14. 67Juan 1:4; 14:6; 1 Juan 5:12.---

LA EXPRESIÓN DE DIOS

LA EXPRESIÓN DE DIOS

Detengámonos en el examen bíblico de la identidad de Cristo, el Verbo Encarnado, como
expresión de Díos.
Nos dice Pablo en la segunda de sus cartas que tenemos a los Corintios:
"...Cristo, el cual es la imagen de Dios" (4:4c). Semejante expresión utiliza en su carta a los
Colosenses: "Él es la imagen del Dios invisible" (1:15), lo cual es perfectamente comparable al lenguaje de Juan en su evangelio:
"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a
conocer" (1:18). El Dios al que nadie vio jamás, es el Dios invisible, el Padre que habita en Luz
inaccesible, Quien lo da a conocer es el Hijo, el Dios Unigénito (Monogenès Teòs - μovoγεv_ς
Θε_ς, según los más antiguos manuscritos griegos), el cual es, entonces, Su Imagen.
Hebreos 1:3 nos lo dice de la siguiente manera: "...el cual (el Hijo), siendo el resplandor de su
gloria, y la imagen misma de su substancia (carácter de la Hipóstasis Suya [χαρακτ_ρ τ_ς
_πoστάσεως α_τo_] según transliteración del griego), y quien sustenta todas las cosas con la
palabra de su poder...".
La Carta de Pablo a los Filipenses nos dice: "El cual, siendo en forma de Dios" (2:6a). Cristo
dijo de Sí mismo: "Y el que me ve, ve al que me envió", y "Si me conocierais, también a mi padre
conoceríais; y desde ahora le conocéis y le habéis visto... el que me ha visto a mí, ha visto al
Padre".14
El apóstol Juan en la epístola primera lo resume así: "...el Hijo de Dios ha venido, y nos has
dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo
Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna" (5:20).
---14Cfr. Juan 12:45; 14:7,9.

De modo que la Imagen del Dios invisible, el Resplandor de Su gloria, el Carácter de Su
Hipóstasis (subsistencia-sustancial del ser), el Verbo, es un "El", un "el Cual", un "Mí"; "Él es la
imagen del Dios invisible"; "El cual siendo el resplandor de Su gloria"; "Si me conocieseis,
también a mi Padre"; "el que me ha visto a Mí...". El Verbo es un Quién que sustenta todas las
cosas con la Palabra de Su Poder;15 por Quien Dios hizo el Universo;16 en Quién, por medio de
Quién, y para Quién fueron hechas todas la cosas.17
Examinamos entonces el tema del Verbo como Sabiduría, y entonces Su pre-existencia, Su
co-existencia con Dios, Su Divinidad, y Su Encarnación histórica.
15Cfr. Hebreo 1:3.
16Cfr. Hebreo 1:2.
17Cfr. Colosenses 1:16.

LA PRE-EXISTENCIA DEL VERBO CON DIOS

LA PRE-EXISTENCIA DEL VERBO

"En el principio era el Verbo".18 No dice que el verbo comenzó con el principio, sino que en
el principio era el Verbo. Cuando las cosas tuvieron su principio, allí estaba el Verbo de
antemano, y nada fue hecho sin Él (YO, sin Él "NADA de lo que ha sido hecho fue hecho"73].
Todo fue hecho por Él y "Él es antes de todas las cosas".74 Antes de la tierra, los abismos, las
aguas, los montes y collados, los campos, el polvo del mundo, etc.;75 antes de todas las cosas; y
puesto que todo fue hecho por medio de Él, Él mismo, entonces, es el principio, "Él, que es el
principio",76 "el principio de la creación de Dios",77 "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin... el
primero y el último".78 Y por ser el Principio, es también "el primogénito de toda la creación".79 Es
decir, que antes de toda creación, ya había sido engendrado el Verbo, el Unigénito del Padre,
Primogénito de toda creación.
---18Juan 1:1. 73Juan 1:3. 74Colosenes 1:17. 75Proverbios 8:23-26. 76Colosenses 1:18.
77Apocalipsis 3:14. 78Apocalipsis 22:13. 79Colosenses 1:15---.

Ahora bien, el Primogénito, el Primero, el Principio, es también Unigénito, y lo es, porque su
generación es única en comparación a toda creación. Las cosas todas fueron creadas de la
nada por Su intermedio, pero Él mismo es engendrado directamente en forma inmanente del
Padre, y no vacilamos en decir con la Escritura, desde la eternidad. Él es el Principio, mas Él
mismo no tiene principio, sino que desde la eternidad es engendrado del Padre, siendo la misma
Sabiduría Divina, la Imagen misma de Dios, el resplandor de Su gloria. Dios nunca desde la
eternidad estuvo falto de sabiduría ni de resplandor de gloria; Su sabiduría, el resplandor de Su
gloria, le acompaña desde la eternidad, engendrado en el seno de Dios de una forma única, que
sólo el Padre conoce, pues nadie conoce al Hijo sino el Padre,80 el cual dice: "Yo te engendré
hoy".81. El "hoy" de Dios, no tiene ayer ni mañana, es eterno; él es el Principio y el Fin; Él es el
que era y el que ha de venir. Él dice: Yo soy; Yo te engendré hoy. El que era es el que es; Dios
es inmutable, inmutable Su gloria, inmutable Su sabiduría. Cuando dice: El que era, lo precede
con Yo Soy: "YO SOY EL que era, y que es, y que ha de venir".82 Engendrado hoy.
Cristo mismo declaró Su pre-existencia: "De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham
fuese, Yo Soy";83 (y tomaron piedras para arrojárselas, porque se hacía igual a Dios. "Nadie
subió al cielo sino EL QUE DESCENDIÓ DEL CIELO; el hijo del hombre que está en el cielo".84
"¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir A DONDE ESTABA PRIMERO?".85 "Padre,
glorificame tú al lado tuyo, con aquella gloria que TUVE CONTIGO ANTES QUE EL MUNDO
FUESE".86
"Yo soy el Alfa y la 0mega, el principio y el fin, el pr1mero y el último".87 Por eso leíamos en
Proverbios 8:23: "ETERNAMENTE tuve el principado". ¡Eternamente tuve! He allí la
pre-existencia prolongándose hasta la eternidad pasada.
80Cfr. Mateo 12:27. 81Hebreo 1:5. 82Apocalipsis 1:8.
83Juan 8:58. 84Juan 3:13. 85Juan 6:62. 86Juan 17;5. 87Apocalipsis 22:13.

Miqueas nos profetiza del Él: "...y sus salidas son desde el principio, desde los días de la
ETERNIDAD" (5:2); e Isaías nos lo refiere como: "...admirable, consejero, Dios fuerte, Padre
ETERNO, príncipe de paz" (9:6); y el apóstol Juan como: "...la vida ETERNA; la cual estaba con
el Padre y se nos manifestó".88
Juan el Bautista, que por la profecía sabía a quién precursaba, al propio Yahveh (Isaías 40:3),
dice: El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo (cfr. Juan 1:30).
La carta a los Hebreos asemeja el sacerdocio de Melquisedec con el del Hijo de Dios en que ni
tiene principio de días ni fin de vida.89 O sea, Melquisedec aparece en la Biblia
desconociéndose su Genealogía, sin padre, sin madre, sin principio de días y sin fin de vida; se
le declara ya Sacerdote del Dios Altísimo y no hay noticias del comienzo de su Sacerdocio. Todo
esto lo utiliza el autor de la carta a los Hebreos para asemejarlo al Hijo de Dios, cuyo Sacerdocio
es con juramento según el orden de Melquisedec. ¿Qué se le atribuye entonces al Hijo? ¿Qué
se reconoce de El cuando se usa para Su semejanza la expresión “sin principio de días”? ¡Se le
atribuye eternidad!
Bien, este Verbo pre-existente, engendrado inmanentemente desde la eternidad en el Seno de
Dios, como Su propia Sabiduría, como el Resplandor de Su gloria, es co-existente con Dios.
881 Juan 1:2.
89Hebreos 1:3.

LA CO-EXISTENCIA DEL VERBO CON DIOS

LA CO-EXISTENCIA
DEL VERBO CON DIOS

El apóstol Juan, continúa diciendo: "Y el verbo era (estaba) con Dios". [κα_ _ λόγoς _v πρ_ς τ_v
Θεόv]. Era con, estaba con. Era (_v), del verbo “eimi” (existir, ser) y con (πρ_ς), co-existencia.
Es de suma importancia detenerse en esta declaración; está colocada exactamente antes y
repetida después de la declaración: “Y el Verbo era Dios”.19 La declaración acerca de la
Divinidad del Verbo está, por así decírlo, envuelta, "emparedada", entre dos declaraciones
acerca de la coexistencia del Verbo con Dios:
19Juan 1:1.

“1Y el Verbo ERA CON Dios, y el Verbo era Dios. 2Este ERA en el principio CON Dios".20
Esto tiene un propósito bien definido: confesar al Hijo como al Padre, distinguirlo y no confundirlo.
Al decir que era con Dios está reconocíendola existencia subsistente del Verbo junto al
Padre desde la eternidad: era con Dios, mas sin dividir la Substancia esencial, pues también
era Dios. Así que éstas dos declaraciones tienen que ir juntas: era con Dios y era Dios. No
basta una sola de ellas, pues una media verdad puede desviarnos.
El Verbo es la Imagen de Dios, es Aquel Quien por el cual Dios el Padre lo hizo todo. El Padre
todo lo hizo por el Hijo. Proverbios 8:30 nos decía: "CON ÉL estaba yo ordenándolo todo, y era
su delicia de día en día, teniendo solaz DELANTE DE ÉL en todo tiempo". Con Él, delante de Él,
como queda implicado en la palabra griega de Juan 1:1: πρ_ς (pros). En la epístola primera de
Juan, (1:2), se nos dice: "...os anunciamos la vida eterna, la cual estaba CON EL PADRE, y se
nos manifestó". La vida es el Hijo. El Hijo es persona y comulga con el Padre desde antes de la
fundación del mundo: "Ahora pues, Padre, glorificame Tú al lado tuyo, con aquella gloria que
tuve CONTIGO antes que el mundo fuese".21
Quien habla en este pasaje es la persona del Hijo; habla, comulga con el Padre; y no habla
simplemente como hombre, como si fuera meramente el tabernáculo humano hablando con la
Deidad, según piensa el modalismo monarquiano patripasionista y unicista. ¡No! Quien habla es
el Hijo, el Verbo encarnado, pre-existente, pues dice: "...aquella gloria que tuve contigo antes
que el mundo fuese".
La naturaleza humana del Hijo tuvo principio en el vientre de la Virgen María, y no tuvo
existencia real antes de la fundación del mundo; sin embargo, la Naturaleza Divina del Verbo
compartía la gloria con el Padre, siendo el resplandor mismo de ella22 antes que el mundo fuese.
20Juan 1:1,2.
21"Juan 17:5
22Cfr. Hebreo 1:3.

Aquí co-existencia implica co-inherencia, pues el Padre es en el Hijo y el Hijo en el Padre (Juan
14:10,11).
La co-existencia del Verbo con Dios, del Hijo con el Padre, queda, pues, aquí expuesta, sin
dividir la Substancia esencial Divina, compartiendo la gloria desde antes de la fundación del
mundo,23 Su delicia delante de El.24
“ESTE era en el principio con Dios”.96 Éste, no esto; el Verbo no es un esto, sino que es éste,
y era en el principio con Dios. Si Dios el Padre es un Dios personal trascendente, Su Verbo, que
es Su Imagen, siendo Su fiel representación, es de hecho igual a Él; y es por lo tanto también
personal, para revelar al Padre tal cual el Padre verdaderamente es. "A Dios nadie la vio jamás;
el unigénito Hijo, que está en el seno del padre, él le ha dado a conocer".97 El Hijo es, pues, aquel
TÚ a QUIEN el Padre dice: Yo TE engendré hoy.98
No es, sin embargo, el Hijo otro Dios, sino más bien: "...El verbo era Dios".99 y "...El Hijo de
Dios ha venido, y no ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el
verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna" (l Juan 5:20).
No es, pues, el Hijo otro Dios, sino Su imagen misma, Su Verbo, Su Sabiduría, el resplandor
de Su gloria, el heredero de Su plenitud, el objeto de Su amor eterno, Aquel con quien el Padre lo
comparte todo. "Todo lo que tiene el Padre es mío", "Y lo mío tuyo";100 como está escrito; "Por
cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud".101
Entonces llegamos al momento de abordar con más detenimiento la verdad acerca de la
divinidad del Verbo.102
23Cfr. Juan 17:5; Filipenses 2:6.
24Cfr. Proverbios 8:30. 96Juan 1:2. 97Juan 1:18. 98Juan 1:1. 991 Juan 5:20.
100Juan 16:15; 17;10. 101Colosenses 1:19.
102Consideraciones más exhaustivas del autor al respecto en “Cristo en la Eternidad y la Trinidad”.

