"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).
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viernes, 1 de julio de 2011

ENCARANDO ASPECTOS BRANHAMITAS / índice y prefacio




ENCARANDO
ASPECTOS
BRANHAMITAS


Examen de las doctrinas del
Movimiento originado con
William Marrion Branham


por:

GINO IAFRANCESCO V.




Encarando Aspectos Branhamitas
Examen de las doctrinas del Movimiento originado con William Marrion Branham.
© Gino Iafrancesco V.
Ciudad del Este, Paraguay. 1983.
Los derechos son del autor. Se permite la libre repro­ducción total del presente documento y su distribución gratuita, con la única condición de citar la presente fuente, para que se pueda comprobar la fidelidad del texto.
Edición autoral.

Clasifíquese: Heresiología.







CONTENIDO

Prefacio


I       Suscinto resumen biográfico
II     A la par de los hechos
III     Alrededor de los oráculos
IV     Niveles distintos en el mensaje
V      La cuestión de Elías
VI     La caída, el sexo y la mujer
VII    La divinidad
VIII    El alma y el infierno
IX     La apertura de los Sellos
X      Escatología
XI     Breve reseña de la difusión del branhamismo
XII    Apéndice Documentario



PREFACIO

El presente libro de Gino Iafrancesco V., titulado: “Encarando Aspectos Branhamitas”, es el resultado de la experiencia del autor, después de haber pasado por el branhamismo durante sus primeros años de vida cristiana. Por la gracia de Dios, el autor percibió los errores y se retractó en forma oral y escrita poco después.  Se escribió este documento con el expreso propósito de ayudar a los que se encuentran en la situación en que estuvo el autor antes de su retractación. También se dirige a todas aquellas personas interesadas en el campo de la heresio­logía.
Este libro comenzó a ser escrito en Ciudad del Este, Paraguay, en febrero de 1981, y terminó de ser escrito en la misma ciudad, en agosto de 1983.  Los documentos que van en el apéndice, llevan cada uno su propia fecha.
El libro tuvo una circulación internacional en formato rústico; esta de internet viene de la primera edición de imprenta.

(4): NIVELES DISTINTOS EN EL MENSAJE


Capítulo IV

NIVELES DISTINTOS EN EL MENSAJE[1]


Alrededor de marzo de 1973, comencé a conocer en Asunción, Paraguay, el mensaje de William Marrion Branham.  A partir de aquella época, por varios años, he leído y releído sus folletos y libros, estudiando e investi­gando su contenido; lo he hecho también en orden de fecha, es decir, siguiendo el desarrollo cronológico del mensaje en las dos direcciones, de atrás para adelante y de adelante para atrás.  He hecho igualmente investiga­ción de los distintos temas correlacionándolos de entre las varias disertaciones.  Igualmente he escuchado grabacio­nes de sus mensajes, y de mensajes de otros relacionados al suyo.  Puedo decir que milité en las filas branhamitas por varios años y conozco el movimiento desde adentro.  En todo ese tiempo procuré estudiar concienzudamente y con limpia conciencia y sinceridad el mensaje de William Marrion Branham.  Poseo igualmente una biblioteca de su mensaje con abundante material en varios idiomas, y que está a la mano para cualquier consulta.
La razón por la que digo lo que antecede es para poder decir que lo que afirmo en el presente capítulo está docu­mentado de primera mano, y puede ser comprobado directamente.  Muchas citas podrían hacerse que segura­mente no se harán, sino apenas algunas representativas, con el fin de expresar la idea lo mejor posible.  He aquí, pues, lo que he hallado personalmente en mis estudios después  de varios años:

El mensaje de William Marrion Branham presenta distintos niveles escalonados de declaraciones, los cuales podrían clasificarse en varios grupos distintos: Primero, hay un grupo de declaraciones de tipo profético y oracular en las que se reclama autoridad divina, y en las que por lo general se usa la expresión: "Así dice el Señor".  Segundo, hay otro grupo de declaraciones en las que W, M. Bran­ham dice solamente expresar su propia opinión según lo mejor de su entendimiento, y en lo cual da margen para disentir con él con plena libertad.  Tercero, existe otro grupo más de declaraciones en forma de enseñanzas que demuestran alguna variación según la fecha en que fueron proferidas; algunas parecen ser correcciones, y otras simplemente una opinión distinta a la anterior.  Hay también en este grupo una serie de afincamientos progre­sivos en un tema que se va desarrollando paulatinamente, como es por ejemplo el caso de la enseñanza particular de Branham acerca de la simiente de la serpiente, de lo cual, Dios mediante, trataremos más extensamente en capítulos posteriores.  Cuarto, hay otro grupo de declaraciones no corregidas, que a juicio del autor, no son precisamente lo más exactas en su relación con las Sagradas Escrituras.  Pero tenemos en medio de todo esto, dichos que son pruebas de la sinceridad del predicador, el cual algunas veces reconoce la posibilidad de estar equivocado en algún punto, por lo cual él mismo ruega a Dios que no le permita engañar a nadie, sino que pare o detenga aquello que fuese equivocado.  Así que a lado y lado, hay declara­ciones que exigen la mayor sumisión y otras que dan libertad de disentir, y otras en las que Branham mismo dice a su audiencia que si en algo ven que se equivoca, que se aparten de él y sean fieles a la Palabra.  Procurare­mos dar citas.

Es interesante notar esta estratificación en el estilo de expresiones de W. M. Branham, ya que la actitud de sus seguidores en el movimiento branhamita, no es siempre la misma que la de aquel al cual siguen; por el contrario, es común encontrar una aceptación indiscriminada de todas las declaraciones, y una especie de tabú acerca de su infalibilidad; por lo menos un deseo, en algunos casos fantástico, de que todo lo encontrado en los libros y folletos del profeta sea inspirado de Dios y regla de fe.  Lo que W. Branham declara como opinión personal es tomado prácticamente como "así dice el Señor"; y aun de equivocaciones evidentes de las cuales Branham mismo se corrige, se hacen doctrinas en un espíritu bastante dogmático, hasta llegarse al punto de varios extremismos;  por ejemplo, en la ocasión de los mensajes acerca de la revelación de los siete sellos, dados en marzo de 1963, en Jeffersonville, en cierto lugar W. M. Branham da un traspié lingüístico y dice 700 en vez de 7.000, de los israelitas en tiempos de Elías, que el Señor se reservó como remanen­te.  Aunque la amonestación le fue hecha y fue claramente corregida, sin embargo algunos tomaron como dogma de fe que Dios había revelado por medio de su profeta "que no se puede equivocar", que solamente 700 subirían en el rapto de la Novia.
Hubo otros que incluso llegaron a afirmar que W. M. Branham predicaba a dos grupos: las prudentes y las fatuas, usando dos lenguajes intercalados y diciendo una cosa a unos y otra cosa a otros, según fueran fatuas o prudentes; de manera que cada cual escogía ciertas decla­raciones como para las prudentes, y ciertas otras, las que le parecían, dejaba para las fatuas.  Sin darse quizá cuen­ta, atribuían a W. M. Branham engaño premeditado.  Escuché también personalmente la interpretación que cuando se preguntaba sobre un tema y había respuestas distintas cada vez, era porque la primera era la verdadera, y Ia segunde permisiva, como en el caso de Balaam a quien el Señor dijo primero: No vayas, y luego: vé.

Al exponer esto, en ningún momento quiero hacer la burla, ni deseo que se haga de nadie, sino que más bien se muestre misericordia de la cual todos necesitamos en nuestra ignorancia y niñez espiritual.  Lo que me mueve en la exposición de esto es el deseo de ayudar, para comprender mejor la fragilidad humana y el tipo de actitudes que suele tomar el hombre en casos de la natura­leza tratada.  Todo lo que expreso es para reclamar comprensión y no severidad, aunque bien debamos igualmente ser fieles a la verdad, pero en amor.
Consideremos ahora el primer grupo clasificado de declaraciones, el de forma claramente oracular.  Esta clasificación no es rígida, como veremos más adelante, sino que cada grupo de declaraciones se entremezcla con el otro, dándose inclusive el caso de declaraciones de apariencia mixta, las cuales son precisamente por eso, las más dignas de examen.  Era normal escuchar a W. M. Branham decir:  "Así dice el Señor".  Existe en un libro una recopilación de estos "así dice el Señor", leyendo los cuales el lector notará diferentes grados de énfasis; en algunos casos da la impresión de ser una voz sobrenatural de certeza absoluta, como por ejemplo:
"Esta dama sentada aquí con una cosa blanca en el sombrero, ¿tiene usted una tarjeta de oración?  ¿Está enferma?  ¿Somos desconocidos el uno al otro?  Dios nos conoce a ambos.  Hay una luz sobre esta mujer, si la pueden ver, está circulando exactamente sobre ella.  Ella estaba orando; ¿es cierto?  Sabiendo que no tenía oportunidad de venir aquí a la plataforma, pero usted estaba orando.  Exactamente debajo de eso veo una sombra negra, la muerte.  La mujer está bajo la sombra de la muerte.  Ella tiene cáncer.  ¿Cree usted que Dios la puede sanar?  Es cáncer en el seno.  Veo a un doctor mirándola, y él le dice a usted que va a tratar de operarla.  Usted tiene planes para una operación.  Y yo la veo a usted bajar de una plataforma o algo parecido; usted es una predicadora, una mujer predicadora.  Esto es Así dice el Señor.  Señora, ¿es cierto eso?  ¿Lo que Él dijo fue cierto?  Póngase de pie si esto es cierto.  Ahora, ¿creen ustedes?  ¿Pueden discernir que éste es el mismo Jesús cuya vestidura tocó la mujer?  ¡No yo, sino ÉI!  Yo no conozco a esta mujer y ella no me conoce a mí.  Dios nos conoce a los dos”.

