"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).
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sábado, 18 de junio de 2011

SIN SALIDA


INSTANCIAS 1
Salta, Argentina., 1971
 

SIN SALIDA

 
¿Si ves, Señor, que no encuentro una salida?
Y sé que existes Tú;
pero, ¿y Tú?.
¿Debo desgarrarme acaso

para saber que siempre habías estado,
y que mil años en Ti,
de mi tardanza,
no han sido en Ti,
y en mi, ya qué,
si estoy en Ti?
Y sufro para ser;
y cuando sea,
cual nunca haber sufrido.
Y lucho para estar;
y cuando esté,
olvidaste mi falta,
yo, el obstáculo;
y al fin,
Tu voluntad en mi
y yo en Tu voluntad,
mi voluntad.
¿Si ves, Señor, que no encuentro una salida?
Siempre me estoy haciendo nuevo;
y cuando soy
ya tengo vida eterna.
¡Que no venga nadie para turbar mi paz!

Pero mi paz eres Tú,
y Tú vienes con ellos.
Y cuando llegan ellos,
porque por Ti ellos fueron,
mi silencio descubre
que yo aquí,
ellos allá,
y Tú en todos te expandes
sin haber un lugar
que esté lejos de Ti.
Entonces yo me siento
en la posesión de Tu amor,
y Tu amor, que eres Tú,
está en mí
y yo amo;
y soy el que Tú quieres
y soy el que Tú amas
y Tú amas Tu amor
porque fuera de él
no existe nada.
Aun el infierno
es el amor de tu justicia.
Entonces yo amo
cuando los amo a ellos,
porque mi amor que eres Tú
los ha nutrido a ellos;
y ellos, al nutrirse de Ti,
son Tu amor
y en Ti son.
Pero Tú eres en mí
y por eso yo en ellos.
Y Tú y yo,
y yo y ellos,
somos uno:
Tu amor.
Y mi amor es Tu amor
porque Tú eres en mí.
Y cuando eres en mí,
yo soy el que soy,
el que me dieres;
y todo lo tengo
porque todo me lo has dado.
Y Tú eres el amor
que no conoce límite;
y todo lo entregas
para que seamos;
y cuando somos,
Tú en nosotros eres
y vuelve sobre Ti
todo el amor que diste
y lo vuelves a dar
porque siempre eres Nuevo;
y entonces de continuo
y por siempre
recibes Tu propia Novedad.
Y al dárnoslo todo,
nosotros por Ti somos.
Así verdaderamente
has sido el Redentor.

