"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).
Mostrando entradas con la etiqueta encarnación del Verbo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta encarnación del Verbo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de junio de 2011

LA DIVINIDAD DEL VERBO DE DIOS

LA DIVINIDAD DEL VERBO

Encaramos, pues, ésta, con el conocimiento paralelo de Su co-existencia con Dios el Padre. El
Verbo que se hizo carne, Jesús el Cristo, es claramente llamado Dios en las Escrituras según Su
revelación propia:
"Y el Verbo era Dios" ("y Dios era el Verbo"). Dios es lo que se predica del Verbo.25
Hay varias Escrituras que nos hablan primeramente de Dios en Cristo, y también entonces de
Cristo – Dios, sí, incluso del Hijo – Dios antes de la encarnación: Yahveh enviado de Yahveh.
Comencemos leyendo de las primeras:
"...Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo".104 “Porque en él habita
corporaImente toda la plenitud de la deidad".105 "17...al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al
único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos amén. 14...la aparición de
nuestro Señor Jesucristo, 15la cual a su tiempo mostrará al bienaventurado y sólo Soberano, Rey
de reyes y Señor de señores, 16el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a
quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno.
Amén".106
25Cfr. Juan 1:1. 1042 Corintios 5:19. 105Colosenses 2:29. 1061 Timoteo 1:17; 6:14-16.

"Yo soy el Alfa y la 0mega, el principio y el fin".107 "Yo soy el Alfa y Ia Omega, principio y fin,
dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el todopoderoso".108 ("Yo soy el Alfa y la
Omega, el primero y el último")109 (en estas últimas citas, porciones no se encuentran en todos
los manuscritos). He aquí ahora algunas declaraciones de Jesús acerca de Sí mismo: "22Porque
el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23para que todos honren al Hijo como
honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió... 26Porque como el
Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo".110 "Si me
conocieseis también a mi Padre conoceríais".111 "Antes que Abraham fuese, yo soy".112 "Yo y el
Padre uno somos".113 "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le
conocéis y le habéis visto... 9¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido,
Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al
Padre?"114
Además de éstas, están las declaraciones proféticas acerca del Cristo como Yahveh mismo;
veamos además las de Su nacimiento e infancia: "He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz
un hijo, y llamará su nombre Emanuel",115 lo cual tuvo cumplimiento según Mateo apóstol:
"...Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" [1:23]; e Isaías profetizó: "Porque un niño nos
es nacido, hijo nos es dado... y se llamará su nombre... DIOS FUERTE, PADRE eterno, príncipe
de Paz" (9:6).
Lo que Jesús mandó contar a Juan el Bautista, según Mateo 11:5, fue el cumplimiento de
Isaías 35:4-6 donde Dios mismo viene y salva y abre los ojos de los ciegos y los oídos de los
sordos. Juan el Bautista, la voz que clamó en el desierto, según Isaías, preparaba camino a
Yahveh y enderezaba calzada en la soledad a nuestro Dios.116 Jeremías le llama al Mesías:
---107Apocalipsis 22:13. 108Apocalipsis 1:8. 109Apocalipsis 1:11; Apocalipsis 1:17,18.
110Juan 5:22.26. 111Juan 8:19. 112Juan 8:58. 113Juan 10:30. 114Juan 14:7,9. 115Isaías 7;14. 116Isaías 40:3. 117Jeremías 3:6. 118Zacarías 11;12,13. 119Zacarías 12:10. 120Zacarías 14:3-5---....Yahveh, justicia nuestra.117 Zacarías presenta a Yahveh vendido por 30 piezas de plata,118
también traspasado,119 viniendo en gloria con todos los santos para afirmar sus pies sobre el
monte de los Olivos.120 Todo es aplicado exactamente a Jesucristo, en quien hallan cumplimiento
estas profecías acerca de Yahveh. Así, pues, que vemos a las Escrituras mostrarnos a
Jesucristo cual Yahveh en Cristo. En Cristo vemos a Dios en carne, como está escrito: "...de los
cuales (los patriarcas) según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito
por los siglos. Amén".
(_ξ _v _ Χριστ_ς τ_ κατ_ σάρκα _ _v _π_ πάvτωv θε_ς
ex wn o Kristos to kata sarka o wn epi pantwn Teos
ε_λoγητ_ς ε_ς τo_ς α__vας, _μήv.
eulogetos eis tous aionas, amén).121
Y la primera carta de Pablo a Timoteo: "Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad;
Dios (aquí el original no dice Teos, sino _ς, quien, el cual) fue manifestado en carne, justificado
en espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en
gloria" (3:16), lo cual no sería ningún misterio si fuese sólo aplicado a una criatura, hombre o
ángel.
Los apóstoles, pues, le llaman a Jesucristo indefectiblemente Dios. Pedro le llama:
"Nuestro Dios y Salvador Jesucristo".122
τo_ θεo_ _μ_v κα_ σωτ_ρoς _Iησo_ Χριστo_
tou Teou emwn kai Soteros Yesou Kristou
del Dios nuestro y Salvador Jesús Cristo.
Pablo le llama igualmente:
---121Romanos 9:5. 1222 Pedro 1:1. 123Tito 2:13. 124Juan 20:28. 125Juan 1:1. 126Juan 1:18.---
:"Nuestro gran Dios y salvador Jesucristo".123
(μεγάλoυ θεo_ κα_ σωτ_ρoς _μ_v Χριστo_ _Iησo_
Megalou Teou kai Soteros emwn Kristou Yesou).
Gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús.
El apóstol Tomás le llamó: "¡Señor mío y Díos mío!"124. Juan dice que Dios era el Verbo,125 y
que al Dios invisible, el Díos unigénito126 ha dado a conocer.
Así que toda la evidencia presentada nos descubre al Señor Jesucristo, el Verbo encarnado,
como siendo Dios mismo. Ahora bien, alguno podría falazmente argumentar con la unicidad
modalista que la Deidad vista en el Hijo era tan sólo la del Padre, haciendo así al Hijo un mero
tabernáculo humano; o sea, nos hablaría del Padre como Hijo, y no del Padre en el Hijo, lo cual
sería un grave error, pues NIEGA AL HIJO, Ya que éste que es enviado del Padre y a él ora; no
ora ni es enviado como un mero hombre, pues quien ora, aunque es verdadero hombre, no es
sólo hombre, sino que es el Verbo que estaba con Dios y era Dios, hecho carne, semejante a los
hombres, y cuando dialoga con el Padre, dialoga acerca de la gloria compartida antes de la
encarnación.127 También Hebreos 1:2 nos presenta al Hijo en la creación antes de la
encamación.
También está escrito: "Y Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen";128 no dice: Mi
imagen; ni tampoco: Nuestras imágenes, sino que dice: Nuestra imagen; ésta es el Hijo, imagen
del Dios invisible por Quien todo fue hecho, y sin Quien nada de lo que ha sido hecho fue
hecho. Así que podemos mostrar un poco más de evidencia escritural para señalar específica y
distintivamente al Hijo en cuanto Dios; es decir, no apenas la Deidad del Padre en la mera
humanidad del Hijo como simple tabernáculo humano, sino la Deidad del Hijo en Sí mismo, es
decir, en cuanto Hijo, la que sin embargo no es otra substancia esencial Divina, sino la misma del
---127Cfr, Juan 17;5; 128Génesis 1:26. 129Juan 5:26. 130Juan 17:1. 131Juan 17:21. 132Hebreos 1:8-9. 133Juan 20:17.---...Padre que en el Hijo subsiste específicamente como resplandor engendrado inmanentemente.
Mientras que en el Padre subsiste como ingénita, el Hijo la tiene en Sí mismo recibiéndola129
inmanentemente y eternamente del Padre, con quien la comparte, siendo Él mismo resplandor
de Su gloria, y siendo el Hijo del Padre, y para el Padre, y en el Padre, inseparablemente un sólo
Dios. Tal relación se expresa en estas palabras de Cristo: "Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu
Hijo te glorifique a ti".130 También en esta Escritura: "Jesucristo es el Señor para gloria de Dios
Padre". Y puesto que Dios es Uno, no es el Padre sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre, sino que es
el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre;131 como se reconociera también en Nicea: "Dios de Dios,
Luz de Luz".
Nos dice, pues, la Escritura: "8Mas del Hijo dice: Tu Trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro
de equidad es el cetro de tu reino. 9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te
ungió Dios, el Dios tuyo...".132 Del Hijo dice: Tu trono, oh Dios... te ungió Dios, el Dios tuyo. Tu
trono, oh Dios, se dice del Hijo. "Oh Dios", se dice del Hijo. "El Dios Tuyo" es el Padre, el Dios del
Hijo, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, a Quien el Hijo llama Padre y Dios: "Subo a mi Padre
y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios".133

LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

"Y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros [y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre] lleno de gracia y de verdad".28
La expresión Unigénito del Padre nos presenta la generación del Hijo, lo cual antes de
entrar en la encarnación más detalladamente, debemos observarlo en tres declaraciones:
1. Antes de todas las cosas:
"Antes de los abismos fui engendrada [la Sabiduría de Dios que es el Verbo)";151 "antes de los
collados ya había sido yo engendrada".152
2. En la encarnación:
"No temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo
es".153
28Juan 1:14. 151Proverbios 8:24. 152Proverbios 8:25. 153Mateo 1:20.