Este es solamente un ejemplo de muchísimos casos de la misma naturaleza repetidos vez tras vez en una misma reunión, y año tras año de reunión en reunión.  El citado, aconteció en  Middletown, Ohio, U.S.A., el 12 de agosto de 1959, después de discertar sobre el tema: "Dis­cerniendo el Cuerpo del Señor".
En una ocasión, junio de 1962, Aberdeen, N. C., fue fotografiada sobre una mujer el capirote oscuro de la muerte, del cual hablaba Branham.  Después de la oración por sanidad, la nueva fotografía no reveló más tal capirote.  Acerca de este tipo de "Así dice el Señor", Branham soste­nía no haber errado ninguna vez, y desafiaba a la audiencia públicamente y por las cintas, a mostrar aunque fuese una ocasión en qué tal cosa hubiera fallado.  No conozco ningún caso en que alguien se haya levanta­do a denunciar que falló.  W. M. Branham decía que esto sólo podía acontecer cuando el ángel del Señor que se le apareció estaba cerca de él, o cuando el bólido de fuego anunciaba su presencia, para él y algunos visible, para la mayoría invisible.
Pero este no era el único tipo de "Así dice el Señor" que se oía de la boca de Branham.  En algunas ocasiones él veía una visión tiempo atrás, y luego, mientras predicaba normalmente un mensaje con sus propias palabras, él contaba aquella visión como quien narra una anécdota del pasado, y decía que aquello era "Así dice el Señor".  Tenemos aquí un ejemplo:  El 29 de abril de 1965, en Los Ángeles, California, U.S.A., mientras hablaba del tema "Escogiendo una Novia", dijo entre otros detalles, contan­do una experiencia tenida el 3 de julio de 1964:

"El Espíritu de Dios me dijo:  Ahora vendrá a escena la iglesia moderna.  Y aquí viene a presentarse la iglesia de Asia.  ¡Nunca había visto una agrupación tan indecente!  Aquí vienen las otras iglesias de las distintas naciones.  ¡Su aspecto era horrible!  Les digo esto porque yo estoy compro­metido en decir la verdad delante de Dios.  Y cuando él dijo: Aquí viene la iglesia de América para ser vista, si alguna vez he visto un montón de demonios, fue ese grupo.  Las muje­res estaban despojadas de sus ropas, desnudas, tapándose con una cosa gris al frente, no tenían nada en la parte de arriba y estaban bailando esa música vulgar que bailan los adolescentes, el twist, y esa clase de música vulgar.  Y cuando vi que venía la señorita Estados Unidos de América, por poco me desmayo.  Ahora, esto es Así dice el Señor.  Si usted creen que yo soy Su siervo, créanme ahora; yo no diría esto por nada en el mundo; no hay suficiente dinero en el mundo que me haga decir esto".
(Anotamos que en la Biblia hay solamente iglesias locales, no nacionales, ni continentales.)  Después W. M. Branham siguió su predicación normalmente y al final predijo el hundimiento de Los Ángeles sin decir en ese momento la expresión "Así dice el Señor".  Luego oró y durante la oración dijo al Señor:
"Tú sabes que esta visión de la Novia fue la verdad.  Yo he tomado Tu Nombre para ello, Señor, y he dicho que fue Así dice el Señor, y yo siento que estoy consciente de lo que hago, Señor".
Varios meses más tarde, el 4 de diciembre de 1965, en Yuma, Arizona, refiriéndose a la predicción del terremoto de California, dijo durante la predicación sobre "El rapto":
"Recuerdo mi último mensaje en California a donde pensé que nunca volvería otra vez, cuando predije que Los Ángeles se hundiría debajo del océano; y ¡Así dice el Señor, lo hará!  Ella está terminada, está borrada, está terminada.  ¿A qué hora?  No sé cuándo, pero se hundirá; precisamente después de que los terremotos comiencen a vibrar y saltar".
Vemos, pues, que en abril predijo sin usar la expresión Así dice el Señor, pero 8 meses después, hablando del tema, la usó.  Tenemos, pues, la impresión de que a las visiones se las consideraba en ese rango.

Todo cristiano auténtico, inmunizado por el Espíritu Santo contra el modernismo teológico, acepta las Escritu­ras Sagradas tal cual ellas están en el original, como inspiradas de Dios; de manera que es innecesario buscar otra autoridad para respaldarlas.  Creemos que Ellas tienen el sello divino en Sí Mismas y deben ser aceptadas así como se nos presentan escritas.  Jesucristo, refiriéndose al Antiguo Testamento, dijo que las Escrituras no pueden ser quebrantadas.

En el salmo mesiánico 102 se nos profetiza el Nuevo Testamento; el Espíritu Santo ungió a los apóstoles para escribir el Testimonio del Nuevo Pacto.  Por lo tanto, creemos que todo el Nuevo Testamento es autoritativa­mente de origen divino y debe preservarse tal cual es; enfrentarnos a él tal como nos viene escrito del original, y aceptarlo sin reservas ni cambios, pues se interpreta a sí mismo.  Además tenemos también la promesa de la unción del Espíritu Santo para los cristianos, y de la enseñanza directa y sin intermediarios, del Espíritu Santo.  Esto es en sí lo que constituye el Nuevo Pacto prometido por Dios, y llevado a cabo mediante Jesucristo.  Por todo esto, al autor le resulta curioso, aunque con todo el respe­to debido, encontrar en el mensaje de W. M. Branham algunas expresiones de Así dice el Señor referidas a pun­tos doctrinales.  Claro está que ningún supuesto Así dice el Señor debería modificar la Biblia, y cada cual lee de ella en forma personal, haciéndose así responsable, cada uno, de su uso de ella.  La convicción doctrinal de William Marrion Branham en algunos casos fue presentada como Así dice el Señor.  Hasta qué punto esto sea realmente así, es algo que sólo Dios conoce.  El hecho es que tal decla­ración coloca en un dilema a todos aquellos que con absoluta sinceridad leen en la Biblia en una forma un poco distinta a como la interpreta Branham, atribuyendo a Dios su interpretación.  Que esto sea así, repito, es algo que sólo Dios conoce verdaderamente, y por lo cual sólo William Marrion Branham mismo dará cuentas.  Ahora bien, entre los que nos enfrentamos al hecho de esa declaración, e igualmente, a una declaración llana de la Escritura, nos toca escoger también responsablemente.  Yo personalmente prefiero repetir como está escrito simplemente.  Sé de varios que prefieren repetir como lo afirma W. M. Branham, usando la expresión oracular.  Veamos algunos ejemplos de este tipo de uso de la expresión Así dice el Señor, en asuntos de doctrina:
El 8 de enero de 1961 en Jeffersonville, Indiana, mien­tras enseñaba sobre el capítulo 4 de Revelación, William Branham declaró a lo largo de su charla:
"¡El trinitarianismo es del diablo!  ¡Lo digo como Así dice el Señor!  Mire de dónde viene; viene del Concilio de Nicea, cuando la Iglesia Católica llegó a estar en liderazgo.  La palabra "Trinidad" ni aun es mencionada en el entero libro de la Biblia.  Y tal cosa como tres dioses es del infierno.  Hay un Dios.  Es exactamente correcto".
Otro ejemplo lo tenemos en el registro de preguntas y respuestas sobre Hebreos, hecho el 6 de octubre de 1957 en Jeffersonville, Indiana.  Ante cierta pregunta de algunos hermanos sobre el asunto del velo y/o del cabello de las mujeres, W. Branham se aproximó al tema, y antes de leer y explicar con sus palabras el capítulo 11 de 1 Corintios, dijo:  "Escuchen bien de cerca, esto es Así dice el Señor..."
Y entonces leyó intercalando su explicación dejando en conclusión que la mujer se cubre solamente con el cabello.  También dijo más adelante que el hombre tiene el dere­cho legal de repudiar a su mujer si ésta se corta el cabello.  En mi caso personal, con toda la sinceridad de que soy capaz, yo sigo entendiendo al leer 1 Corintios 11, que además del cabello, cuando se trata de orar y profetizar, las hermanas deben cubrirse con un velo.  No entraré por ahora en explicaciones.  También hallo que la única salvedad para repudiar a su mujer, que dio el Señor Jesús, según Mateo 19, sería en caso de fornicación.  ¿Con qué autoridad podría yo repetir que cortarse el cabello es fornicación?  No lo hallo personalmente en la Biblia; sólo veo que si la mujer ora o profetiza sin cubrirse la cabeza, afrenta su cabeza, la cual es su esposo.  W. Branham entiende esta deshonra lo mismo como fornicación.