PALABRAS DE UNO QUE NACE


INSTANCIAS 2
Asunción, Paraguay, 1971
 

PALABRAS
DE UNO QUE NACE
 

Padre, nada tuviera yo
si Tú no me lo hubieras dado.
Y me das a manos llenas,
pero yo desparramo.
Perdóname conforme a Tu misericordia
y dame hoy
una oración de arrepentimiento
y acción de gracias.
Haz que Cristo se levante en mi.
Tanto me has amado,
¡Oh! Padre;
y sin embargo yo sigo escuchando otros sonidos.
Y es la vanidad la que me enlaza
y la envidia de la Divinidad de Cristo.
Destrúyeme, ¡Oh! Padre,
para que nazca nuevo.
¡Límpiame!
así como lo prometiste;
como nos prometiste a todos.
Cristo, amado mío,
eres mi amigo.
Llévate de mi esta vergüenza
para que yo te confiese
y reciba lo tuyo.
Mi traición
¡bórrala!.
Esta mi traición
¡desarráigala!.
LLéname de Tú Espíritu
para que ya no tema.
¡Ayúdame a escogerte definitivamente!
¡Ayúdame a rendirme a Ti!
¡Ayúdame a humillarme y a arrepentirme!
porque terco y orgulloso soy;
porque no doblo mi cerviz ante Ti.
¡Ayúdame a ser tuyo!
porque eres mi amigo.
Mi amigo,
¡oh! Cristo,
porque me declaras las cosas del Padre;
porque te entregaste a la muerte
cuando era yo el condenado.
Es tanta mi bajeza
que hasta de arrepentirme
me avergüenzo ante el mundo.
Pero confío en Ti.
¡Sumérgeme!
¡Desgárrame!
¡Vénceme!
porque tus armas son el amor
y el perdón;
y la corona de Tu victoria
darás al vencido,
porque has amado a los que desgarraste,
a los que negaste al mundo;
y entonces, al negarles,
les afirmaste más y para siempre.
¿Cuándo encontraría un amigo como Tú?
¿Cuándo hallaría un amor como el Tuyo?
porque tienes el amor del Padre.
Y ahora que lo escribo en las tinieblas,
te pido que me ayudes a pedirte
que lo diga yo a la luz;
porque por mi mismo,
ni siquiera pedirte soy capaz.
Ven, llámame,
enséñame a pronunciar ¡Abba!,
como la madre al niño.
Amigo,
no me abandones;
haz que diga:
¡oh! Cristo mio,
Santo mío,
amor mío,
amigo insustituible,
te pido que algún día
esto que escribo en tinieblas
lo diga yo a la luz
para construir en otros
la lámpara que no se apaga,
la fuente que calma toda sed.
Si ya sé que tan solo hay salvación en Ti,
¿por qué me escondo?
Si ya sé que me darás lo que te pida,
¿por qué no pido?
Si ya sé que has de limpiarme,
¿por qué no me presento a Ti con mi inmundicia?
¿acaso, Señor, vas a dejar que escoja
las tinieblas y la muerte?
porque días hay
en que prefiero descansar de todo
y volver a la nada.
Pero yo sé, Señor, también
que no soy yo quien lo prefiere,
porque yo vengo de Ti,
porque mi espíritu lo alentó Tu Ser;
y la luz cuando viene
quiere alumbrar en vez de obscurecer;
el fuego cuando viene
quiere abrasar;
no helar ni detenerse.
Por eso sé, Señor,
que no soy yo quien clamo por la nada eterna.
Mas acontece que al no ser,
ya no tendría que darme cuenta
de haber andado mal;
y entonces
no me avergonzaría
al creer que no sería condenado
a ser en condenación.
Pero al alejarme de Tu luz
y Tu limpieza
y Tu perdón,
y al lanzarme en busca de la nada,
entonces empiezo a ser en condenación;
es decir,
lo que temía.
Por eso ahora te pido
que me permitas escogerte definitivamente;
que me permitas sentir
la elección que hiciste de mi
antes de que yo fuese,
antes de derramar Tu luz
y fuese yo como una chispa de Tu llama.
Porque siempre fuiste llama
y siempre estuvo contigo
el conocimiento de las chispas que nacerían de Tu llama.
Pero,
¿cuándo sabrá la chispa
que su madre es la llama,
si la llama no se enciende toda en la chispa
y le enseña el camino de expandirse
hasta abarcarlo todo?
Gracias te doy
porque me has enseñado;
porque amando la llama a cada chispa
y dándole su nuevo ser,
le indica que al amar la chispa
y darse totalmente
descubrirá el fuego del amor
que nunca ha de apagarse;
la fuente que nunca ha de agotarse.
Gracias, Señor,
porque ya sé
que tan solo me resta aceptar
Tu amor y Tu enseñanza;
y entonces lograré
por fin
la meta del camino.
Gracias, Señor,
porque aprendí de Ti
que amando totalmente,
por intermedio Tuyo,
totalmente soy.