3. La confirmación en la resurrección:
"32Aquella promesa hecha a nuestros padres, 33la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a
nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi Hijo eres tú,
yo te he engendrado hoy".154 "Que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de
santidad, por la resurrección de entre los muertos".155
El Unigénito del Padre, el Hijo Unigénito, es el Dios Unigénito, según la expresión de Juan
1:18, en los más antiguos manuscritos: Monogenès Theòs.
Unigénito es, pues, el Único engendrado, es decir, no en el sentido de creación de la nada,
sino de participación inmanentemente, de la Substancia Esencial misma de la Divinidad, siendo
así el resplandor mismo de la gloria Divina, Aquella Imagen de Sí mismo que Dios conoce y ama
como igual a Sí, tan eterna como Él, pues le acompaña siempre siendo con Él UN Dios. Y el Díos
Padre que conoce, se conoce con un conocimiento igual a Sí el cual es el Verbo, Su Hijo, Dios
con Él, al cual ama con un Amor igual a Sí que procede de Sí siendo Éste el Espíritu Santo, Dios
mismo que procede y se da igual a Sí. Un solo Dios, que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El Hijo corresponde el Amor, y este Amor entre el Padre y el Hijo es el Espíritu Santo subsistente.
Ahora bien, este Verbo de Dios llegó a ser carne:
(κα_ _ λόγoς σ_ρξ _γέvετo
kai o logos sarx egeneto)
Y el Verbo carne llegó a ser.156
El Altísimo hizo sombra sobre la Virgen María, de manera que ella concibió en su vientre por el
poder del Altísimo, el Espíritu Santo que vino sobre ella,157 y en ella fue engendrado del Espíritu...
---154 Hechos 13:32,33. 155Romamos 1:4.
156Juan 1:14. 157Lucas 1:35. 158Mateo 1:20. 159Juan 1:14.--- ...Santo,158 y el Verbo fue hecho carne.
Debemos notar la expresión: "y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros".159 No dice
allí que el Verbo descendió sobre una carne, o sea, el Logos sobre un hombre, sino más
exactamente, Él mismo llegó a ser ese Hombre; El Verbo fue hecho carne, asumió humanidad,
no viniendo sobre un hombre, sino viniendo como hombre. Es de suma importancia este
pequeño detalle, pues no se trata de dos personas, una el Logos y otra el hombre, como si fuera
una en la otra, sino que se trata de la Única Persona del Hijo, que es el Verbo de Dios y a la
vez Hombre perfecto, el Verbo hecho carne, y, como dice Filipenses 2:7: "...hecho semejante a
los hombres".
El espíritu de anticristo procura dividir la Persona del Hijo, separando al Logos como uno y al
hombre como otro, y esto lo hace con el fin de presentar posteriormente la pretensión de el
Logos ubicado dentro de otra persona distinta a Jesús de Nazaret el Cristo; o sea, como si el
Cristo ahora viene a través de otro hombre distinto al Nazareno. Pero el Verbo llegó a ser carne
Él mismo, semejante a los hombres, y permanece eternamente encarnado cual Jesús el Cristo.
El apóstol Juan escribió: "¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?
Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo".160 Así que es mentiroso el que niega que
Jesús es el Cristo. No se trata del Cristo en Jesús, sino más bien de Jesús el Cristo. Jesús
mismo es el Cristo. ¡No hay diferencia entre Jesús y el Cristo! lo tal sería mentira. Sino que el
Cristo es Jesús, y Jesús mismo es el Cristo; el Verbo encarnado es el Mesías, el Cristo, y Su
nombre es Jesús, el Hijo de Dios, también Él mismo es el Hijo del Hombre, la Persona del Hijo,
verdadero Dios y verdadero Hombre. El Verbo es Dios verdadero, y como Dios es inmutable y no
puede dejar de ser Dios; y este Verbo, que es Dios, fue hecho carne, hecho semejante a los
hombres; por lo tanto, el mismo que es el Verbo de Dios, Dios verdadero, es también Hombre
---160 1 Juan 2:22---...verdadero y Su nombre es Jesús, y Su identidad el Cristo; Su Persona es única, Teo-antrópica, Dios y Hombre verdadero; Dios en cuanto Verbo, y Hombre en cuanto este Verbo fue hecho
carne semejante a los hombres. Estas dos naturalezas, la divina y la humana, están
perfectamente unidas en una única Persona que es Jesucristo el Hijo del Dios viviente. Estas
dos Naturalezas no se anulan mutuamente.
La naturaleza divina del Verbo es inmutable y no se disuelve, aunque es todopoderosa y
puede lo que quiere, incluso encarnarse. La naturaleza humana de Cristo no es semidiós por el
hecho de haber sido asumida por el Verbo, pues el Verbo, que es Dios y por naturaleza
inmutable, fue hecho hombre, no semidiós, sino carne y semejante a los hombres, tentado en
todo conforme a nuestra semejanza, verdadera y realmente. Así que la naturaleza humana no
deja de ser perfectamente humana por el hecho de haber sido asumida por el Verbo; ni tampoco
la naturaleza divina deja de ser perfectamente divina por el hecho de haber asumido humanidad,
sino que es el Verbo hecho carne, Dios con nosotros, manifestado en carne, Dios y Hombre
verdadero, Jesucristo.
El arca era tanto de madera de acacia como de oro, y la ofrenda tanto de harina como de
aceite.
¡Así que Jesús es el Cristo! y permanece el mismo hoy, ayer y por los siglos.161 Pablo por el
Espíritu Santo lo confiesa de la siguiente manera: "5Haya, pues, en vosotros este sentir que
hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho
semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. 9Por lo cual Dios también le exaltó
hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús...
---161Cfr. Hebreos 13:8----....se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.162
Examinando por partes, tenemos:
Χριστ_ _Iησo_, _ς _v μoρφ_ θεo_ _πάρχωv
Kristw Yesou, os en morfe Teou yparkwn
o_χ _ρπαγμ_v _γήσατo τ_ ε_vαι _σα θε_
ouk arpagmon egesato to einai isa Tew.
-Cristo Jesús, quien en forma [de] Dios subsistiendo, no usurpación consideró el ser
igual [a] Dios.
---162Filipenses 2:5-11.---

Esto nos indica la condición del Verbo en cuanto Divinidad. O sea, aunque era igual a Díos no
lo estimó como algo que debía usurparlo, arrebatarlo o retenerlo con avidez, sino que su sentir
fue despojarse de lo Suyo voluntariamente. No se aferró a mantenerse en la condición propia de
ser igual a Dios, existiendo en forma de Dios, μoρφ_ θεo_, sino que se despojó a Sí mismo:
_λλ_ _αυτ_v _κέvωσεv
alla eayton ekenwsen
...pero a Sí mismo se anonadó.
Es decir, se humilló, se despojó, se vació a Sí mismo voluntariamente, se puso a nuestro
nivel. Notemos que este despojamiento no es "de Sí mismo", es decir, de Su Persona y
Divinidad inmutable, sino que se despojó a Sí mismo, o sea, de la exclusividad de su condición
en cuanto Divinidad cuya posición es de gloria. Él sigue siendo la misma Persona, y la gloría
sigue siendo Su derecho innato en cuanto Divinidad, mas sin dejar de ser la misma Persona
innata e inmutablemente gloriosa, no se aferró a retener con exclusividad las condiciones
gloriosas de Su Divinidad, sino que por Amor, voluntariamente, aceptó someterse a condiciones
inferiores a las cuales corresponde una honra inferior; además de eso, Él tomó nuestra
deshonra: se humilló a Sí mismo, se anonadó. La inmutabilidad de la gloria divina no es afectada
por Su humillación, sino que al contrario, la excelencia de esa gloria de naturaleza inmutable fue
revelada en la exquisitez maravillosa del amor eterno e inmutable del cual es ingrediente la
humildad. Tales atributos manifestó la encarnación, "¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a
mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?"163 Al hablar así lo hace aun
como Hombre en cuanto Hijo, en Su humillación, reteniéndose a Sí mismo en su condición
humana.
"Tomando forma de Siervo".
---163 Mateo 26:53.---

μoρφ_v δoύλoυ λαβώv
morfen doulou labwn
Forma (de) Siervo habiendo tomado.
Es decir, no era siervo ni lo es por naturaleza divina, sino que subsistiendo en forma de Dios
por naturaleza es igual a Dios, mas tomó la forma de un siervo. El siervo de Yahveh y el Hijo del
Hombre que no vino para ser servido sino para servir. Toda criatura es por naturaleza
indeleble, siervo; Él no lo era, sino que tomó tal forma; es decir, era definitivamente Dios
tomando forma de siervo hecho semejante a los hombres:
_v _μoιώματι _vθρώπωv γεvόμεvoς
en homoiwmati antrwpon genomenos
En semejanza [de los) hombres habiendo llegado-a-ser.
Aquí se nos completa mucho más la revelación anterior: Aquel Verbo fue hecho carne. Aquí
aparece no meramente como carne, σ_ρξ (sarx), sino como hombre, semejante a los hombres,
_vθρώπωv [antropon]. Así que el Verbo se hizo Hombre, es decir, no asumió tan solamente un
cuerpo humano, sino la completa naturaleza humana.
Según 1 Tesalonicenses 5:23, el ser del hombre está compuesto de: espíritu, alma y cuerpo.
Al espíritu corresponden las funciones de conciencia, percepción intuitiva y comunión
espiritual: Salmos 34:18; 51:10; Romanos 9:1; Mateo 26:41; 1 Corintios 2:11; Marcos 2:8; 8:12;
Lucas 1:47; Juan 11:33; 13:21; Hechos 17:16; 18:25; 20:22; Romanos 1:9; 7:6; 8:15,16; 1
Corintios 5:3; 6:17; 14:15,16; 16:18; 2 Corintios 2:13; 7:13; Filipenses 3;3; Juan 4:23.
Al alma corresponden: la voluntad: Deuteronomio 21:14; Números 30:2; Job 6:7; 7:15;
Salmos 27:12; 35:25; 41:2; Jeremías 44:14; Ezequiel 16:27; 1 Crónicas 22:19; la emoción:
Deuteronomio 6:5; 14:26; Jueces 10:16; 1 Samuel 18:1; 20:4; 30:6; 2 Samuel 5:8; Job 10:1; 19:2; 33:20; Salmos 42:1,5; 84:2; 86:4; 107:5; 116:7; 119:20; Proverbios 16:24; Cantares 1:7;
Isaías 26:9; 55:27; 61:6; Ezequiel 24:21; 2 Reyes 4:27; Jonás 2;7; Zacarías 11;8; Mateo 12;18;
26;18; Lucas 1:46: 2:35; Juan 12:27; 2 Pedro 2:8, y el intelecto y mente natural: Génesis 49:6;
Salmos 13:2; 139:14; Proverbios 2:10; 3:21,22; 19:2; 24:14; Lamentaciones 3:20; Ezequiel
24:25. Al cuerpo corresponde nuestra participación en el mundo material.
Cuando la persona no es regenerada, el hombre natural se gobierna generalmente según el
antojo de su alma, de manera que su espíritu atrofiado llega a tomar tales características (Gé.
41:8; Dt. 2:30; Jueces 8:3; Prov. 14:29; 17:22; Is. 20:24; Dn. 5:20). En la regeneración espiritual,
el espíritu es vivificado cambiando también la mente (Ef. 4:23). Arrepentimiento significa
también entonces cambio de mente, como consta en sus raíces griegas: meta-noia, μετάvoια.
El alma, pues, se diferencia del espíritu: 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 4:12; Lucas
1:46,47, aunque operan juntos en estrecha comunicación.
El Señor Jesucristo, el Verbo encarnado, que tomó forma de siervo, hecho semejante a los
hombres, llegó a ser un verdadero (_vθρώπoς, antropos) Hombre. Es decir, un Hombre con
espíritu, alma y cuerpo verdaderamente humanos, en todo semejante a nosotros.
"Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo ml espiritu"
(Lc, 23:46); "Entregó el espíritu" (Mt. 27:50).
"37Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse
en gran manera. 38Entonces Jesús les dijo: mi alma está muy triste, hasta la muerte" (Mt.
26:37,38)
"En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en
carne, es de Dios" (1 Jn. 4:2)
Este Santo Hombre verdadero, el Señor Jesucristo, el Verbo encarnado, tuvo, pues, y tiene
espíritu, alma y cuerpo verdaderamente humanos. Ahora bien, en el ser humano distínguese el espíritu del hombre, del Espíritu de Dios. El espíritu del hombre es creado y dado por Dios al
hombre, formado dentro suyo.164 En cambio el Espíritu de Díos es eterno,166 increado y
procedente del Padre166 por el Hijo.
---164Cfr. Zacarías 12:1. 166Hebreos 9:14. 166Juan 15:26.---