En otro lugar, en su famoso mensaje,"Señores, ¿es este el tiempo?", Branham viene hablando y explicando acerca de los mensajeros a las edades, entonces dice: "Eso es Así dice el Señor, tenemos eso claro..."  Y sigue enseñando en una atmósfera informal y usando sus propias palabras.
Todos estos detalles es muy necesario tenerlos en cuenta, pues hay ocasiones en que W. M. Branham usa la expresión Así dice el Señor en una forma generalizada, es decir, sin separar sus propias palabras de lo que sería la revelación; dándose el caso de cierta mixtura; como por ejemplo, durante la predicación de los Sellos, donde al final del libro, en una nota agregada al día siguiente a la predicación del séptimo sello, Branham dice:
"Entonces, ¿ven, amigos? Las visiones nunca fallan; siempre son perfectas.  La visión, luego la Palabra, junta­mente con la historia y las edades de la Iglesia, todo está ensamblado perfectamente.  Verdaderamente puedo decir según lo mejor de mi entendimiento, y según la Palabra de Dios, que la visión, revelación e interpretación de esto es Así dice el Señor".
La pregunta es: ¿se refiere tal Así dice el Señor a toda la predicación?  Por lo menos así lo entiende la mayoría de sus seguidores.  El Dr. Lee Vayle en su libro "El mensa­jero a la edad de Laodicea", dice en su edición en inglés, página 66:
"En marzo de 1963, del 17 al 24, este hombre recibió por revelación directa a través de la Voz hablando desde un Pilar de Fuego, la exacta y perfecta interpretación de los 7 sellos... La Voz que le habló explicando el significado era la misma Voz que dio a Juan el amado la revelación inexplica­da original".
Óscar Galdona, en el N ° 112 de su revista "Quitando el velo", sostiene:

"El hermano William Marrion Branham, como el profeta de esta edad, recibió la revelación de las 7 edades de la Iglesia (Apocalipsis 2 y 3) y de los sellos (Apocalipsis cap. 6) para darlos a conocer al pueblo para su preparación y para que no fuese engañado por el diablo.  Anteriormente tuvimos muchos comentarios e interpretaciones de estos mensajes de la Escritura, pero sólo Dios a través de un profeta podía revelar su verdadero contenido”.
Paul Jones, de Newstraitville, Ohio, predicando sobre el tema: "Cómo sabemos que los truenos han hablado", dejó registrada la siguiente declaración que demuestra la manera de tomar él las declaraciones de W. M. Branham en los 7 sellos:
"Profeta, te hemos creído hasta estos seis sellos, y sólo habla del séptimo y te lo creeremos.  ¿Ve?  Pero Moisés dijo:  Bien, tengo que esperar Así dice el Señor.  ¿Ve?  «Como fue entonces lo es ahora» dijo él.../...¿por qué clamas a mí?  ¿No he probado ya mi identificación?  ¿No te he dicho que te envié para ese trabajo?   ¿Ve?  Ese séptimo ángel iba a revelar todos los misterios. La Escritura dice que lo haría.  Ahora, cuando él se paró allá pudo haber dicho: He aquí una virgen concebirá.  Pero éste pudo decir: He allí, tu alma es la naturaleza del espíritu.  Nunca había sido escuchado antes, nunca lo había sido. Yo te creo, profeta; tú has sido vindicado. Yo sé que tu no puedes hablar algo a menos que sea «Así dice el Señor». Yo lo creo".
Por estas tres declaraciones que son representativas y hechas por prominentes líderes branhamitas, podemos ver de qué manera eran tomadas las declaraciones de W. M. Branham, y en especial las de los 7 sellos, de lo cual Branham mismo declaró:
"Yo creo que de todos los mensajes que he predicado, este (la Señal, 1‑IX‑63) ha sido absolutamente ordenado por Dios, exceptuando por supuesto los 7 sellos como comisión directa de Dios, y otras cosas, lo cual es directa­mente la Palabra..."

Entonces, es a todas luces inferible que las declaracio­nes en los 7 sellos son una especie de "Así dice el Señor" generalizado, que impresiona las conciencias y hace a los seguidores aceptarlo todo sin discriminación como de Dios.  Pero se presenta el caso de que durante tales diser­taciones, bajo ese “Así dice el Señor" generalizado, acon­tecen inexactitudes y errores que seguramente Dios no cometería; como por ejemplo, en la página l12 del libro en español,"El primer sello” dice:
“Usted sabe que Noé vigilaba bien a Enok, porque cuando Enok desapareciera, entonces él sabía que el juicio estaba a la mano".
Pero si tomamos la Biblia y hacemos concienzudamen­te el cálculo, nos daremos cuenta de que Enok ya había desaparecido muchos años antes de que Noé naciera.  Por lo tanto, ¿cómo aplicarle "así dice el Señor” a esa declaración personal de W M. Branham dentro del mensa­je de los sellos?  Durante las preguntas y respuestas de la serie de los sellos, el 24 de marzo de 1963, a la mañana, le preguntaron con respecto a una declaración suya hecha en "el primer sello":
"¿Dónde dicen las Escrituras que el catolicismo engañará a los judíos, y que ellos obtendrán sus riquezas?"
William Marrion Branham contestó a esa pregunta con motivo de sus declaraciones, así:
"Las Escrituras no hacen mucha referencia de que la bestia engañará a los judíos para obtener sus riquezas, pero estamos suponiendo que así será”.
De manera que es una suposición bajo un Así dice el Señor generalizado. Ahora bien, también durante "el primer sello" Branham había declarado:
"Y ahora en esta noche el Cordero está parado con el Libro en la mano y está empezando a revelarlo mientras entramos a este capítulo seis; ¡ojalá el pueblo tenga mente espiritual!..  El Libro enrollado con los siete sellos, está ahora siendo abierto por el Cordero; estamos llegando a ese lugar en esta noche. Que Dios nos ayude".

Todo esto, y en especial a partir de 1974 y desde Puerto Rico fue interpretado como la segunda venida de Cristo a la Tierra; el Ángel del Pacto en William Marrion Branham.
Vemos, pues, que es de suprema importancia examinar el alcance de esas expresiones oraculares en caso de inexactitudes o suposiciones del predicador. Toda revela­ción verdadera de la Palabra tiene que sostenerse dentro de la Biblia, tal cual ella lo habla.  Creo que tanto a Dios y a nosotros nos interesa la pureza.  El Espíritu Santo siempre confirma la letra de las Escrituras cuando las vivifica, pues la letra es la expresión de la revelación en forma escrita, y el Espíritu de ésta nunca dice cosa distinta a ella.  No quisiéramos hacer estas inevitables denuncias de una mala manera, sino con toda consideración y delicadeza, pero al mismo tiempo con la sinceridad nece­saria en aras de la verdad; pues debemos hacer evidente lo necesario.
En cierto lugar, bajo los sellos, se interpretó así al caballo blanco del primer sello; y su desarrollo progresivo en los caballos siguientes:
"Primero fue el anticristo, luego el falso profeta; después cuando el diablo sea echado, se encarnará en él.  Son tres etapas: primero es un diablo; luego es el falso profeta: maestro de doctrina falsa; luego será el diablo mismo encar­nado”.
En el cuarto sello dice:
"Las tres etapas de su ministerio lo hacen una sola persona: Satanás encarnado.  Fueron: el anticristo, el falso profeta y la bestia".
Junto con esto sería bueno considerar las Escrituras que hablan con respecto a la bestia y al falso profeta, que son dos y estarán al mismo tiempo: Apocalipsis 13:11‑18 junto con Apocalipsis 16:13 y Apocalipsis 19:20.

Entonces se hace evidente a nuestros ojos que bajo esos "así dice el Señor" generalizados, pueden aparecer inexactitudes, suposiciones, convicciones personales del predicador habladas en un tono normal de predicación, mezclado con el recuerdo de visiones, y aun con el sentido de la presencia del bólido de Fuego.   El vaso y el conteni­do se entremezclan, y es muy difícil determinar qué es qué. Todo esto ha llevado entre los seguidores a varias y diversas interpretaciones, algunas de ellas que ya rayan en declaraciones de anticristo, como son los casos de Laurei en India, Julio Alvarado en Bolivia, William Soto Santiago en Puerto Rico, y en una época Moisés Concha Miche en Perú.  Acerca de lo cual Branham mismo declaró que alrededor de su mensaje flotaban muchos espíritus de anticristo queriendo confundir a los hermanos.
El mandamiento de volverse a bautizar de nuevo, esta vez en el Nombre de Jesucristo, fue dado como Así dice el Señor, el 12 de noviembre de 1961 en Jeffersonville, distribuido en una cinta titulada: "Una verdadera señal que es pasada por alto".  Igualmente fue declarado como Así dice el Señor el que el apóstol Pedro nunca estuvo en Roma.  Esto fue proclamado el 17 de diciembre de 196l en Jeffersonville durante un mensaje titulado "Cristianismo versus idolatría”.
A tales declaraciones se suma la creencia en la infalibili­dad del profeta, que prácticamente reposa en las concien­cias, un tanto sobrecogidas, de muchos seguidores.  William Marrion Branham lo llegó a dar a entender con palabras como estas:

"Así dice el Señor, permanece por medio de Su Palabra que no falla y permanecerá y será vindicada.  Hay un profe­ta mensajero para esta edad.  Basándome únicamente en el comportamiento humano, cualquier persona sabe que donde hay mucha gente, aun también hay opiniones dividi­das acerca de puntos menores de una doctrina mayor, en la cual todos concuerdan; ¿quién, pues, tendrá el poder de infalibilidad, lo cual ha de ser restaurado en esta última edad?  Porque esta última edad volverá a manifestar la Novia de la Palabra pura.  Eso quiere decir que tendremos de nuevo la Palabra como fue entendida perfectamente en los días de Pablo.  Le voy a decir quién tendrá este poder.  Será un profeta tan cabalmente vindicado, o aun más cabalmente vindicado que cualquier otro profeta en todas las edades desde Enok hasta hoy; porque este hombre de hecho tendrá el ministerio profético de la piedra que coro­na; y Dios lo mostrará.  Él no necesitará hablar por sí mismo; Dios hablará por él por medio de la Voz de la señal”.  (Libro de las edades, página 370).
Claro está que esto era perfectamente una alusión a sí mismo que todos podrían comprender. Y se hace mucho más serio cuando entra en el terreno de "infalibilidad” aun en asuntos menores de doctrina.
Ahora bien, leemos de la Biblia en Romanos capítulo 14, que recibamos al débil en la fe sin contender sobre opiniones, pues uno cree así y otro asá en asuntos de menor importancia; para lo cual, sin juzgarnos ni menos­preciarnos unos a otros, debemos dejar que cada uno esté plenamente convencido en su propia mente, haciéndolo para la gloria de Dios, el Único Juez que juzgará, y para Quien vivimos.
Los escritos de Pablo conservamos hasta hoy, y la eficacia del Nuevo Pacto igualmente; no seremos dejados huérfanos ni hasta el fin del mundo. Tenemos un solo Mediador: a Jesús el Cristo.
El 30 diciembre de 1962 en Jeffersonville, disertando sobre "el absoluto", se le deslizó a Branham la declaración:
“El Absoluto de la mujer era el profeta; el Absoluto del profeta era Dios.  Hoy veo la misma situación".
Esto, junto con el contexto de la segunda mitad del mensaje, colocaba a W. M. Branham como una especie de mediador; de manera que llegó a serlo realmente así en la conciencia de varios.  Mario Pérez, ministro portorrique­ño declaró:
"El hermano Branham es mi Absoluto."