LA DIVINIDAD DEL VERBO DE DIOS

LA DIVINIDAD DEL VERBO

Encaramos, pues, ésta, con el conocimiento paralelo de Su co-existencia con Dios el Padre. El
Verbo que se hizo carne, Jesús el Cristo, es claramente llamado Dios en las Escrituras según Su
revelación propia:
"Y el Verbo era Dios" ("y Dios era el Verbo"). Dios es lo que se predica del Verbo.25
Hay varias Escrituras que nos hablan primeramente de Dios en Cristo, y también entonces de
Cristo – Dios, sí, incluso del Hijo – Dios antes de la encarnación: Yahveh enviado de Yahveh.
Comencemos leyendo de las primeras:
"...Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo".104 “Porque en él habita
corporaImente toda la plenitud de la deidad".105 "17...al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al
único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos amén. 14...la aparición de
nuestro Señor Jesucristo, 15la cual a su tiempo mostrará al bienaventurado y sólo Soberano, Rey
de reyes y Señor de señores, 16el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a
quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno.
Amén".106
25Cfr. Juan 1:1. 1042 Corintios 5:19. 105Colosenses 2:29. 1061 Timoteo 1:17; 6:14-16.

"Yo soy el Alfa y la 0mega, el principio y el fin".107 "Yo soy el Alfa y Ia Omega, principio y fin,
dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el todopoderoso".108 ("Yo soy el Alfa y la
Omega, el primero y el último")109 (en estas últimas citas, porciones no se encuentran en todos
los manuscritos). He aquí ahora algunas declaraciones de Jesús acerca de Sí mismo: "22Porque
el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23para que todos honren al Hijo como
honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió... 26Porque como el
Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo".110 "Si me
conocieseis también a mi Padre conoceríais".111 "Antes que Abraham fuese, yo soy".112 "Yo y el
Padre uno somos".113 "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le
conocéis y le habéis visto... 9¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido,
Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al
Padre?"114
Además de éstas, están las declaraciones proféticas acerca del Cristo como Yahveh mismo;
veamos además las de Su nacimiento e infancia: "He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz
un hijo, y llamará su nombre Emanuel",115 lo cual tuvo cumplimiento según Mateo apóstol:
"...Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" [1:23]; e Isaías profetizó: "Porque un niño nos
es nacido, hijo nos es dado... y se llamará su nombre... DIOS FUERTE, PADRE eterno, príncipe
de Paz" (9:6).
Lo que Jesús mandó contar a Juan el Bautista, según Mateo 11:5, fue el cumplimiento de
Isaías 35:4-6 donde Dios mismo viene y salva y abre los ojos de los ciegos y los oídos de los
sordos. Juan el Bautista, la voz que clamó en el desierto, según Isaías, preparaba camino a
Yahveh y enderezaba calzada en la soledad a nuestro Dios.116 Jeremías le llama al Mesías:
---107Apocalipsis 22:13. 108Apocalipsis 1:8. 109Apocalipsis 1:11; Apocalipsis 1:17,18.
110Juan 5:22.26. 111Juan 8:19. 112Juan 8:58. 113Juan 10:30. 114Juan 14:7,9. 115Isaías 7;14. 116Isaías 40:3. 117Jeremías 3:6. 118Zacarías 11;12,13. 119Zacarías 12:10. 120Zacarías 14:3-5---....Yahveh, justicia nuestra.117 Zacarías presenta a Yahveh vendido por 30 piezas de plata,118
también traspasado,119 viniendo en gloria con todos los santos para afirmar sus pies sobre el
monte de los Olivos.120 Todo es aplicado exactamente a Jesucristo, en quien hallan cumplimiento
estas profecías acerca de Yahveh. Así, pues, que vemos a las Escrituras mostrarnos a
Jesucristo cual Yahveh en Cristo. En Cristo vemos a Dios en carne, como está escrito: "...de los
cuales (los patriarcas) según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito
por los siglos. Amén".
(_ξ _v _ Χριστ_ς τ_ κατ_ σάρκα _ _v _π_ πάvτωv θε_ς
ex wn o Kristos to kata sarka o wn epi pantwn Teos
ε_λoγητ_ς ε_ς τo_ς α__vας, _μήv.
eulogetos eis tous aionas, amén).121
Y la primera carta de Pablo a Timoteo: "Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad;
Dios (aquí el original no dice Teos, sino _ς, quien, el cual) fue manifestado en carne, justificado
en espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en
gloria" (3:16), lo cual no sería ningún misterio si fuese sólo aplicado a una criatura, hombre o
ángel.
Los apóstoles, pues, le llaman a Jesucristo indefectiblemente Dios. Pedro le llama:
"Nuestro Dios y Salvador Jesucristo".122
τo_ θεo_ _μ_v κα_ σωτ_ρoς _Iησo_ Χριστo_
tou Teou emwn kai Soteros Yesou Kristou
del Dios nuestro y Salvador Jesús Cristo.
Pablo le llama igualmente:
---121Romanos 9:5. 1222 Pedro 1:1. 123Tito 2:13. 124Juan 20:28. 125Juan 1:1. 126Juan 1:18.---
:"Nuestro gran Dios y salvador Jesucristo".123
(μεγάλoυ θεo_ κα_ σωτ_ρoς _μ_v Χριστo_ _Iησo_
Megalou Teou kai Soteros emwn Kristou Yesou).
Gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús.
El apóstol Tomás le llamó: "¡Señor mío y Díos mío!"124. Juan dice que Dios era el Verbo,125 y
que al Dios invisible, el Díos unigénito126 ha dado a conocer.
Así que toda la evidencia presentada nos descubre al Señor Jesucristo, el Verbo encarnado,
como siendo Dios mismo. Ahora bien, alguno podría falazmente argumentar con la unicidad
modalista que la Deidad vista en el Hijo era tan sólo la del Padre, haciendo así al Hijo un mero
tabernáculo humano; o sea, nos hablaría del Padre como Hijo, y no del Padre en el Hijo, lo cual
sería un grave error, pues NIEGA AL HIJO, Ya que éste que es enviado del Padre y a él ora; no
ora ni es enviado como un mero hombre, pues quien ora, aunque es verdadero hombre, no es
sólo hombre, sino que es el Verbo que estaba con Dios y era Dios, hecho carne, semejante a los
hombres, y cuando dialoga con el Padre, dialoga acerca de la gloria compartida antes de la
encarnación.127 También Hebreos 1:2 nos presenta al Hijo en la creación antes de la
encamación.
También está escrito: "Y Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen";128 no dice: Mi
imagen; ni tampoco: Nuestras imágenes, sino que dice: Nuestra imagen; ésta es el Hijo, imagen
del Dios invisible por Quien todo fue hecho, y sin Quien nada de lo que ha sido hecho fue
hecho. Así que podemos mostrar un poco más de evidencia escritural para señalar específica y
distintivamente al Hijo en cuanto Dios; es decir, no apenas la Deidad del Padre en la mera
humanidad del Hijo como simple tabernáculo humano, sino la Deidad del Hijo en Sí mismo, es
decir, en cuanto Hijo, la que sin embargo no es otra substancia esencial Divina, sino la misma del
---127Cfr, Juan 17;5; 128Génesis 1:26. 129Juan 5:26. 130Juan 17:1. 131Juan 17:21. 132Hebreos 1:8-9. 133Juan 20:17.---...Padre que en el Hijo subsiste específicamente como resplandor engendrado inmanentemente.
Mientras que en el Padre subsiste como ingénita, el Hijo la tiene en Sí mismo recibiéndola129
inmanentemente y eternamente del Padre, con quien la comparte, siendo Él mismo resplandor
de Su gloria, y siendo el Hijo del Padre, y para el Padre, y en el Padre, inseparablemente un sólo
Dios. Tal relación se expresa en estas palabras de Cristo: "Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu
Hijo te glorifique a ti".130 También en esta Escritura: "Jesucristo es el Señor para gloria de Dios
Padre". Y puesto que Dios es Uno, no es el Padre sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre, sino que es
el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre;131 como se reconociera también en Nicea: "Dios de Dios,
Luz de Luz".
Nos dice, pues, la Escritura: "8Mas del Hijo dice: Tu Trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro
de equidad es el cetro de tu reino. 9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te
ungió Dios, el Dios tuyo...".132 Del Hijo dice: Tu trono, oh Dios... te ungió Dios, el Dios tuyo. Tu
trono, oh Dios, se dice del Hijo. "Oh Dios", se dice del Hijo. "El Dios Tuyo" es el Padre, el Dios del
Hijo, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, a Quien el Hijo llama Padre y Dios: "Subo a mi Padre
y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios".133

EL ÁNGEL DE YAHVEH

EL ÁNGEL DE YAHVEH

Podemos ver entonces no sólo al Padre cual Yahveh, sino también al Hijo, al Hijo cual Yahveh,
con el Padre, con Yahveh. Leemos en Zacarías 2:8-11: "8Porque así ha dicho Yahveh de los
ejércitos (el Hijo): Tras la gloria me enviará él (el Padre) a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su (del Padre) ojo. 9Porque he aquí yo (el Hijo) alzo mi
mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos (del Padre), y sabréis que Yahveh de los
ejércitos (el Padre) me envió (al Hijo). 10Canta y alégrate, oh hija de Sion; porque he aquí vengo,
y moraré en medio de ti, ha dicho Yahveh (Dios). 11Y se unirán muchas naciones a Yahveh
(Dios) en aquel día, y me (a Dios) serán por pueblo, y moraré (Dios) en medio de ti; y entonces
conocerás que Yahveh de los ejércitos (el Padre) me ha enviado (al Hijo) a ti". Vemos a Yahveh
que envía quien es Dios nuestro Padre, y a Yahveh enviado de Yahveh, el Verbo enviado del
Padre. Se observa, pues, aquí al Hijo, en forma distintiva, también como Yahveh; distinción que
no debe entenderse como de substancia esencial, pues Yahveh Díos Uno es,26 mas el Padre
verdaderamente envía, y el Hijo verdaderamente es enviado, según la revelación escrita.
---26Cfr. Deuteronomio 6:4---.