MARÍA CIRUELAS DE LAS CIRUELAS EXQUISITAS


INSTANCIAS 3
Salta, Argentina, 1972
 

MARÍA CIRUELAS
DE LAS CIRUELAS EXQUISITAS
 

Se llama María Ciruelas,
María Ciruelas de las ciruelas exquisitas.
A ella me la dio mi Padre desde el cielo;
me la dio como esposa
y me sanó en el cuerpo.
Yo la conocía desde los sueños del mito,
y me la dio mi Padre
y me sanó en el cuerpo.
María Ciruelas
de las ciruelas exquisitas,
dulce amada mía,
fervor de mi ternura.
Tantas ternuras muertas
perdidas con los años;
tantos cantos de amor
ahogados en la nada.
Caída de los tiempos
maduros que se pasan,
sonido de las flautas,
alabanzas que demoran su voz
al Dios Altísimo,
porque faltaba abrir la boca,
porque faltaba derramar el alma.
Pero me escuchó en los cielos,
sentado,
desde el Trono;
y me la dio mi Padre,
Su regalo de tierra,
Su natural regalo,
espejo de mis cantos
y son de mis tonadas.
María Ciruelas
de las ciruelas exquisitas,
esposa de mi alma
y esposa de mi cuerpo;
regalo de mi Padre
conque me enmaridó.
Elevo mi alabanza
como hombre de los campos;
me inclino enteramente
en mi agradecimiento,
y le presento a mi amada,
regalo de mi Padre,
para que Él la ame más que yo;
para que yo la ame
con un amor prestado
desde Sus tesoros.
Padre,
prometo amarla
con el amor que me des.
Descargo en Ti mi falta,
me siento en Tu verdor,
Eterna primavera,
Dios de amor.


CUANDO ENTREGUE EL MANDO


INSTANCIAS 4
Buenos Aires, Argentina, 1972
 

CUANDO ENTREGUE
EL MANDO

 
Yo sé que detrás de mi silencio,
cuando entregue el mando,
encontraré la música del coro de Tus ángeles;
encontraré el lugar de mi estar celestial
por Tu bondad;
encontraré la Casa;
principalmente
me encontraré contigo,
Padre mio,
Señor mio,
y seré feliz;
cuando entregue el mando,
después de mi derrota,
rendido ante Ti,
que es Tu triunfo y mi triunfo,
por Tu amor,
por Tu gracia;
me encontraré contigo,
que es todo lo que puede anhelarse
y que basta para la eternidad.
Tú,
solo Tú,
y eso es todo.

MI AMIGO


INSTANCIAS 5
Asunción, Paraguay, 1973

 
MI AMIGO

 
Yo te diré quien es mi amigo;
o mejor,
me pregunto:
¿sería capaz de contarte Su amistad?
si pudieras sentirte satisfecho al máximo,
si pudieras reír de eternidad,
si al fin y al cabo tocaras lo inefable,
aun así
no te podría explicar
quién es mi amigo,
cuan bella es Su amistad.
A veces me pregunto
si acaso yo mismo
llegaré algún día a comprender.
Y aunque me vuelva niño,
aunque lave mi alma
en el más puro manantial
y recobre la inocencia del Edén,
aún pasará el tiempo
sin que logre entender,
sin que logre aprender,
sin que logre gustar
la amplitud de Su cause,
la amplitud de Su andar.
Tal es mi amigo,
sencillo
como el cordero de los campos,
ligero
como el águila,
fuerte
como el león.
Es además mi Padre,
es mi hermano,
Él mismo me dio a luz.
Él ha venido a morar en mi templo;
en Su templo, perdón,
quise más bien decir.
Óyeme,
recuerda,
Él es también Tu amigo;
tú eres también Su templo;
¿no ves escrito acaso tu nombre
en Su gran libro?
El diario de Su vida
también te nombró a ti;
con cuánta maestría habló de ti y de mi;
bondad bañó el capítulo de nuestro caminar;
¡cuán grande es nuestro amigo!
¡no lo puedo explicar!.

SALMO


INSTANCIAS 6
Asunción, Paraguay, 1975
 

SALMO

 
Recuerdo, Padre mio,
cuando cantaba a la infinita soledad;
cuando lloraba,
debía más bien decir.
Hoy he hallado en Ti
un grandísimo refugio,
un gratísimo refugio;
y Tu compañía
me acompaña todos los días.
Creo, Señor,
que nunca más volveré a estar solo.
Señor,
¡cuánto te agradezco!
¡Señor!, ¡Señor!,
¡como sienten los hombres!
¡qué cosa es el camino!
Sin Ti, Señor, ¿a dónde ir?
Pero Tú nos trajiste
y aquí estamos.
¡Qué distinto es ser Tuyo!
¿Qué es lo que ha hecho el hombre de sí?
¿Qué hará consigo mismo?
Señor, ayúdame;
no me dejes flaquear
porque te he escogido a Ti.
Te he escogido, Señor;
¡permítemelo hacer!.
¿Por qué no se preguntan
los que te rechazan
por qué no son felices?
Ya sé que existe la felicidad.
Yo he escuchado de Ti.
Tan poco te conozco apenas,
pero ya es suficiente para conocer
que existe la felicidad.
Señor,
mientras Tú permanezcas,
el hombre tiene cerca la felicidad.
¡Y sólo Tú permaneces!
Que terca y torpe obstinación
de aquellos que no quieren creer,
de aquellos que no quieren ver,
de aquellos que no quieren aceptar
Tu enorme majestad.

