"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).

sábado, 18 de junio de 2011

HACIA UNA PSICOLOGÍA ESCATOLÓGICA



AFORISMOS Y REFLEXIONES
Tercer cuaderno:
 
HACIA UNA
PSICOLOGÍA
ESCATOLÓGICA


En las manos de la humanidad,
ante los pies del Señor.
 
Porque Tú eres Uno, Señor,
Y estás en todas partes,
las cosas todas se comunican
y entre sí participan.
 

PREFACIO DEL AUTOR

Al presentar al público este cuadernillo de aforismos, lo hago independientemente de toda ostentación de
algún título académico; lo presento simplemente como lo que soy, un hombre con alma y espíritu. Me parece que en el fondo eso es lo que todos somos, apenas hombres con alma y espíritu. Hablo, pues, desde la base de ser un simple ser humano.
Lo que quisiera “ostentar” es mi fe en Dios. Creo en Dios. Eso sí me parece importante. Después de
haber caminado un poco, aquí voy contento, junto a vosotros en el camino, dando gracias al Señor.
Me parece, si reduciéndonos a simples hombres, ¿no quedamos así más elevados que sustentando esas
parsimoniosas imágenes engañosas, mutiladas y falsas? Soy un hombre, no un especialista; un amigo, no
un fiscal; tengo mis opiniones y convicciones personales; no necesito por eso una etiqueta distintiva, pues
no espero que me besen el anillo, ni que se pongan firmes ante mí, ni que me adulen llamándome doctor,
reverendo, licenciado o mariscal. No lo soy, pero sí soy un hombre con alma y espíritu; vuestro hermano
soy, no anhelo menos; esa es mi terrible e irreverente ambición. Quiero vuestro amor, no vuestra
humillación; a vosotros mismos quiero, no vuestro dolor de mí.
Humillamos cuando no nos sentimos amados, y es porque llegamos a pedir ser adorados. Allí está el
problema: veneno de serpiente. ¿Será acaso saludable ese hostigante ordenamiento legalista? El amor, en
cambio, no tiene par para tratar de lo que se trata.
Reconozco a Jesús Cristo como Maestro, Salvador y Señor, el Hijo de Dios, y pienso que por causa de
nuestra enfermedad, el yugo está puesto sobre nuestra cerviz. Pero Jesús Cristo resucitó, y esa es para mí
la experiencia más vivificante. Así, pues, desde aquí hablo.

Gino Iafrancesco V.
Paraguay, 1979.
 
HACIA UN PSICOLOGÍA ESCATOLÓGICA

Un lugar para la fe dentro de la investigación.
Del planteamiento y la interpretación.
Vanagloria.
Los nuevos dioses.
Degeneración de la pregunta humana.
Del conocimiento religioso.
De la definición.
Del engaño al racionalismo.
De la mentira.
De la convicción.
Adolescencia.
Derrotero del existencialismo.
La nostalgia humanista.
La síntesis de complementos.
Historia y mito.
Historia, mito y psicología.
De la libido.
De la objetividad del sujeto.
Alma y Dios.
La espada del querubín 67
De la psique.
De la cópula de la psique.
Incipiencia y realización.
Los servicios de la energía de la vida.
Una función de la imago.
Recepción de la vida.
 
HACIA UNA PSICOLOGÍA ESCATOLÓGICA
1
Un lugar para la fe dentro de la investigación
 
Existe en las investigaciones del hombre una cierta mística preconcebida, cualquiera fuere la tendencia
del investigador; y es que el hombre no puede escaparse de la gran realidad que es él mismo como sujeto
en proceso de formación. A pesar de la honestidad, la perspectiva muchas veces depende de los escasos
elementos de juicio. Hagámosle justicia a la fe. El hombre necesita un poco más que la razón para conocer
la realidad; necesita de la revelación. He allí el lugar natural y normal de la fe, elemento imprescindible del
género humano. Aunque no se la use en la revelación, se la usará en la hipótesis, en la deducción, en la
interpretación. ¿Cómo puede un hombre suponerse científico si descarta ese abultado trozo de la realidad
llamado “fe”? ¡Cuán menos científico será si desconoce las evidencias de la revelación! Mientras más trate
de ignorarlas y más se apresure a descartarlas, más se condenará a sí mismo. Lo que sucede es que
seremos juzgados según lo que escogemos. En el fondo se trata de: Dios o Satanás. Para el que no crea en
el juicio, le diré que toda consecuencia es una realidad. No confíe en ilusiones, pues se hallará con su propia elección. El hombre normal posee el sentido de la fe para ser usado con toda naturalidad, igual que los demás sentidos. No se aparte de la saludable realidad; reconozca el lugar de la fe. Acuérdese de ese
nombre histórico: Jesús Cristo. No debería usted olvidarlo.
 
2
Del planteamiento y la interpretación
 
La investigación científica pretende describir la realidad circundante mediante el común denominador
estadístico, pero falla grandemente cuando se plantea la pregunta en forma prejuiciada y en términos
apriorísticos. De igual manera falla cuando interpreta los resultados impregnada de motivos preconcebidos, algunas veces inconscientes. El planteamiento y la interpretación son casi siempre meramente relativos.
 
3
Vanagloria
 
Ese vanagloriarse del hombre en su llamada ciencia, pues a la verdad no es ciencia sino tan sólo
experiencia, ese vanagloriarse es una fabricación natural humana que utilizan los hombres para llenar su
necesidad de seguridad, condición de la existencia. Es la fe natural del hombre que busca un lugar donde
reposar, y cuando se aparta de la confianza en Dios, entonces edifica en su experiencia, a la que llama
ciencia, edifica la imagen de un protector, pues se apartó del verdadero. Pretende el hombre en su llamada
ciencia hallar al protector que le dará seguridad. El delirio de su vanagloria es para combatir el temor de su
incertidumbre. Su fanatismo “científico” es también una prueba de su religiosidad, ahora mal encausada y
enmascarada. Sí, la llamada ciencia es la nueva máscara de la religiosidad humana que se pintarrajea la
cara para la fiesta de las nuevas circunstancias y para la guerra del destino. El fervor de la adoración del
hombre se vuelca entonces hacia su nuevo tótem. El hombre necesita postrarse en gratitud y reposo, que
son elementos de la seguridad; y al rechazar a Dios, se postra ante el cientificismo derramando su gratitud
ante los nuevos héroes. Ahora se siente “iluminado” por el “conocimiento”, y baila la danza del
“descubrimiento”. La dirección en la que busca dirigirse la fe es hacia la verdad. El sentido de la fe en la
estructura del hombre no le perdona, y entonces etiqueta el hombre con el santo nombre de “la verdad”, que es necesaria a la existencia, etiqueta con ese santo nombre a cada nuevo dios que le produce su
laboratorio. ¿Cuánto tardará en despertar de su nuevo mito y regresar al Padre original? Tardará el tiempo
que demore la honestidad en protestar. ¿Qué es la filosofía y el cientificismo modernos, sino los nuevos
nombres de los dioses paganos antiguos? Pero hay Un Sólo Dios, pero muchos ángeles y muchos demonios, la fuente de siempre, las voces ocultas tras la inspiración.
 
4
Los nuevos dioses
 
Mirad de los nuevos dioses de quienes esperan oráculos: Carbono 14 y Potasio-argón. A éstos preguntan
y en sus mentiras creen. No importa si la historia registra que el campo magnético ha variado desde el
Diluvio, y que una cubierta de aguas detenía la formación de radiocarburos; muchos factores afectan las
constantes. No es tanto el tiempo como quisieran, ni millones de años; pero los pueblos ávidos se abalanzansobre las migajas de componendas que sus nuevos sacerdotes de la llamada ciencia les presentan al salir del santuario nuevo del laboratorio. Y así rinden su fervor al inmanente azar. Depravación vil ha corrompido a la humanidad. Su religión cientificoide les robó lo más noble del significado de su ser. Su dignidad se convirtió en moléculas y besaron el caos hasta la conflagración. Miradlos allí; todos sus devotos se preparan para el holocausto.
 