Un pasaje similar lo podemos leer en Isaías 48:15,16: "15Yo, yo hablé, y le llamé y le traje; por
tanto, será prosperado su camino. 16Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en
secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envío Yahveh el Señor, y su
Espíritu". El contexto del pasale en el capítulo nos muestra a Yahveh hablando, y he aquí que
es enviado de Yahveh el Señor Y, aquí hay una conjunción Y, "y su Espíritu". Vemos, pues, al
Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Esta secuencia no es escandalosa en la frase, pues fue
claramente pronunciada por el mismo Señor Jesucristo; "Id, y haced discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".27 Jesús usó
esta frase con segura corrección y sin pedir a nadie disculpas. (Aquí no estamos hablando
extensivamente del bautismo ni de fórmula bautismal, sino del uso de la frase: Padre, Hijo y
Espíritu Santo, de parte de Jesús, en ese orden y con esa equiparación). Es clara entonces la
Escritura cuando dice: "Y el Verbo era Dios".136
En el Antiguo Testamento vemos a Yahveh en apariciones teofánicas, llamado también el
Ángel de Yahveh, aunque Yahveh mismo. Uno de los pasajes de mayor claridad es el de la
zarza ardiendo cuando Dios apareció a Moisés, pues evidentemente se trataba de Dios mismo
al decir: "Yo soy el Dios de tu Padre, Dios de Abraham, Dios de lsacc, Dios de Jacob",137 mas en
el verso 2 de Éxodo 3, en el pasaje claramente dice: "Y se le apareció el ángel de Yahveh en una
llama de fuego en medio de una zarza".138 Dios mandó a Moisés a decir: "Yahveh, el Dios de
vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció..." (3:16). Observamos
entonces aquí la identidad del Ángel de Yahveh con Yahveh mismo, y diciendo: "Yo soy el que
soy". Yahveh le había aparecido a Abraham, Isaac y Jacob, también a Agar a quien ella, en el
Ángel de Yahveh, vio a Yahveh y le llamó: “Tú eres Dios que ve”.139
---27Mateo 28:19. 136Juan 1:1. 137Éxodo 3:6. 138Éxodo 3:2. 139Génesis 16:13. 140Génesis 32:22-30.---

El Ángel de Dios se presentó a Jacob así: "Yo soy el Dios de Bet-el", según Génesis 31:13.
Jacob luchó en Peníel con un Varón,140 y dijo ver a Dios; igualmente se dijo de él haber luchado
con Dios. El Ángel de Yahveh que apareció a Moisés como Díos en la zarza, fue el mismo que
guió a Israel en el desierto, del cual dijo Dios: “Mi nombre está en él”.141 Era Yahveh en la
columna de nube;142 y el Ángel de Yahveh que en Jueces 2:1-5 dice haber introducido al pueblo
en su tierra, y el cual habla de mi pacto con vosotros; es el mismo Ángel de Yahveh a quien
Gedeón llama: Ah, Señor Yahveh, y Ángel de Yahveh.
En Zacarías 3 es también llamado el Ángel Yahveh; la partícula "de" no aparece en el original
hebreo. En Jueces 13, Manoa, padre de Sansón se encuentra con este Ángel de Yahveh, y dice
de Él: “Ciertamente moriremos porque a Dios hemos visto” (v.22). Éste es quien guió a Israel por
el desierto,143 el cual, según el Nuevo Testamento, es definitivamente Cristo, el Verbo de Dios,
como está escrito: “Porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.144
Tanto Isaías como Malaquías lo identifican como el Ángel de Su Faz y el Ángel del Pacto:
"8Porque dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador. 9En toda
angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó...";145 y Malaquías profetiza:
"He aquí, yo envío mi mensajero, el cual prepara el camino delante de mí; y vendrá súbitamente
a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis
vosotros".146 El Verbo es, pues, la imagen del Dios invisible, el resplandor de Su gloria, el Ángel
de Su faz, Ángel del pacto, Ángel Yahveh quien es Yahveh mismo enviado de Yahveh. “Salí del
Padre, y he venido al mundo".147 "Han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que
tú me enviaste”.148
Reafirmamos entonces que este Ángel de Yahveh, que es Yahveh mismo, es el Verbo de
---141Éxodo 23:20,21. 142Éxodo 13:21. 143Jueces 2:1. 1441 Corintios 10:4. 145Isaías 63:8,9.
146Malaquías 3:1. 147Juan 16:28. 148Juan 17;8. 149Cfr. Miqueas 5:2---....Dios, cuyas salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad;149 y este Verbo de Díos que estaba con Dios y era Dios, se hizo carne llegando a ser Jesús el Cristo, quien es el Hijo del Dios viviente, Yahveh mismo cuya venida estaba profetizada, el Hijo del Padre, el unigénito Dios.

SU CONCEPCIÓN VIRGINAL, SU VIDA SIN PECADO Y SU MUERTE EXPIATORIA

SU CONCEPCIÓN VIRGINAL,
SU VIDA SIN PECADO Y SU
MUERTE EXPIATORIA

Quién aplastaría la cabeza de la serpiente había de ser la simiente de la mujer.29 El profeta
Isaías había profetizado:"... He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su
nombre Emanuel" (7:1). El apóstol Mateo y también Lucas registraron tal acontecimiento
histórico cumplido en Cristo Jesús. También la tradición lo hizo legendario recogiéndose en los
evangelios apócrifos. Nadie vivió como Jesús, nadie resucitó como Jesús, así tampoco nadie fue
concebido, históricamente, como Jesús. "Estando desposada María su madre con José, antes
que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo" (Mt. 1:18); "...Lo que en ella es
engendrado, del Espíritu Santo es", dijo el ángel a José, hijo de David, en sueños (1:20). "31Y
ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. 32Éste será
grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su Padre; 33y
reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. 34Entonces María dijo al
---29Génesis 3:15--- ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. 35Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el
Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios... 37porque nada hay imposible para Dios"
(Lucas 1:31-35,37). La Virgen María fue, pues, Su Madre concibiendo en su vientre del Espíritu
Santo que procede del Padre; el Santo Ser que nació es el Hijo de Dios. El Verbo se hizo carne
asumiendo humanidad en el vientre de la Virgen María, que le concibió por el Poder del Altísimo.
Ella, y también José su marido, eran descendientes de la familia de David, de la tribu de Judá y
de la Simiente de Abraham, a quienes Dios había prometido que de su simiente se levantaría el
Cristo.
De Israel "... son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios
sobre todas los cosas, bendito por los siglos" (Ro. 9:5).
Dios cumple en Cristo sus promesas a David y a Abraham; provee además al Cordero
expiatorio, al Profeta esperado, al Sacerdote según el orden de Melquisedec, al Rey de Israel
para siempre, al Redentor de la humanidad.
"Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al
pecado en la carne" (Ro. 8:3).
"4Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido
balo la ley, 5para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la
adopción de hijos" (Gá. 4:4,5).
"8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido
perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10y fue
declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec" (He. 5:8-10). Por lo cual dijo
Jesucristo: "y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en
la verdad" (Jn. 17:19).

Este Santo Ser, Dios y Hombre verdadero, llegó a ser tentado en todo conforme a nuestra
semejanza, PERO SIN PECADO.30 No debemos pensar que por ser el Verbo de Dios, no sufrió
tentaciones; al contrario, puesto que fue un hombre verdadero, en todo semejante a nosotros,
pero sin haber pecado, fue tentado de la misma manera, exactamente como también nosotros
los demás hombres somos tentados. Él padeció también siendo tentado y "Pues en cuanto él
mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (He. 2:18).
"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" He.
4:15). Es de suma importancia reconocer que el Señor Jesús, a pesar de ser en todo un hombre
verdadero y a pesar de haber sido tentado en todo conforme a nuestra semejanza, NO PECÓ;
"tentado en todo conforme a nuestra semejanza PERO SIN PECADO" (He. 4:15). El apóstol
Juan dice: "Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y NO HAY PECADO EN ÉL"
(1 Jn 3:5); como se dice en la carta a los Romanos: "...condenó al pecado en la carne" (8:3). De
esto testificó Dios mismo, además de Sus apóstoles, incluido Judas Iscariote, que se suicidó por
remordimiento, confesando que vendió sangre inocente..31 También Pilato, que le mandó
crucificar por instigación de los judíos, se lavó las manos confesando que no hallaba delito
alguno en Él. El Cordero debía ser examinado y hallado sin defecto.
---30Cfr. Hebreos 4:15. 31Cfr. Mateo 27:4,5. 172Cfr. Hebreo 10:5-9. 173Cfr. Mateo 17:5.---

Juan el bautista le bautizó, no porque Él hubiera pecado, mas Cristo mostraba así el principio
de sujeción, de muerte a Sí mismo y dedicación a la voluntad del Padre, para hacer la cual le fue
preparado cuerpo, además se identificaba con nosotros los pecadores para llevarnos sobre Sí, y
nuestros pecados.172 Dios habló por Isaías acerca de El: “...Nunca hizo maldad, ni hubo engaño
en su boca” (53:9). Con esa confianza Yahveh lo prefiguró en el Cordero sin defecto, y venido el
tiempo, el Padre lo identificó y testificó de Él: "ESTE ES MI HIJO AMADO EN EL CUAL TENGO
COMPLACENCIA".173 De manera que todo lo que vemos en la vida de Cristo es la perfecta
expresión de la voluntad de Dios, el cual le resucitó conforme al Espíritu de Santidad, dando
fe a todos acerca de Él como el Hijo de Dios. Debía en todo ser sin defecto, el Varón perfecto,
para ser así la expiación apropiada. De haber pecado Él, hubiera muerto por su propio pecado;
mas siendo un Cordero inocente, sin mácula ni contaminación, Dios y Hombre verdadero, podía
ser ofrecido por el pecado de Su pueblo, y por el mundo entero.
Qué tremendas palabras estas de Jesucristo: "¿Quién de vosotros me redarguye de
pecado?".174 En uno de los fragmentos que se han conservado del evangelio apócrifo a los
Hebreos, hay este pasaje:
“La madre y los hermanos del Señor estaban diciéndole: Juan el Bautista bautiza para la
remisión de los pecados; vayamos para que nos bautice. Pero él les dijo: ¿Cuál pecado he
cometido, para que yo deba ir a él y me bautice? a menos que esto mismo que les acabo de
decir, lo haya dicho yo por ignorancia”.
Tenemos, pues, el testimonio de Dios mismo, el de sus apóstoles y aun el de la tradición.
Este Señor nuestro Jesucristo fue Aquel quien murió por nuestros pecados. Fue crucificado
y traspasado sufriendo realmente nuestros dolores. Su sangre fue derramada y Su vida, hasta
la muerte como propiciación, como expiación por el pecado. En Él cargó Yahveh el pecado
---174Juan 8:46---de todos nosotros, y fue hecho pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.175 Fue sepultado y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que
una vez desobedecieron cuando se preparaba el Arca en los días de Noé, antes del Diluvio.176
Su alma no fue dejada en el Hades.177 ni su carne vio corrupción,178 sino que al tercer día
RESUCITÓ CORPORALMENTE.179
---175Cfr. 2 Corintios 5:21. 1761 Pedro 3:18-20. 177Hechos 2:31. 178Id.
179Consideraciones más exhaustivas del autor al respecto de la muerte de Cristo, pueden verse en su obra “Provisiones de la Cruz”---.

martes, 21 de junio de 2011

EVOLUCIÓN DE LA EXPRESIÓN DOGMÁTICA

EVOLUCIÓN DE LA
EXPRESIÓN DOGMÁTICA

En la sección anterior “Acerca del Verbo de Dios", presentábamos el Testimonio Divino,
apostólico y profético acerca del Hijo de Dios, Jesucristo, en relación a la Deidad y a la
humanidad. Las Sagradas Escrituras son claras en este punto presentándonoslo como Dios y
hombre verdadero, el Verbo encarnado, hecho a la semejanza de los hombres. Ahora queremos
presentar a continuación una breve relación de la evolución de la expresión dogmática acerca
del tema a través de los siglos.
Comenzamos considerando la confesión de aquellos que estuvieron ligados directamente a
los apóstoles, la cual es de gran interés, pues manifiesta la tradición que heredaron en una
forma más pura y sencilla. Antes que nada mencionaremos por lo menos dos o tres que
autenticaron el testimonio evangélico del Nuevo Testamento:

PAPÍAS DE HIERÁPOLIS, quien murió en el año 130, conoció al apóstol Juan, y a Aristión,
discípulo de Jesús, también a las hijas de Felipe, y a varios de los antiguos, y recopiló también
los dichos de Jesús de la boca de Andrés, Pedro, Felipe, Tomás, Santiago, Mateo. Papías fue
amigo íntimo de Policarpo de Esmirna, discípulo directo del apóstol Juan. En su cita, Papías menciona dos veces a Juan, primero hablando en pasado de quienes había recogido el
testimonio ocular de los dichos y hechos de Jesús, y entonces a continuación menciona de
nuevo a Juan y a Aristiòn como de quienes aún en el presente recibía información a fines del
siglo primero. Papías dice haber escuchado de Juan que Marcos, intérprete de Pedro, consignó
el testimonio de éste fielmente. Además de Marcos, también Mateo es refrendado por Papías.

CUADRATO. También discípulo de los apóstoles, y además profeta, fue Cuadrato, el cual
entre los años 117 y 138 testificaba apologéticamente por escrito que aún sobrevivían algunos
de los que Cristo había sanado y resucitado, apelando a su testimonio de la misma manera
como el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios apelaba a los sobrevivientes de los 500
o más que vieron a Cristo resucitado.

TACIANO EL SIRIO, discípulo de Justino Mártir, en el siglo II, compuso el Diatessaron, una
armonía de los cuatro Evangelios, refrendando también así, junto con otros, el testimonio de su
antigüedad.