Igualmente, Óscar Candelario, confundido como yo en un tiempo, oró al final de un servicio donde se trataba del lugar escogido de Dios para adorarle, diciendo que lo hacía a través del mensajero y santo profeta en quien se suponía estaba el Nombre Nuevo de Jesús: William Marron Branham.  Estas dos últimas declaraciones las escuché yo mismo en grabaciones distribuidas por Latino­américa.
Lastimosamente tenemos el ejemplo de varios grupos que se hicieron heréticos por no tomar a la Biblia directa­mente por Jesucristo, sino a través de otra lupa.  Los mormones la miran a través de José Smith; los adventistas a través de Elena G. de White; los católicos a través del papa; Ciencia Cristiana a través de Mary Eddy Baker, etc.  Cada intérprete se constituye en alguien, argumentando ser el único canal escogido; pero "maldito el hombre que confía en el hombre".  Cada uno es responsable de con­fiarse exclusivamente a Jesucristo.  También la Escritura declara que el crecimiento espiritual en amor y verdad que Dios otorga al Cuerpo es en la armonía de éste, entre todas sus partes y entre sí, en virtud de Cristo.

En el Cuerpo hay una sola autoridad innata, y es la de la Cabeza; los demás somos miembros entre sí con apenas autoridad delegada; es decir, como canales de la Única Autoridad de Cristo cuya plenitud es en el Cuerpo, el cual, de sí mismo y aparte de Cristo es nada.  Nadie tiene autoridad en sí, excepto Cristo.  Toda la autoridad que pueda manifestarse es únicamente en la medida en que Cristo mismo sea manifestado, y esto siempre establece la Escritura en lugar de prominencia.  No es porque alguien importante diga algo, lo que constituye a ese algo en verdadero; al contrario, es eso verdadero en sí, lo que hace alguien a quien lo sostenga.  No es por ser un hom­bre tal o cual, lo que hace verdaderas sus palabras.  Las palabras verdaderas o no, lo son en sí mismas, indepen­dientemente del hombre que las diga. Cuántas veces se ha equivocado el hombre por atribuir autoridad a los errores de personas importantes; y cuántas veces ha errado también al no ver la autoridad inherente de la verdad en personas consideradas insignificantes. No hace el hombre a la verdad, sino que la Verdad hace al hombre. Que nadie piense que algo es verdadero porque lo dice un hombre. Esa prerrogativa pertenece solamente a Jesucris­to, el cual fue la Verdad antes de hacerse hombre. El Verbo que estaba con el Padre y que se hizo carne; inde­pendientemente de Él nada podemos hacer. Que tampoco se piense que algo es necesariamente falso porque no lo dice así fulano de tal.
Vemos, pues, hasta aquí los distintos énfasis que apare­cen en este primer grupo no clasificado de declaraciones, que es el que mayormente condiciona las conciencias de los seguidores. Hay también un segundo grupo, que aunque en boca de W. M. Branham es apenas su opinión personal, es sin embargo en boca de varios de sus segui­dores "regla de fe", llegándose en muchos casos a imitarse incluso las condiciones de culto del tabernáculo Branham de Jeffersonville, y pretendiéndose imponer en otras localidades, violando así la soberanía de la administración local de las iglesias como se muestra en la Biblia. Se pedía uniformidad aun en el asunto de colocar la fotografía con el halo de luz, o la de la nube, en los salones de reunión. No obstante, W. M. Branham en varias ocasiones declara­ba expresar simplemente su opinión. Por ejemplo, en la serie de reuniones de preguntas y respuestas registrada en el mes de agosto de 1964, aún después de predicar los sellos de lo cual se sostenía era la plenitud de1a Palabra, W. M. Branham declaró:

"Ahora bien, si la pregunta no te satisface, entonces quizás yo he cometido un error; ¿ven? yo pude haber cometido un error, porque estas cosas son sólo lo mejor de mi entendimiento. Y quiero que los ministros puedan tener su congregación... quiero que la congregación entienda que esto es sólo nuestra enseñanza aquí en el tabernáculo. No estoy tratando de forzarla sobre ningún grupo de gente. Quiero ser un cristiano en mi corazón que enseño lo que creo.  Permanezco en ni convicción; si me comprometo en eso soy un traidor a Cristo y un hipócrita delante de uste­des.  Debo permanecer fiel en lo que creo ser la verdad. Pero cualquier otro hombre tiene el derecho de hacer lo mismo. Dios es el Juez de todos nosotros".
Más adelante, después de una respuesta, muy buena a mi juicio personal, la concluye, sin embargo, diciendo:
"Ahora, hermano, eso puede que no esté correcto. Si no lo está, entonces lo obtendremos en otra ocasión..."
Por causa del sobrecogimiento de las conciencias, muchos pensaban y difundían que quien opinara diferente a W. M. Branham no podría ser salvo, o por lo menos, no sería la Novia escogida para ser raptada; entonces le hicieron la pregunta: "¿Qué acerca de la gente que cree en el Señor y no en la forma como usted predica para este mensaje del tiempo del fin? ¿serán salvos?" Él respondió que no por decirlo él debieran creer, sino por ser la Biblia; en esta ocasión colocó, pues, la autoridad en la Biblia y no en sí mismo.  Muchas veces declaró apenas opinar y comer pastel de cereza mientras el otro comía de manza­na; sin embargo, los dos comían pastel y permanecían juntos a pesar de las diferencias. Lastimosamente el pueblo no lo tomaba en el mismo espíritu, sino que con actitud dogmática se pretendía imponer un cierto entendi­miento; pero esto es lo común en cierto nivel del creci­miento espiritual. Nos agrada, sin embargo, saber que W. M. Branham hizo la siguiente oración que seguramente fue escuchada si se hizo con sinceridad y en el Nombre de Jesucristo:
"...y si he cometido un error, Señor, Tú conoces mi cora zón; no era mi intención hacerlo. Ruego, Dios, si hay algo mal, que nunca, nunca lo dejes continuar; que se detenga la cinta. No me dejes engañar a nadie, Señor. Permíteme ser tu siervo fiel, por cuanto ese es todo el deseo de mi corazón." (Jeffersonville, Agosto 23 de 1964).

Creo que esta oración es sincera. Sé que muchas veces el hombre es capaz de tomar la forma aparente de humil­dad, sinceridad y generosidad, para esconder un deseo secreto de aparentar espiritualidad con el fin de atraer hacia sí la admiración de los demás, pero en este caso, yo creo personalmente que la oración fue una preocupación sincera ante la magnitud de inquietudes que reflejaban las preguntas por causa de la manera de tomarse ciertas declaraciones.
El Tercer Grupo clasificado de declaraciones en el mensaje de W. M. Branham, es el de opiniones diversas según la época en que fueron proferidas. Es de mucha importancia observar la fecha de las declaraciones, pues muestran el desarrollo progresivo de su pensamiento y actitud.  En 1961 durante el mensaje "El Trono", y en1962 durante el mensaje "La más grande batalla jamás pelea­da", se refiere en el siguiente orden a la composición del hombre: espíritu, alma y cuerpo. Sin embargo, después, y principalmente en los mensajes predicados en su último año de vida, 1965, el orden presentado es: alma, espíritu y cuerpo, llamando al alma: la naturaleza del espíritu, y aplicando a éste lo correspondiente a la psiquis. Años después, Paul Jones, siguiendo atentamente las declara­ciones de Branham en lo referente al alma, formuló la doctrina de las dos almas: la vieja y la nueva. No todos estuvieron de acuerdo con esa interpretación; pero fue abiertamente extraída de los folletos. Yo mismo, en 1976, influenciado por las lecturas de Paul Jones, o entresacan­do como él citas de William Marrion Branham, me adherí a esta interpretación, de la cual me retracté poco más de un año después; me ayudó mucho en un mejor entendi­miento del asunto, la enseñanza bíblica de Nee To Sheng, especialmente la contenida en su libro "El hombre espiri­tual".

Otra enseñanza que sufrió modificación en el mensaje de W. M. Branham fue la referente a las 70 semanas de Daniel. A mediados de 1961, Branham esperaba obtener un Así dice el Señor al respecto de ese tema. En ese tiempo predicó una serie titulada: "Las 70 semanas de Daniel", donde en definitiva sostuvo que aún quedaba todavía faltando por cumplirse una semana. Se hizo un dibujo que se imprimió y se repartió, ilustrando así la cosa. Después enseñó que la mitad de la última semana se había cumplido en el ministerio de tres años y medio del Mesías, y que restaban solamente tres años y medio de la gran tribulación. En 1961, el 6 de agosto declaró:
"Y una semana restaba, una semana todavía está determinada". (Las 70 semanas, pág. 109).
Luego en la página 129 del mismo libro dice:
"En el momento en que Él comienza esa septuagésima semana o 7 años, la Iglesia se ha ido”.
Sin embargo, en 1964, el 30 de agosto en Jeffersonville durante una reunión de preguntas y respuestas, un herma­no, refiriéndose a estas declaraciones, acotó:
"Hermano Branham, cuando diste el mensaje acerca de las setenta semanas de Daniel, creo que mencionaste que toda la última semana, o últimos 7 años comenzarán cuando la Novia sea arrebatada en el rapto."
Entonces W. M. Branham respondió:

"No, no, no, no, no, no, no, no; captaste eso mal. ¿Ven?  No todos los 7 años. La semana comenzó cuando Jesús vino a la tierra. Él dijo: el Mesías Príncipe vendrá y profetizará y será quitado a la mitad de las 7 semanas. Y Jesús predicó exactamente tres años y medio, lo cual es la mitad de los 7 años, los 7 días, semana, días de semana. ¿Ven? y quedan tres años y medio... Y es una pregunta muy buena; pero, ¿ven? No captaste justo lo que dije. Nunca he creído que aquí estarían todas las 70 semanas. El Mesías es quitado. ¿Cuántos recuerdan eso al predicarlo aquí? ¡Ciertamente! ¿Ven? 7 años... pero creo que te confundiste un poco en lo que dije. ¿Ven? Cuando Jesús entró a Jerusalén entró directo y fue crucificado. Él profetizó la mitad de la semana 70, que es 3 años y medio. Fue quitado y su alma sacrificada. Hay aún 3 años y medio prometidos para los judíos. Y durante ese tiempo fue un recogimiento de los santos para el rapto, la iglesia".
Vemos, pues, que a pesar del lapsus lingüístico de la respuesta de 1964, se entiende que ahora opina diferente a como lo expresó en 1961, dando incluso a entender que quien se equivocó fue el hermano, aunque éste no hizo sino repetir lo escuchado en la cinta. Los sellos cobijan bajo un Así dice el Señor generalizado la opinión de 1964.
Pienso que no debemos ser muy severos en el juicio de estos errores de opinión en asuntos de conjetura y gramá­tica; pero hacemos notorio el caso para ayudar principal­mente a aquellos que ciegamente se aferran a declaracio­nes humanas e informales, y las toman como absoluto así dice el Señor, enredándose a sí mismos y a otros. Sólo con el fin de ayudar a éstos, y no de juzgar a aquel, es que hacemos notorias estas cosas; no nos mueve el motivo de apuntar el dedo acusando, sino más bien el de extender la mano ayudando.
El Cuarto Grupo de declaraciones estaría, pues, confor­mado por aquellas declaraciones inexactas y erróneas que se considerarán, Dios mediente, en los capítulos referentes a peculiaridades doctrinales. Este ha sido, pues, hasta aquí el panorama estratificado hallado en el mensaje de Wi­lliam Marrion Branham, de mi parte, habiéndole escudri­ñado responsablemente, según creo, por varios años. Comparto, pues, así mi visión de sus expresiones; es una clasificación según el énfasis de sus declaraciones que es necesario tener en cuenta para no hacerle decir lo que no dijo, o para no decirlo en otro espíritu al dicho por él. He mostrado, pues, también algunas citas especiales para evidenciar mi clasificación, de manera que pueda ayudar a aquellos que, por un lado lo rechazan todo prejuiciada­mente, o por otro lado, lo consideran todo cual tabú fantástico, infalible; lo cual también constituye un prejuicio a favor.


[1]Este capítulo fue escrito en Ciudad del Este, Paraguay, marzo de 1981.

(6): LA MUJER, EL SEXO Y LA CAÍDA


Capítulo VI

LA MUJER, EL SEXO Y LA CAÍDA[1]

En la consideración del tema de los orígenes existe le necesidad de moverse con suma delicadeza, pues es a partir de allí desde donde se desarrollan las posiciones ulteriores.  Si fallamos en la perspectiva de los orígenes, queda comprometido todo el resto de nuestra visión; si nuestra interpretación del Génesis está errada, queda afectada toda nuestra actitud hacia temas tan importan­tes como la redención misma.  Si malentendemos el comienzo del pecado, estamos en peligro de malenten­der también los alcances de la liberación de éste por medio de Jesucristo.  Es por ello que los ataques de Satanás pueden observarse muy a menudo en esta área.  Si caemos allí, comenzamos a caer en todo lo demás.

El cristiano mira hacia el principio por medio de Jesucristo, quien resucitó históricamente para demostrar que tenía el dominio del asunto. Nadie, sino Él, ha salido airoso en el asunto de la muerte y del pecado; por lo tanto, la fe del Hijo de Dios y Su consideración especial del asunto de los orígenes en el libro del Génesis, es nuestra única guía segura e infalible; infalibi­lidad demostrada en Su resurrección histórica.  Escoge­mos pues definitivamente renunciar a toda conjetura propia o ajena acerca del principio, y nos confiamos absolutamente en el único Dios revelado en Cristo Jesús, el cual ha honrado Su Palabra. Si escogemos creer como el Hijo de Dios, y recibimos gracia para eso, debemos aceptar Su interpretación histórica del libro del Génesis.
Así que comenzamos declarando primeramente que lo relatado en Génesis es primordialmente historia; lo que haya de alegórico o profético en él, está supeditado a su realidad histórica. La historia real puede servir de tipo, como es común en el trato didáctico de Dios con la humanidad diseñada por Él para entenderle en su manejo; sin embargo, antes de usar el Génesis como figura, debemos aceptar, como Jesús, la historicidad de sus relatos inspirados. De manera que se hace necesario atender al significado exacto y literal de las palabras, dejando la posibilidad de una interpretación alegórica o profética, como algo posterior.

Claro está que Dios, el diseñador de todo y partícipe principal en la historia, tenía en cuenta todo lo relacio­nado a la alegoría, pero a ésta la edificó sobre hechos reales históricos que pudiesen proyectar su sombra didáctica.  Reconocemos también, y con gratitud, los principios inmutables de un Dios eterno, manifiestos en sus usos de la historia, la profecía y la alegoría; pero repetimos, sus manifestaciones comienzan con una historia literal.  Cuando Él se mueve, hace historia, y entonces con ella enseña acerca de Sí mismo y Sus propósitos; ese es el sello divino que puede observarse tanto en la naturaleza como en la historia.  De manera que podemos acudir a la realidad objetiva de la natura­leza y de la historia sabiendo que Dios no nos engañará con ellas.  Así que aceptamos a Dios, con albricias, como nuestro Maestro de ciencias e historia.  Él da la directriz inicial, y con ella nos enfoca directamente en la respuesta correcta.
El hombre recibe de Dios, pues, en su estructura la facultad de creer; que escoja, crea, y recibirá mayor gracia.   Dios ha hablado; hay suficientes elementos de juicio para discernir; tornémosnos de nosotros mismos a Él, por Sus testimonios.  ¡Que nuestros ánimos enfer­mos no nos priven de la perspectiva divina!  ¡Que la prudencia sea usada con respecto a nosotros mismos!  A Mario Bogado en Paraguay escuché decir que el documento más certero acerca de la caída está en nuestro ser.  La verdad es que nuestra condición caída está confirmada en el relato bíblico.  El relato del Génesis nos explica esta realidad ineludible que se llama el mal moral. ¡Bienaventurada la inocencia de los animales y de la creación irracional y amoral, pues será redimida sin elección propia!  Pero el hombre es respon­sable; su dignidad es sublime y terrible. ¡Loado sea Yahweh‑Elohim que le creó!  ¡Honrado sea el Hijo que redime!

Descendemos entonces a abordar las condiciones del principio y la caída original tal como se nos presentan en las Sagradas Escrituras; ellas están escritas de la manera que Dios quiere que se lean y se entiendan; es por eso que en este examen de los aspectos branhamitas me veo en la necesidad, por causa de las Escrituras y la conciencia, de disentir respetuosamente, pero al fin y al cabo, disentir, con William Marrion Branham en su presentación de los acontecimientos de la caída.
En primer lugar, William Marrion Branham presenta la caída como plan deliberado en la economía de Dios para manifestar Su atributo salvador, lo cual en cierto modo le hace cómplice de la caída. Sostengo que la caída del hombre no fue plan deliberado y necesario de Dios, sino simplemente asunto preconocido, permitido y remediado desde la eternidad en Sus atributos eter­nos.  La caída no es necesaria a Dios, pero sí le es necesario a la caída, como a todo lo demás, servir a Dios por absoluta fuerza mayor, ante la soberanía absoluta del Altísimo y perfectísimo Todopoderoso y autosuficiente. Dios es autosuficiente en Sí mismo y no tiene necesidad de nada.
Dice Branham (Las edades, pág. 109):
"Dios siendo un Salvador, fue necesario que predestina­ra a un hombre que necesitara salvación para así darse razón y propósito de existencia".

Entonces cita a Romanos 11:36, donde dice que todo es de Él, por Él y en Él. Pero sostengo que aunque todo lo necesita a Él, Él no necesita nada, pues Él es suficien­te en Sí mismo eternamente y en Su existencia trascen­dente antes de la creación. La creación fue un acto de amor y no una necesidad.  Dios no puede necesitar lo que no tiene ser. La razón y el propósito de la existencia de Dios está en Sí mismo, y no en la nada de la cual necesite crear.  Las ideas de las cosas en la mente de Dios no hacen a Dios.  Dios no es hecho, Dios es eterno, personal y trascendente, y es amor; y en Su amor eterno, idea y entonces crea. Dios idea con absoluta libertad y conoce todas las posibilidades creadas y las controla.  Dios se mueve de la esencia de Su amor; crea conociendo la posibilidad de la caída, pero redimiendo por medio de Sí mismo, consuma Su amor que no puede ser impedido, como tampoco puede serlo Su ira. Todo lo hace de Sí y para Sí; y si es de Sí, entonces no necesita nada; y puesto que es para Sí, todo necesita ser de Él.  Dios no necesita al hombre, pues el hombre es hecho de Él.  Dios no necesita salvar, pues salva de Sí, siendo salvador en Sí a plenitud; no necesita desplegar­se para ser; es en Sí el principio y el fin, el alfa y la omega, el primero y el último; como está escrito:
"24El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, 25ni es honrado de manos de hombres, como si necesitase algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.  28Porque en él vivimos y nos movemos y somos” (Hechos 17:24,25, 28a).
Dios lo conoce y lo controla todo; y las posibilidades que Él permite le sirven indefectiblemente, mas sin agregarle nada ni restarle nada; condesciende a utilizar, no porque necesite, sino por amor que llama a partici­par, voluntaria y no obligatoriamente; no teme porque tiene remedio para todo; no necesita porque es pleno.