5
Degeneración de la pregunta humana
 
El hombre se degeneró en su manera de preguntar. Lo hizo primero a Dios, pero de allí descendió a los
espíritus, a los que llamó dioses; entonces preguntó a sus antepasados. Fue así que se volcó a sí mismo
para preguntarse, y de sí se inclinó ahora a la materia para buscar de ella una respuesta para su espíritu.
 
6
Del conocimiento religioso
 
La filosofía trata con el sistema de abstracciones del mundo metafísico; la religión, en cambio, trata con el
ente metafísico mismo; contacta con él. He allí la superioridad del conocimiento religioso comparado al
conocimiento filosófico, en cuanto a lo metafísico. La ciencia así llamada, llega más bien a ser no-ciencia en
este respecto, pues a sí misma se limita en el uso de los sentidos receptores de la integridad humana. La
evidencia metafísica es conocida en el terreno de la religión.
 
7
De la definición
 
La definición de una cosa es su propia evidencia.
 
8
Del engaño al racionalismo
 
Al racionalismo lo engañó el sentimiento de autosuficiencia.
 
9
De la mentira
 
¿Qué es, pues, entonces la mentira? Es ese necio pensamiento ilógico de la existencia creada que se
pretende propia en sus pensamientos y sentimientos.
 
10
De la convicción
 
Diferentes elementos de juicio actúan en la formación de las convicciones. Y las circunstancias de ningún
hombre son plenas (aparte de Jesús Cristo). De allí que la única convicción digna de confianza es aquella
que proviene directamente como un don gratuito de revelación de parte de Dios; y eso es asunto de
exclusiva iniciativa divina, aunque también Dios quiso otorgar al hombre responsabilidad. Nos postraremos indefectiblemente ante el altar de Su soberanía. Nada podrá cambiar esa realidad. Tarde o temprano doblaremos nuestras rodillas con acatamiento. Nuestra existencia contingente solamente puede apoyarse y subsistir, aun a su pesar, en un Dios trascendente. Yo sé que éste es Yahveh revelado mediante Jesús Cristo, que ha venido como hombre verdadero.

11
Adolescencia
 
Esa petulante e imaginada independencia existencialista atea o agnóstica, diseminada en las diversas
fases de la cultura, no es más que la tristemente burda manifestación de la inmadurez del hombre; su
adolescencia.
 
12
Derrotero del existencialismo agnóstico o ateo
 
¿Cuál es el derrotero del existencialismo agnóstico o ateo? ¡Continuar la prole de la serpiente!
 
13
La nostalgia humanista
 
El humanismo es el disfraz de una nostalgia del Paraíso.
14
La síntesis de complementos
 
La supuesta ley de los contrarios u opuestos, dentro de la razón dialéctica, es una ilusión o engaño.
Dícese que al enfrentar a la tesis la antítesis, resultará la síntesis. Pero, ¿qué es en realidad la síntesis
misma? ¿No es acaso la demostración de que no había tal oposición o contrariedad? Pues la síntesis se
efectúa en virtud de la complementariedad; y lo complementario no es necesariamente opuesto o contrario.
La razón dialéctica resulta, pues, no el canal ni el motor de la síntesis, sino el obstáculo de inmadurez que
hay que remover para llegar al descubrimiento. La síntesis es el descubrimiento de los complementos, el
final de la ilusión. La ley de los opuestos es una ilusión. No merece llamarse por la categoría de opuesto o
contrario a lo que es meramente complementario o suplementario. Una es la categoría de los opuestos, otra la de los complementos. La síntesis ocurre dentro de la categoría de los complementos, y no dentro de la de los opuestos. La razón dialéctica adolece, pues, de inmadurez. Al penetrarse en el proceso dialéctico y sondear la pista del descubrimiento para la síntesis, la dialéctica resulta no ser tal, sino que se presenta más bien como mayéutica que como dialéctica; es decir, deja entre vista la ilusión de su apariencia. La mayéutica lleva a la síntesis por los complementos, poniendo en evidencia la unicidad de la estructura, que era real y permanecía latente durante la ignorancia en el período de la presíntesis. El período de la presíntesis no trabaja como una ley sino como una ilusión. El descubrimiento de lo complementario desvanece la ilusión de la ley de los opuestos. Lo que hace la síntesis es revelar la estructura subyacente.
 
15
Historia y mito
 
Muchos mitos son versiones deformadas de una verdadera historia que en alguna parte tiene su versión.
Resulta insensato despreciar con prejuicios el sentido del mito. Lo que debe más bien hacerse es escudriñar la genealogía del mito hasta su raíz, verificando en el camino la partida de sus desviaciones, y hallando el tronco original que nos llevará a lo que ya no es mito sino la realidad histórica. Una historia verdadera es la raíz de la cual se desprendieron los mitos. Esa historia se conserva fiel en algún lugar. Yo creo en el testimonio de las Sagradas Escrituras, la Biblia. El mito es la respuesta que se da un pueblo ante su condición. Tal condición tiene una historia real; por lo tanto el mito se desprendió de allí, aunque en el
camino se haya degenerado. En los mitos, no todo es tan sólo mito, como tampoco todo es ciencia en las
ciencias. Más bien diría yo que muchas teorías científicas son también mitos y cumplen el papel del mito
entre sus adeptos. La fe en la ciencia es la nueva mística de la mitología actual. La ciencia es el mito
moderno. Hay un poder auténtico que sobrevee el correr del hilo genuino de la historia plena del hombre; y hay también un poder engañoso que alimenta con intereses creados la desviación de la interpretación de
hecho real. Los hombres escogen poner su fe o confianza en uno u otro poder.
 
16
Historia, mito y psicología
 
Las similitudes de la historia verdadera con los mitos son obvias; han de parecerse si provienen de un
pasado común. El mismo mito confirma el detalle auténtico de la historia. El mito corresponde a la psicología de los pueblos, porque ésta corresponde a su historia. Esa historia se remonta hasta el primero tras sus huellas. Las huellas del primero son más historia que mito. Adam no puede faltar.
 
17
De la libido
 
No es la libido, de existencia contingente, la que produce al Creador,33 sino que es el Creador el que dio
curso a la libido. No son la mística y la metafísica un símbolo sublimado de la libido, sino más bien la libido
un reflejo y símbolo del acontecer metafísico; un reflejo, un símbolo y también un resultado. La
correspondencia debe interpretarse en sentido contrario al de sublimación.
 