Habiendo, pues, confirmado con testigos entre los extrabíblicos, el testimonio de la
historicidad gloriosa del Cristo que nos presenta el Nuevo Testamento mismo, pasamos a
considerar algunas citas de otros hombres relacionados al primer período apostólico en relación
a su confesión de Dios y Cristo.

A. ESCRITORES APOSTÓLICOS

BERNABÉ. El Códice Sinaítico del siglo IV incluye en el canon del Nuevo Testamento,
después del Apocalipsis, una epístola atribuida a Bernabé, compañero del apóstol Pablo.
Clemente de Alejandría, que murió en 215 y Orígenes (184-254) atribuyen también el escrito al
compañero de Pablo. En la carta, Bernabé (en caso de ser correcta la atribución epistolar),
reconoce también la preexistencia de Cristo; entre otras cosas dice:"Dios dijo a su Hijo: hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra".

POLICARPO DE ESMIRNA (70-156). Discípulo del apóstol Juan y obispo de Esmirna y
también apóstol, como consta en las actas de su martirio, escribía a los Filipenses en estos
términos:
"Que Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, y este mismo eterno pontífice, el Hijo de
Dios, Jesucristo, os edifique en la fe, en la verdad y en toda mansedumbre...".
Ante la pira del martirio a fuego oró así Policarpo según registro de la iglesia de Esmirna:
"Señor Dios Omnipotente, Padre de tu amado y bendito Siervo (o Hijo, según otra
traducción) por quien te conocemos (...) te bendigo y te glorifico por mediación del eterno y
celeste Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu siervo (o Hijo) amado, por el cual sea gloria a Ti, con
el Espíritu Santo".
La iglesia de Esmirna de su tiempo, heredera de su tradición, a1 narrar en el año 156 el
testimonio de sus mártires, escribía a la iglesia de Filomelia y otras comunidades:
"A Cristo adoramos como Hijo de Dios, a los mártires amamos como discípulos e
imitadores del Señor".

CLEMENTE DE ROMA (Filipenses 4:3). Colaborador del apóstol Pablo, de quien y del apóstol
Pedro recibiera (como se hizo con Lino [2 Timoteo 4:21]) la constitución a1 episcopado de la
iglesia de la ciudad de Roma, ejerciéndolo entre los años 92-101; escribió a nombre de la iglesia
en Roma, a la iglesia hermana en Corinto, una carta exhortándoles a la reconciliación entre
ellos. Hay en tal carta las siguientes expresiones relacionadas a nuestro tema: "Por Él
(Jesucristo) contemplamos como en espejo la Faz inmaculada y soberana de Dios..."; eco
también de 2 Corintios 3:18; 4:6, y más adelante: "...Él, el esplendor de Su grandeza, y tanto
mayor que los ángeles, pues los supera el Nombre que heredó". Nos recuerda a Hebreos
1:3,4,5. Exclama luego: "Vive Dios, Vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos". Entonces ora: "Que todos los pueblos te reconozcan como único
Dios, a Jesucristo como tu Hijo, a nosotros como tu pueblo y ovejas de tu rebaño". Al terminar la
carta con un resumen se expresa así:
"El Dios que todo lo ve, el Soberano de los espíritus y Señor de toda carne, que escogió al
Señor Jesucristo y por medio de Él también a nosotros (...), para que todos agrademos Su
Nombre, por nuestro Sumo Sacerdote y Jefe, Jesucristo, por el cual sea dada a Dios gloria y
majestad, honra y poder, ahora y por los siglos de los siglos, amén".

IGNACIO DE ANTIOQUIA, quien conoció personalmente a1 apóstol Juan, amigo también de
Policarpo, con jurisdicción sobre la Siria, es el primero, a principio del siglo II, en hacer diferencia
entre obispos y presbíteros, que son la misma cosa antes que él, según las Escrituras y otros
documentos de la antigüedad cristiana; es también el primero en llamarle "católica" a la Iglesia
universal, y quien confederó las iglesias de Siria (plural, como consta en Hechos 15:41) en la
iglesia de Siria (singular). Ignacio ejerció su obispado entre los años 98-117, en el cual fue martirizado por las fieras; camino a1 martirio escribió cartas a algunas iglesias, y puesto que estaba en auge la herejía
doceta, que negaba la real humanidad de Cristo y la realidad de sus sufrimientos, enfatizó
entonces la tradición de su verdadera humanidad. Ignacio, en su carta a los Efesios decía (7:2):
"Un médico hay, sin embargo, que es carnal a la par que espiritual, engendrado y no
engendrado. En la carne hecho Dios, de María y de Dios, primero pasible (capaz de
padecer) y luego impasible, Jesucristo nuestro Señor".
Al principio había saludado a la iglesia de los efesios como: "predestinada antes de los siglos
por la voluntad del Padre y de Jesucristo nuestro Dios" (eco de la epístola paulina a los
Efesios). En esta misma carta usa expresiones como las siguientes: "...vivificados en la sangre
de Dios". Dice también: "Jesucristo, nuestra inseparable vida, es el pensamiento del Padre".
Y en otro lugar de la misma carta: "... La sabiduría de Dios, que es Jesucristo"; y en otro: "La
verdad es que nuestro Dios, Jesús el Ungido, fue concebido de María, según la economía
divina"; también: "Dios se manifiesta en forma humana para la novedad de la vida eterna". A
Policarpo escribía (3:2): "Aguarda al que está por encima del tiempo, al intemporal, al invisible,
que por nosotros se hizo visible; al impasible, que por nosotros se hizo pasible; al que por todos
los modos sufrió por nosotros"; y a la iglesia de Esmirna les decía: "glorificó a Jesucristo, Dios,
que os dio tal sabiduría"; "yo en verdad, aprendí y creo que Jesucristo aún después de la
resurrección, permanece en la carne... después de Su resurrección comió y bebió con ellos,
como alguien que tiene carne, aunque unidos espiritualmente al Padre". A la iglesia de la
ciudad de Roma se expresaba Ignacio: "... magnanimidad del Padre Altísimo y de Jesucristo Su
Hijo unigénito"; "...según la caridad de Jesucristo, nuestro Dios, salud, en nombre de
Jesucristo, Hijo del Padre". "... permitidme imitar la pasión de mi Dios".

ARÍSTIDES DE ATENAS. Apologista contemporáneo del arriba citado Cuadrato, fue Arístides
de Atenas, muerto en el año 130. Éste, en defensa de los cristianos, escribía al emperador
Adriano la confesión de que "son los cristianos los que por encima de todas las naciones de la
tierra, han hallado la Verdad, pues conocen al Dios Creador y artífice del Universo en Su Hijo
unigénito y en el Espíritu Santo, y no adoran a ningún otro dios" (15:3).

HERMAS escribió su testimonio de unas visiones que tuvo; obra que tuvo mucha circulación
en el siglo II y el III, y que fue muy apreciada, aunque finalmente no fue aceptada en el canon del
Nuevo Testamento. "El Pastor" de Hermas, como comúnmente se conoce el escrito, pone en
boca de un ángel, que le dice a Hermas que el Espíritu Santo es el Hijo de Dios; declaración que
algunos considerarían heterodoxa, a menos que se la entienda mediante 2 Corintios 3:17 y Juan
14:18.

B. ESCRITORES Y CONTROVERSIAS SIGUIENTES

JUSTINO MÁRTIR. Muerto en 165, escribía por elk año 150: "Nosotros adoramos y amamos, después de Dios, el Verbo, que procede del mismo Dios Ingénito e inefable; pues Él, por amor nuestro, se hizo hombre para ser participante de nuestros sufrimientos y curarlos" (2a Apología 13:4-6).

MELITÓN DE SARDIS. Escribía por entre los años 160-170 una Homilia sobre la Pascua, donde se expresaba en estos términos acerca de Cristo: ":::Nacido como Hijo, conducido como cordero, sacrificado como una oveja, enterrado como un hombre, resucitó de los muertos como Dios, siendo por natuyraleza: Dios y hombre. Él es todo: por cuanto juzga, es Ley; en cuanto enseña: Verbo; en cuanto salva, Gracia; en cuanto engendra: Padre; en cuanto que es engendrado: Hijo; en cuanto que sufre: oveja sacrificial; en cuanto que es sepultado, hombre; en cuanto que rersucita: Dios. Este es Jesucrito, a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos" (8-10).


ATENÁGORAS DE ATENAS. Muerto en el año 180, se expresa en estos términos:
"El Hijo de Dios es Verbo del Padre en idea y en poder. Todo fue hecho por medio de Él,
siendo uno el Padre y el Hijo; el Hijo está en el Padre y el Padre en el Hijo..."; "El Hijo es el
primer brote del Padre, no como hecho, puesto que desde el principio Dios, que es
inteligencia eterna, tenía en Sí mismo al Verbo, siendo eternamente racional...";
"...admitimos a un solo Dios... ¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes
admiten a un Dios Padre, y a un Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran Su potencia en
la unidad y Su distinción en el orden?"
Del Espíritu Santo dice Atenágoras ser una emanación de Dios que “brota y regresa como un
rayo de sol"; y se expresa también así:
"Nos conmovemos por llegar a conocer al verdadero Dios y al Verbo que está en Él, cual
es la comunión que hay entre el Padre y el Hijo, lo que sea el Espíritu, cual sea la unidad de
tan grandes realidades y la distinción entre los así unidos, el Espíritu, el Hijo y el Padre".

TEÓFILO DE ANTIOQUÍA. En el año 181 moría el obispo Teófilo de Antioquía, quien un
poco antes escribía a su amigo Autólico, tres libros apologéticos. Es este Teófilo el primero en
que se encuentra la expresión traducida TRINIDAD aplicada a Dios; la palabra griega que usó
es Τριας (Triada). He aquí la cita en que aparece por primera vez esta palabra a fines del siglo II:
"Los tres días que preceden a la aparición de las lumbreras, son tipos de la Trinidad
(Τριας): de Dios, de Su Verbo y de Su sabiduría".
También Teófilo de Antioquía es el primero en el registro histórico en que aparece en su
expresión una diferenciación entre el Verbo como inmanente en Dios, y el Verbo proferido.

IRENEO DE LYON. Contemporáneo a Teófilo de Antioquía fue Ireneo de Lyon (140-202),
discípulo en su juventud de Policarpo de Esmirna. Fue uno de los más sobresalientes
defensores de la fe ortodoxa contra las herejías que comenzaban a infestar por todas partes el
siglo II. Ireneo combatió eficazmente el gnosticismo, al que el apóstol Pablo combatía ya en su
carta a los Colosenses. El gnosticismo pre-cristiano se vistió de terminología cristiana a partir del
discípulo gnóstico de Dositeo, Simón Mago; éste a su vez tuvo dos importantes discípulos:
MENANDRO y GEMELO, del cual surgieron los gemelitas y apoctatitas. A Menandro le
sucedió SATORNIL, y así se extendió la falsa gnosis, tomando diferentes matices, entre los
cuales figuran como los principales tipos de gnosticismo el de BASÍLIDES, discípulo de
SATORNIL, y también las líneas de CARPÓCRATES y VALENTÍN. A éste último le sucedieron
Herácteron, Ptolomeo y Florino, contemporáneo y antiguo amigo de Ireneo. A Basilides le
sucedió Isidoro, y a Carpócrates, Epifanes. Entre los valentinianos sobresalieron Bardesano
y luego Armonio. Fueron gnósticos también Teodoto y Marco, al que alude Ireneo en sus
escritos. Taciano fundó la secta de los encratitas, siendo Julio Casiano uno de sus principales herederos. Descolló, además, el hereje Marción, a quien sucedió Apeles con un tipo extraño de
gnosticismo. Todos estos herejes, sostenían extrañas revelaciones adaptando para sí
evangelios apócrifos espúreos, lo mismo que otros escritos, pretendiendo ser poseedores de
una tradición secreta de Cristo. Contra tales se levantó Ireneo, haciéndose campeón de la
ortodoxia. En contra de las descabelladas interpretaciones gnósticas, Ireneo sostuvo la fe
original heredada del apóstol Juan por Policarpo, y refrendada por las Escrituras y la tradición de
las iglesias apostólicas. Ireneo sostenía: "Dios se ha manifestado por el Hijo, que está en el
Padre y tiene en Sí al Padre" (Contra las Herejías 2,28.6).
Los gnósticos, y en especial Marción, decían ser uno el Padre de Cristo, y otro el Dios de
Israel, quién, según ellos, apenas era una potestad inferior. Otros gnósticos eran tan
extremadamente dualistas, que separaban al logos del hombre Jesús. Ireneo respondía:
"Juan no conoce sino un único y mismo Jesucristo para quien las puertas del cielo se
abrieron en Su ascensión en carne, y que igualmente, volverá en esa misma carne en la
cual padeció para revelarnos la gloria del Padre" (L. III. 16:8)
Aunque Ireneo era contemporáneo de Teófilo de Antioquía, no usa nunca el término Trinidad.
Acerca de Dios decía Ireneo:
"Él poseía un ministerio de inefable riqueza, siendo asistido en todas sus obras, por
aquellos que son a una vez su primogenitura y sus manos, a saber, el Hijo y el Espíritu, el
Verbo y la Sabiduría, a quienes a su vez ministran sumisos todos los ángeles".
A fines del siglo II y a comienzos del III, se acentuaba la controversia sabelianista. Bajo el
peso del judaísmo, muchos se negaron a aceptar ningún tipo de distinción en Dios, diciendo que
Padre, Hijo y Espíritu Santo eran meramente máscaras, negando así la subsistencia real y
eterna del Hijo que es el Verbo con Dios. Uno de los principales defensores de tal corriente fue
Sabelio; también lo fueron Noeto, Teodoto, Cleómenes, Epígonos y Pråxeas, los principales
exponentes del modalismo, adopcionismo, monarquismo y patripasionismo. Modalismo en el
sentido de que Padre, Hijo y Espíritu Santo eran simples modos o maneras temporales de
mostrarse Dios. Adopcionismo en el sentido de que el Hijo sería un mero hombre donde
moraba el Espíritu, el cual divinizó o adoptó al tal hombre. Patripasionismo, en el sentido de
que fue el Padre quien supuestamente sufrió la pasión.
Durante la reforma protestante, Miguel Servet sostuvo tales ideas. En este siglo XX lo opinan
los unitarios y los "Sólo Jesús". No obstante, el tercer siglo y los siguientes demostraron la
herejía de tal concepción.