Pablo dice así: "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu" (Ro. 8:16). Ahora bien.
Jesús fue y es un hombre verdadero con espíritu, alma y cuerpo humanos, el cual como persona
participante de la naturaleza humana fue investido también del Espíritu Santo.
"37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea; después del
bautismo que predicó Juan: 38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de
Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo,
porque Dios estaba con él" (Hchs. 10:37,38).
El Verbo, pues, de Dios, que estaba con Dios y era Dios, fue hecho carne, semejante a los
hombres, espíritu, alma y cuerpo, y fue a su vez investido del Espíritu Santo por Su Padre. Éste
es el Señor nuestro Jesucristo, que vino mediante (δι_)167 agua y sangre; no en (_v) el agua
solamente, mas en (_v) el agua y (_v) en la sangre.168
---167Cfr. 1 Juan 5:6. 168 l Juan 5:6---.

martes, 21 de junio de 2011

ACERCA DE LA DIVINIDAD

ACERCA DE LA DIVINIDAD

El presente trabajo está basado en las notas que el hermano Luis Ubirajara Pereira de
Oliveira, de Curitiba, tomó de una ministración del autor en la Gávea, Río de Janeiro, Brasil, el
día 25 de Agosto de 1984, durante una reunión de obreros cristianos. Compleméntase con
extractos de una carta dirigida a los hermanos en Curitiba.
Antes de leer este trabajo, se aconseja invocar sinceramente el Nombre del Señor Jesús, y
que se lea orando en el Espíritu.

ACERCA DE LA DIVINIDAD
- Revelación - Expresión.- Discernimiento - Nomenclatura - Ser - Esencia - Naturaleza - Tras
cendencia - Inmanencia - Subsistencia - Persona - Unidad - Trinidad - Verbo - Encarnación - C
onfesión.

REVELACIÓN

Dios es conocido por revelación.
Mateo 11:27: El Padre revelado gracias al Hijo.
Mateo 16:15-17: El Hijo revelado gracias al Padre.
Juan 6:45: Enseñados por Dios.
1 Corintios 2:10-14: Conociendo lo profundo de Dios por el Espíritu.
Gálatas 1:16: El Hijo revelado a Pablo.
Efesios 1:17: Espíritu de sabiduría y de revelación.
Basten estas citas para comprender que no es suficiente la mera mente humana del hombre
natural para conocer a Dios en Jesucristo. Se hace necesaria la revelación divina. El guiarnos a
toda verdad es trabajo del Espíritu Santo (Juan 14:26). Las meras imaginaciones de la mente
natural representan un entendimiento superficial; y habiendo variedad de mentalidades y de
entendimientos superficiales, surgen diversas escuelas que provocan división.

EXPRESIÓN

Miremos no tan solamente al contenido sino también a su rótulo.
2 Timoteo 1:13: Reteniendo la forma de las sanas palabras.
2 Corintios 1:13: No escribiendo otra cosa de lo que se lee. .
Es también necesario, al hablar del Señor, usar las palabras apropiadas y en su correcto
significado. Conociendo el significado de las palabras, podemos atender a lo que es propio o
impropio de lo que se dice del Señor.
1 Corintios 2:13: Hablando lo revelado con palabras enseñadas por el Espíritu.
El contenido debe ser la correcta revelación, y el rótulo debe ser la expresión apropiada de las palabras que expresan con exactitud la revelación.
Una persona puede tener la correcta revelación de Dios, pero quedarse corto al expresarla.
Otro, por el contrario, puede repetir mentalmente una fórmula correcta, pero estar privado del
Espíritu y de la realidad detrás de las palabras, careciendo de revelación. Lo perfecto es correcta
revelación junto con la correcta expresión de ella. También se da el caso que una misma palabra
puede tener diversos significados para diferentes personas. Tan sólo la revelación gracias a la
enseñanza del Espíritu Santo nos permite discernir el verdadero significado de las palabras y el
verdadero contenido.

DISCERNIMIENTO

Cada espíritu es conocido por su confesión.
El Espíritu Santo se caracteriza por Su correcta confesión del Cristo. De la misma manera, el
espíritu de anticristo se caracteriza por su confesión equivocada acerca del Cristo.
l Juan 4:1-3: Probando los espíritus.
2 Juan 7-9: El engañador.
La serpiente, con el fin ulterior de sustituir a Dios por sí mismo, procura presentar a otro Jesús.
Cuando Satanás no logra quitar del corazón del creyente el amor a Jesús, entonces por medio
de espíritus de error intenta hacerle amar a un Jesús cambiado, diferente e inefectivo. Por eso
debemos detenernos a considerar el contenido de la nomenclatura de palabras que
comúnmente se aplican a Dios.
2 Corintios 11:4: Hay quienes anuncian a otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio (Gá. 1:7-9).

NOMENCLATURA

Existe, pues, una serie de palabras que se utilizan comúnmente aplicadas a Dios. Deberíamos
conocer el significado de ellas antes de aplicarlas; también para conocer si lo que se dice de
Dios es apropiado o no.
Por ejemplo, dícese de Dios que es un ser, que posee la naturaleza divina, que subsiste y que
es tres Personas, es decir, una trinidad. etc., etc.
Investiguemos, pues, qué se quiere decir con:
Ser - Esencia - Naturaleza - Subsistencia - Persona - Unidad - Trinidad - Verbo - Encarnación.
Si conocemos las palabras, sabremos por revelación si expresan adecuadamente la verdad.

SER

Ser es todo lo que es, "el ente en cuanto tal", todo cuanto existe o puede existir (lo posible es
en cuanto es posible).
Ser es lo mínimo que se puede decir de algo y de todo:
Aquello es, tiene ser, es un ser.
Todo es. Por lo tanto: Dios es, así que es Un Ser.
Pero al igual que Dios, cualquiera otra cosa es también un ser, aunque no de la misma
manera. Decir que Dios es Un Ser es verdad, pero no toda la verdad. ¿Qué clase de ser es Dios?
Aquí arribamos a1 asunto de esencia y naturaleza.

ESENCIA

La palabra esencia en el griego es "ousia", oυσια.
La palabra "ousia" también se traduce: "substancia", en el mismo sentido de esencia.
Esencia o substancia (ousia) es lo que constituye a un ser.
Esencia es todo aquello que hace que algo sea.
Dios Es. Existe, por lo tanto la Esencia Divina es lo que Dios es, y la cual Dios es.
En Esencia o Substancia (ousia), Dios es Uno solo.
Existe Una Sola Esencia Divina.
El Padre, el Hijo y El Espíritu Santo participan de la Misma Esencia y son Esa Misma Esencia
Única, siendo por lo tanto Un Solo y Único Dios en Esencia.
La esencia divina es lo propio de Dios y que es incomunicable a otros seres.