 18
De la objetividad del sujeto
33Alusión a la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud y a la filosofía de Feuerbach.
76 Aforismos y Reflexiones
El testimonio del Espíritu Santo NO es algo meramente subjetivo, sino que se presenta al sujeto tan
objetivamente como se le presenta su propio sujeto y el universo mismo. Algunos subjetivistas negarán la
posibilidad de conocer al objeto; mas ¿de dónde el concepto de objeto? Quizá dirán que el objeto es una
abstracción del sujeto; pero digo, ¿no es acaso tal abstracción una inferencia hecha a partir de la evidencia
del objeto mismo? Es la evidencia del objeto la que despierta la representación abstracta inferida. El sujeto
mismo es un objeto cuando se presenta ante sí; tal es el caso de la introspección, por ejemplo. El Espíritu
Santo muchas veces contradice las tendencias naturales del sujeto y opera en un nivel evidentemente
sobrenatural.
La enajenación del raciocinio acontece precisamente cuando se divorcia el concepto de su existencia
objetiva, cualquiera fuere la naturaleza de ésta. El sujeto se traslada a un plano meramente abstracto donde
puede confundirse en el mero cónclave de las representaciones independizadas del objeto de donde fueron
inferidas, rompiendo así su comunicación con las evidencias mismas. Ese es el peligro de la filosofía sin
religión.
Los neofreudianos se deslizaron del campo psicológico al epistemológico, cerrándose a la evidencia
objetiva metafísica. Diluyeron para sí mismos el contenido real del testimonio de la revelación. La
consideración parcializada de solamente la parte subjetiva del mito, ha llevado a muchos estudiosos a una
interpretación errónea de la conducta humana. El mito, considerado meramente como transformación y
símbolo de la libido,34 divorcia al hombre de las realidades objetivas mismas que dispusieron la estructura de
la energía dinámica del alma. El mito y la libido se relacionan, pero la objetividad hace más plausible que el
mito contenga disfrazada la historia que explica a la libido, en vez de la libido explicar al mito
suficientemente. El objeto libido demanda una historia objetiva, y hela allí disfrazada de mitos que provienen
de hechos ajenos a la meras representaciones de la libido misma. La libido es contingente, y no se creó a sí
misma; tampoco existe evidencia científica de su evolución. Hablando crudamente, cuando mucho hallamos
hipótesis cada vez más improbables.
34De nuevo alusión a las teorías psicoanalíticas de Freud, Jung y los neofreudianos.
Hacia una psicología escatológica 77
La energía del «superyo» no es, pues, únicamente extraída del «ello»: El «superyo» tiene también su
historia independiente entretanto que la libido demande un estructurador y una fuente original onto y
filogénica. La innegable relación «ello-yo-superyo» no debe confundirse siempre con transformación
libidinal o sublimación. La libido no es toda la realidad que existe ni la única naturaleza en las cosas
evidentes que existen. El cuerpo no es el alma, y el alma no es Dios, aunque la estructura está plenamente
diseñada para que haya relación. No obstante, la naturaleza de cada uno conserva una característica
irreductible. El alma no puede ser reducida meramente al cuerpo aunque obviamente se relacionan. El
hombre es una unidad integral que disfruta de diversas naturalezas (biológica, psíquica y espiritual).
Tampoco Dios puede ser reducido a un mero producto del alma. La perspectiva es justamente lo contrario:
Dios explica al alma, y el alma explica al cuerpo; no al revés.
19
Alma y Dios
El alma es la vida. El alma humana es la vida psíquica humana. Toda vida proviene de Dios y le
pertenece a Dios. Toda vida debe vivirse para Dios. Se vive para que Dios se agrade en la vida vivida para
Él. Toda vida que no sirve para Él, peca y morirá; descubrirá su contingencia. Pero aquella vida que es
redimida, es decir, comprada para vivir de nuevo para Dios, Dios la preservará para sí. Todas las energías
de la vida fueron dadas por Dios para ser vividas delante de Él y para Él. Vivir para Dios es el deber de la
vida. Es este el propósito que le ha sido dado y que ella misma no sublima sino que descubre ya sublime
para ella. “El alma que pecare, esa morirá”.35 Pero Dios preservará para vida eterna al alma que viva para
Él. Por la obediencia a la verdad se purifica el alma. La verdad es la revelación de Dios. Jesús Cristo es la
verdad.
35Referencia a las palabras de Dios por el profeta Ezequiel 18:4,20.
78 Aforismos y Reflexiones
Dios quiere que seamos felices para Él; no solamente felices, sino felices para Él; y esa es la felicidad
eterna. El alma que no vive para Dios no puede ser verdaderamente feliz, porque la felicidad consiste en
vivir para Dios, porque Dios es la meta y el sustento de toda felicidad; y la felicidad es testimonio de Dios.
Debemos buscar ser felices en Dios y para Dios, y no sólo meramente felices. Tal es la gloria de la Deidad
que sólo puede producir felicidad en aquellos que viven para Él. El sentido eterno es Dios mismo como la
esencia de la felicidad. Y el sentido eterno no se halla en la vida en sí, sino en Dios, que es la meta y el
sustento de la vida. El Dios eterno le da sentido eterno a la vida que se vive para Él, haciéndola feliz para
Él, debido a Su carácter. El sentido eterno se satisface en Dios. Sólo Dios tiene tal gloria para satisfacer un
sentido eterno. Dios destruirá toda vida que no viva para Él. He allí la condenación del lago de fuego y
azufre, que es la muerte segunda.36
20
De la psique
36Alusión a Apocalipsis 20:12-15; 2:11.
Hacia una psicología escatológica 79
La psiquis no es independiente ni autosuficiente. Las necesidades del «ello» tienden un puente hacia
realidades ajenas a su misma existencia. Igualmente el «yo» se abre a la realidad de la relación sociable.
El «superyo» se apoya en la realidad de lo que representa. La interrelación «ello-yo-superyo» no puede ser
jamás un círculo dinámico aislado, ni la dinámica de su estructura, autosuficiente. A cada estadio
corresponde una realidad externa a sí mismo. El concepto de sublimación es insuficiente. Existe sí una
utilización de la energía psíquica puesta al servicio de la realidad externa; pero nunca tal realidad externa
será una mera transformación de la energía psíquica puesta a su servicio en la comunicación. La comunión
de la energía del sujeto con la energía del objeto complementario es la participación dentro de la realidad.
La satisfacción de las necesidades, ya sean instintivas, de autoconservación, placer, comunicación,
reproducción, morales y religiosas, etc., solamente se realiza válidamente con el real objeto complementario
de energía externa: comida, sexo, amistad, espíritus o Dios, etc. La mera representación de estas cosas
hecha con la energía del sujeto, no provee suficientemente para la necesidad real; necesidad que llega a ser
el lenguaje de la acomodación de la estructura humana a toda la realidad de su contexto.
El mito no es, pues, solamente un símbolo de la libido, sino una interpretación, errónea o no, de la
realidad exterior e interior dentro de cuyo contexto la libido misma es apenas un elemento más que también
necesita acomodarse; de ahí su analogía a todo el proceso de la marcha de la realidad. La historia real,
aparte de la libido, tiene su aporte abundante en la formación del mito. La libido participa del mito por
cuanto participa de la realidad. La correspondencia del mito con las necesidades de la libido se debe a la
correspondencia de la urgencia de participación libidinal con la realidad verídica que el mito representa o
interpreta, erróneamente o no. Si el mito interpreta con mucho error la realidad, el hombre no quedará
satisfecho. Los intentos científicos de interpretación también son mitos; buscan responder a la misma
indagación subyacente. La verdadera historia del testimonio sobrenatural, de donde el mito derivó
pervertido, afirmará la presente experiencia que satisfará la necesidad humana. Y la comunión con el Dios
verdadero encajará a plena satisfacción dentro del hombre, proveyéndole para su comunicación con la
realidad total y su intelección. La revelación divina colocará al hombre en armonía con la plenitud de todas
las cosas, pues Dios es la razón final real de todas las cosas a quien todo finalmente representa y en quien
todo se reúne, y a cuya manifestación tiende la integración de toda la realidad.
Queda hecha, pues, la realidad, el efecto de la evidencia del Ser Divino en quien todo subsiste y de quien
y para quien lo es todo. La salud es, pues, la conformidad al propósito eterno de la Deidad. La terapia es la
80 Aforismos y Reflexiones
revelación, la redención y la disciplina paternal de Dios. La historia es parte de todo esto. Solamente el
objeto preciso complementario satisface realmente cada necesidad. Diremos, pues, que el objeto
complementario final de plena satisfacción total es el Dios verdadero. La revelación, la redención
juntamente con la disciplina impuesta por Dios, corregirá los pasos de la humanidad hacia su pleno sentido.
He allí la razón de la historia. La energía del sujeto, como realidad, mitiga momentáneamente con la mera
representación de la realidad «Tú», al hambre de la ausencia, pero no satisface su real necesidad. La