TERTULIANO DE CARTAGO. Contra el presbítero Práxeas de Roma escribió Tertuliano de
Cartago (155-220); en su obra "Contra Práxeas" emplea por primera vez en latín la palabra
TRINIDAD. Teófilo en griego había usado Τριας; Tertuliano en latín introduce técnica y
definitivamente el vocablo TRINIDAD. Para expresar el dogma, Tertuliano es también el primero
en emplear la fórmula: "una substancia y tres personas en Dios". Escribe Tertuliano así:
"Son tres, pero no por la cualidad, sino por el orden; no por la substancia, sino por la forma;
no por el poder sino por el aspecto; pues los tres tienen una sola substancia, una sola
naturaleza, un solo poder, porque no hay más que un solo Dios. Mas por razón de su rango,
de su forma y de su aspecto, se les designa con nombres, Padre, Hijo y Espíritu Santo".

HIPÓLITO DE ROMA. Discípulo de Ireneo fue Hipólito de Roma (160-235), quien combatió el
modalismo patripasionista en Roma contra el bando de Calixto papa, por lo cual fue llamado el
primer antipapa. Papa llamábase en la antigüedad a todos los obispos prominentes de cualquier
parte del Imperio; no obstante Calixto era obispo de Roma, a quien Hipólito combatía por su
sabelianismo. He aquí la doxología de Hipólito:
"...por tu Hijo Jesucristo, por quien sea a ti la gloria, el poder y el honor, al Padre y a1 Hijo
con el Espíritu Santo (en tu gloria) ahora y por los siglos de los siglos, amén".

NOVACIANO, quien murió en 257, y que también residió en Roma, resume la teología que se
encuentra en Ireneo, Hipólito y Tertuliano. No usó el término TRINIDAD; refutó el docetismo, el
ebionismo, el adopcionismo, modalismo, patripasionismo. Abundantes son sus citas de las
Escrituras. Puesto que fue el primero en Roma en escribir en latín, capacitó a Occidente para
competir con el oriente. Novaciano amplió el significado de la terminología de Tertuliano.
Introduce la expresión: VERBO ENCARNADO. Del Hijo escribe:
"Dios, con toda certeza, procedente de Dios, constituyendo la segunda Persona después
del Padre, por ser el Hijo, sin desposeer por eso al Padre, de la unidad de la Divinidad".
Novaciano, de la misma manera como Tertuliano e Hipólito, presenta a1 Hijo, el Verbo, como
subordinado al Padre.

ORÍGENES (184-254). Usa desinhibidamente el vocablo TRINIDAD; introduce además el uso
de la palabra griega HOMOOUSIOS, es decir, consubstancial, de la misma esencia, el cual fue
usado en el Concilio de Nicea (325). Es también Orígenes el primero en usar el vocablo griego
TEOANTROPOS, es decir, Dios-hombre, referido a Jesucristo. Empleó en sus definiciones
términos como OUSIA, esencia, y PHYSIS, naturaleza. Dice Orígenes:
"La Sabiduría, por proceder de Dios, es engendrada también de la misma substancia
Divina. Bajo la figura de una emanación corporal, se le llama así: «Emanación pura de la
gloria del Dios Omnipotente»" (Sab. 7:35). “Estas dos comparaciones manifiestan
claramente la comunidad de substancia entre el Padre y el Hijo. En efecto, toda emanación
debe ser HOMOOUSIOS, o sea de una misma substancia con el cuerpo del cual emana o
procede" (In. Hebr. 24357).
En Arabia, en el año 245, Orígenes y Heráclides llegan a un acuerdo concluyendo así un
prolongado diálogo en presencia de muchos obispos:
"-Orígenes: ¿El Padre es Dios?
Evolución de la expresión dogmática 107
-Heráclides: Si.
-O.: ¿El Hijo es diferente del Padre?
-H.: ¿Cómo podría ser simultáneamente Hijo y Padre?
-O.: El Hijo, que es distinto del Padre, ¿es también Dios?
-H.: También Él es Dios.
-O.: ¿De esta manera los dos Dioses forman uno solo?
-H.: Sí.
-O.: Por consiguiente ¿afirmamos que hay dos Dioses?
-H.: Sí, pero el poder es UNO".

GREGORIO TAUMATURGO (213-273), se expresa así en su exposición de la fe:
"Hay un solo Dios, Padre del Verbo viviente, de la Sabiduría subsistente, del Poder y de la
imagen eterna; Engendrador perfecto del Perfecto Engendrado, Padre del Hijo Unigénito.
Hay un solo Señor, Único del Único, Dios de Dios, figura (carácter) e imagen de la Divinidad,
Verbo eficiente, Sabiduría que abraza todo el Universo, y poder que crea al mundo entero,
Hijo verdadero del verdadero Padre, Invisible del Invisible, Incorruptible del Incorruptible,
Inmortal del Inmortal, Eterno del Eterno. Y hay un solo Espíritu Santo, que tiene su
subsistencia de Dios y fue manifestado a los hombres por el Hijo: Imagen del Hijo, Imagen
perfecta del Perfecto, Vida, causa de los vivientes, Manantial Sagrado, Santidad que
comunica la santificación, en quien se manifiestan Dios Padre, que está por encima de todos
y en todos, y Dios Hijo, que está a través de todos. Hay una Trinidad perfecta, en gloria y
eternidad, que no está dividida ni separada. No hay por consiguiente, nada creado ni esclavo
en la Trinidad, ni tampoco nada sobreañadido, como si no hubiera existido en un período
anterior y hubiera sido introducido más tarde. Y así ni al Padre le faltó nunca el Hijo, ni el Espíritu Santo al Hijo, sino que, sin variación ni mudanza, la misma Trinidad ha existido
siempre".

MALQUIÓN DE ANTIOQUIA. En el año 268 se reunió el tercer sínodo de Antioquía, donde
fue anatematizado Pablo de Samosata por la discernidora intervención de Malquión de
Antioquía. Pablo de Samosata se había levantado contra el sabelianismo diciendo que el Hijo
era una virtud de Dios subordinado a Él y de la misma substancia (homoousios), pero posterior
y parcial. En ese sentido, entonces el Sínodo de Antioquía condenó la palabra homoousios
(consubstancial) como inapropiada para expresar la relación entre Padre e Hijo. Leoncio dice
que Pablo de Samosata aceptaba una TRINIDAD nominal donde sólo el Padre era Dios, el Hijo
meramente humano, el mayor Profeta, y el Espíritu Santo, la Gracia que residía en los apóstoles.
La palabra homoousios en el sentido de Pablo de Samosata fue rechazada por el Sínodo. A
Pablo de Samosata le sucedió Luciano de Antioquía, maestro de Arrío, los cuales, basándose en
el rechazo de la expresión homoousios, dijeron que el Padre y el Hijo eran de diferente
substancia, y que el Verbo era un ser creado; así que derivando poco a poco de Ebión, Artemas,
Pablo de Samosata y Luciano de Antioquia se llegó a Arrio. El arrianismo, que negaba la
divinidad del Hijo, sacudió a la Iglesia en el siglo IV. Contra el arrianismo se levantaron Alejandro
de Alejandría y principalmente Atanasio. Arrio (256-336) usaba el término TRINIDAD, pero con
el siguiente trasfondo. Decía él:
"Hay, pues, una Trinidad, pero no con glorias iguales; sus subsistencias no se
entremezclan; una es infinitamente más gloriosa que la otra. El Padre, por no tener origen,
es, en cuanto a esencia, ajeno al Hijo. Comprende que la mónada existía; en cambio la
díada no existía antes de que empezara a existir. Ahora bien, aun no existiendo el Hijo, el
Padre es Dios. Por consiguiente, no existiendo el Hijo, - pues empezó a existir por voluntad
del Padre-, es Dios Unigénito y ajenos los dos".

ALEJANDRO DE ALEJANDRÍA, hecho obispo en el año 312 y muerto en 328 fue el primer
antiarriano que se levantó inclusive antes del Concilio de Nicea; sin embargo, no emplea la
expresión homoousios (consubstancial) que adoptará luego el Concilio en 325. d.C. Alejandro
combate a Arrio diciendo:
"Cómo no va a ser una impiedad el decir que la Sabiduría de Dios no existió durante algún
tiempo, cuando ella dice de sí mismo: «Estaba yo con Él como Arquitecto de todo, siendo
siempre su delicia»; pues quien afirma que el resplandor de la gloria no existía, elimina
también la luz original, cuyo resplandor es. Y si la imagen de Dios no existía siempre, es
evidente que tampoco existía siempre Aquel cuya Imagen es. Además, al decir que no
existía el carácter de la subsistencia de Dios, se elimina también a Aquel que se expresa
perfectamente en dicha imagen".
Alejandro preguntaba:
"¿Cómo puede ser Él distinto de la substancia del Padre, el que es la Imagen perfecta y el
resplandor del Padre?... Y si el Hijo es el Verbo y la Sabiduría y la Razón de Dios, ¿cómo
hubo un tiempo en que no era? Es como si dijeran que hubo un tiempo en que Dios estaba
sin razón y sin sabiduría".