ESPERARÉ EN LA PUERTA


INSTANCIAS 7
Asunción, Paraguay, 1976
 

ESPERARÉ
EN LA PUERTA

Esperaré en la puerta;
yo sé que se abrirá;
porque Él es bueno se abrirá,
porque Él es santo se abrirá.
Esperaré en la puerta
y se abrirá.
Mi alma lo sabe muy bien, Señor,
que dependo de Ti.
Mi alma te espera, Señor;
ten misericordia de mi.
¿A quién otro buscaré?
¿en quién otro esperaré?
La ilusión de mi mismo
yo sé que he de apartar.
Respiro delicado
para no herir,
no ofender.
Permanezco callado
esperando aprender.
Y mi silencio habla;
se eleva cual vapor;
estoy anonadado,
esperando, Señor.
Cuan triste es el pecado;
no tanto en los que vi,
sino el que en mi,
siendo amado,
yo mismo cometí.
Cuan triste es el pecado;
no miro a los demás;
a mi mismo me miro;
cuan triste es en verdad.
Ya sé por qué las aves
tan llenas de cantar
pasan sin advertirse
al que no sabe amar.
Ya sé por qué las flores
con todo su esplendor
no conmueven el llanto
de un duro corazón.
Ya sé por qué los hombres,
los hombres como yo,
causan tantos dolores;
¡causo tanto dolor!.
Nací como una espina;
¿qué más puedo esperar?
que pronto en el Milenio
me vuelva un arrayán;
y en vez de estar hiriendo,
punzando a todo dar,
que entonces a mi sombra
se pueda descansar.
Esperaré en la puerta;
yo sé que se abrirá.
Porque Él es santo y bueno
la puerta se abrirá.

EN EL SENO DEL PRINCIPIO

INSTANCIAS 8
Tobatí, Paraguay, 1977


EN EL SENO DEL PRINCIPIO


Y el Omnipotente pudo.
Y lo podido reveló al que pudo.
El Poder testificó de Sí,
y el todo fue podido.
El todo testificó de la plenitud del que atribuye,
y el atributo fue destello del que pudo.
Y el destello era Luz,
y la Luz era Gloria,
y la Gloria era Vida eterna y engendrada,
y cual engendrada sin principio,
entonces, sí, substancia;
y en la substancia, Imagen.
La Imagen engendrada,
inmanente y sin principio,
el Rostro del Omnipotente.
Y la Gloria compartíase en el Seno bajo el sello;
y por decirlo así,
una costilla le cubría.

Y el Poder operó,
y he aquí, nos movemos tras Su operación.
Y por Su Logos, eterno y engendrado,
el todo fue podido del Creador.
Y el Logos hubo hablado,
y Su ejército podido.
El universo fue podido,
el invisible y el visible,
y el Hombre fue podido;
y los que después pudieron,
pudieron porque fueron
ellos mismos, sí, podidos.
Y el Omnipotente Mismo se posee desde Sí,
y se revela,
y camina,
respira,
se regocija en el júbilo de Su absoluta libertad.
El misterio de Su Ser emitía susurros
cuando todo era obscuro,
cundo todo era nada.
Y cuando era de noche,
Su Ser se movía y palpitaba
como escondido en Sí.
El Eterno palpitaba.
El Inmutable se movía.