realidad objeto complementario: sexo, comida, amor, Dios, debe estar presente con toda la evidencia de ser
para lograr la definitiva satisfacción. Soñar que se come, o probar apenas un pasabocas, no satisface.
Masturbación en lugar de cópula perfecta y matrimonial amorosa y dignificante, no satisface. Fría cortesía
en lugar de amistad sincera, no satisface. Aparentación religiosa en lugar de verdadera comunión con Dios,
no satisface. Sólo la evidencia misma del objeto complementario logra su propósito. Es por eso que la
historia corre de desilusión en desilusión aprendiendo a encontrar su objeto verdadero complementario, el
cual es Dios mismo; no era religiosidad, ni economía, ni mero bienestar material. La pugna entre oriente y
occidente durante la llamada guerra fría es un azote disciplinario para volvernos la mirada a la pureza de la
revelación traída por Jesús Cristo y confiada al cristianismo del tipo primitivo de Sus apóstoles.
21
De la cópula de la psique
La realidad suprema es el significado buscado y es la razón de la existencia. La realidad suprema no es
la suficiencia del «sí mismo», sino que se relaciona con el «de dónde», «cómo», «por qué» y «para qué»
vino. El «sí mismo» no es la respuesta suficiente, pues de otra manera no se formularía la pregunta, sino
que se bastaría a sí mismo; pero esto ha demostrado ser imposible. Una pregunta viva requiere una
respuesta vivificante. Es obvio que el derecho que la existencia tiene es relativo. El derecho absoluto
corresponde a Aquel que tiene Esencia Divina y que todo lo sustenta, el cual es Dios. La dinámica
existencial de la psiquis del alma requiere un sustento ajeno a sí. La puerta de la perturbación psíquica se
abre cuando se pretende un apoyo autoxistencial independiente cerrado en sí.
Eso fue lo que aconteció a los primeros padres de la humanidad en su caída en el Edén. La nostalgia es
esa insatisfacción por lo incompleto del reposo de la existencia creada sobre sí misma y no sobre Dios. La
energía psíquica existencial le ha sido prestada al hombre para que cumpla su servicio dentro de un
Hacia una psicología escatológica 81
contexto pleno que rebosa sus límites. Hay conflictos en el contexto circunstancial por alejamiento de Aquel
que tiene Esencia Divina y todo lo sustenta y todo lo reúne, Dios. El hombre se desarrolla con una nostalgia
acompañándole, pero la unión con Dios tras la revelación divina es ese derramamiento marital místico que
satisface de plenitud de ser a la existencia creada.
Existe, pues, una cópula legítima para la existencia creada, y es con Aquel que le dio a luz, con Dios.
Cópula fraudulenta es la que busca satisfacer al hombre sin Dios y sin su beneplácito, pues sólo Dios mismo
puede ser el realizador final. Tal es el caso del animismo, el espiritismo y la posesión demoníaca,
rompecabezas de la psiquiatría, mas pan comido del exorcismo cristiano.
La energía existencial de la persona consta de pensamiento, sentimiento y decisión; razón, emoción y
voluntad. Pero esto no es todo en los casos del hombre; es apenas el granito de arena en la playa, pues
además de esto, el hombre tiene espíritu. El espíritu es el radar metafísico.
22
Incipiencia y realización
No podemos identificar las más plenas experiencias de realización del hombre en Dios con la insipiencia
fetal sin desarrollo que no tiene conciencia de sí. La inconciencia en lo incipiente no puede contener al
conocimiento pleno derramado en la revelación. Pero el hombre sí está diseñado para recibir el impacto de
la comunión plena con Dios.
23
Los servicios de la energía de la vida
La energía de la vida está diseñada por su Autor para realizarse cumpliendo varios servicios indirectos
dentro de uno directo. Estos servicios están entrelazados entre sí como estructura dinámica. Esta energía
es, pues, la misma vida que vive para la vida. Es decir, la vida sirve a la vida, y cada nivel o calidad de vida
está diseñado para servir a una vida superior, hasta culminar el servicio de los eslabones de la vida en el
derroche supremo o ante el Autor de toda vida, el cual es Dios, el gran Yo Soy que posee vida eterna en sí
mismo. Es así que la vida botánica se sirve de los minerales, y sirve a su vez al reino animal; éste sirve al
82 Aforismos y Reflexiones
hombre y el hombre a Dios. Esto es lo natural, lo real. También vemos que la vida en su servicio es
comunión con la vida, pues el servicio es una comunicación en el derroche de la entrega. Llamamos
derroche al derramamiento por el derramamiento sin esperar recompensa.
El servicio de la vida no es necesariamente una evolución, ni conversión por sublimación, pero sí es
dignificada la vida sirviendo en su nivel estático. Quiere decir que el mineral no necesariamente se convierte
en vegetal, pero le sirve, y cuando le sirve se dignifica, hallando en su servicio la razón plena de su ser
como mineral, y allí culmina su servicio. El vegetal, aunque se sirve del mineral, no es un producto de éste,
sino que posee su naturaleza propia y como tal existe con un propósito propio, distinto al propósito para el
mineral. El vegetal halla el pleno sentido de su ser como tal, realizándose en el derroche de su entrega en
servicio de la vida animal. Pero el vegetal no evoluciona en animal aunque le sirve, sino que el animal
recibe el servicio desde una naturaleza que ya le es propia y distintiva de su nivel recibida genéticamente
conforme al diseño del Autor que le otorgó su estructura y función a cada género de vida. Es, pues, la
superioridad innata de la naturaleza superior la que se sirve de los dones de naturaleza inferior puestos a su
servicio. Aunque la autoridad también presta su servicio propio en relación a las naturalezas inferiores, no
son los dones inferiores los que diseñan al que sirven de nivel superior, pues no tienen propiedades ni
facultades diseñadoras en su naturaleza innata que puedan diseñar algo superior a sí mismos. Así también
el animal sirve al hombre, pero no lo hace. No tiene el animal nada en su naturaleza para diseñar un
hombre, pero le sirve porque fue el mismo así diseñado, para servir. El hombre también se descubre
diseñado para servir a la Deidad; y esto es lo normal y natural; es la historia de los pueblos. La energía de
la vida en el hombre está, pues, diseñada para servirse de la vida botánica y animal, también de la energía
mineral y física, pero a su vez él se siente naturalmente inclinado a adorar a un Ser Superior. La exquisitez
de este servicio, haciéndose cada vez mejor, es el sentido del hombre.
En todas las edades los hombres han hallado normalmente el sentido de su vida en el servicio a la
Deidad. Hallar el servicio más perfecto y agradable es el fin último del hombre. Es lo que debe buscar
encaminado al Dios verdadero. Todas las energías de la vida en el hombre tienen también un servicio al
hombre, que es servicio indirecto a Dios. Y el hombre, como eje de todas las energías de que se sirve, debe
enfocarlas en servicio directo de adoración y obediencia a Dios. Hay, pues, en la vida del hombre energías
que se realizan ejecutando funciones para el hombre como servicio indirecto a los propósitos de Dios. La
adoración integral es servicio directo en la convergencia de las energías humanas según la suma de su
Hacia una psicología escatológica 83
naturaleza propia. Así la energía de la vida en el hombre sirve a las funciones de supervivencia,
autodefensa, reproducción, etc., como servicio indirecto a Dios, realizando en el ser íntegro del hombre lo
que sea menester para que éste sintetice la plenitud de su vivencia en el servicio directo e íntegro a Dios y
Su propósito. Si el hombre vive, se sustenta, se conserva y se reproduce, es para disponerse en el proceso
sintetizador de las energías, a adorar y servir al Creador Supremo y derramarse a sí mismo en este servicio
supremo, que es su fin último. El hombre, pues, no debe comer y beber para sí, sino para Dios; defenderse
y guardarse para Dios; reproducirse para Dios y hacerlo todo delante de Dios y para Dios. Todas sus
energías se mueven dentro de una estructura dinámica diseñada para este fin. La enfermedad y la muerte
son, pues, la destrucción del servicio de la vida. Cuando la vida no sirve a la vida, muere; cuando sirve, se
dignifica y se perpetúa; se hace así digna del cuidado de los seres superiores; éstos también sirven en amor
a quienes les sirven, formándose así una cibernética de armonía total.
Al hablar de dignificación es entonces cuando encontramos esa función que al ser observada fue
interpretada como sublimación. Pero decimos aquí que cualquier clase de servicio de la energía de la vida
en el hombre, es ya sublime de por sí en su propia naturaleza y propósito. No se trata, pues, de la
conversión de una energía en otra, sino del servicio íntegro de la función homínida. La función homínida, es
decir, la función integral del hombre, que es simplemente ser hombre en el sentido pleno de su ser, para
Dios; para lo cual existe la revelación antropológica de parte de Dios. No se trata de una energía sublimada,
sino que cada función es propia en sí misma y no diseña nada, aunque sirve en relación con el todo de las
partes del hombre. Cada función sirve relacionada con las demás en su naturaleza propia. La síntesis de
las funciones no es resultado de sublimación, sino que es ya sublime de por sí en su diseño. El diseño