NATURALEZA

La palabra naturaleza en el griego es "fisis", φύσις.
Se usa, por ejemplo, en los siguientes versículos:
Génesis 1:12: Hierba que da semilla según su naturaleza.
Romanos 2:14: Los gentiles por naturaleza hacen lo que es de la ley.
Romanos 11:24: Olivo silvestre por naturaleza.
Gálatas 4:8: Los que por naturaleza no son dioses.
Efesios 2:3: Por naturaleza hijos de ira.
Santiago 3:7: Naturaleza humana y naturaleza de bestias, aves, serpientes.
2 Pedro 1:4: Participantes de la naturaleza divina.
Judas 10: Cosas que conocen por naturaleza.
"Naturaleza" no se refiere meramente al ser, sino más bien a un modo particular de ser.
La palabra "ser" se aplica a todo cuanto es, sin embargo, no todos los seres son iguales, sino
que difieren unos de otros en su modo de ser, es decir, en su naturaleza. Todo cuanto existe es un ser, pero existen multitud de seres diferentes entre sí por naturaleza.
Dios es un ser, pero existe de modo diferente a una planta, a un animal, o a un hombre, que
también son seres, pero que existen en una naturaleza diferente.
Los seres todos en general se diferencian, pues, entre sí por su modo particular de ser, es
decir, por su naturaleza.
Vimos, por ejemplo, que las Escrituras nos hablan de:
– naturaleza Divina (2 Ped. 1:4)
– naturaleza humana (Stg. 3:7)
– naturaleza angélica (Jd. 6,7)
– naturaleza animal (Stg. 3:7)
– naturaleza vegetal (Gé. 1:12; Ro. 11:24)
– natural mineral (Gá.4:8) (dioses de piedra o metal).
Todos estos son igualmente seres, pero difieren por naturaleza.
La Naturaleza Divina es el modo particular del Ser Divino. Es aquello que caracteriza al ser
divino y lo diferencia de los demás seres. Difiere de los demás en esencia y forma.
La Naturaleza Divina es Una Sola, y es aquello que hace que el carácter de Dios sea como es.
Dios es Uno Sólo por esencia y por naturaleza, pues el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo
tienen y son la Misma Esencia y la Misma Naturaleza.
Naturaleza divina se diferencia de esencia divina en que la esencia es incomunicable, en
cambio la naturaleza sí es comunicable para hacernos semejantes a Él.
Ahora bien, los creyentes en Cristo, al recibir a Dios en su espíritu son regenerados y hechos
hijos de Dios, unidos al Señor en espíritu, llegando a ser uno con Él, por lo tanto, por Su vida en
nosotros, llegamos a ser también participantes de la naturaleza divina (cfr. 2 Pe. 1:4). La diferencia entre Dios y nosotros, es que Dios tiene el ser, la esencia y la naturaleza de Sí Mismo;
en cambio nosotros los regenerados lo recibimos todo de Él.
Dios es Uno Solo por esencia y naturaleza, pues la Esencia y la Naturaleza Divina son también
una sola: la esencia es omnipotente, omnisciente, omnipresente, perfecta; y la naturaleza, bella,
santa, justa, bondadosa, amorosa; y el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo tienen la misma
esencia y la misma naturaleza. También la misma substancia, "ousia", es decir, la misma
esencia, siendo Un Solo Ser Divino, trascendente, es decir, totalmente diferente de la
creación; pero también inmanente, es decir, que sostiene y sustenta en Sí toda creación
[Hchs. 17:28; He. l:1-3; Col. 1:16,17].

TRASCENDENCIA

Debemos reconocer la trascendencia divina, pues Dios es el Creador y no la creación. Dios es:
– anterior .......... (Col. 1:17)
– superior .......... ( Ef. 4:6), y
– ulterior a la creación (Ro. ll:36).
(Ulterior en el sentido de ser el fin y el sentido de la creación)
La suma de todas las cosas no es Dios, aunque el todo subsiste en Dios. Dios está más allá
del todo, y es trascendente.

INMANENCIA

Aunque verdaderamente Dios es trascendente y está más allá de todas las cosas, no
obstante, también, Dios está inmanente en todas las cosas, pues todo recibe su ser de Él, quien
lo crea de la nada, y lo sostiene, Así que Dios está sobre todos, por todos y en todos (Ef. 4:11;
Ro. l1:36).
Hechos 17:28: En Él vivimos, nos movemos y somos.
Hebreos 1:1-3: Sustenta todas las cosas con la palabra de Su Poder.
Colosenses 1:16,17: En Él fue creado todo y en Él todo subsiste.
Efesios 4:6: Por todos y en todos.
Romanos l1:36: De Él, por Él y para Él son todas las cosas.
Los panteístas, aquellos que dicen que Dios es la suma de todas las cosas, confunden a Dios
con el todo, y al negar la trascendencia divina, son en verdad ateos, aunque hablan de Dios.
Acontece a los panteístas lo de Romanos 1:21-23, que cambian la gloria del Dios incorruptible,
por la de las cosas corruptibles. El panteísmo es, pues, un ateísmo disfrazado.
Dios es Un Solo Ser Divino con Una Sola Esencia Divina y Una Sola Naturaleza Divina, pero
que al encarnarse llegó a participar en cuanto Hijo también de otra naturaleza distinta, la
naturaleza humana.
Jesucristo tiene, pues, dos naturalezas: la divina (en cuanto Verbo de Dios lleno de la Plenitud
del Padre), y también tiene la humana (en cuanto se encarnó):
– en el tiempo y el espacio,
– en nuestro planeta Tierra, y
– en nuestra historia.
Semejante a nosotros cual hombre en todo, con espíritu humano, alma humana y cuerpo
humano, pero sin pecado.

SUBSISTENCIA

La palabra subsistencia en el griego es "hipóstasis" (_πόστασις).
Cuando hablamos del ser, comprendemos en general a todo cuanto es. Y cuando hablamos
de esencia nos referimos a aquello que hace que el ser sea como es.
Igualmente, cuando nos referimos a naturaleza estamos hablando de un modo del ser. Todas
estas palabras son generales; es decir, que se aplican en general a varios seres. Pero cuando
decimos que un ser de determinada naturaleza subsiste, nos estamos refiriendo a un ser
específico, particular y determinado; individualizado. Decir: -el ser humano, es algo general.
Decir: -la naturaleza humana, igualmente es algo generalizado. Pero cuando decimos: -un ser
de naturaleza humana subsiste en un hombre particular, entonces es una hipóstasis
específica.
Subsistencia implica, pues. individualidad.
Un ser específico, una cosa específica individual, es una subsistencia, una hipóstasis.
Ser se aplica a todos, pero subsistencia se aplica a cada uno particularmente. Por ejemplo,
tanto decir el ser y la naturaleza caninas, se aplica a todos los perros; pero subsisten en cada
perro específicamente.
Subsistencia o hipóstasis es, pues, el ser de una naturaleza específica individualizado
distintivamente. Ejemplo, este pájaro; aquel ángel, este ser, aquel ser. Cada uno de ellos es una
subsistencia del ser, es decir, una hipóstasis.
Ahora bien, según Hebreos 1:3, Jesucristo, el Hijo de Dios, es la imagen misma de la
Hipóstasis del Padre; el Carácter expreso, o la exacta representación de la Subsistencia del
Padre.
El verso implica que en la Divinidad, el Padre subsiste, y la Imagen expresa de Su Hipóstasis
es el Hijo. Dios es Un Solo Ser de Una Misma Esencia de Naturaleza Divina que subsiste como
el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo.
Cierto ¡Dios es Uno! ¿pero, cómo es Dios? Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha revelado al Padre.
El Espíritu Santo ha glorificado al Hijo, y Dios se nos ha dado por el Espíritu Santo.
El Mismo y Único Ser Divino
– subsiste en el Padre,
– subsiste en el Hijo,
– subsiste en el Espíritu Santo.
La Misma y Única Esencia Divina
– subsiste en el Padre,
– subsiste en el Hijo,
– subsiste en el Espíritu Santo.
La Misma y Única Naturaleza Divina
– subsiste en el Padre,
– subsiste en el Hijo,
– subsiste en el Espíritu Santo.
Sin embargo, en el Mismo y Único Ser de Esencia y Naturaleza Divina, el Padre subsiste
como el engendrador del Verbo, quien es Su Sabiduría eterna engendrada inmanentemente
(Prov. 8:23-31).
También subsiste el Padre como el que exhala con el Hijo al Espíritu, quien procede (Jn.
15:26).
En cambio, el Verbo, también en el Mismo y Único Ser de Esencia y Naturaleza Divina en Sí,
subsiste como la Sabiduría engendrada y como el Resplandor de Su gloria, como la Imagen
del Invisible (Prov. 8:23-31; Jn. 1:13,18; He. 1:1-3; Col. 1:15).
Dios subsiste invisible en el Padre (Jn. 1:18; Col. 1:15), mas, el Mismo Dios subsiste revelado
en el Hijo (ídem).
Por Su parte, Dios, el Espíritu Santo, subsiste como procedente [Jn. 15:26].
Dios, el Único Ser de Esencia y Naturaleza Divina en Sí, cual Engendrador del Verbo, quien
es Sabiduría y Poder, y cual Exhalador del Espíritu, que es Amor y Don, subsiste como el
Padre.
Este mismísimo Dios, mas cual Imagen del Invisible, Unigénito y resplandor de gloria,
subsiste como el Verbo.
Y este Mismísimo Dios, cual Amor común del Padre y el Hijo y Don Procedente del Padre y
del Hijo y compartido, subsiste como el Espíritu Santo.
Pero como Dios es Uno Solo cual Ser, y por ser Una Sola la Esencia y Una la Naturaleza
Divina, entonces:
– donde está el Padre, está el Verbo y el Espíritu;
– donde está el Verbo está el Padre y el Espíritu; y
– donde está el Espíritu, está el Padre y el Verbo.
Pues Dios es Uno Solo e Inseparable.
No obstante, no debemos confundir la Subsistencia del Padre con la del Engendrado, ni con la
del Exhalado.
Pues el Padre no es Unigénito, mas el Verbo por quien se revela, sí.
El Padre no procede, mas el Espíritu por quien se da, sí.
Cada Uno subsiste de una manera propia y eterna.
A pesar de todo, el Mismo Dios que engendra es Revelado; el Mismo Dios que exhala es Don
procedente; porque el Ser Divino es Uno Solo, la Divina Esencia Una Sola y la naturaleza divina, una.
Es la misma Esencia la que engendra y exhala, es engendrado y resplandece y se da.
Cuando vino el Hijo, el Padre vino con Él (Is. 9:6; Jn. 14:6), y el Espíritu también (Lc. 1:35; Hch.
10:38).
Ahora que está con nosotros el Espíritu Santo, en Él tenemos también al Padre y al Hijo (Jn.
14:16-26; 2 Co. 3:17).