ATANASIO. Diácono de Alejandro fue Atanasio (295-373), campeón contra el arrianismo y
defensor de la fe nicena. No obstante, años antes que él, Pedro de Alejandría, quien murió en
el 311, había claramente sostenido en su obra "sobre la divinidad": "El Verbo se hizo carne y fue
hallado semejante a un hombre, pero sin haber abandonado su Divinidad". Su obra se usó más
tarde, en 431, en el Concilio de Efeso.
En el año 325, el emperador Constantino, usurpando una autoridad que no le correspondía
sobre la Iglesia, convocó el famosísimo CONCILIO DE NICEA. El primero en hablar fue
Eustasio de Antioquía, que moriría más tarde en el 337. Este es el primero en enfatizar una cristología Logos-antropos en vez de la más corriente Logos-sarx, es decir, más exactamente: el
Verbo Hombre que el Verbo-carne. En el Concilio de Nicea se discutió entre otras cosas, la
Controversia Arriana. Representaba el arrianismo Eusebio de Nicomedia, cuya doctrina fue
anatematizada. He aquí la conclusión a que llegó el Concilio expresada en el Credo de Nicea:
"Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e
invisibles. Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del
Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios: luz de luz; Dios verdadero de Dios
verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial (homoousios) al Padre; mediante el cual
todas las cosas fueron hechas, tanto las que están en los cielos como las que están en la
tierra; quien para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne,
se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y a los
muertos. Y en el Espíritu Santo. A quienes digan, pues. qué hubo cuando el Hijo de Dios no
existía, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son,
o que fue formado de otra substancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o
variable, a éstos anatematiza la Iglesia Católica".
Como habíamos dicho, fue Atanasio el gran defensor de la fe nicena en la Divinidad del
Verbo. Insistió en la expresión homoousios, consubstancial, aplicada en relación al Padre y al
Hijo, después también al Espíritu Santo. Serapión de Thmuis, quien murió después del 362,
representaba a los que sostenían el homoiusios, es decir, no consubstancial, sino de
semejante substancia. Un diptongo representaba la controversia entre "de la misma substancia"
homousios, y "de semejante substancia", homoiusios. Serapión, amigo de Atanasio era
homoiano, es decir, tan sólo aplicaba al Hijo una semejanza de substancia. Éstos temían que a1
decirse consubstancial, homousios, en vez de homoiusios, de semejante substancia,
desaparecía toda distinción entre el Padre y el Hijo. Atanasio, no obstante, buscó la aceptación
de la consubstancialidad. En su primera carta a Serapión escribía Atanasio:

"Existe, pues, una Trinidad santa y completa, de la cual se afirma que es Dios en el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo, que no tienen mezclado ningún elemento extraño o externo, que
no se compone de uno que crea y otro que es creado, sino que toda ella es creadora; es
consistente e indivisible por naturaleza, y su actividad es única. El Padre hace todas las
cosas por el Verbo en el Espíritu Santo".
Y en relación a la diferencia de los homoianos escribe Atanasio:
"El decir solamente «semejante según la esencia», de ningún modo significa «de la
esencia», con cuya expresión, como dicen ellos mismos, se quiere significar la legitimidad
del Hijo respecto al Padre. Así el estaño es sólo semejante a la plata, el lobo es semejante al
perro, y el cobre dorado es semejante al oro auténtico; pero el estaño no proviene de la
plata, ni el lobo puede considerarse descendencia del perro. Pero cuando dicen que Él es
«de la esencia» y «semejante en esencia», ¿qué quieren significar con esto sino
«consubstancial»? porque, mientras el decir solamente «semejante en esencia», no implica
necesariamente «de la esencia», por el contrario, decir «consubstancial» es afirmar el
significado de ambos términos: «semejante en esencia» y «de la esencia»".

HILARIO DE POITIERS. A la par que Atanasio combatía en Oriente, el Atanasio de occidente
fue Hilario de Poitiers (316 - 367), quien organizó la resistencia contra el arrianismo en las
Galias representado en Saturnino de Arles. En su tratado sobre la fe refuta los argumentos
arrianos que pretendían una mera unión moral entre el Padre y el Hijo.

DÍDIMO EL CIEGO. Por la misma época, Dídimo el Ciego (313-398) defendió la
consubstancialidad de las tres Personas en tratados sobre la Trinidad y el Espíritu Santo. A éste
Dídimo se le conoce como teólogo de la Trinidad. En su discurso contra Arrio y Sabelio utiliza por
primera vez la fórmula que Atanasio no se atrevió a usar, es decir, μια o_σ_α τρεις _πόστασις, una
esencia, tres hipóstasis. Atanasio en su tomo a los Antioqueños pidió que no se usara laexpresión "tres hipóstasis" para no confundir. Aunque sin hacer una mención específica, Dídimo
el Ciego avanzó en el reconocimiento de dos naturalezas en la unidad personal de Cristo.
Dídimo, es también, por excelencia, teólogo del Espíritu Santo; la procesión del Espíritu Santo
del Padre y del Hijo es claramente formulada por éste. Dice además:
"El Espíritu Santo es la plenitud de todos los dones de Dios, y que nada de lo que
comunica Dios se da sin Él, porque todos los beneficios que se reciben por gracia de los
dones de Dios, emanan de este manantial".
Escribió Dídimo:
"El Salvador, por ser Dios, fue ungido por el Espíritu Santísimo e increado como Él... Si el
Espíritu Santo fuera una criatura, el que es increado no hubiera sido ungido por Él".
A partir del año 353, el Emperador Constancio impuso el arrianismo hasta su muerte,
forzándolo sobre los obispos e imponiéndolo en los sínodos, de manera que aun el papa Liberio
de Roma, y Osio de Córdoba claudicaron; en el Concilio de Sirmio se rechazó abiertamente la fe
nicena.

Durante la controversia Trinitaria surgió una nueva, la Cristológica, relacionada a la forma
cómo la Divinidad y la Humanidad estaban juntas en Cristo.

APOLINAR DE LAODICEA (310-390), comenzó a enseñar la herejía de que en Cristo el Logos
divino tomó el lugar del alma humana, negando así la completa humanidad de Cristo. Entonces,
en el Primer Concilio de Constantinopla, en el año 381, fue anatematizado el Apolinarismo, y
se estableció la fe en la verdadera y plena humanidad de Jesucristo. Jugaron, en este siglo IV,
un papel importantísimo en la definición dogmática, los TRES CAPADOCIOS: Basilio Magno,
Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Niza.

BASILIO EL GRANDE (329-379), de Cesarea, Capadocia, fijó la diferencia de significado en
forma definitiva entre ousia, esencia, e hipóstasis, subsistencia, ambas usadas anteriormente con ambigüedad, significando "substancia".
Es también Basilio Magno Capadocio, quien defendió e impulsó el cambio de doxología.
Anteriormente la doxología era: "Gloria al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo". Desde Basilio
Magno se impone la siguiente doxología: "Gloria al Padre con el Hijo con el Espíritu Santo". De
esta manera, dedicando a Anfiloquio de Iconio su tratado sobre el Espíritu Santo, intenta con
su doxología combatir al arrianismo y al sabelianismo. Es interesante notar también la siguiente
declaración de Basilio el Grande:
"No podemos añadir nada al Credo de Nicea, ni siquiera la cosa más leve, fuera de la
glorificación del Espíritu Santo, y esto porque nuestros padres mencionaron este tema
incidentalmente" (Ep. 258,2). Sin embargo, no le llama "Dios" al Espíritu Santo en su obra acerca de Él.

De tal tratado se sirvió AMBROSIO DE MILÁN, quien fue obispo desde 373 a 397, por medio de quien las ideas de Basilio Magno pasaron al Occidente. Escribió Basilio (Ep. 210,5):
"No basta enumerar las diferencias de persona (πρόσωπov); hay que confesar que cada
persona (πρόσωπov) existe en una substancia verdadera, en una hipóstasis real. Ahora
bien, ni siquiera Sabelio rechaza esa ficción carente de hipóstasis de Personas. Decía él que
el mismo Dios, siendo uno en substancia, se mudó en la medida en que le exigían las
necesidades del momento, y unas veces se expresó como Padre, otras veces como Hijo y
otras como Espíritu Santo. Los inventores de esta herejía anónima están renovando un viejo
error que hace tiempo se extinguió; me refiero a los que repudian las hipóstasis y rechazan
el nombre del Hijo de Dios”.
El Concilio de Constantinopla (381) adoptó la expresión: Tres hipóstasis, o personas
subsistentes.

GREGORIO DE NACIANZO (330-390), hace explícita la doctrina de las relaciones en la Trinidad, haciendo así que la futura escolástica, como se expresará en 1441 en el Concilio de
Florencia, se remonte a este Capodocio quien expresó que hay completa identidad entre las tres
Personas Divinas fuera de las relaciones de origen. Aunque Basilio apenas trató de las
características de relación del Hijo, su discípulo, el Nacianceno Gregorio, las entiende también
como propiedad del Espíritu Santo. Gregorio Nacianceno expresa clara y abiertamente la
Divinidad del Espíritu Santo, y es el primero en definir el carácter definitivo de las tres Personas.
Dice él:
"El Padre es Padre sin principio, porque no procede de nadie. El Hijo es Hijo y no es sin
principio, porque procede del Padre. Pero si hablas de principio en el tiempo. Él es el
Hacedor del tiempo y no está sometido al tiempo. El espíritu Santo es Espíritu de verdad,
que procede del Padre, pero no a manera de filiación, porque no procede por generación,
sino por procesión" (Or. 39,12).
Es también Gregorio de Nacianzo quien por primera vez usa en la fórmula cristológica la
terminología Trinitaria. Escribe él:
"Las dos naturalezas son una sola por la mixtión, habiéndose hecho Dios hombre, y el
hombre Dios... y digo elementos diferentes, porque es el reverso de lo que ocurre en la
Trinidad; porque allí reconocemos personas distintas para no confundir las hipóstasis, pero
no elementos distintos, porque los tres son uno mismo en la Divinidad" (Ep: 101).
En el siguiente siglo se adoptó la fórmula de una sola hipóstasis en Cristo. Gregorio había
declarado de las dos naturalezas estar unidas en esencia.

GREGORIO DE NIZA. El otro de los grandes Capodocios también fue llamado Gregorio, mas
de Niza (335-385), quien profundizó en el estudio de las relaciones del Espíritu Santo con el
Hijo. Los tres Capodocios sostienen que el Espíritu Santo procede del Padre por el Hijo. Del Hijo
procede inmediatamente, del Padre mediatamente.

JERÓNIMO. No obstante lo anterior, en el año 376, Jerónimo (347-420) escribía a Dámaso,
obispo de Roma, de quien fue secretario, objetando el uso de la expresión: tres hipóstasis, que,
como hemos dicho, fue adoptada definitivamente 5 años después en el Primer Concilio de
Constantinopla.

AGUSTÍN DE HIPONA (354-430). Aquí A. Trapé, describiendo el libro agustiniano De la
Trinidad dice: "Los aspectos más originales son: la doctrina de las relaciones, la explicación
«psicológica», la doctrina sobre las propiedades personales del Espíritu Santo, que procede
como amor, y la ilustración de las relaciones entre el misterio trinitario y la vida de la gracia".
Escribía Agustín:
"Aunque sean cosas diversas ser Padre y ser Hijo, la substancia, empero, no es diversa,
pues estos apelativos se dicen no según la substancia, sino según las relaciones, que no
son accidentales, porque no son mudables".
La contribución de Agustín a la expresión dogmática fue importante y básica para la
escolástica posterior, que usó y desarrolló la doctrina de las relaciones y la explicación
"psicológica" de la Trinidad, además de la teología del Espíritu Santo. He aquí la correcta
cristología de Agustín que, como se dice, preludia la definición de Calcedonia; exprésase
Agustín:
"Aquel que es Dios es también hombre, y Aquel que es Hombre es también Dios; no por la
confusión de las naturalezas, sino por la Unidad de la persona" (SERM. 186, 1,1).
Escribe también:
"Decimos que Cristo es verdadero Dios, nacido de Dios Padre... y que el mismo es
verdadero hombre, nacido de una mujer madre... y que su humanidad, por la que es menor
que el Padre, en nada disminuye su divinidad, por lo que es igual al Padre. Una doble
naturaleza, un solo Cristo..." (De Pened.s. 24,67).

En cuanto a la explicación "psicológica" de la Trinidad, es decir, basada en el hombre que es
creado a Imagen y semejanza de Dios, escribe Agustín:
"La mente está en sí misma, pues cuando se habla de ella, se habla de ella en sí; mas
considerada cuando conoce o es conocida o es conocible, pasa a relacionarse con su
conocimiento; o amando, amada o amable, pasa o referirse en relación al amor con el cual
se ama. Y el conocimiento, aunque se refiera a la mente que conoce o es conocida, es
también dicho como conocido o conociente en relación a sí mismo: el conocimiento, en
efecto, con el cual el alma se conoce, no es desconocido de sí mismo. Y el amor, aunque se
refiera al alma que ama, es también amor en relación a sí mismo, de modo que está también
en sí, pues también el amor es amado, y no puede ser amado sino por el amor, es decir, por
sí mismo. Así, cada una de esas realidades está en sí misma. Están sin embargo presentes
unas en las otras. La mente que ama está en su amor, el amor en el conocimiento de la
mente que ama, y el conocimiento en la mente que conoce. Cada una está en las otras dos.
La mente que se conoce y se ama está en su conocimiento y en su amor; el amor de la
mente que se ama y se conoce está en la mente y en su conocimiento: y el conocimiento de
la mente que se conoce y se ama está en la mente y en su amor, porque ella se ama
mientras conoce y se conoce mientras ama. Por consiguiente las otras dos están también en
cada una; la mente que se conoce y se ama está con su conocimiento en el amor y con su
amor en el conocimiento: el amor y el conocimiento están simultáneamente en la mente que
conoce y se ama. Vemos, pues, cómo cada una está toda entera en las otras (todas
enteras); cuando la mente se ama toda, se conoce toda, conoce su amor entero, ama su
conocimiento entero. Esto ocurre cuando esas tres realidades son perfectas en relación a sí
mismas. Así, esas tres realidades son extrañamente inseparables las unas de las otras, y sin
embargo cada una de ellas, tomada aparte, es substancia, y todas en conjunto son una sola
substancia o una sola esencia, a pesar de que tomadas relativamente se debe decir que difieren unas de las otras".
Agustín usa este ejemplo para aplicarlo a Dios el Padre, quien ama y conoce, el Verbo, que es
Conocimiento y es amado, y el Espíritu Santo, que es el amor.