canaliza la síntesis en su servicio que le es propio. Las energías no se subliman haciendo por sí mismas una
síntesis, y la síntesis no inventa su propio propósito y servicio, sino que en forma natural, es decir, ya
sublime de por sí, la estructura integral del hombre fue diseñada para servir a su Autor. El Autor preparó el
diseño, y el diseño preparó el servicio, y el servicio utilizó la síntesis, y la síntesis confederó las energías; las
energías estuvieron puestas allí, ya listas para un plan preconcebido. No crearon, pues, las energías al
servicio como si se tratara de una sublimación, sino que la realidad externa de la necesidad del servicio
llamó a comparecer las energías ya sublimes, es decir, listas y naturales de por sí.
La desnaturalización es, pues, el principio de la muerte. Si el instinto es natural, lo es también la moral.
Ambos tienen su función propia y sublime de por sí. Aunque hoy por hoy, después de la caída del Edén, el
84 Aforismos y Reflexiones
misterio del pecado corroe la realización humana. Las energías entre sí acceden a ayudarse, comunicarse
unas a otras, servirse mutuamente y directamente entre sí, en el servicio, diríamos, indirecto a los propósitos
del Creador, del Autor del diseño. Diversas porciones de la energía de la vida, sublime de por sí, se
reparten en la estructura del hombre, sublime también de por sí, para llevar a cabo funciones sublimes de
por sí. En el uso de las energías, teniendo estas medidas, se reparten, transfieren, sublimes de por sí. La
energía transferida no se sublima diseñando el servicio, ni creando el objeto al que sirve, sino que por causa
de la realidad misma del objeto al que sirve, realiza una función de transferencia sublime de por sí.
Resumimos, pues, diciendo que el impulso primario del hombre es su propia hominidad integral.
24
Una función de la imago
La imaginación y la representación de las cosas en la imago tiene la función de preparar al individuo para
entrar en contacto con la realidad; dispone el campo de contacto. La imago no es la realidad misma, como
diría el idealista, pero la representa para despertar la reacción que se acomode a la realidad. Es esta una
función indispensable que tiende a asegurar la comunión. El contacto con la realidad misma irá
perfeccionando la representación en la imago. El concepto de idea, o de imagen, evidencia la diferenciación
que hace el sentido común entre la realidad y su mera representación. Por ejemplo, en la relación sexual se
prepara la circunstancia para el acto real por medio de sugerencias, memorias, pensamientos, inducciones
que penetran la imaginación; entonces la representación tiene la función de preparar al ser para la comunión
con la realidad. Siendo esta la función de la imago, preparar, enfocar, ajustar, ensayar, probar, se
desprende de esta declaración el hecho de que la representación es variable en la imago, sin que
necesariamente varíe la realidad misma. La imago madura o degenera. Si madura, el encuentro con la
realidad será satisfactorio; si degenera, no habrá contacto placentero. La realidad material y espiritual, el
cosmos visible y el invisible que trasciende nuestros sentidos hasta la imago, despierta la reacción a través
de ella, preparando el campo para el hecho real. Y así como mencionamos el ejemplo del sexo, igualmente
acontece con el sentido afectivo, si observamos el contenido de los ensueños durante el noviazgo, por
ejemplo.
Lo mismo ocurre en el caso del temor. La representación de la realidad, sin ser ella misma, prepara el
encuentro con la realidad. La imago es, pues, el anticipo reflejo de la realidad. Tal reflejo no siempre es fiel,
Hacia una psicología escatológica 85
pero puede ser corregido por el peso de la realidad evidente en el desarrollo normal. Asimismo el
sentimiento religioso llega a ser encaminado tras el encuentro con la revelación divina que enfrenta al ser
con la realidad sobrenatural. La imago, pues, tiene la función de preparar al ser para su comunión con la
realidad; es también, por otra parte, el amortiguador. Siendo esta una función de la imago, preparar, se
reconoce, pues, la gama o margen de enfoque y adaptación progresiva. La realidad presenta un testimonio
que engendra una representación en la imago con el fin de preparar nuestro encuentro con la fuente de ese
testimonio. La realidad física material y aun la biológica, también anuncia en forma tipológica la presencia
de la realidad metafísica y eterna, que a su vez revela sus propias evidencias en el terreno del conocimiento
y experiencias religiosos.
Tal testimonio forja en la imago la representación que prepara el encuentro con esa realidad suprema, la
cual es Dios. La vivencia de recibir el anuncio, despierta el interrogante; el interrogante prepara la
búsqueda; la búsqueda dispone el campo enfocando con la imago a la realidad, y la revelación declara la
realidad. La energía limitada del arquetipo en la imago, es apenas un canal de contacto, no un verdadero
sostén. La urgencia de la necesidad indaga hasta hallar la realidad misma detrás de su representación. Si
la realidad falta, la existencia sucumbe. La existencia comenzada como ser creado tiende a desarrollarse en
realización hacia el encuentro con la realidad suprema, donde hallará la razón de su ser, pues la existencia
fue llamada a la realidad y debe hallar la plenitud de su sentido. Ese es el impulso primario. Existió porque
fue llamada para algo. La energía del ser se encaminará hacia ese foco central. Por esa causa los hombres
se preguntan por la verdad y se entregan a la tarea del conocimiento y la experiencia por diversos caminos
distintos tan sólo en apariencia: la ciencia, la filosofía, la mística. Durante su recorrido, la imago de la
realidad suprema madurará encaminando la historia, preparando a través de la prueba de los valores, el
encuentro con la realidad más inefable, en el caso de que el enfoque halle resultado apropiado. El dolor y la
felicidad servirán de indicadores en las consecuencias, debido a la estructura unitaria del todo; serán el
lenguaje de aprobación o reprobación. La imago se proyecta a lo supremo preparando el descubrimiento de
lo absoluto. El glorioso retorno del Señor Jesús Cristo preñará con la realidad suprema la matriz de la
humanidad anhelante, dando a luz un reino eterno de inmortalidad y perfección. La representación
incompleta e imperfecta en la imago, muchas veces despierta reacciones prematuras e inmaduras; pero
todo esto tiene el sentido del aprendizaje. El aprendizaje vivencial es parte de la preparación; asimismo la
revelación que progresivamente ha culminado en la plenitud de Cristo.
86 Aforismos y Reflexiones
25
Recepción de la vida
La vida es la expresión en que va canalizada la dádiva que proviene de la Fuente Creadora. La vida no
es, pues, propia; es decir, no es su propia dueña. En la hora de la muerte se descubre que no podemos
retenerla como propia. Ella es el don de una Mano Creadora y solamente se sustenta de la energía
recibida. Su energía es, pues, recibida y no propia. El acto de recibir la vida su energía prestada, la
convierte en expresión. La vida es, pues, una expresión que anuncia una Fuente Creadora, motriz y
autoexistente: Dios. El ser la vida una expresión que anuncia, la convierte en canal de lo que anuncia. El
hombre es fundamentalmente un canal de Dios. El diseño de su estructura está dotado para canalizar
adecuadamente una expresión de Dios; es decir, para dar a través suyo impresiones de Dios. La intimidad
secreta, profunda y generalmente oculta, el espíritu, es la raíz vitalizada, la boca receptora del canal por
donde penetra ahora otra energía recibida, la del mismo Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios es la dádiva de
la Fuente Creadora que vivifica el canal humano del espíritu humano. La dádiva revela al Creador Dador; es
decir, es la substancia que Le expresa, y a Su voluntad, configurándose a su vez en el interior del hombre
que le canaliza conformando Su propia imagen.
El hombre está, pues, fundamentalmente diseñado para ser una imagen de la Fuente Creadora que se
participa a sí misma como dádiva, configurando la imagen de sí misma en aquello que crea como canal de
sí. La imagen de Dios en la intimidad secreta, en el espíritu humano, es, pues, el canal o vehículo por
donde se inyecta la energía del Espíritu Divino. La imagen de Dios es el canal del principio vital. La plenitud
de la energía divina y dádiva que se canaliza y cabalga sobre las energías prestadas humanas, forma la
perfecta imagen de Dios, puesto que no es tan sólo energía divina, sino también personalidad divina. En lo
metafísico, la imagen de Dios es el Hijo de Dios, que en la historia es Jesús Cristo, el Verbo encarnado.
Dios, pues, genera la energía, pero es mejor decir: exhala Su propio Espíritu personal y eterno, el cual
hinche de plenitud a la imagen que es Su canal, que ahora henchida de la plenitud recibida se conforma a la
imagen que es la expresión que comunica a manera de canal desde la intimidad secreta del espíritu
humano, a la mismísima Fuente generatriz de toda energía vital. La imagen está, pues, diseñada para
relacionar la Fuente con el resto de la estructura receptiva, de manera que ésta participe y exprese de la
dádiva que a su vez revela, y es el Creador y Dador.