PERSONA

La palabra persona en el griego es "prósopon" (πρόσωπov).
Persona es una subsistencia o hipóstasis racional cvonsciente de sí.
Un ser de naturaleza tal que subsiste individualmente en forma racional, de modo que es
consciente de sí mismo, es decir, de su propio "yo", y consciente de ser distinto de otro con el
que se relaciona, ese tal ser es una persona. Persona es la clase más elevada de ser.
La persona es un "yo", y dice "yo".
Todas las cosas son seres ; pero solamente los seres racionales son personas. Ahora bien,
hay diversas clases de personas:
– clase divina: El Padre, el Verbo, el Espíritu Santo.
– clase humana: hombres y mujeres, espíritus humanos.
– clase angélica: serafines, querubines, arcángeles, ángeles; demonios y espíritus en sus
diversas categorías.
El Título divino "Padre" se aplica fundamentalmente a Aquella Persona Divina que dice:
– "YO te he engendrado hoy".
– "YO seré a Él Padre, y ÉL ME será a MÍ, Hijo" (He. 1:5).Tal "YO" y tal "MÍ" es la Persona Divina del Padre celestial.
Aquel a quien el Padre dice: TE he engendrado, es la Persona del Hijo.
Ahora bien, el Hijo de Dios, el Verbo de Dios encarnado dice así: "Ahora, pues, Padre,
glorificame tú al lado tuyo con aquella gloria que yo estaba teniendo al lado tuyo antes que el
mundo fuese" (Jn. 17:5).
"... como tú, oh Padre en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (Jn. 17:21).
Aquel TÚ a Quien ora el Hijo es la Persona Divina del Padre Celestial.
Aquel YO y aquel MÍ que ora al Padre es la Persona Divino-Humana del Hijo, que es el
Verbo encarnado.
Aquel Nosotros de Jn. 17:21 es pronombre personal de número plural y se refiere a las
Personas del Padre y el Hijo.
Yo, tú, él, nosotros, son pronombres personales usados por y para personas.
No debemos confundir al Hijo simplemente con un mero hombre que ora.
Quien ora es Jesucristo, el Verbo de Naturaleza Divina, que se encarnó tomando también
naturaleza humana.
Por lo tanto, el Hijo es Una Sola Persona Teo-antrópica, es decir, con dos naturalezas, la
Divina y la humana.
El YO que ora al Padre es la Persona Divino-humana, no solamente el hombre, pues habla de
la gloria compartida con el Padre antes que el mundo fuese; la cual gloria no puede referirse a su
naturaleza humana, pues ella tuvo inicio en el vientre de la Virgen María; sino que se refiere sólo
a la gloria de la Naturaleza Divina del Verbo Eterno coexistente con el Padre.
Ahora, a partir de la Ascensión del Señor, aquella gloria fue asumida también por su
humanidad, glorificándonos así.
El Verbo, Imagen del Invisible, Resplandor de Su gloria, es un "Él" y un "Quien" personal a
través de cuya Persona Divina, la Persona también Divina del Padre, lo hizo todo (Jn. 1:1-3; Col.
1:15; He. 1:1-3).
El Espíritu Santo, que subsiste como procedente del Padre y del Hijo en la Esencia Divina, se
revela igualmente como Persona.
En primer lugar, un espíritu es una persona.
En segundo lugar, una persona se puede contristar; no así una cosa o fuerza, o simple viento.
El Espíritu Santo se contrista cual persona (Ef. 4:30), por lo cual no se debe blasfemar al
Espíritu Santo (Mr. 3:29; Lc. 12:10; Mt. 12:31,32).
En tercer lugar, el Espíritu Santo habla cono Persona; como cuando dijo: "... apartadme a
Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hch. 13:2).
Mas cuán maravilloso es este Espíritu hoy que contiene en Sí toda la plenitud del Padre, y al
Hijo con toda su victoria y glorificación humana.
Recibiendo al cual Espíritu, lo recibimos Todo (Jn. 14:18-26; 16:13: Mt. 10:20; Espíritu del
Padre. Gá. 4:6 Espíritu del Hijo).

UNIDAD

El Uno que es Dios.
El versículo básico del Monoteísmo es Deuteronomio 6:4.
El hebreo léase de derecha a izquierda:
____ _____ ______ ____ _____ ___
transliterado de izquierda a derecha sería:
Shema Israel Yahveh Elohenú Yahveh ejad.Traducido al español:
Oye Israel, Yahveh Nuestro Díos, Yahveh Uno.
La palabra aquí traducida "Uno" es "Ejad" (___).
En hebreo, unidad en sentido absoluto, se dice "Yahad" (___), como es usado en Jueces 11:34
al referirse a la única hija de Jefté.
Sin embargo, Uno, en sentido colectivo, como en el caso del pueblo ser "uno" (Jueces 20:8), o
en el caso de Adán y Eva ser "uno" o una sola carne (Gé. 2:24), se usa "ejad", (___). Siempre al
referirse a que Dios es "Uno", se usa el término "ejad" (___), "uno" en sentido que admite
pluralidad; y no se usa el termino "Yahad" (___), que implica unidad absoluta.

TRINIDAD

Tal palabra "Trinidad", como otras, tampoco se encuentra en la Biblia. Fue usada por primera
vez en el registro histórico en griego "trias" (Τριας) (Tríada) por Teófilo de Antioquía, año 180 d.C., en su
libro a Autólico. En el siguiente siglo, la usó Tertuliano, traduciéndola por primera vez al latín.
La misma palabra "Trinidad" ha sido sin embargo usada por distintas escuelas a lo largo de la
historia y con diverso contenido.
Atanasio, Arrio y Sabelio usaron la palabra Trinidad, pero sólo Atanasio tenía la revelación
correcta de la Divinidad. Arrio negaba la Divinidad del Verbo, y Sabelio era unicista; no obstante,
Arrio y Sabelio también usaban la palabra Trinidad al referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo. Otros como Ireneo y Novaciano tuvieron y expusieron más correctamente la revelación
de la Divinidad al igual que Atanasio, sin embargo, no usaron la palabra
Trinidad. El principal problema no está en usar o no usar la palabra Trinidad, sino en ver si la
revelación acerca de la Divinidad es verdadera y está expresada correctamente o no.
Un cardenal católico y un pseudo apóstol mormón pueden usar la misma palabra Trinidad,
pero su entendimiento es muy diferente. Igualmente un testigo ruselista y un unicista "sólo
Jesús" pueden negarse los dos juntos a usar tal palabra, pero eso no quiere decir que estén de
acuerdo cuando niegan la Trinidad. El ruselista es arriano, y el unicista "sólo Jesús" es
sabelianista; el cardenal es atanasiano, y el mormón es triteísta.
Uno de los puntos claves que señala la diferencia fundamental entre la verdad y el error está
en la consideración del Verbo de Dios.

VERBO

La palabra "Verbo" es la traducción de la palabra griega "Logos" (λόγoς).
Tal palabra no fue inventada por el apóstol Juan, sino que ya existía en el ambiente
greco-palestino-romano. El Espíritu Santo llevó a Juan a usar esta palabra en referencia a
Jesús.
La palabra "logos" comenzó a ser usada cerca de cinco siglos antes de Cristo por el filósofo
Heráclito de Efeso; la usó también Platón, igualmente la escuela de los epicúreos y la de los
estoicos. Entre los judíos la usó Filón, filósofo contemporáneo de Cristo.
En la palabra "Verbo" o " Logos" están implícitos los siguientes significados:
Mente - Razón - Sabiduría - Concepto - Expresión - Palabra - Tratado - Poder sustentatriz.
Dios, que es Omnisciente, lo conoce todo, y aun a Sí Mismo. Al conocer engendra Su
Sabiduría o Verbo inmanentemente y sin principio, pues Él siempre se conoció y a todo
eternamente. Por lo tanto, la imagen que Él tiene de Si ante Sí es Igual a Sí y le acompaña
siendo Su Verbo, Uno con Él, y con el que se conoce, se pronuncia y se revela: "Yo soy el que
soy". También crea.
Proverbios 8:22-31 equiparado con Juan 1:1,2,l8, Colosenses 1:15, 2 Corintios 4:4 y Hebreos 1:1-3 nos muestran al Verbo Sabiduría,
Expresión, Palabra y Poder sustentatriz,
Juan 1:1,2 nos declara equilibradamente que:
– El Verbo era Dios y
– El Verbo estaba con Dios.
Debemos tener en cuenta las dos declaraciones para no caer en ningún extremo. Si sólo
decimos que el Verbo estaba con Dios, podemos ir al extremo arriano de los ruselistas de hoy
que niegan la Divinidad del Verbo.
Si sólo decimos que el Verbo es Dios, pero desconocemos la coexistencia del Verbo con Dios
según está revelada, podemos caer en el otro extremo, el unicista, que no distingue al Padre del
Unigénito, del Unigénito del Padre.
Debemos recordar que el Padre subsiste como el Dios Engendrador Invisible; en cambio el
Verbo subsiste como el Dios Unigénito y Revelado, la Imagen del Invisible y el Resplandor de Su
gloria, por lo cual Jesús habla (Jn. 17:5) de la gloria que tuvo con el Padre antes que el mundo
fuese, pidiendo ahora también como hombre, ser glorificado con aquella misma gloria.
Filipenses 2:6 nos habla del Hijo como siendo en forma de Dios e igual a Dios. Por Aquel
Verbo se revelaba Yahveh en forma teofánica en el Antiguo Testamento, identificándose como
Yahveh mismo, el Ángel de Yahveh, el Ángel de Su Faz y el Ángel del Pacto.
Génesis 31:11-13; 48:15,16
Éxodo 31:1-14
Jueces 2:1-5
Isaías 63:8,9
Miqueas 5:2
Zacarías 2:10,11
Malaquías 3:1
Tal Roca que seguía a Israel era Cristo (1 Co. 10:4).