 El Altísimo velaba y conocía;
era como si esperase para hablar.
Y esperaba con amor,
sin esperar.
El Altísimo callaba,
porque calla cuando ha de callar
y habla cuando quiere hablar.
Aunque en Sí mismo hablaba,
para nosotros callaba.
Calla cuando quiere;
enmudece de Sí.
Y habla cuando quiere;
y cuando habla, habla de Sí,
porque conoce,
porque puede,
porque está,
y así es.
Y cuando calla reposa,
y cuando habla, Su reposo habla con Él.
De Él testifica porque Suyo es el Reino.
Por Él opera porque Suyo es el Poder.
Para Él participa porque es Uno y es Padre;
es Uno con Su Hijo,

y es Uno con Su Espíritu.
Suya, de Dios, es la Gloria;
Suyo es el derecho porque todo lo pudo.
El Reino, el Poder y la Gloria,
la Raíz, la Savia y el Fruto
del Árbol de la Vida.
Y el Fruto es pan del inocente
que recibe la gracia de la Savia.
Y la Savia es mediadora.
La Raíz,
desde la Semilla eterna de una Voluntad eterna,
promulgó al Árbol de la Vida.
Y la Semilla eterna
conservaba el germen de la Vida eterna.
Y era ese el misterio de la perpetuidad;
la eternidad del Ser que da.
Y el Omnipotente pudo,
y lo podido reveló al que supo.
El todo podido
reveló una parte de lo conocido;
y el todo conocido pertenece al Omnisciente.
Y el Omnisciente se conoce
también a Sí mismo y en pleno.
Y Suya era la Mente,
Imagen Suya y Gloria,
Igual a Dios, Persona,
el Hijo cual Persona,
el Verbo que antes era, y es, y que será.
Pues si personas fueron
algunos de sus destellos creados,
persona habría de ser
El que dio a reflejar.
Si personas descúbrense
los que descubren,
persona habría de ser El que dio a descubrir.
El reflejo anunció lo reflejado
y la parte anunció al todo,
y el todo Al que lo supo y pudo.
Y sobre la parte operaba la influencia del todo,
porque fue Uno El que lo supo y pudo.
La parte, pues, testifica del todo,
como el iris del ojo del estado del cuerpo.
Y en la oreja se lee lo que pasa en el resto,
y las agujas punzan donde han de punzar.
Y leen los hombres en las manos
y en el rostro leen,
y leen en los pies,
y leen en la frente,
y en muchas partes leen.
Y cuando se vierte el gene,
se vertió la especie;
y en la especie viene de la vida su cual.
Y por la vida corre Aquel que la sustenta,
y aunque es Otro, sin embargo sustenta,
vivifica, condesciende y soporta.
La voluntad de Dios es amor condescendiente,
la Fuerza de las fuerzas,
el Gran Rey cual Persona,
el Altísimo.
Destellos, pues, del Eterno
testimonian del que en todas partes está,
el Omnipresente.
Y el Omnipotente pudo porque dio para estar.
Y está el Omnipresente en lo que pudo,
y en lo que supo estuvo,
y en lo que sabe está.
Y todo lo que sabe lo sabe desde Sí,
y nadie se lo cuenta.
Al todo atribuyó.
Atribuido es el todo;
atribuido del que lo pudo.
Y porque el Alto pudo,
el Alto es;
y porque es, está.
Y la Fuerza era,
y las fuerzas fueron;
y estuvieron las fuerzas allí donde estuvieron.
Y fueron las fuerzas respuestas obedientes,
del Eterno atribuidas,
de Su Voluntad vivificadas.
Y esa Voluntad se conocía a Sí,
y estuvo en lo que quiso,
y en lo que quiere está.
Conoce también lo que reprueba,
y no lo reconoce;
ejercita paciencia y lo soporta,
soportando hasta el día en que revelará
lo que aborrece y odia,
lo que repruebe;
mas espera para mostrar Su ira.
Con Su sentencia se dará también a conocer.
Y ese día que tan sólo Él conoce
nos lo muestra viniendo,
viajando por los hilos del tiempo,
trayendo el sonido de Su libertad de Ser.
Y escogió Dios participar,
participarse todo;
amarnos como al Hijo,
amar, de Sí entregar.
Que se pueda así como Él pudo;
que se conozca así como Él supo;
y que se esté donde Él está.
Y se entregó en el Hijo;
en Él y por el Hijo.
Y de Dios éste Hijo
se encaminó al calvario
y se entregó en la cruz
para llenarlo todo,
para brindarlo todo,
cual carne y pan, comida,