SILENCIOS DEL HUMANISMO

AFORISMOS Y REFLEXIONES
Cuarto cuaderno:
SILENCIOS DEL HUMANISMO

Que sólo Dios sea glorificado
y
el hombre en Dios
sea realizado.

SILENCIOS DEL HUMANISMO
Dios e importancia.
Del Padre y el Hijo.
Seno.
Fidelidad.
De la necesidad de los mártires.
De la esencia y la existencia de Dios.
De la explicación final.
Importancia de recibir del Espíritu Santo.
Del diálogo humano.
La pasión necesaria.
El sello de la criatura.
El hombre se descubre.
Del conocimiento empírico.
De la estética.
90 Aforismos y Reflexiones
Del sentido común.
De la jactancia moderna.
Hombre y psicólogo.
De la irracionalidad de la razón.
Del mito de la razón suficiente.
De la originalidad vital.
Del inconsciente colectivo.
Orgullo y engaño.
De la envidia.
Cierta ignorancia.
Del dolor y el placer.
De los sueños.
De la antigüedad del concepto de resurrección.
De la antigüedad del alfabeto.

1.
Dios e importancia
 
Solamente Dios es importante. Ninguna otra cosa tiene importancia alguna en sí misma. No importa lo
que sea, nada es importante en sí aparte de Dios. Ni siquiera el cielo, ni el universo, ni nosotros, ni nuestra
salvación, ni nuestra perdición, ni nuestra tribulación, ni nuestro dolor, ni nuestro servicio, ni nuestra
adoración, ni nuestra búsqueda, ni nuestra oración, ni el trabajo de la Iglesia. Nada es importante en sí
mismo, sino sólo Dios. A nada debemos atribuirle importancia aparte de Dios, porque nada la tiene en sí.
Mucho menos debemos atribuirle a nada, ni a lo más noble, ni siquiera a nuestra perfecta obediencia y
adoración, menos a nuestra salvación eterna, mayor importancia que a Dios. Solamente Dios es importante en sí mismo, y es sólo Él quien da importancia a las cosas. Las cosas no son importantes en sí, sino solamente con relación a Dios. Es decir, las cosas tienen solamente la importancia que les da Dios. Son
importantes solamente porque Dios les da importancia. Y son importantes solamente en la medida en que
Dios les da importancia. He allí el gran amor de Dios: que siendo sólo Él importante, Él le dio importancia a
las cosas, y éstas llegaron a ser importantes solamente en función de Él; es decir, porque Él les dio
importancia. Y si le damos importancia a las cosas, no es por ellas mismas, sino por causa de Aquel que las
hizo importantes. Son importantes porque es importante Aquel que les da importancia. De otra manera no
tendrían importancia. La importancia de Dios le da importancia a Sus cosas, a Su creación, a lo más ínfimo.
Es importante porque fue Dios quien lo quiso y lo creó. Cualquier cosa que pretendamos hacer más
importante que Dios, es una abominable idolatría, aunque fuese el acto mismo de adorar. Debemos atender
más al adorado que a la adoración misma. La adoración no tiene importancia en sí, sino que, porque Dios es importante e hizo importante la adoración, ésta entonces es importante, porque es importante el que la
busca y la merece. No se debe adorar por adorar. En ello hay pecado. Se debe adorar a Dios, porque Él es
importante, lo único importante, el sentido de todo. Ahora bien, por causa de la importancia de Dios,
debemos darle la justa importancia a todas las cosas que Dios les dio importancia. Su amor hizo importante
a lo que no era y le concedió participar de pura gracia. Así que todo es importante en cuanto dispuesto es de Dios. Si le restamos importancia a lo que Dios le da importancia, estamos ofendiendo la importancia de
Aquel que quiso hacerlo importante. No debemos darle a nada más ni tampoco menos importancia de la que
Dios le da. Dios, y no el hombre, establece de sí, la verdadera importancia de las cosas.
 
2
Del Padre y el Hijo
 
El amor del Padre y el Hijo cual Espíritu Santo es nuestro ejemplo y es la dinámica misma de nuestro
amor cristiano. No solamente el Padre está en el Hijo, sino que también el Hijo está en el Padre, en el seno
mismo del Padre; es decir, siendo el deleite completo y perfecto con que se alimenta el Padre. “Tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti”.37 “No me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada”.38 “Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío”.39 “Este es mi Hijo amado en el cual tengo complacencia”.40 “Que todoshonren al Hijo como honran al Padre; el que no honra al Hijo, no honra tampoco al Padre”.41 “Padre, glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti”.42 “Que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre”.43 Todas las cosas existen para honrar al Hijo. Lo que no honra al Hijo no merece existir. En todas nuestras decisiones el Hijo debe tener la preeminencia. “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano”.44 Dios todo lo quiso crear por medio del Hijo y para el Hijo. ¿Cuánto es entonces Su amor por nosotros? Pues no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, repartiéndolo entre nosotros para hacernos Su cuerpo. Su Hijo se despojó para compartir con nosotros Su despojamiento y así librarnos de nuestra rebeldía, reconciliándonos con Dios. El Hijo es el amor del Padre por los hombres y es el amor de la iglesia por el Padre. El Hijo lo llena todo en todo; el Padre lo llena por el Hijo. También la iglesia es coheredera de la plenitud de Dios por medio del Hijo.
 

----------
37Juan 17:21b.
38Juan 8:29b.
39Juan 17:10a.
40Mateo 3:17; 12:18; 17:5
41Juan 5:23.
42Juan 17:1b.
43Filipenses 2:11b.
44Juan 3:35.
Seno

De la manera como Cristo está en el seno del Padre, así lo está la iglesia que está en Cristo. Escondida
con Cristo en Dios. Por medio de Cristo tenemos entrada y permanencia en Dios.
4
Fidelidad
 
Dios es fiel a sí mismo. En el Hijo está cumplida la fidelidad del Padre. Por eso en el Hijo fueron creadas
todas las cosas, para que sostenidas, redimidas y juzgadas por Él, puedan serle fieles y para Dios, por
medio de la fidelidad de Él. “27[Dios] Todas las cosas las sujetó debajo de sus pies [del Hijo]. 28Pero luego
que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas
las cosas, para Dios sea todo en todos”.45
451 Corintios 15:27a, 28.

5
De la necesidad de los mártires
 
Cristo fue entregado para ser despedazado por la furia de los hombres. ¡Cuán necesario nos es Cristo!
Cuán necesaria es la iglesia, que es Su cuerpo, la cual, al igual que Su cabeza, pero no en expiación, es
entregada también para ser despedazada por la furia de los hombres, y ser así con Él el alimento de la
humanidad. Cuánta necesidad hay de voluntarios que en Cristo se entreguen cual corderos como comida
eterna en la resurrección de los hombres, homicidas y perversos en todo. Cuán necesaria es la verdadera
iglesia que soporta en silencio y amando. Cuán necesarios son los mártires.
 