ENCARNACIÓN

Fue aquel Verbo Divino quien se hizo carne.
La misma Persona Divina del Verbo llegó a ser además también humana.
Una sola Persona, mas con dos naturalezas perfectas, la Divina y la humana.
Y en esta Persona Divino-Humana del Hijo moró y se manifestó la Persona Divina del Padre
Celestial (Jn. 17:10,11)
Jesús de Nazaret fue además Ungido por el Espíritu Santo (Hch. 10:38).
En cuanto Verbo, Jesús es omnipotente, omnisciente, omnipresente, a causa de Su Divinidad;
pero cuando el Verbo se despojó, se humilló, se hizo hombre, entonces cual ese hombre Jesús
llegó a ser menor que el Padre a causa de su humanidad.
Su nacimiento fue virginal (Gé. 3:15; Is. 7:14; Mt. 1:18; Lc. 1:30-38).
– El Verbo, pues, se hizo carne (Jn. 1:14).
– Tomó forma de siervo, semejante a los hombres en condición de hombre (Flp. 2:6).
– Como hombre creció en estatura, sabiduría y gracia (Lc. 2:52).
– Aprendió la obediencia por el sufrimiento y fue perfeccionado (He. 5:8,9).
– Tentado en todo conforme nuestra semejanza pero sin pecado (He. 4:15).
– Murió por nuestros pecados (1 Co. 15:3).
– Resucitó corporalmente (Idem; Jn. 2:10; Lc. 24:36-43).
– Ascendió corporalmente (Hch. 1:9; Mr. 16:19).
– Fue hecho Señor y Cristo (Hch. 2:37), como Señor: Amo y Dueño; como Cristo: Mesías,
Ungido para llevar adelante la economía de Díos.
– Volverá como se fue, en gloría y majestad (Hch. 1:11; Mt. 24:30).
– Mientras tanto intercede por nosotros como Sumo Sacerdote según el orden de
Melquisedec, único mediador, Jesucristo hombre (He. 7:21; 1 Ti. 2:5).
– Como anticipo del Reino nos dio Su Espíritu vivificante, que contiene toda la Divinidad, y toda
la victoria y glorificación de la humanidad (1 Co. 15:45).

CONFESIÓN

1 Juan 2:2,23. El mentiroso niega que Jesús es el Cristo, niega al Padre y al Hijo; quien niega
al Hijo tampoco tiene al Padre. Quien confiesa al Hijo tiene también al Padre.
¿Es posible aun hablando de Jesús negar al Hijo? ¿Cómo?
Cuando se habla del Padre como Hijo, en vez del Padre y el Hijo.
La verdad es que la Persona Divina del Padre mora, se revela, obra y habla a través de la
Persona Divino-humana del Hijo. Jesucristo, la Persona Divino-humana del Hijo, el Verbo
encarnado, es Dios en cuanto Verbo y lleno del Padre que está con Él, de la misma substancia
que el Padre, de la misma esencia divina, mas subsistiendo como Unigénito, Verbo que es
Imagen de Dios, Expresión y Revelación.
Este mismo Verbo Divino está con el Padre, cual Su Sabiduría (Prov. 8), y como Su resplandor
(He. l:1-3). Este Verbo Divino que coexiste con el Padre, fue Aquel que se encarnó como la
Persona Divino-humana llamada Jesucristo. Entonces el Hombre Jesús, aunque es hombre
verdadero, sin embargo es también la misma Persona del Verbo Divino, que se encarnó cual hombre semejante a nosotros en todo, pero sin pecado.
Si alguien sutilmente habla de que el mediador que está a la diestra del Padre es meramente
un tabernáculo humano, está negando la Divinidad del Hijo. Cierto es que la Persona del
Mediador a la diestra de la Persona del Padre es Jesucristo hombre; pero también es cierto que
Aquel Hombre es el Verbo encarnado. Sí, es el Verbo Divino hecho hombre intercediendo. Así,
pues, la Persona del Hijo llamada Jesucristo, es Dios en cuanto Verbo Divino coexistente con el
Padre, y es también hombre en cuanto se encarnó. No se trata solamente de un tabernáculo.
Aquel que habla del Hijo como si fuese solamente un tabernáculo del Padre, niega al
Hijo, pues Jesucristo no solamente es un tabernáculo humano, sino que también es el Verbo
Divino coexistente con el Padre y encarnado. Jesús, el Verbo encarnado, verdaderamente es un
tabernáculo humano, pero no solamente Él es humano, sino que también Él es Divino, puesto
que compartía con el Padre la gloria antes de la fundación del mundo (Jn. 17:5).
Jesús es mediador en cuanto hombre; mas ese hombre no es solamente un tabernáculo.
Tenemos entonces que Aquel Hombre Jesús, mediador a la diestra del Padre, es la Persona
Divino-humana del Verbo coexistente con Dios y encarnado.
Si alguien no reconoce que el Verbo Divino coexistió con Dios compartiendo la gloria con el
Padre antes de la fundación del mundo (Jn. 1:1,2; 17:5), entonces ese tal está negando al Hijo.
Aquel que niega la coexistencia del Verbo con el Padre antes de la fundación del mundo, niega
al Hijo, y está bajo la operación del espíritu de anticristo. Aquel que divide en dos personas a la
Persona única Teoantrópica del Hijo, ese no confiesa que el mismo Jesús es también el Cristo;
por lo tanto es mentiroso. Aquel que no reconoce la Divinidad del Verbo coexistente con el Padre
en la Persona Divino–Humana del mediador Jesucristo hombre a la diestra de Dios Padre,
entonces niega la Divinidad del Hijo. El que no honra al Hijo como al Padre, no honra tampoco al
Padre (Jn. 5:23).
El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre.

Estas notas de trabajo fueron revisadas por el autor en marzo de 1985. De la
ministración, el complemento epistolar y la revisión se responsabilizó la misma persona
del autor.

lunes, 20 de junio de 2011

LA ENCARNACIÓN DEL VERBO DE DIOS

LA
ENCARNACIÓN
DEL
VERBO DE DIOS


Algunos errores cristológicos
 Este apéndice hace parte de las enseñanzas de la serie llamada “Edificando a la Iglesia”, y fue precedido por un largo pasaje sobre el contenido de la Iglesia, en donde vimos que Dios ha dado un depósito a la Iglesia, el cual consta de varias áreas básicas y algunas verdades fundamentales que son propias de la Iglesia, entre ellas la Trinidad y la encarnación del Verbo de Dios.  Habíamos tratado lo relacionado con el Verbo de Dios, pero no de Su encarnación.  Por tanto vamos a considerar dos pasajes claves relativos a la encarnación del Verbo de Dios;  se trata de dos grandes verdades, grandes dogmas de la Iglesia cristiana, nacidos de la Palabra de Dios:  La Trinidad, la existencia de un solo Dios en tres Personas, y la encarnación de esa segunda Persona, el Verbo de Dios.  Esos dos pasajes relativos a la encarnación los encontramos en el capítulo 1 del Evangelio según San Juan, y en el capítulo 2 de Filipenses.
1En el principio era el Verbo (nos recuerda la preexistencia del Verbo antes de todas las cosas), y el Verbo era con Dios (nos recuerda la coexistencia de la persona del Hijo con el Padre antes de la fundación del mundo), y el Verbo era Dios (nos recuerda la divinidad del Hijo de Dios).  3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.  14Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1,3,14). 
La primera consideración que debemos tener en cuenta por causa de los errores cristológicos que se han dado en la historia de la Iglesia, es aquel Verbo; es decir, el Hijo de Dios que estaba con el Padre desde antes de la fundación del mundo, por medio de quien el Padre creó todas las cosas y para quien las creó, como lo dice en otros pasajes: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”;  teniendo en cuenta que lo que aquí se traduce   «habitó», en el original griego es «tabernaculizó», utilizando el verbo que nos recuerda la figura del tabernáculo.  En el tabernáculo aparecía el arca del madera de acacia y de oro, señalando la naturaleza humana en la madera y la divina en el oro que recubre el arca.
Es necesario detenernos en el primer pasaje.  No dice que el Verbo descendió sobre una carne, sino que El fue hecho carne.  Esto es muy importante entenderlo cristológicamente porque la confesión del Espíritu Santo se distingue de la confesión del espíritu del anticristo acerca de Cristo; es decir, lo que cada espíritu confiese acerca de Jesucristo;  lo delata.  San Juan dice en su primera epístola 4:1-3a:
1Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.  2En esto conoced el Espíritu de Dios:  todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 3y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo”.
También hemos leído en la misma epístola de Juan 5:6a que:  “Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre”.  ¿Por  qué esas declaraciones tan misteriosas de que Jesucristo no vino sólo mediante agua, sino mediante agua y sangre?  ¿Por qué esos misterios?  Porque dice que el Espíritu de Dios confiesa que Jesucristo ha venido en carne, y aquí dice San Juan en el prólogo del evangelio, “Y aquel Verbo fue hecho carne”.  Lo que está declarando Juan allí no es una cosa liviana;  está haciendo la confesión propia del Espíritu de Dios acerca de esta gran verdad de la encarnación del Verbo  divino;  entonces cuando dice que no vino sólo mediante agua, es porque algunos herejes, entre ellos Cerinto y otros gnósticos, decían que el Logos o Verbo había entrado en un hombre; es decir que allá en el bautismo, cuando vino el Espíritu Santo en forma de paloma, fue cuando el Verbo entró en un hombre.
Eso nos dice que estaban considerando a este hombre, Jesús, como un hombre al cual visitó el Verbo, y después el Verbo lo volvió a dejar en la cruz cuando  dijo:  “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?“;  entonces están negando que esa persona del Señor Jesús es divina y humana, y la están tomando solamente como humana;  por eso esa frase tan sencilla que solemos leer rápido y que suena muy bonita, y que a veces no la discernimos, “el Verbo fue hecho carne”, significa que la persona divina preexistente del Hijo, que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, consustancial, de su misma esencia, porque el Verbo era con Dios y era Dios, y aquel Verbo se hizo carne.  No dice que descendió sobre una carne, sino que El mismo se hizo; es decir, El asumió la naturaleza humana desde el vientre de la virgen María;  la misma persona del Verbo que era y es el Hijo de Dios, llegó a hacerse el Hijo del Hombre, una misma persona con dos naturalezas, la naturaleza divina en cuanto Verbo de Dios, y la naturaleza humana en cuanto se hizo carne;  no son dos personas, una Logos y otra el hombre.  Decían que sobre El descendió el Logos;  y no es que el Logos descendió sobre un hombre, sino que “el Logos se hizo carne“, “semejante a los hombres”, como dice Filipenses 2:7.
De lo contrario estaríamos dividiendo al Logos uno y al hombre otro.  Es como si se tratara de dos personas.  Ese es el error cristológico del nestorianismo, que se llamó así porque lo enseñó en la historia de la Iglesia un hombre que se llamó Nestorio, y él enseñaba que Jesús no había sido sino solamente un hombre;  que el que nació de la virgen María era solamente un hombre, y que a ese hombre se unió voluntariamente el Logos de Dios; es decir, que el Logos o el Verbo es una persona, y el hombre sobre el que entró es otra persona.  De manera que no está confesando que Jesús es el Cristo, sino que Jesús es uno y el Cristo es otro;  pero San Juan en el capítulo 2 de su segunda epístola, se refiere a esto mismo, diciendo que precisamente el espíritu del anticristo es el que no confiesa que Jesús es el Cristo.