Es en base al entendimiento de William Marrion Branham que éste presenta a la mujer como el instru­mento diseñado por Satanás para la caída. Si la caída era un plan provocado por Dios, y no simplemente algo que Dios permitió y remedió conociéndolo anticipada­mente, entonces surge la necesidad, según William Marrion Branham, de una criatura diseñada especial­mente para caer; y esto es precisamente lo que W. M. Branham afirma de la mujer, comprometiendo, a mi modo de ver, el carácter de Dios y la declaración de las Sagradas Escrituras. En su mensaje "Divorcio y casa­miento" (Jeffersonville, febrero 21 de 1965), William Branham dice:

"No hay nada diseñado para ser tan engañoso como una mujer, la cual es engañosa... ella no estaba en la creación original en el principio... no hay nada diseñado que pueda inclinarse tan bajamente como puede hacerlo una mujer... ella está diseñada de esa forma. Ella está diseñada para hacer eso... ella está diseñada sólo para suciedad y vida inmunda... su diseñador, Satán, está aún trabajando en ella en estos días finales... y Satán está realmente trabajando en ella hoy, porque él es su diseña­dor... ese es su diseñador... Satán es el que diseña esa clase de belleza... Satán es el diseñador de ella... y así es porque a la mujer le fue dada esa belleza, para engaño... esa es la forma en que Dios la diseñó... ¿Por qué permitió Él que fuese diseñada así?... Él tuvo que hacerlo de esta manera. Tenía que estar ahí... Él no puede ser un Salvador a menos que algo esté perdido... si no hubiese ninguno perdido, Él nunca hubiere sido un Salvador. Así que tiene que haber algo perdido... Y el hombre a su propia imagen, ¿cómo podía caer?... Así que Él tuvo que hacer un producto anexo, algo fuera de la creación original. Entonces eso es lo que cayó... y es puesta acá en las manos de Satán como un vaso de deshonra... ¿Por qué Él no la hizo de ese modo en el principio como al resto de hembras? porque sería impropio para Él. Él es la fuente de toda pureza. Esa es la razón por al cual Él tuvo que permitir que Satán echara un agarre de ella; lo cual hizo en la perversión. Tal criatura sería, no sería propio para Él, para lo cual fue originalmen­te diseñada... la naturaleza está diseñada tan así que no puede pecar... la creación original de Dios no podía pecar... aquí está una criatura que viene a existencia por una perversión... Él hizo a esta criatura en esa forma y la modeló para que Satán pudiese echarle un agarre... si Él hubiese hecho a la mujer en la misma creación original, no hubiese pecado porque ella no podría haberlo hecho... ella es una perversión de la creación original... solamente un pedazo, un fragmento hecho de un hombre por medio del cual engañarlo a él. Dios la hizo. Aquí mismo lo ha proba­do. Para eso fue que ella fue hecha... ¿Para qué fue ella hecha en esa forma? Para engañar... ella fue hecha para engañar como lo hizo con Adán en el principio... por medio de su belleza y su control de sexo, su figura que le fue dada por Satán (el coproducto que Satán hizo), ella es enviada para engañar... estaba en el plan de Dios desde el principio... ella lo hace porque está hecha de esa manera... un instrumento en las manos de Satán. Eso es lo que ella es... Entonces la mujer fue hecha diferente de todos los otros animales, para engañar”.
He entresacado, pues, las reiteradas declaraciones de William Marrion Branham que muestran su opinión de la mujer, pero, ¿concuerda eso con las Sagradas Escritu­ras y el carácter de Dios? ¿Qué dice la Palabra?

27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multipli­caos...31Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:27-28,31). 18Y dijo Yahveh Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.  22Y de la costilla que Yahveh Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:18, 22).
Leemos, pues, que Dios hizo a la mujer en el mismo día que a los animales y al hombre; el sexto día, y fue hecha junto con todo lo demás, buena en gran manera.  No hay en este ni en ningún otro pasaje de la Biblia indicación alguna de que Dios haya permitido a Satán diseñarla antes de la caída. El propósito de Dios al hacerla queda declarado expresamente: “Le haré ayuda idónea para él”.  Ayuda idónea, buena en gran manera hecha por Dios, no es nada diseñado por Satán para engañar. Todos los pensamientos de Dios son eternos; también el Suyo acerca de la mujer, hecha buena en gran manera, como todo lo demás.
Pero aquí llegamos a otro punto en el cual disentimos con William Marrion Branham, y es acerca de su consideración del sexo.  En su mensaje “La simiente de la serpiente” (Jeffersonville, septiembre 28 de 1958), página 22, dijo:
“¿No es una mujer un árbol de fruto? ¿No es usted el fruto de su madre? ¡Esa es la fruta que fue prohibido ser tomada!”

En “Divorcio y casamiento” (página 36) dice:
“¿Era ella un árbol? seguro que Él lo dijo:  No comerás de este árbol. Dios dijo allá atrás en Génesis:  No comerás de este árbol.  Claro, la mujer es un árbol.  Ella es un árbol de fruto.  Y dice más: Ahora la multiplicación de Adán y Eva fue a través de sexo para henchir la tierra, pero en el principio no fue así”.

Veo, pues, que tal opinión no es exacta con respecto a las Escrituras. En primer lugar, fue Dios mismo quien les hizo varón y hembra; es decir, dos sexos complemen­tarios. Y no habla simplemente del espíritu masculino y femenino como dice W. Branham, sino de sus cuerpos también, pues les es dicho que las semillas y árboles les son para comer. Además Dios mismo los casó bendi­ciéndoles, y Él mismo les ordenó fructificar y multiplicar­se; eso no era por la palabra, según W. M. Branham, sino por el sexo, diseñado bueno por Dios para disfru­tarse dentro del matrimonio, pues dice la Escritura que Dios le trajo a Adán, su mujer Eva, y ésta fue carne de su carne y hueso de sus huesos, y dejaría por lo tanto el hombre a su padre y a su madre y se uniría a su mujer, y serían una sola carne. La mujer no fue, pues, el árbol prohibido, ni su fruta fue prohibido ser tomada. El árbol de la ciencia del bien y del mal ya estaba en el huerto antes de la formación de Adán, y a éste se le prohibió antes de la formación de Eva; luego le fue traída Eva, y los bendijo Dios y les mandó multiplicarse y llegarían a ser una sola carne, y no se avergonzaban. De manera que la mujer no le fue prohibida a Adán su esposo, sino por el contrario, fue traída a él para ayudarle y para multiplicarse. Me parece absurdo que Dios les diga claramente multiplicarse y al mismo tiempo les prohíba lo mismo en forma de parábola.

Eva no era el árbol prohibido; éste ya estaba en el Edén antes de ella. Eva sí estaba en la creación original, pues fue hecha el mismo sexto día en que fueron hechos los animales y el hombre. Y todo era bueno en gran manera, incluso el sexo.  Eva no fue diseñada para engañar a Adán. “Adán no fue engañado”, dice la Escritura.  Allí donde está escrito “árbol del conocimien­to del bien y del mal”, debemos leerlo así, y no “sexo” ni “adulterio”.  Adán pecó por comer deliberadamente, sin ser engañado, del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.  Adán no pecó por tener a Eva por mujer sino por desobedecer a Dios.  Por él, dice Roma­nos 5:12 y 1 Corintios 15:22, entró el pecado y la muerte a todos los hombres. Eva fue engañada, pero no Adán (1 Timoteo 2:14).  Adán pecó deliberadamente.  Ahora bien, declarar como W. M. Branham, que la creación original no podía pecar, es decir, que Adán no podía pecar, ni los ángeles, ni el querubín protector, mas lo hicieron, es contradecir los hechos. Lo perfecto no es lo automático.  Yo alabo a Dios por la perfecta respon­sabilidad moral otorgada a las personas de entre Su creación.  Ángeles y hombres fuimos hechos libres y perfectos, pero existía la posibilidad de pecar y desobe­decer; he allí la profunda altura del amor de Dios y de la dignidad otorgada al hombre: era libre y no estaba obligado como un autómata a obedecer.  Y triste es decirlo, ¡cuán vil!  ¡De aquella altura se despeñó volun­tariamente y responsablemente en pecado!  Adán pecó y estaba en la creación original, hecho apenas un poco antes de Eva el mismo sexto día.