6
De la esencia y la existencia en Dios
 
La divina esencia propia del Padre participa esencia al Hijo de Su misma esencia. La existencia eterna del
Hijo revela la esencia propia de Dios. El Ser Divino tiene esencia y existencia. El Ser Divino es Espíritu, es
Santo y trascendente. El Ser Divino es por sí y existe en sí; permanece y se revela; es eterno e inmutable y
se mueve plenamente. Se mueve plenamente el Ser Divino en sí y es inmutable en Su movimiento. Sí, Su
movimiento es pleno y Su plenitud es inmutable. Su plenitud inmutable, invisible e inherente mora o habita complacidamente en el reposo de Su revelación que es acción y movimiento, lo cual es el resplandor de Sugloria, el Hijo con la plenitud del Padre, el Unigénito del Padre. Dios es uno, todo el Ser Divino, esencia yexistencia, plenitud y revelación, inmutabilidad y movimiento, Espíritu. Su Espíritu es y actúa y es laidentidad purísima y perfectísima de Su amor que es uno, y como amor: matrimonio de esencia y existencia,atributo y revelación, plenitud, sentido y satisfacción. Dios permanece; y cuando en Su esencia dispensa,engendra y exhala, entonces es el Padre, quien permanece asentado en sí eternamente. Y cuando se conoce y se revela, lo cual ha hecho desde la eternidad, entonces en y de Su misma esencia engendra inmanentemente a Su Verbo que, subsistiendo eternamente cual Verbo de Dios en la única esencia divina, y participante de ella, es el Hijo. El Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre. Y cuando Su Espíritu actúa, y lo hace amando eternamente, entonces es el Agente Divino procedente y pleno, exhalado en y de la misma esencia y cual Persona, la tercera, de la misma esencia; es el Espíritu Santo. El Padre eternamente se conoce y se exhala amando. Es también eternamente revelado y amado. Así es la esencia divina inmutable y en movimiento eterno. El Padre, pues, se revela con el Hijo y actúa con Su Espíritu. El Espíritu opera, pues, con todo lo que es del Hijo, quien es la imagen de Dios, Su misma revelación, el resplandor de Su gloria. Dios, pues, es y permanece, se revela y actúa. Es uno y es el Padre revelado en el Hijo y en acción por Su Espíritu. El Espíritu es, pues, del Padre y del Hijo; es el Espíritu del Padre y es el Espíritu del Hijo. El Espíritu evidencia hoy la esencia del Ser Divino que se hace así entonces evidente por sí mismo.
 
También le ha evidenciado en parte la creación de todas las cosas. Su acción se ha evidenciado en la
creación y en la redención, y se evidenciará en el juicio. El Revelado actúa y Su acción le evidencia. El
Padre de gloria se dio a conocer por medio del Hijo, que le revela y por quien creó y redime y juzgará, en la
virtud de Su Santo Espíritu. Dios es, sin embargo, solamente uno. El Ser de Su esencia es único. Su
plenitud, Su revelación y Su acción son inherentes a Su simplicidad. Dios dice: “Yo soy el que soy”.46 He allí Su nombre; Yahveh, el que es en sí mismo, de sí mismo y por sí mismo, y se revela por sí mismo. Yahveh se ha revelado y se revela mediante y como Jesús Cristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna: Su Hijo Jesús Cristo. Y a Éste le conocemos íntima y evidentemente por medio de Su Espíritu, que se fusiona alnuestro que fue creado a Su imagen y semejanza, por medio del cual, y en unión al Suyo, nos hacemos uno con Él para participar de la naturaleza divina en Su gloria. El Espíritu Santo es entonces quien nos da a conocer al Hijo; y al conocerle a Éste, entonces conocemos también al Padre, que se reveló en y por el Hijo. Somos, pues, llamados al seno de Su gloria.
 
7
De la explicación final
 
La explicación final y última de todas las cosas tan sólo puede provenir revelada directamente de aquella
Esencia Divina única que lo creó todo con propósito, y ha dicho de sí mismo: “Yo soy el que soy”. Esa es la
explicación final: Yo soy.
46Éxodo 3:14.

8
Importancia de recibir del Espíritu Santo
 
Es de suma importancia recibir directamente del Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios, pues es
tan solamente el Espíritu Santo quien procede del Padre y del y por el Hijo, y toma lo del Hijo, que es
también del Padre, y nos lo participa; lo da a la Iglesia. Dios y no la cultura, es la sabiduría de la Iglesia.
 
9
Del diálogo humano
 
La humanidad participa de un diálogo. He allí sus bibliotecas, sus revistas y diarios, sus archivos, sus
modas, sus corrientes filosóficas y prácticas, el vaivén de sus opiniones. Toda la humanidad está
dialogando a lo largo de su historia. Se ha sentado a la mesa a tratar de un algo. Pero en medio de toda
esa humanidad que charla, que dialoga y disputa, hay una cámara: la cámara de los privilegiados que
dialoga en el templo los secretos más profundos. Y esa cámara de privilegiados es la Iglesia de Jesús
Cristo. Ella se ha sentado a la mesa más íntima y trata el tema de las eternidades; y el tema es Yahveh. Y
el tema de Yahveh es Su Hijo Jesús Cristo. Jesús Cristo es el tema del diálogo en la cámara secreta de los
privilegiados. Y cuando Yahveh nos habla de Su Hijo Jesús Cristo, también Yahveh, y nos lo enseña,
entonces a sí mismo se enseña y se declara. Es el tema de las eternidades; el mayor y más grande
espectáculo; el maná secreto y escondido, reservado para la mesa de los privilegiados; el alimento sobre la
mesa de la eternidad. Privilegiado llegará a ser cualquier hombre que reciba a Jesús Cristo.
 
10
La pasión necesaria
 
El “ser para sí” del existencialismo es una pretensión cuya acción a priori e inmoral es motivada en la
ignorancia del “ser en sí”. La superioridad supuesta en el existencialismo de la existencia sobre la esencia
en el “ser para sí” es una ilusión, puesto que el “ser para sí” debe primero sostenerse en el “ser en sí”, y éste
conlleva “en sí”, en forma inherente, su propio “para qué”. La angustia evidencia la inherencia del “para qué” en el “ser en sí”. De modo que diferenciar ónticamente el “ser en sí” y el “ser para sí” es una ignorancia del esencialismo del propósito, el cual es evidente de por sí, de la misma manera como resulta evidente el “ser en sí”. Tal ignorancia voluntaria es un robo que enajena a la misma existencia del “ser en sí”, el cual no
puede garantizarse la autoposesión ante el peso de la contingencia frente al todo. El “ser para sí” es por lo
tanto inmoral, injusto e incoherente. La autoposesión del “ser para sí” es una posesión ilusoria y temporal
que conlleva su propia autodestrucción. La libertad no consiste en el absurdo del “ser para sí”, sino en la
realización plena del “ser en sí”, que conlleva su “para qué” en forma inherente. La razón de esto es porque
el ser precede a la libertad. No hay libertad sin ser. La libertad no escoge el ser, sino apenas una
modalidad de éste, realizadora o enajenante. Pretender que la libertad escoge “ser en sí” para poder “ser
para sí” es una ilusión, un castillo en el aire. Más bien diremos que al ser se le dio libertad para perpetuarse
aceptándose tal como ”es en sí”, o autodestruyéndose con la negación y enajenación de su “ser en sí”
evidente y ónticamente inmutable.
Los cambios y modos que afectan la forma del ser, no afectan su esencia, pues sólo son posibles los
cambios y modos que la esencia misma ha determinado. La esencia, pues, se enseñorea sobre la forma, y
la forma obedece a la esencia. Esto, de las criaturas, porque el Creador es Dios, y la criatura no se crea a sí
misma. El ser no se hace, apenas se descubre. La dignidad del hombre es la esencia de la naturaleza
humana que protesta contra la pretensión de la existencia que intente rebajar su cualidad inherente. La
desorientación de la existencia y su náusea acompañante, es la sentencia irrevocable contra el delirio
existencialista. Nuestra “hombridad” es esencial y no meramente existencial en todos sus recodos. La
libertad humana simplemente reposa en el océano esencial; su destino es perpetuarse descubriendo su
“para qué” y accionar su libertad en la realización de su asentimiento a la invitación del ser, al convite de
Dios. Tal invitación es llamado de la esencia, y por ella, de la Causa del “ser en sí”, y no debe ser
presunción de la existencia. Cuando la existencia presume, se alista a despertar de su delirio enfrentándose
a la enajenación, el absurdo y el abismo. Tal enfrentar la carcoma del agujero de su ser47 es el vértigo de la
existencia,48 la caída en el abismo. De allí, la pasión inútil del humanismo existencialista. El “para qué” del
“ser en sí” se evidencia en la utilidad, la urgencia, la necesidad, la exigencia y la unidad del ser dentro del
contexto total de la realidad.
47Alusión a la filosofía de Jean Paul Sartre.
48Alusión también a la filosofía de Nietzsche.