CIRILO DE ALEJANDRÍA. Acercándose a mediados del siglo V tuvo lugar otra controversia en
la cual tomaron parte los patriarcas de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y el obispo de
Roma. Puesto que se reconocía dos naturalezas en la sola Persona de Cristo, la divina y la
humana, se le dio a María el título de "Paridora de Dios" (Teothokos), más comúnmente:
"Madre de Dios", queriendo decir que quien nació de ella era Dios y hombre. Entonces Nestorio
(381-459) impugnó el título de Teotokos proponiendo meramente Cristotokos o
Antropotokos, queriendo decir que ella era madre tan sólo del hombre, pero separando al
parecer al Verbo como una persona y al hombre como otra, desembocando así en dos Hijos. A lo
cual respondió Cirilo de Alejandría (_444) señalando la unión en una persona de dos
naturalezas, aunque mezclando aún los términos "fisis" (naturaleza) e "hipóstasis"
(subsistencia), significando naturaleza y persona y dando también lugar a interpretaciones
inexactas; por ejemplo, llegó a decir: "La única .naturaleza encarnada del Verbo", dando así
ocasión al monofisismo. No obstante, Cirilo de Alejandría puso las bases para el Concilio de
Calcedonia. Escribiendo a Nestorio, patriarca de Constantinopla, decía Cirilo:
"No decimos que la naturaleza del Verbo se hizo carne sufriendo un cambio, y que se
transformó en un hombre completo y perfecto, compuesto de cuerpo y alma. Decimos más
bien que el Verbo, habiendo unido a sí mismo personalmente una carne animada de un alma
viviente, se hizo hombre de manera inefable e inconfundible, y se llamó Hijo del Hombre,
pero no por puro favor ni por pura benevolencia, ni tampoco por el hecho de asumir una sola
persona (es decir, una persona humana en su divina persona). Siendo distintas las
naturalezas que se vieron en esta unidad verdadera, de ambas resultó un solo Cristo, un solo Hijo: no en el sentido de que la diversidad de las naturalezas quedara eliminada por
esta unión, sino que la Divinidad y la humanidad completaron para nosotros al Único Señor
Jesucristo e Hijo con su inefable e inexpresable conjunción en la unidad. De esta manera
aunque Él subsistía y era engendrado por el Padre antes de los siglos, se dice de Él que
también nació de una mujer según la carne; no que su naturaleza divina comenzara a existir
en la Santa Virgen, o que necesitara por fuerza por sí misma una segunda generación
después de su generación del Padre. Es necio y absurdo decir que Él, que subsistía antes
de los siglos y era coeterno con el Padre, tenía necesidad de un nuevo comienzo de
existencia. Decimos que el Verbo ha nacido según la carne, porque asumió personalmente
la naturaleza humana «por nosotros y por nuestra salvación», porque no nació primero de la
Santa Virgen como hombre ordinario y luego descendió sobre Él el Verbo, sino que
habiéndose unido a la carne desde el seno mismo, se dice de Él que se sometió a una
generación según la carne, como apropiándose y haciendo suyo el nacimiento de su propia
carne".
Nestorio fue depuesto, y sus obras quemadas, pero en su exilio compuso una vindicación que
sobrevivió bajo el seudónimo de Heráclides de Damasco, la cual ha dado pie para una
reconsideración más favorable de Nestorio.

CONCILIO DE ÉFESO. Al concilio de Calcedonia se adelantó también Isidoro de Pelusio,
muerto en 435. En el año 431 se celebró el turbulento Concilio de Éfeso; turbulento, pues se
apresuró el bando de Cirilo a excomulgar al bando de Nestorio antes de que este llegara, es
decir, sin escuchársele; llegado el Patriarca Juan de Antioquía, pro-nestoriano, comenzó con los
suyos un concilio aparte. El emperador Teodosio II castigó entonces a los dos, quienes llegaron
luego a una fórmula de unión en el año 433. Las negociaciones revalidaron el Concilio de Éfeso,
donde se estableció el término "Teotokos" aplicado a María, convirtiéndolo en "signo de
ortodoxia".

CONCILIO DE CALCEDONIA. Teodoreto de Ciro (393-466) defendió, no obstante, también
el uso del término "antropotokos" a la par que el de "Teotokos", aplicados a María. Eutiques,
abad de Constantinopla, luchando contra el nestorianismo, se fue al otro extremo, fusionando en
su fórmula en una sola naturaleza la Divinidad y la Humanidad de Cristo. La controversia
entonces dio origen al Concilio de Calcedonia (451), que condenó el monofisismo
eutiquiano y el nestorianismo. He aquí la famosa definición de Calcedonia:
"Siguiendo, pues, a los santos padres, enseñamos todos a una voz que ha de confesarse
Uno y el Mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el cual es perfecto en Divinidad y perfecto en
humanidad; verdadero Dios y verdadero Hombre, de alma racional y cuerpo; consubstancial
al Padre según la Divinidad, y asimismo consubstancial a nosotros según la humanidad;
semejante a nosotros en todo, pero sin pecado; engendrado del Padre antes de los siglos
según la Divinidad, y en los últimos días, y por nosotros y nuestra salvación, de la Virgen
María, la madre de Dios (Teotokos), según la humanidad; Uno y el mismo Cristo, Hijo y
Señor Unigénito, en dos naturalezas, sin confusión, sin mutación, sin división, sin
separación, y sin que desaparezca la diferencia de las Naturalezas por razón de la unión,
sino salvando las propiedades de cada naturaleza, y uniéndolas en una persona e
hipóstasis; no dividido o partido en dos personas, sino Uno y el mismo Hijo Unigénito, Dios
Verbo y Señor Jesucristo, según fue dicho acerca de Él por los profetas de antaño y nos
enseñó el propio Jesucristo, y nos lo ha transmitido el Credo de los Padres".

C. DESARROLLO ESCOLÁSTICO

BOECIO. Fue necesario esperar hasta Boecio (480-524) para intentarse una definición y
diferenciación más exacta de las palabras "persona" y "naturaleza". En Nicea se usaron tales
palabras, no en sentido exacto sino aproximado.

Tertuliano usó el término "persona", pero fue Boecio el primero entre los latinos que consta
que intentó definir tal palabra. En su obra: "Libro de la Persona y las dos Naturalezas, contra
Eutiques y Nestorio. A Juan, diácono de la iglesia romana" (513), Boecio define la persona como
el sujeto de la naturaleza, y presenta a la "persona" diferente de "la naturaleza", en que aquella
es substancia racional individual. En su obra "Cómo la Trinidad es un Dios y no tres dioses",
escribe Boecio:
"Si «Padre» e «Hijo» se predican de Uno y no de Otro, difieren sólo en la relación, pues la
relación verdaderamente no se predica de sí misma o de la cosa a la cual se le atribuye".
Así Boecio se adelanta a la Edad Media al inscribir, como se dice, a las "personas" en el
predicamento de la "Relación". Sigue explicando Boecio:
"Ninguna relación puede constituirse con un solo término; por ello no existe relación
cuando sólo existe una cosa. En la Trinidad existe entonces diversidad por vía de relación;
mientras que la Unidad se predica de aquello que es común o substancia".
Hasta Boecio se usaba en forma ambigua "naturaleza" y "esencia"; igualmente "persona"
(prosopon) e " hipóstasis".
Boecio intenta una diferenciación, sin embargo, aún utiliza la palabra "substancia" en dos
sentidos, según se refiera a la Trinidad, o a la Unión Hipostática de las dos Naturalezas en la
Persona de Cristo. En su doctrina Trinitaria, Boecio relativiza las personas para salvar la Unidad
de la Substancia Divina; en su cristología en cambio substancializa la Persona para salvar la
Unidad Hipostática. Fue necesario esperar hasta Ricardo de San Victor, en el siglo XII, para
superar tal ambigüedad. La Escolástica Medieval reacondicionó las definiciones de Boecio, pues
éste aún no llegó a explicar la Unidad de una Relación que fuese subsistente y además
individual; tampoco llegó Boecìo a identificar a la "persona" como sujeto de existencia. En
Boecio no se distingue aún esencia de existencia, y como ya dijimos, "substancia" fue usado endos sentidos: en el universal, esencia, y en el individual, hipóstasis. La esencia (ousia) según
Boecio es la substancia universal; la naturaleza (fisis) es la esencia formada por
diferenciaciones específicas y propiedades, es decir, ousiosis; hipóstasis, sería la substancia,
mas ya no universal, sino individual; la persona entonces sería la hipóstasis racional.

SEGUNDO CONCILIO DE CONSTANTINOPLA. Más tarde, en el año 553, se celebró el
Segundo Concilio de Constantinopla, donde se intentó un acercamiento entre los calcedonenses
(adeptos al credo de Calcedonia) y los monofisistas moderados, para lo cual se condenaron
algunas expresiones de los teólogos Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro e Ibas de
Edesa, con el propósito de evitar interpretaciones nestorianas a la definición de Calcedonia. En
el intento de ganarse a los monofisistas, el Patriarca Sergio de Constantinopla, a principios del
siglo VII formuló la doctrina del Monotelismo, en la cual negaba la voluntad humana de Cristo,
diciendo que en Él había meramente voluntad Divina. El Papa Romano Honorio también se
pronunció a favor de la herejía monotelita que minimizaba la completa Humanidad de Cristo.
Entonces contra el monofisismo y el monotelismo se levantó Máximo de Crisópolis, Confesor
(580-662), por cuya intervención fueron reconocidas la Voluntad Humana y la Divina de Cristo,
de manera que en el CONCILIO DE LETRÁN (649), un año después que el emperador
Constante II prohibió toda discusión acerca de si en Cristo había una o dos voluntades, el
monotelismo fue condenado.

TERCER CONCILIO DE CONSTANTINOPLA. Años más tarde en el Tercer Concilio de
Constantinopla (680-681) se reafirmaron la definición de Calcedonia y la condena del
monotelismo. El Papa Honorio fue entonces también condenado por el Concilio.
SEGUNDO CONCILIO DE NICEA. A la controversia monotelita le siguió la controversia
iconoclasta, si debía o no hacerse uso de las imágenes. El Segundo Concilio de Nicea (787)
falló a favor de su uso, sin sospechar que siglos después, en la práctica popular, la mera dulía o veneración recordatoria daría lugar a la directa idolatría o culto de adoración a las imágenes.
Entramos así de lleno a la Edad Media; la Teología, pues, se desarrolló en la Escolástica.

Gilberto de la Porré (1076-1154) comentarista de Boecio, estudió la condición, en la Trinidad,
de cada Persona Divina, siendo representante de la corriente personalista que centraba su
análisis en la diversidad de las personas, al contrario de la corriente esencialista, que lo hacía en
la unidad de la Substancia. Parece haber sido Gilberto de la Porré el primero en aplicar una
filosofía de la existencia a la Persona.