W. M. Branham continúa diciendo que a partir de la caída Dios estableció otro pacto con la naturaleza: la reproducción por sexo, incluida la poligamia en hom­bres y animales hasta el Milenio (Divorcio y casamiento, página 34, etc.).  Pero debo acotar que antes de la caída ya había sido creado el sexo, bueno en gran manera; Dios ya había dicho al hombre multiplicarse y fructificar de la misma manera como en el quinto día de la creación lo había ordenado a los peces y a las aves; también a los animales y bestias sobre la tierra hizo según su género.  La caída produjo la maldición de la naturaleza y la contaminación del pecado en la humani­dad; la muerte y el pecado entraron, y con ellos las espinas y abrojos; pero el sexo ya estaba hecho bueno en gran manera antes de la caída.  El maravilloso milagro de la reproducción no fue un castigo sino un plan original; el castigo consistió en la vanidad y la muerte, el dolor y el sudor, el nacer para morir, volver al polvo; la creación fue sujetada a vanidad por causa del que la sujetó en esperanza, al decir de Pablo.  Pero el sexo era el plan deliberado de Dios para poblar la tierra antes de la caída.  La poligamia y el repudio fueron producto de la dureza del corazón del hombre, y por tal causa Moisés lo permitió; mas Jesucristo apuntó de nuevo al plan original: "En el principio no fue así".  "Lo que Dios juntó no lo separe el hombre" (y habla en presente).  "Ya no son más dos sino una sola carne".[2]
Y los discípulos volvieron a preguntarle en casa acerca de esto que había respondido a los fariseos, y les dijo que quien repudiare a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera.  Marcos 9:11 y Lucas 16:18 declaran lo mismo que Mateo 19:9, excepto la salvedad.  Tal salvedad:  "Por causa de fornicación", es expresada en el contexto de la pregunta acerca del repudio.  Dios aborrece el repudio, dice por Malaquías 2:16, y sólo le sería permitido al hombre repudiar en caso de fornicación. "El marido no abando­ne a su mujer", manda el Señor por mano de Pablo (1 Corintios 7:19).
Es por esto que me parecen inexactas las declaracio­nes de W. Branham en su tema de Divorcio y casamien­to, pues, primero, no cita en tal tema los dichos de Jesús en Mateo 19:9, Marcos 9:11; y Lucas 16:18; y segundo, da lugar a que sus seguidores se agarren de sus expre­siones pera justificar repudios y adulterios.
Dice W. M. Branham en su mensaje citado sobre el tema:  "Nada dice que él no pueda" (hablando de recasa­miento; pero, ¿y Marcos 9;11 y Lucas 16:18?).
Y en la página 40 dice: "Un hombre puede repudiar a su esposa y casarse con otra".
Y en la página 41:  “Noten, él puede repudiar a su esposa en cualquier momento que él desee”.

En el contexto, Branham no aclara que el hombre sólo puede repudiar en caso de fornicación, según la única salvedad.  William Branham inclusive extiende esto al recorte de cabello por parte de la mujer, ense­ñando que si esta lo hace, puede ser repudiada, y el marido casarse con otra. En 1954 dijo que en tal caso no podía recasarse; luego dijo que sí. Si en su corazón Branham quería decir otra cosa, es decir, ser más exacto y restringir el repudio y recasamiento a la salvedad de Mateo l9:9, no lo sabemos, pero la expresión dicha e impresa abre las puertas no sólo a malentendidos, sino por consecuencias, también a divorcios, adulterios e incluso poligamia; conozco casos particulares.
Tengo que decir, para ser equilibrado, que sí estoy de acuerdo con Branham específicamente en el caso de la mujer separada.  Según las Escrituras, el Señor dice a la mujer que no se separe del marido, y en caso de hacerlo debe quedarse sin casar o reconciliarse con su marido, pues si se une a otro varón será llamada adúltera.  William Branham dice que esto lo dice de la mujer, y en esto estamos de acuerdo, pero en esto no:  Branham dice que no lo dice del hombre; pero Marcos 9:11 y Lucas 16:18 hablan del hombre específicamente tam­bién.  La única salvedad para repudiar es dada en Mateo 19:9, solamente en caso de fornicación.

Es verdad que a la mujer separada le dice expresa­mente que no lo haga, que no se recase con otro; excepto en el caso único de la salvedad; Dios aborrece el repudio y aconseja el perdón, aunque comprende en tal caso.  Dios no le manda recasarse al hombre, y le prohíbe hacerlo en caso de repudiar sin haber causa de fornicación; si en ese caso, sin fornicación de la mujer, el hombre repudiare y se casare con otra, adultera.  Si ella fornica, pues entonces el hombre recién allí tiene derecho a repudiarla.
Si aquellas frases de W. Branham consignadas arriba con respecto al recasamiento, se referían simplemente restringidas al caso de un hombre deshonrado por fornicación de su mujer, no lo sabemos con exactitud, pero la manera como están expresadas, citadas en sus contextos inmediatos, dan lugar a malentender la Escritura y a entrar en adulterio y poligamia.  Que hubo poligamia en la Biblia, en el Antiguo Testamento, y que la hay en la naturaleza animal, no lo podemos negar; pero descansar en eso y pasar por alto el plan original de Dios al cual apuntó Jesús llamándonos a él, es malentender el deseo del corazón de Dios.  Ahora bien, eso sí, necesitamos tener un corazón henchido de misericordia y comprensión, cual Jesús, y obrar en Cristo como Iglesia que tiene en Él, y sólo en Él, no en la carne, potestad de atar, y desatar, que no significa contradecir a Jesús.

Existe aun otra sutileza. Jesús dijo que quien repudia ilegítimamente a su mujer y se casa con otra, adultera.  ¿Cuál sería el acto, pues hay dos: repudio uno y recasa­miento otro, que haría consistir en adulterio la acción del hombre? ¿acaso el repudio?  Si él repudia, es responsable de exponer a su esposa al adulterio, como lo da a entender Mateo 5:31,32; pero él aún no ha adulterado hasta no recasarse; pero si el que repudia ilegítimamente se casa con otra, adultera. Entonces es el recasamiento y no el repudio el acto que hace a un hombre adúltero.  Esto afecta a la poligamia, que consiste en recasarse sin haber repudiado.

A partir de la interpretación que le dio Paul Jones al mensaje de W. M. Branham, la puerta quedó abierta para la poligamia incluso de los obispos, a quienes aún en aquellos tiempos de transición intertestamentaria se les concede ser maridos apenas de una sola mujer.  Algunos de esa corriente poligámica del movimiento branhamita, que tiene varias corrientes, querían dar a entender, intentando eludir los dichos de Jesús según Mateo 19:9, Marcos 9:11 y Lucas 16:l8, que si el hombre se casa con otra sin repudiar a la primera, no adultera, pues suponían que no cabía esto en la gramática del texto, que dice: "el que repudia y se casa con otra, adultera".  Ellos preguntaban afirmando:  ¿Pero el que se recasa y no repudia? Querían decir que no adultera­ba en la práctica de la poligamia.  Pero repetimos: Qué hace al adulterio del varón: ¿su repudio de la legítima esposa, o su recasamiento con otra?  Cuando Jesús dice "otra" no lo limita a una ajena; otra es "otra", aunque sea virgen y libre.  No hay necesidad de decir que casarse con la de otro es adulterio; ¡Es adulterio!  Pero recasarse con otra, aunque sea virgen, es también adulterio contra la primera; eso precisamente es lo que registra la martillada cita de Marcos 9:11, pues la palabra "otra" abarca a cualquier mujer, virgen o no, libre o ajena.  Solamente hay excepción en la Palabra cuando se pregunta por recasamiento de un cónyuge afrentado por fornicación de su cónyuge (Mateo 5:32; 19:9). Cada cual es responsable en su manera de interpretar.  No se ordena repudiar, pero se permite dar carta de divorcio en este solo caso.  ¿Y entonces? Dios mira el corazón.

La Iglesia tiene ésto en sus manos, y ella, la Iglesia, ¡es responsable!  No se contempla ningún caso en que explícitamente, y lo repito, explícitamente, la mujer tenga derecho de repudiar a su esposo. Pero tácitamen­te se aplica la excepción cuando existe causal legítima de divorcio por adulterio del marido y en caso de marido incrédulo que se separa; dice Pablo (1 Corintios 7:15)  el cónyuge afectado no queda sujeto a servidum­bre.  Respecto de separación, que es menos que el divorcio, pues falta la última causal para éste, solamente se prevé la posibilidad del acontecimiento diciéndole que no se separe, mas "si se separa", quédese sin casar.  No dice legalistamente: puede separarse; sino que dice como quien conoce la fragilidad humana: "Y si se separa" quédese sin casar. Para ella no hay silencio en este caso (l Corintios 7:11).  Ella está ligada al varón hasta que éste muera (Romanos 7:2,3).  Claro está que si ella está ligada a él, entonces él la lleva ligada con él; se le pide al marido no abandonarla.  "Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre" (l Corintios 7:11; Mateo 19:6). Excepto en la salvedad única establecida por el Señor Jesús, ya citada.
El hombre parece estar buscando excusas y refugios legales, pero Dios está buscando esa clase de matrimo­nio que Él se propuso en el principio, y llama a sus hijos valientes a apuntar a la meta más alta.  Dios no quiere que bajo el Nuevo Pacto nos deslicemos a la mera letra de los códigos.  Él desea que vivamos en la virtud máxima del Espíritu Santo.[3]

En ese mismo tenor había dicho que el que fuera capaz de recibir el ser eunuco por cauca del Reino de los cielos, lo recibiera; y Pablo explica en este caso que no es mandamiento sino una concesión. El celibato no es, pues. obligatorio sino optativo.  No debe ser impuesto, lo cual sería doctrina de demonios (1 Timoteo 4:3).  Que no se enlacen, pues, los hombres con votos apresura­dos, pues según los términos y circunstancias del voto tomado, así será la exigencia, cual también la recompen­sa.  "Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Eclesiastés 5:5). ¡Que ningún demonio te haga jurar ni te constriña a hacer votos! "Escápate como gacela de la mano del cazador,  y como ave del que arma lazos" (Proverbios 6:5).  No es de Dios ese tipo de trampas.  El carácter de todo tipo de nuestras alianzas, con Dios, el cónyuge, o los hombres, debe ser motivado en el más puro amor, y en la más sincera amistad.  “Nadie tiene mayor amor que este: el que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13).  ¡He allí recién al cristianismo!  Lo demás todavía no es cristiano.  Así que antes de poner cargas pesadas sobre los hombros de los hombres, preferimos anunciarles la promesa del Espíritu Santo que se recibe por fe.  "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".
Retornando entonces al principio, vemos al sexo dentro del matrimonio, instituido por Dios y no prohibi­do.  Este hecho refuta la concepción de Branham, el cual además dice que la caída fue una relación sexual de Eva con la serpiente, de la cual nació Caín, y por el cual desciende la simiente de la serpiente; es decir, una biológica "generación de víboras". Pero esto es ya también un craso error.  En primer lugar, la Biblia en Apocalipsis12:9 y 20:2 interpreta claramente a aquella serpiente antigua como el diablo y Satanás; por 1o tanto, al hablar de simiente de la serpiente, lo hace en sentido espiritual y no biológico. Además, en Génesis 4:1 dice claramente que cuando Eva concibió de Adán dio a luz a Caín por voluntad de Yahveh.  El conoci­miento que Adán tuvo sexualmente de Eva para que ésta concibiese y diese a luz a Caín, es evidentemente según el capítulo 4 de Génesis, posterior a la caída en el capítulo 3; por lo tanto, la concepción  y parto de Caín fueron posteriores a la caída.  Si como dice Branham, la concepción de Caín en Eva fue fruto del pecado, entonces llegamos al absurdo de que ellos habían sido expulsados del Edén antes de pecar.