Falsos cristos
“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?  Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (1Juan 2:22).
¿Quién es el mentiroso?  El que niega que Jesús es el Cristo;  es decir, que hay personas que usan el concepto Cristo por un lado y el concepto Jesús por el otro, sin identificar a Jesús como el Cristo;  esto es lo característico de los falsos cristos.  El Señor me ha permitido conocer la doctrina de algunos falsos cristos que se dicen así mismo cristos, como por ejemplo los de Abdu-Bahá, de la fe Bahai, o de Baha-Bulá; o William Soto Santiago, que dice ser la segunda venida de Cristo;  a Julio Alvarado, de Bolivia, que dice ser el Cristo;  a Majertal, de Holanda, que dice ser el Cristo;  a Laurey, de la India, que era adorado como Nishu-Khrisna, quien también decía ser el Cristo.  Estos personajes tenían en común un detalle:  que ellos hablan del Cristo como el Logos aparte de Jesús, pretendiendo ser cada uno de ellos el mismo Cristo que estuvo en Jesús, afirmando que se trata del mismo Cristo que había estado antes en Buda, en Krisna, en Rama, después en Rama-Krisna, y el mismo que ahora pretenden que está en fulano de tal, y que no era otro sino que era el mismo;  o sea que ellos separan el Cristo de Jesús y ponen ese Cristo, una vez en Buda, otra vez en Jesús, otra vez en otro personaje, y ahora en un falso Cristo.  De esta forma ellos separan a Jesús del Cristo.
Pero la Biblia dice:  “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?”; es decir, que Jesús es el nombre personal del Verbo de Dios encarnado, Cristo es su posición, es el Ungido, es el Mesías;  es decir Cristo es el título propio de la persona de Jesucristo, pero no es otro.  El Cristo es Jesús, Jesús es el Cristo, Jesucristo es una sola persona divina-humana; divina en cuanto al Verbo, y humana en cuanto ese Verbo se encarnó; es decir, asumió naturaleza humana.  Cuando la Palabra dice que “el Verbo se hizo carne”, está afirmando no que descendió sobre una carne, sino que El mismo fue hecho carne;  es decir, que su misma persona divina asumió una naturaleza adicional pero no una persona adicional.  La persona es  El mismo en cuanto a persona.
Antes de la creación era el Verbo, en la creación era el Verbo;  en la eternidad antes de la creación era el Verbo, y desde que comenzó a encarnarse en el vientre de la virgen María continuó siendo la misma persona, el mismo Verbo, solamente que ahora estaba asumiendo, además de su naturaleza divina, la naturaleza humana, pero en su misma persona.  Aquel Verbo fue el que se hizo carne;  aquel Verbo es la persona de este hombre llamado Jesús;  el Verbo de Dios se hizo hombre, entonces Jesús es el Cristo.  No que el Verbo sea uno, y Jesús otro; no es que el hombre sea una persona y la divinidad otra persona.  La persona divina se hizo humana y es una persona divino-humana.  Una sola persona con dos naturalezas:  divina en cuanto Verbo, y humana en cuanto se encarnó.