Ya Anselmo de Canterbury (1040-1119) definía a la persona como aquella de quien es la
esencia, en cambio la esencia es el principio de lo que es. En el mismo siglo XII, Pedro
Lombardo (_1164) emprende la corrección de Agustín de Hipona, quien daba a las Personas un
sentido absoluto; también Pedro Lombardo, al sostener que en la Trinidad las "procesiones" van
de Persona a Persona, corrige a los griegos quienes presentaban tales procesiones de
Substancia a Substancia. Pero es en este siglo XII Ricardo de San Víctor (_1163), quien
definitivamente supera a Boecio en la definición de "persona", mostrando la ambigüedad, ya
mencionada, de éste. Según Ricardo de San Victor, la Persona Divina es Naturaleza Divina de
existencia incomunicable. De manera que la Persona tiene sistencia (lo que es) y existencia
(Quien lo es). Así que cada Persona tiene sistencia de una manera que le es propia.
Entonces Alejandro de Hales (1180-1245) reteniendo la terminología boeciana, pero
adoptando la escuela de Ricardo de San Victor, llega a expresar que "subsistente" no es sujeto
de accidente sino de atribución. ¿Cómo podrían ser sujeto de accidente las inmutables,
perfectísimas y completísimas Personas Divinas? De manera que para Alejandro de Hales se
hacía necesario modificar el sentido de la terminología boeciana, su nomenclatura. Esta tuvo la
siguiente evolución en la definición dogmática: La esencia (ousia) es lo que tiene ser; ahora bien,
el ser que tiene es la ousiosis, o sea, la naturaleza en el sentido común y universal. Si esta naturaleza llega a identificarse como singular e incomunicable, eso sería la hipóstasis, en el caso de no atribuírsele una propiedad determinada. Pero si a la hipóstasis se le atribuye una propiedad determinada de naturaleza racional, se llegaría a tener lo que se llama persona; de manera que la persona es el sujeto de la hipóstasis.

Buenaventura (1221-1274) define a la Persona como el sujeto de naturaleza racional con
propiedades distintivas. Vemos, pues, que la Escolástica, aunque utilizando a Boecio, lo supera.
Alberto Magno (1206-1280), maestro del famosísimo escolástico Tomás de Aquino, respalda
la critica de Ricardo de San Victor a Boecio; de éste aprende y a éste sucede Tomás de Aquino
(1225-1273), quien lleva la Escolástica a su punto máximo. Aunque usa a Boecio, usa
restricciones para el sentido de las definiciones, e incluso las cambia reconociendo el aporte de
Ricardo de San Víctor. En el siglo XII ya se reconoce sin sombra de duda a la Persona como
alguien, en vez de un algo. De la misma manera se define la esencia y la existencia como los que
del Quien a quien se atribuye la Persona. La Persona es alguien que es aquel que es. Lo tal se
dice del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; cada uno es Persona.

Con Tomás de Aquino parece haberse llegado a una conclusión final en esta evolución de la
expresión dogmática, la cual ha permanecido incólume, desde sus días, y a través de la
Reforma Protestante, hasta nuestro siglo XX.
Queremos, pues, para concluir, citar suficientemente a Tomás de Aquino en lo relativo al tema
tratado, de su obra: "La Suma Teológica", Dice el Aquinate:
"La palabra «persona» significa lo que hay más perfecto en toda naturaleza, es decir, lo
subsistente en una naturaleza racional. Ahora bien, como todo lo que sea perfección debe
atribuírse a Dios, puesto que Su Esencia contiene en sí toda perfección, es conveniente
adoptar esta palabra hablando de Él, aunque no del mismo modo que se aplica a las
criaturas, sino de otro mucho más excelente, así como se atribuyen a Dios otros nombres tomados de los que damos a las criaturas, conforme a lo demostrado al tratar de los Nombres Divinos. Lo que constituye la dificultad respecto de la palabra persona, atribuida a la Divinidad, es el predicarse en plural de tres, lo cual es contrario a la naturaleza de los nombres esenciales, y que además no se refiere a otra cosa, como las palabras que notan relación. He aquí por qué algunos han creído que este nombre persona significa esencia
absolutamente en su acepción propia, lo mismo que el nombre "Dios" o el nombre "sabio".
Mas, para combatir las sutilezas de los herejes, se ordenó por un concilio que se pueda usar
en sentido relativo y señaladamente en plural: o como nombre partitivo: como cuando
decimos "Tres Personas" o bien "Una es la Persona del Padre" y "Otra la Persona del Hijo".
Pero en singular puede usarse en sentido absoluto o relativo. Mas esta razón no parece
satisfactoria, porque si la palabra persona no significase en su propia acepción otra cosa que
la Esencia Divina, el decir que en Dios hay tres Personas, no hubiera acallado la calumnia de
los herejes, sino que hubiera dado pábulo a mayor calumnia.
“Otros por esto mismo dijeron que la palabra persona significaba en Dios esencia y
relación simultáneamente. Entre estos algunos pretendieron que dicha palabra significara
directamente la esencia e indirectamente la Relación; porque la persona se dice, como "Una
por Sí", y "la Unidad" pertenece a la Esencia; mas lo que se dice "por Sí", implica
indirectamente la Relación, pues que se entiende que el Padre es por Sí Mismo como
distinto del Hijo en Su Relación con Él.
“Otros, por el contrario, dijeron que significaba directamente la Relación, e indirectamente
la Esencia; porque en la definición de la persona, la naturaleza no entra sino indirectamente:
éstos se aproximaron más a la verdad. Para esclarecer esta situación, debe observarse que
hay algo en la significación de lo menos común, que no pertenece a la de lo más común; así,
en la significación de la palabra "hombres" se incluye la idea de "racional", que no está
comprendida en la de la palabra "animal"; por consiguiente, una cosa es buscar la significación de la palabra animal, y otra la aplicación de esta misma palabra aplicada al hombre. Igualmente, una cosa es indagar la significación de la palabra persona en general, y otra distinta la de la Persona Divina; porque persona en general significa "sustancia individual de naturaleza racional", y se entiende por individuo lo que es indistinto en sí, pero distinto de otros. Así, pues, persona en cualquier naturaleza significa lo que es distinto
dentro de ella, como en la naturaleza humana significa estas carnes, estos huesos y esta alma, que son los principios que individualizan al hombre; y aunque estos elementos no entren en la significación común de la palabra persona, sí, empero, en el de la persona humana.
“Ahora bien, en la Divinidad no se hace distinción sino por relaciones de origen, según lo
dicho, y la Relación en Dios, por otra parte, no es como un accidente inherente a un sujeto,
sino que es la misma Divina Esencia y, por lo tanto, es subsistente como subsiste la Divina
Esencia; y como la Deidad es Dios, del mismo modo la Paternidad Divina es Dios Padre, que
es una Persona Divina. La Persona Divina significa, pues, una relación como
subsistente; y esto es significar la relación por modo de substancia, que es la hipóstasis
subsistente en la Naturaleza Divina... Según esto, es cierto que la palabra persona significa
directamente Relación e indirectamente Esencia: mas no Relación en cuanto es relación,
sino en el concepto de hipóstasis. Significa también directamente Esencia e indirectamente
Relación, en tanto que la Esencia es lo mismo que la Hipóstasis, mas la Hipóstasis en la
Divinidad se significa como distinta en la Relación; y así la Relación, por modo de Relación,
entra en la razón de Persona indirectamente. Y conforme a esto puede también decirse que
antes de las sutilezas de los herejes, esta significación de la palabra persona no era
bastante conocida; por lo cual no estaba en uso sino como uno de los otros términos
absolutos. Mas después se ha adoptado este nombre "Persona" en sentido relativo,
atendiendo a la congruencia de su significación; de modo que esta significación relativa le ha
provenido, no sólo del uso, como pretendía la primera opinión, sino también de su
significación propia. La pluralidad de Personas en Dios es una consecuencia de lo que
precede, porque se ha demostrado que la palabra persona significa en Dios relación, como
cosa subsistente en la Divina Naturaleza. Igualmente queda evidenciada la pluralidad de
estas Relaciones reales. De donde se deduce que hay realmente en la naturaleza Divina
varias cosas subsistentes; que es lo mismo que decir que hay en Dios pluralidad de
Personas".
“Según lo dicho anteriormente, es necesario reconocer en Dios no más de tres Personas.
Acabamos de demostrar que muchas Personas suponen muchas Relaciones subsistentes,
realmente distintas entre sí, y esta distinción real entre las Relaciones Divinas no se funda
sino en la razón de su relativa oposición. Luego, necesariamente las dos Relaciones
opuestas corresponden a dos Personas; y si hay Relaciones no opuestas, deberán
pertenecer a una misma Persona. Así, siendo la paternidad y la filiación dos relaciones
opuestas, corresponden necesariamente a dos Personas: y en efecto, la paternidad
subsistente es la Persona del Padre y la filiación subsistente es la Persona del Hijo. Hay,
empero, además, otras dos relaciones que no son opuestas a ninguna de estas, sino
opuestas entre sí, y que por lo mismo no pueden corresponder ambas a una sola Persona.
Es preciso, pues, que o bien una de ellas convenga a las dos personas ya consignadas, o
bien la una a una de estas y la otra a otra. Mas no es posible que la procesión convenga al
Padre y al Hijo o a Uno de los Dos, puesto que entonces la procesión del entendimiento, que
es en Dios verdadera generación y da origen a la paternidad y a la filiación, resultaría de la
procesión del Amor, según la cual se realizan la expiración y la procesión, y la Persona que
engendra y la del Engendrado procederían de la Persona que expira: lo cual es contrario a lo
anteriormente establecido. Queda, pues, la única deducción de que la expiración conviene a
las Personas del Padre y del Hijo, puesto que no hay en ella oposición relativa ni a la
Paternidad ni a la Filiación; y por tanto, la Procesión conviene a otra Persona, la del
Espíritu Santo, que procede por modo de Amor, según lo dicho. Resulta por
consecuencia, que son Tres las Divinas Personas, a saber: el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo”.
En otro pasaje de la Suma Teológica, concluía Tomas de Aquino:
"Si bien las relaciones en las criaturas existen accidentalmente, en Dios son la misma
Esencia Divina, de donde se sigue que en Dios la Esencia no es en realidad otra cosa que la
Persona, y sin embargo, que las Personas son realmente distintas entre Sí. En efecto, la
Persona, como se ha dicho, significa la Relación, en tanto que es subsistente en la
naturaleza Divina; pero la Relación, comparada con la Esencia, no difiere en realidad, sino
sólo racionalmente, al paso que si se la compara con su Relación opuesta, es realmente
distinta de ella en virtud de oposición. Así que la Esencia permanece Una, siendo Tres las
Personas".

Con esto llegamos a la conclusión de esta parte de Consideraciones Históricas, dado que la
expresión dogmática llegó en este punto a su nivel máximo de evolución patentado en el
Concilio de Florencia, permaneciendo así hasta nuestros días modernos. Tras la Edad Media, la
Reforma Protestante, que pasó por el cedazo las doctrinas cristianas, conservó, sin embargo,
como verdadera esta final concepción de la Divinidad. Esa fue la razón por la que aun el
reformador Calvino anatematizó la doctrina unitaria de Miguel Servet, el cual, conforme a la
costumbre de la época, fue quemado en la hoguera. El unitarismo de Servet no era una novedad
o avance, sino un rebrote herético de la vieja concepción sabelianista, modalista y unicista,
estrechamente emparentadas al monarquianismo, adopcionismo y patripasionismo. A
comienzos del siglo XX, una rama del pentecostalismo, los "Sólo Jesús", revivieron el viejo brote.
Por otra parte, el arrianismo, que negaba la Divinidad del Verbo, está también representado por
los "testigos" del movimiento Ruselista.
No obstante, el entendimiento ortodoxo ha sido compartido por las principales ramas de la
Cristiandad de Occidente, Oriente y la Reforma, hasta hoy. Witness Lee, en nuestros días, ha
intentado una aproximación más novedosa, que sin embargo, Bill Freeman rastrea, pasando por
la reforma hasta la Patrística.37
No quiero terminar esta parte III de este Opúsculo de Cristología sin expresar mi
reconocimiento a los autores de quienes he consultado obras o escritos para la documentación
histórica. Hago, pues, mención de ellos en orden alfabético:
J. Angus, D. Brown, E. Danyans, E. Dussel, A.R. Fausset, J. Flores, C. Folch Gómez, J.L.
González, S. Green, J.L. Hurburt, R. Jamieson, F. Lacueva, R. Machado, J. McDowell, J.
Quasten, A.T. Robertson, A. Trapé, H. Vos, E. Yamauchi, Watchtower Bible and Tract Society.

Gino Iafrancesco V.
Segundo semestre de 1982,
Paraguay
--------37Bill Freeman, El testimonio de la Iglesia en relación al misterio del Dios Triuno.