Por otra parte, Adán comió del árbol del conocimien­to del bien y del mal así como Eva; si tal comer por parte de Eva fue una relación sexual con la serpiente, entonces se sostiene implícitamente que Adán también tuvo relaciones sexuales con la serpiente, pues él comió así como ella, lo cual ya significaría fantasear demasia­do.  Recordemos que ya hemos visto que Eva no era el árbol prohibido para Adán, y que el sexo, en vez de prohibido, le fue diseñado y ordenado por Dios para con ella.  Así que el comer de Adán del árbol del conoci­miento no fue una relación sexual con Eva, pues ésta era de parte de Dios su compañera carnal bajo bendi­ción con quien debía multiplicarse; ella no le había sido prohibida, sino aquel árbol de independencia de Dios que ya estaba en el jardín antes de ser creada Eva.

Branham da como argumento para la descendencia serpentil de Caín el hecho de que Enok aparece como séptimo desde Adán.  Branham piensa y dice que si Caín fuera hijo de Adán, Enok debería ser el octavo, pero esto también es un error, pues aunque Caín sea hijo de Adán, y Génesis 4:1 dice que lo es, Enok sigue siendo el séptimo, porque la generación desciende contándose de padre a hijo y de hijo a nieto, etc., y no de padre a hijo y de hijo a hermano.  No importa cuantos hijos haya tenido Adán, Enok sigue siendo el séptimo en su generación por Seth.  El hecho de que en las genealogías de Génesis, Crónicas, Mateo y Lucas no aparezca Caín, no significa que no sea hijo de Adán, sino que las genealogías están principalmente interesa­das en la línea genealógica del Mesías que vino por Seth.
Otro error de Branham es sostener que en el día de hoy los predestinados a perdición son los descendientes de Caín, a quien Branham designa simiente carnal de la serpiente.  Pero recordemos que en el Diluvio perecie­ron todos los descendientes varones de Caín, y sólo los hijos de Noé, descendiente de Seth, transmitieron su simiente después del Diluvio.  Las mujeres de éstos no anulan la descendencia sethita, además de que tampoco se les puede atribuir infaliblemente descendencia cainita, y menos dentro de la familia del justo Noé que era perfecto en sus generaciones. Pablo enseñaba en el Areópago de Atenas que de "una sola sangre" Dios hizo el linaje de toda la humanidad (Hechos 17:26), y claramente escribe a los romanos que por un solo hombre, Adán, pasó el pecado a todos los hombres (5:12; también l Cor. 15:21).  Por ser hijos de Adán y no de Caín es que somos todos pecadores; y es la regene­ración espiritual y no la descendencia carnal la que nos asegura la salvación.

Óscar Galdona, desarrollando las ideas de Branham, llegó a sostener que todos los hijos de Adán serían predestinados a salvación, y los de Caín a perdición (folleto de "La simiente de le serpiente").  Carnalmente hoy no existen hijos de Caín sino de Seth a través de Noé y de sus hijos.  Además, Jesús, aun a descendientes de Abraham llamó hijos del diablo (Juan 8:39‑44); esto era lógicamente en lo espiritual y no en lo biológico.  De la serpiente es todo hijo de Adán que tiene las intencio­nes de Satanás; mas cualquier hijo de Adán que se arrepienta y reciba a Cristo, entonces es renacido espiritualmente, es un hijo de Dios.
Branham con otros sostiene que en Génesis 6 los "hijos de Dios" son los de Seth, y “los hijos de los hombres", los de Caín; no obstante, en ese pasaje, que aparece ampliado en el relato del libro de Enok, vemos que "hijos de Elohim" son llamados, como en todo el Antiguo Testamento, los seres angelicales; "hijos de los Adam" se refiere a la humanidad.  La carta de Judas Tadeo Lebeo (vs.6 y 7) nos dice que hubo ángeles que no guardaron su dignidad, yendo tras carne ajena.  La tradición referida en el libro de Enok, que aparece mencionada por Moisés en Génesis 6, habla de que aquellos “hijos de Dios" eran seres angelicales que tuvieron comercio con las mujeres e introdujeron en la humanidad la curandería, hechicería, astrología y cosas por el estilo; lo cual hoy no resulta extraño, época actual en la que como en los días de Noé, las perversiones sexuales con demonios están a la orden del día entre los cultos satanistas y en las prácticas animistas.
Volviendo, según otro aspecto, a aquello de la "generación de víboras", lo es en el sentido espiritual; aquellas “serpientes" son también "lobos rapaces" y “cabras”, no necesariamente en el sentido biológico. Jesús decía esto a los descendientes carnales de Abraham, pero malignos espiritualmente cual Caín.

De modo que resumiendo globalmente, tenemos los esclarecedores hechos siguientes:  La relación sexual de Adán y Eva no era prohibida; la serpiente antigua es el diablo; los hijos de los hombres, en hebreo "hijos de los Adam", son humanos y no serpientes; después del Diluvio todos somos sethitas; y aun los descendientes carnales de Abraham pueden ser espiritualmente "hijos del diablo", pero no por eso predestinados "biológicamente" a condenación.  Es mucho, pues, lo que hay que revisar en la doctrina de Branham acerca de la caída, el sexo y la mujer.  Recordemos que si fallamos aquí, fallaremos también en los alcances de la redención y estaremos poniendo un obstáculo a la salvación de muchas almas.  Tal concepción branhamita errónea acarrea actitudes equivocadas.
Una de estas actitudes que de Branham heredó su movimiento, es el énfasis desproporcionado que se hace contra la mujer, llegando a relegarla a la cocina.  Se consideran parcialmente los pasajes que hablan de la sujeción y silencio de las mujeres, pero se olvidan de las profetizas, diaconisas y trabajadoras para el Señor. Cierto es que en las iglesias de los santos es indecoroso que una mujer atraiga la atención de los hombres hablando públicamente (1 Corintios14:33,34), pero no podemos llevar este verso hasta el extremo de anular también sus derechos reconocidos en la misma carta (11:5).

Recordemos que Joel profetizó y lo citó Pedro, que también sobre las siervas suyas derramaría Dios de Su Espíritu y profetizarían (Joel 2:28,29; Hechos 2:17,18).  De hecho, Felipe tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban (Hechos 21:9); y la profecía es para consolación, exhortación y edificación (1 Corintios 14:3).  La mujer tiene parte, pues, en ese ministerio, y el Espíritu Santo puede moverse a través de ella en la oración y en la profecía en la iglesia.  De manera que se hace necesario el equilibrio entre los extremos a los cuales tendemos temporalmente.  Sólo se requiere de ella que esté lo debidamente cubierta durante el ejercicio de la oración y la profecía, en actitud sumisa y con la cabeza velada (1 Corintios 11:5‑15).
En este capítulo 11 de 1 Corintios, Pablo utiliza el argumento de que aun la naturaleza le dio a la mujer el cabello como algo que echarse alrededor, para reafirmar lo antes dicho de que la mujer al orar o profetizar debe cubrir su cabeza con un velo, o de otra manera su cabello largo, que es su gloria, le será considerado como nada, como si se hubiese rapado; es pues la actitud de sumisión lo primordial aquí.

Pero no sólo la profecía pertenece al ámbito de la mujer en la iglesia; las mujeres pueden ser diaconisas como Febe (Romanos 16:l), y trabajar para el Señor como Trifena, Trifosa y la amada Pérsida (Romanos 16:12). Pablo exhortaba a Tito a enseñar a las ancianas a que sean maestras del bien enseñando a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos e hijos y a ser castas y cuidadosas de su casa (Tito 2:3‑5).  El pasaje de la carta de Pablo a Timoteo donde dice que no permite a la mujer tomar autoridad sobre el hombre (l Timoteo 2:11‑15), se circunscribe, según el idioma original de la carta, el griego, a su propio marido.  La palabra hombre es "antropos", y la palabra marido es "andros" (_vδρός).  Pablo usa la palabra “andros", es decir, marido; por lo tanto no tenemos el derecho de tomar ese verso para extenderlo a todos los hombres; debe circunscribirse al marido, si hemos de ser exactos bíblicamente.
Con este capítulo enfocamos, pues, este aspecto característico del movimiento branhamita.  Dícese haber sido Branham el primero que introdujo en la teología cristiana este asunto de la serpiente teniendo relaciones sexuales con Eva y engendrando a Caín; la mitología de los gnósticos ofitas ya merodeaba, sin embargo, ese ámbito.
En cuanto a la poligamia, enfatizada por Paul Jones dentro del branhamismo, no es asunto novedoso; hubo ya famosos falsos profetas que la aprobaron teológica y prácticamente, entre los cuales descuellan Mahoma y José Smith. La opresión de la mujer ha sido característica de varias culturas. o


[1]Este capítulo fue escrito en Ciudad del Este, Paraguay, octubre de 1981 y julio de 1983.
[2]Ver Mateo 19:3-12
[3]Para un mayor tratamiento de este asunto por el autor, véase de él mismo: “Asuntos de matrimonio y divorcio” en Coletánea I; Bogotá 1999, y véase también la carta sobre el tema dirigida a Agustín Talavera de Caaguazú, Paraguay, incluida en Epistolario.