cual sangre y vino, celestial bebida,
humanidad gloriosa compartida,
Divinidad humanizada, asimilada,
y tras resurrección envió Su Espíritu,
derramándolo todo,
tomando de lo Suyo y repartiéndolo;
dándonos lo que pudo,
lo que supo y donde estuvo.
Y ya no somos muchos, aunque muchos,
sino que somos Uno.
Y con Él somos Uno
y el Uno está en los muchos.
El Inmutable es;
se mueve donde está;
palpita en Su respiración.
Esencialmente es,
eternamente está.
Y hace existir lo que de Suyo da.
Y como Libre respira,
y como Libre exhala;
y cuando exhala ama
y cuando exhala juzga.
Ama y juzga.
Cuando escoge ama,
y cuando ama perdona,
y cuando ama guarda.
Y cuando guarda
es porque también reprueba.
Cuando reprueba advierte,
y entonces espera y calla.
Soporta con paciencia y acumula.
Los que tuvieron ser no deben pervertirlo,
porque no escaparán al dolor del torcido.
¿Cómo escapar del que ama?
El ser que ha sido amado
solo puede sufrir cuando se aleja.
Sufre porque es amado y a ese Amor desecha.
La Luz Pura desecha y bebe obscuridad.
Su ser, que era un regalo,
arranca del estado de su felicidad
aquel que al Señor deja.
Llamado fue a la vida y creado de la nada;
a la gloria invitado, pero se rehusó.
¿Cómo podrá escaparse si estaba diseñado
para un Amor eterno ahora olvidado?
Vagará en el absurdo,
sufrirá en el tormento,
odiará lo que busca porque era para el cielo,
y ahora lo que encuentra, solo oropel, estiércol,
recordarale siempre su esclavitud buscada;
creatura de la nada que así se corrompió.
Cuando el Señor reprueba,
advierte y después calla;
espera y acumula de fuego eterno ascuas.
Como si grita y clama,
cual mujer que está de parto;
Omnipotente clama,
y cuando clama engendra,
y cuando engendra estalla;
estalla lo que mata y lo que mata deja;
deja lo que Le deja;
lo que a pesar de Su amor,
por mal le deja.
Entonces con justicia es que mata,
y a Su pesar lo mata.
Y mientras mata guarda,
y mientras guarda ama,
y siempre está presente,
así sea cual justicia.
Y así es.
Porque ama reprueba
y el infierno es amor que reprueba,
que no dice amén a la monstruosidad humana
mas que le acerca por lo menos la justicia
ya que desechó la gracia.
A no todos, pues, mata,
sino que como ama, escoge y guarda.
Y cuando mata y guarda
revela lo que quiso desde Su libertad.
Lo que reprueba Él mata;
lo soporta y lo mata;
lo pesa en Su balanza
y lo que sentencia mata.
Y mata porque guarda
lo que escogió para Sí.
¿Y quién le impedirá?
porque no hay nadie más como Él.
Ocultábase Uno Sólo bajo el sello;
Uno Sólo callaba cual Simiente eternal;
Uno Sólo prohíbe lo del bien y del mal.
Y en Su fidelidad diseñó a la inocencia;
y ésta era semejante.
Imagen, semejanza, espejo a reflejar.
Cuando no había culpa
preparó una moral en libertad.
La libertad fue amor, participar;
matrimonio perfecto a realizar.
Y el Hombre es la escogida,
el Hombre la casada,
el Hombre la querida y perdonada,
un óvulo para Su misericordia
que ya estaba guardada,
siempre lista y preparada
desde la eternidad.
Empero la simiente
de la astuta serpiente
conocerá el divorcio;
permitiósele un día adulterar, perversa,
que entonces se conozca de Dios la Santidad;
la Santidad escogida desde la eternidad.
El Fuego de esta Gloria
a la banal serpiente
un día consumirá.
¿Y qué dirá?
su canto es un lamento;
no halló felicidad.
Por siglos de los siglos se atormentará.
Dragón que en el abismo escogió su morada
fue el padre de esos hijos de locura insensata;
quisieron el espanto
y el espanto ha venido a recibirlos.
Aunque ilusos quisieron
cambiarle el nombre a los abismos,
a los abismos mismos
no pudieron cambiar.
Tan solo con palabras
no se puede trocar
la horrenda consecuencia
de fatal realidad.
Conocieron, quisieron,
entonces a enfrentar.
Esta es, pues, la historia
como de un caballo blanco
que viene cabalgado
desde la eternidad.