La kenosis de Cristo
Es posible que si uno considera solamente la encarnación a la luz del capítulo I del evangelio de Juan, se podría cometer un error;  es por eso que no solamente en ese capítulo se habla en las Escrituras de la encarnación, sino también en el capítulo 2 de Filipenses.  Leamos en Filipenses 2:5-7 para ver en qué sentido debemos tomar la palabra “carne” que aparece en Juan 1:14.
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”.
La frase “el cual siendo en forma de Dios”, significa que el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios, como lo afirma Juan.  La Palabra “se despojó a sí mismo”,  en el griego es “ekenosen”, de donde viene otra palabra que se usa en teología, la kenosis de Cristo; es el despojamiento o anonadamiento a que se sometió el Señor por su propia voluntad, de acuerdo con el Padre, a fin de someterse a una condición de inferioridad.  Al despojarse a Sí mismo y tomar forma de siervo, se trata de Cristo Jesús;  es la misma persona con forma de siervo.  Detengámonos aquí un poco antes de entrar en lo relativo a la cruz y a la resurrección, lo cual requiere una consideración mayor.  Por el momento veamos solamente los pasajes relativos a la encarnación.
  El versículo 7 dice: “Se despojó a sí mismo”;  eso es precisamente lo que se llama la “kenosis“;  o sea que Él estaba en una condición de gloria pero se sometió a una condición de humillación.  Él estaba en forma de Dios y tomó forma de siervo; es decir, si tomó forma de siervo es porque no lo era; tuvo que tomar forma de siervo.  El debe ser el servido, no el siervo.  Eso significa que la kenosis consistió por una parte, en tomar forma de siervo, en despojarse; pero fijémonos en un detalle:  no dice que se despojó de sí mismo, de su propia persona, de su propia identidad, sino a sí mismo; es decir se humilló a sí mismo.  No que Él mereciera ser humillado, sin embargo acepta tomar forma de siervo sin ser siervo, y aceptó ser humillado, aceptó ser obediente y estar en condición de hombre, habiendo estado en condición de Dios.  En Filipenses dice: “hecho semejante a los hombres; y estando en condición de hombre, se humilló”; entonces si leemos solamente la declaración de Juan podríamos pensar que lo único que el Verbo asumió de la humanidad sería el cuerpo debido a que la palabra carne es un término que se usa con varios significados; algún día el Señor nos permita considerar los distintos sentidos bíblicos de la palabra carne.  De manera que si uno toma esa palabra sólo en el sentido del cuerpo, de que el Verbo solamente se puso un cuerpo, pero que no tenía ni alma ni espíritu humano (porque la palabra carne en griego es sarx), cuando dice:  ”el Verbo se hizo carne”, si uno la toma en un sentido literalista, sin relacionarlo con Filipenses 2, entonces, ¿qué sucedería?   pensaríamos que el Verbo divino sólo se puso un cuerpo humano, pero que el alma no era humana, como tampoco el espíritu; eso significaría que realmente no sería un hombre, sino sólo un cuerpo;  y es por eso que el pasaje de la encarnación de Juan 1 se complementa con el pasaje de Filipenses 2.  Es importante aclarar que la carta a los Filipenses fue escrita antes del evangelio de Juan, ya que ese evangelio fue escrito después de la muerte de Pablo.
En Filipenses 2:7 dice:  “Se despojó a sí mismo”.  Miremos la prueba de que se despojó a sí mismo.  Recordemos que en el evangelio de Juan, el Señor oraba diciendo:  “Padre, glorificame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).  La palabra tuve indica que El estaba antes en una condición de gloria y eso nos da a entender más o menos en qué consistió la kenosis, o sea el despojamiento o anonadamiento a que El se sometió;  tomó forma de siervo.  Tenía esa gloria pero ahora en vez de recibir gloria es humillado.  Estaba en forma de Dios y tomó forma de siervo; estaba en condición de Dios y tomó condición de hombre. Si entendemos ese fenómeno de kenosis aunque sea superficialmente, vamos a percibir algo interesante, vamos a entender el por qué en algunas ocasiones, aunque el Señor es Dios, habla como si fuera menor.  Si no hubiera habido kenosis no habría razón para que Jesús mismo dijera, “porque el Padre es mayor que yo”.  Notemos que aquí en Filipenses dice que “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”; y eso significa que El es igual a Dios en cuanto Verbo, porque dice que el Verbo es Dios; y si el Verbo es Dios no puede ser menor que Dios, en cuanto Verbo, o en Su  divinidad.  Notemos que como El se despojó a sí mismo, entonces en Su humillación, en Su encarnación, en Su forma de siervo, en Su condición de hombre, podía decir una cosa:  “El Padre es mayor que yo; yo nada hago por mí mismo sino lo que veo hacer al Padre”.  El Padre es la cabeza y el Hijo está sujeto a la cabeza.  Dios es la cabeza de Cristo; es decir, El tomó la forma de siervo; no la tenía pero la tomó.
La inferioridad, la subordinación que aparece en algunos pasajes es por causa de la kenosis del Hijo; no es inferioridad del Hijo respecto a la divinidad del Padre, porque no hay sino una sola divinidad.  Si Dios es Dios y el Verbo es Dios, la divinidad del Verbo es igual a la del Padre, de lo contrario no sería divinidad; pero cuando El se subordina al Padre es porque tomó forma de siervo haciendo a Dios el Padre Su Cabeza.
¿Qué implica la kenosis?  El despojamiento tomando forma de criatura; por eso se llama el Primogénito de la creación, pues toma forma de criatura, y como criatura fue tentado, porque como Dios El no puede ser tentado.  Entonces entendamos un poco lo relativo a la encarnación.  Estando en la condición de hombre se humilló; es decir, todavía más, porque no sólo se despojó a Sí mismo siendo Dios, sino que tomando la naturaleza humana, no se hizo hombre potentado, sino que se hizo siervo, el más humilde; se humilló.
La parte clave es el versículo 7: “hecho semejante a los hombres”. ¿Qué quiere decir eso?  Que el Verbo de Dios no solamente asumió el cuerpo humano, sino toda la naturaleza humana, de lo contrario El no sería hombre.  Si El no hubiera sido un hombre como nosotros, no habría podido redimirnos porque era necesario que Él desarrollara en Su humanidad las posibilidades de la humanidad en Dios, para luego compartirse con nosotros para que nosotros lo asimilemos y seamos realizados en Él; pero Él tenía que hacerse hombre semejante a nosotros.  Por eso dice la Biblia claramente que se hizo carne, no sólo en el sentido de cuerpo, sino que dice: “fue hecho semejante a los hombres”; o sea que el Señor Jesús, que es la persona divina del Verbo de Dios que estaba con Dios el Padre antes de la fundación del mundo, ese Verbo se hizo carne, pero carne semejante a los hombres; es decir, Él no solamente tuvo cuerpo humano, sino también alma humana y espíritu humano; o sea que la persona divina asumió la naturaleza humana con todos sus íntegros componentes, propiedades y operaciones.  Por eso Él decía: “mi alma está muy triste hasta la muerte”.[1]  O sea que Él tenía también alma humana, no sólo cuerpo humano.  “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”,[2] significando que Cristo tenía también espíritu humano.  Si El no tuviera espíritu, alma y cuerpo humanos, no sería un hombre como nosotros.  Él en todo es semejante a nosotros excepto en el pecado, porque el pecado no es propio de la naturaleza humana, sino que fue algo a lo que se vendió Adán y Eva.  En las tentaciones sí es semejante a nosotros, por cuanto la Biblia dice que El aprendió la obediencia por lo que padeció, que fue tentado en todo, conforme nosotros somos tentados.
14Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.  16Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.  17Por lo cual debía ser (debía, de lo contrario no habría podido salvarnos) en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.  18Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:14-18).
Eso indica que El sabía lo que estaba haciendo, y por eso el diablo no quiere confesar que Jesucristo vino en carne para anular toda la obra de Satanás.
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).
7Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.  8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:7-9).
Notemos que de la frase: “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia, y habiendo sido perfeccionado”, esas palabras no se pueden decir de Dios, pues de Dios no se puede decir que es perfeccionado, o de que aprende, o que tiene temor, que es liberado, pero cuando se hizo hombre tuvo que crecer, como dice el evangelio de Lucas[3], en estatura, en sabiduría, en gracia delante de Dios y de los hombres; tuvo que aprender la obediencia por lo que padeció, tuvo que ser perfeccionado; es decir, que Él asumió la naturaleza humana y por eso el Mesías no apareció así glorioso la primera vez (excepto en la transfiguración).  En la segunda sí porque ya hizo lo necesario.  La primera vez El hubiera podido aparecer como quería la gente.   Ellos estaban esperando un mesías que se apareciera con poder y echara a los romanos al fondo del mar; que apareciera en la plaza y dijera: Yo soy el Mesías, y miren el poder que tengo.  Pero de haber hecho eso, hubiera puesto muy alegres a los judíos, pero no nos hubiera podido salvar.  Él tenía que ser engendrado, concebido, gestado, ser niño, crecer, aprender, crecer en estatura, en gracia y sabiduría, ser sometido a la tentación, estar treinta años ahí trabajando en la carpintería.  La naturaleza humana antes no era caída, sino que Adán fue tentado, y aceptado el mal, llegó a ser caído.  Ahora Jesucristo tomó la naturaleza humana, pero al revés de Adán que permitió que el pecado entrara.  El Señor Jesús no permitió que el pecado entrara, e hizo lo contrario de Adán; Él asumió la naturaleza humana, pero no permitió que el pecado entrara.  Adán recibió la naturaleza humana pero permitió que el pecado entrara en él; es decir, que la condición de la naturaleza antes de la caída no era sometida al pecado; entonces esa la tomó Cristo pero no la sometió al pecado.  Él vino en carne pero sin pecado.  Dice Romanos 8:3, que vino “en semejanza de carne de pecado”; es decir, que el Señor asumió el mismo tipo de carne que luego se vendió al pecado, pero esta vez El no permitió que el pecado entrara en Su carne; entonces condenó el pecado en la carne, y por eso es muy importante la cuestión de la encarnación.
Cuando la Biblia dice que “fue tentado en todo”, nos indica que Él fue un verdadero hombre igual que nosotros, pero que Él no aceptó la tentación.  Adán fue tentado y cayó; Él también fue tentado, pero no cayó.  El Señor Jesús fue tentado por cuanto Él era un hombre con espíritu, con alma y con cuerpo.  Él habla de Su cuerpo cuando dice: “un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39); respecto del alma dice: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38); respecto del espíritu dice:  “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).  Vemos claramente que la persona del Verbo asumió la naturaleza humana íntegramente y se sometió a la primigenia inocencia y libertad; para eso fue que El se sometió.  Estos dos pasajes de Juan y Filipenses que hemos venido analizando son muy importantes y fundamentales.
Por esa razón el diablo admite confesar que el Señor Jesús es el Hijo de Dios, pero no que vino en carne.  ¿Por que?  Porque fue en la carne que Satanás fue vencido, porque Cristo se hizo hombre, porque se sometió, porque el diablo lo llevó y le dijo: Mira, mira acá; y le dejaba por un rato y luego venía constantemente con todo tipo de tentaciones; sin embargo Él no pecó, Él fue fiel. ¿Para qué hacía el Señor Jesús eso?  Para nosotros.  Dios quiere al hombre con espíritu, alma y cuerpo; Dios no quiere sólo el espíritu del hombre, ni sólo el alma, ni sólo el cuerpo.  Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen”;  lo hizo espíritu, alma y cuerpo, y el hombre cayó íntegramente, y Dios lo quiere recuperar íntegramente, y para eso Él se hizo íntegramente humano y recuperó en su condición, la condición humana; restauró al hombre en su persona, pero luego hizo algo más, incluso algo más que Adán, porque lo que no había hecho Adán era comer del árbol de la vida, y lo que hizo Cristo fue vivir la vida de Dios.  Él pasó a ser la vida del Verbo encarnado, porque antes sólo era del Verbo, y ahora era del Verbo encarnado.  De manera que ahora la gloria del Verbo llegó a ser de nuevo del Verbo, pero encarnado; es decir, la humanidad en el Verbo fue glorificada, y por eso la humanidad fue glorificada en la resurrección, ascensión y entronización de Cristo.  Él es el Hijo del Hombre, y por eso la Biblia dice que nosotros ya estamos glorificados, porque nuestra humanidad asumida por Cristo fue glorificada en Él, y ahora Él es nuestra vida.  Por eso nos alimentamos de Él, y por eso Él mismo dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:54);  porque nosotros asimilamos de lo que nos alimentamos y eso llega a ser parte nuestra.  Todo lo que hizo el Señor lo hizo por nosotros.  El mismo dijo: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:19).  Sí, todo el vivir humano del Señor, todo su desarrollo humano, era para llevar a la humanidad, a nosotros, a la estatura del varón perfecto[4]; y ahora nosotros nos alimentamos de Él, vivimos por Él, lo asimilamos a Él, para ser redimidos otra vez a la imagen perfecta de Dios.
La encarnación del Verbo es la gran verdad de la Iglesia;  eso es lo más grande, y siendo tan fundamental hay que ponerle mucha atención.  La Iglesia tiene ésto como uno de los contenidos centrales de la verdad.  El Verbo se hizo carne, no solamente cuerpo, sino naturaleza humana completa.
37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:37-38).
Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret;  es decir, que Jesús es presentado aquí también ungido por el Espíritu Santo.  Notemos que el Verbo, en cuanto Dios es la segunda persona de la Trinidad, que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, siendo Dios juntamente con Él; y aquel Verbo se hizo carne, semejante a los hombres, y estuvo en condición de hombre asumiendo ahora la naturaleza humana, y además de la divina teniendo también la humana.  Una misma persona que se llama Jesús y es el Cristo, con dos naturalezas: la divina en cuanto Verbo, por la que es igual al Padre, y la humana por cuanto se encarnó y se hizo hombre semejante a los hombres, en condición de hombre, por la cual es menor que el Padre;  y por eso es que Él a veces dice que “el Padre es mayor que yo”; por eso es que los a sí mismos llamados testigos de Jehová se aferran de los versículos donde Él habla como hombre en Su kenosis, en Su despojamiento, para pretender negar Su divinidad, y no comprenden que lo que pasó fue que aquel Verbo se despojó a sí mismo, no de Su divinidad, sino de Su condición.  Él sigue siendo siempre la misma persona, pero la condición humana ya no es lo mismo que la divina.  La forma de siervo es una y la forma de Dios es otra;  entonces, Él no se despojó de sí mismo, sino a sí mismo.  Esto no quiere decir que Él desapareció como Dios y ya no es Dios; ¡no! Él siempre es Dios; por eso les dice a ellos: “antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).
Entonces el Verbo no se despojó en el sentido de que dejó de ser Dios, sino que siendo igual a Dios, no lo estimó como cosa a que aferrarse; no se aferró a esa condición, sino que estando en forma de Dios, tomó forma de siervo.  Eso es un despojamiento de aquella gloria que tenía con el Padre; cuando hablaba  esas palabras Él estaba en humillación, y por eso le dijo: “Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).  Él fue hecho menor que los ángeles.  En Hebreos dice ”menor que los ángeles”; eso fue un despojamiento: concebido como hombre, tentado como hombre, se hizo menor que el Padre, como hombre se subordinó, como hombre Él no sabía algunas cosas, tenía que depender de Dios para que se las quisiera revelar, y es por eso que dice (refiriéndose a la segunda venida): “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32); pero se dirá, cómo, ¿acaso el Hijo no es Dios? Sí, pero Él está hablando en su kenosis, en Su despojamiento, en Su condición humana.
Entonces hay que verlo en los dos aspectos: Él es Dios y Él es hombre.  A veces actúa como Dios, a veces actúa como hombre; pero Él es Dios perfecto y hombre perfecto.  Dos naturalezas en una misma persona.  El Verbo encarnado que asumió la naturaleza humana, ahora como hombre; como Verbo divino asumió la naturaleza humana, con espíritu humano, alma humana, cuerpo humano, tentaciones humanas, pero sin pecado; también ungido por el Espíritu Santo, o sea, como ese varón.  El Espíritu Santo de Dios ungió el espíritu humano de Jesús de Nazaret, que es el Cristo y que es el mismo Verbo de Dios que vino encarnado.





[1]Mateo 26:38
[2]Lucas 23:46
[3] Referencia a Lucas 2:40
[4] Referencia a Efesios 4:13
———————————
Gino Iafrancesco V., 16/X/1992, Bogotá D.C., Colombia.