Un jinete invisible le alimenta,
un jinete invisible guiando va.
El jinete invisible en el visible va:
el Logos engendrado desde la eternidad.
De Dios la Plenitud del Atributo Excelso
engendró ante Su espejo a Aquel que le es Igual,
y exhalándose Mismo como Amor allí estuvo
compartiendo la Gloria que le es esencial.
El Dios invisible se reveló en Su Imagen
y era el Verbo que como Primogénito
rasgó la oscuridad,
alzándose en Su nombre
para con Él crear.
Su corazón cargado de todo Su Poder
y un misterio secreto y glorioso por traer.
Un fiel motivo eterno le movía.
Desgarró el sello el Altísimo
y el velo de Su Ser comenzó a descorrer.
Y era Uno, el Padre,
con Él también el Hijo
y el Espíritu Santo.
Creación bajo el manto;
nido de amor y reino.
La nada fue vencida en el principio
porque tan sólo era el silencio del ser
mientras estaba oculto callando bajo el sello.
La esencia operó en la costilla
y la existencia nació cual mujer.
Y era Uno Solo el Ser Divino, y Uno es:
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo;
pero tenía un motivo: se quería casar,
engendrar muchos hijos para participar
de ese Amor tan profundo que de Su intimidad
la plenitud mismísima quisiéramos brindar;
derramarse en el vientre de Su Gloria,
preñarla de la Suma de Sí,
y así entregar eternamente,
sí, cual respirando siempre,
el reposo de la realización.
Y fue la realidad la hija de la dicha del reposo.
Y el reposo satisfecho satisfizo.
La Voluntad vivificante se derramó en deleite
y la esposa viviente, su costilla de antes,
nada por el Eterno amada,
descansó en el reposo derramado.
Y el Logos, Atributo eterno y engendrado,
de la Divina Especie conteniendo en sus lomos,
habló, mandó, ordenó,
con plenitud y fuerza,
y una vez más la tierra fue segura testigo
de una nueva creación.
Y muriendo ella misma abrasada de un fuego,
volverá placentera a ser como el Edén.
La Vida se esparció en destellos
y el Uno se representó.
El Poder invisible regalado en el Logos
actuó cuando Él habló
y el efecto visible
correspondió obediente
a la Causa Viviente;
sí, con fidelidad.
El Poder de la Causa fortaleció al efecto
y el poder del efecto se llegó a difundir
y enredose en los ciclos de la perpetuidad;
ya nunca cesará, mientras mi Dios lo quiera.
Se difundió el poder en dimensiones,
y en cada dimensión estaba Dios, y está.
¡Personas!, ¡maravillas!,
¡hermosísimas joyas del arte espiritual!.
De la fuente del Logos salieron como arroyos,
volando serafines, brillando querubines,
arcángeles y príncipes, y de ángeles millares,
y aunque cual llenos mares,
cada uno por nombre,
fue querido y amado,
como todos llamado
a vivir, a gozar, también participar.
Océanos cantantes
que elevan su alabanza
como nubes del cielo
y derraman cual lluvia
todo el ser y el sentido
a los pies del que merece
suprema adoración.
El ciclo del amor cantaba ya,
y en cada dimensión un ciclo.
Y ciclos hubo grandes y pequeños
de seres y de cosas.
Ciclos de colores hubo
y de notas musicales;
ciclos de canciones perpetuas
y de canciones nuevas.
Ciclos de sentimientos
en gamas de virtudes;
ciclos de pensamientos
en comunión de gratitud.
Y la razón de existir
era fuerza en los ciclos
de los entendimientos.
Y ciclo de conciencias hubo.
Y casábanse los ciclos en las puertas
y por las puertas besábanse las dimensiones.
Todo fue participar.
El amor llenó las fibras
y fue así desde que el mundo fuese,
aunque no se supiese que Dios sabía ya
que en un triste momento Luzbel iba a fallar.
Detrás de la belleza original callaba aún en Dios
una gracia infinita y compasiva.
La misericordia redentora
como si durmiera esperaba;
la paciencia esperaba, aunque era;
y la justicia todavía habría de resplandecer.
Era bello todo lo revelado,
pero una belleza nueva guardábase el Eterno.
Con el Señor Jesús apareció el Nuevo Don.