El Amor es, pues, lo contrario del “ser para sí”. El Amor eterno es el “para qué” del “ser en sí”. El Amor
eterno es el matrimonio propuesto por la esencia a su propia existencia; aceptarse tal cual se es y aceptar a
Dios y a los demás; es el abrazo del hombre y Dios y de los hombres entre sí mediante Dios, la pasión
necesaria, la vindicación de la eternidad dada ahora al ser, si responde afirmativa y libremente a Dios. El
humanismo teísta, o más bien, el teísmo humanitario del cristianismo, presenta la respuesta a la exigencia
esencial de la dignidad humana; es por lo tanto alternativa más excelente a la de la “inutilidad” de la pasión
del humanismo existencialista. La “contingencia fundamental” de la existencia, evidente de por sí,
honestamente reconocida, marcha a la vanguardia de los enemigos implacables del ateísmo existencialista.
El “Ser Necesario” sigue siendo, pues, la piedra fundamental de la dignidad humana. La “inutilidad” de la
pasión existencialista es, pues, el gran baldón de execrable desprecio que se vierte contra la dignidad del
hombre. La dignidad humana es inherente a la “hombredad” esencial. La dignidad humana no consiste en la “inutilidad” del “ser para sí”, sino en el lugar y en el hallarse y realizarse eterno del ser; la realización y
sentido pleno y satisfactorio.
La satisfacción eterna es la exigencia natural de la dignidad humana, y tan sólo la encuentra en el
cumplimiento del propósito esencial. La vivencia de una “razón de ser” eterna, en el Amor eterno de Dios,
es la cúpula de la dignidad. La dignidad máxima es ser aceptado para siempre en Dios. Y esto reside en la
vida en virtud de Cristo, complacencia declarada del Padre. El existencialismo carece del discernimiento del Propósito Divino. Se ha hecho ante sí mismo huérfano, al convertirse en parricida de las evidencias
objetivas del Espíritu del Ser Divino, contactadas vivencialmente por el espíritu de los seres humanos.
Quienes conocemos a Dios, lo conocemos directamente, aun más allá de Sus reflejos indirectos, puesto
que la realidad divina también destella tales reflejos indirectos, pero a Dios le conocemos tan directamente
como conocemos nuestra propia existencia y la existencia del universo. Simplemente declaro que para los
conocedores de Dios, Éste se ha revelado a Sí mismo tan directamente que no necesita explicar Su
existencia, puesto que ésta se ha explicado a sí misma tan evidentemente que se percibe más acá de la
inferencia abstracta. La fe contacta la vida misma en el espíritu. He allí la experiencia de que adolece el
post-Tomismo; y es la falta que le ha hecho deslizarse al existencialismo. Sören Kierkegaard y Gabriel
Marcel se sostuvieron por la fe. El post-Tomismo se deslizó de la validez de la experiencia religiosa hacia la
mera inferencia filosófica, abstracta y huérfana de las evidencias místicas directas. No necesitamos probar a Dios; Él dice por sí mismo: Aquí estoy Yo. Cuando él dice así, entonces nuestro sentido espiritual le conoce. ¿Habéis tomado en serio ese sentido?
 
11
El sello de la criatura
 
Toda criatura trae de hecho una condición inmutable e inherente por causa de la suprema realidad. Sí,
toda criatura trae esa condición inherente, que es como el sello inviolable de la suprema realidad. Y esta es
la condición inherente a toda criatura; su deuda y obligación, su pertenencia a su Creador. Aunque trate de
escaparse, esconderse y escabullirse, toda criatura, tarde o temprano, encontrará sobre sus lomos la marca del sello inexorable de la suprema realidad que es la Soberanía Divina. Verá la criatura que para siempre es deudora. Su deuda y obligación para con Dios es inherente y permanente dentro de su condición de criatura. Es el peso de la realidad suprema el que doblará nuestras rodillas y constreñirá nuestra boca a confesar a Dios. Contingencia, angustia y tormento moral son las cicatrices de la herida impresa por la realidad que hay que acatar: Dios es Dios, y nosotros somos para Él. Quien se resista delirará hasta la destrucción; morirá arrasado por el alud de lo inexorable, ineludible e inevitable.
 
12
El hombre se descubre
 
El hombre no se hace en cuanto a naturaleza; simplemente se descubre.
 
13
Del conocimiento empírico
 
El conocimiento empírico sólo se hace posible gracias a modos de realidad predispuestos antes de la
experiencia y del conocimiento. Tales modos de realidad se hayan diseñados según principios que por
afectar la realidad son ellos mismos reales. Tales principios evidencian una causalidad final o teleológica, y
por lo tanto suponen un Sujeto Dueño de los principios tales, el cual es Dios.
Silencios del humanismo 103
 
14
De la estética
 
La disposición de la estructura humana para el juicio estético está diseñada para el goce de la realidad en
sí. Después de conocer la realidad, entonces se goza y se posee.
 
15
Del sentido común
 
Lo que es del hombre, lo entiende el hombre; y si no es una locura, basta el sentido común.
16
De la jactancia moderna
 
La jactancia moderna, con su temor de lucir primitiva, se engaña a sí misma cambiando meramente las
palabras. No modifica la realidad, sino que se dopa con el tranquilizante de la lingüística y la terminología,
enajenándose con el nominalismo. Tal terminología expresa meramente su deseo, pero no es fiel a la
evidencia.
 
17
Hombre y psicólogo
 
No por ser psicólogo se es más que hombre; ni por ser meramente hombre se es menos psicólogo.
 
18
De lo irracional en la razón
 
La razón se hace irracional cuando no cuenta con la revelación.
 
19
Del mito de la razón suficiente
 
La suficiencia de la razón es un mito; primero, porque la razón es apenas una pieza influenciable de la
estructura humana; segundo, porque la razón es contingente; tercero, porque los elementos de juicio con los que trabaja la razón son generalmente insuficientes si no cuenta con la revelación; cuarto, porque la razón es dependiente; quinto, porque existe para la razón un propósito trascendente a ella; es decir, no fabricado por ella, sino por el Autor de la estructura racional. La razón apenas aprende a interpretar lo dado, pero lo dado se impone a la razón.
 
20
De la originalidad vital
 
La originalidad vital se levanta contra el peso anquilosado de la cultura.
 
21
Del inconsciente colectivo
 
Más bien que inconsciente colectivo, se trata de historia y condición común, estructura homínida común.
 
22
Orgullo y engaño
 
El orgullo levanta su morada sobre la mentira de pretenderse suficiente y propio. La humillación
voluntaria ante la Soberanía Divina se asocia al reconocimiento de la verdad. El orgullo se alimenta del
engaño; la humildad de la verdad, la realidad.
 
23
De la envidia
 
La envidia hace fiesta cuando cae el envidiado.
 
24
Cierta ignorancia
 
La mejor manera de combatir algunas cosas es ignorándolas.
25
Del dolor y el placer
 
El dolor se disfraza de placer; la máscara del dolor es el placer; nos tragamos el dolor vestido de placer.
 
26
De los sueños
 
Los sueños parecen revelar el intento de superar o solucionar los problemas con que nos enfrenta la vida.
Durante el sueño me parece que buscamos la respuesta, manipulamos el conflicto, ensayamos las
opciones, hacemos pruebas, imaginamos situaciones, sondeamos enigmas, examinamos, arriesgamos
suposiciones, representamos posibilidades, hacemos hipótesis, nos colocamos en lugares donde podemos
probar situaciones que deseamos conocer y controlar. El simbolismo onírico encubriría, pues también, tal
actividad. Mientras descansamos, la vida indaga sobre futuros pasos; busca prepararse para continuar su
camino. Y así como en algunas ocasiones Dios, o Satanás, ángeles o demonios, intervienen en nuestra
vida regular de vigilia, en contadas ocasiones nuestra vida regular de sueños se ve también intervenida por
Dios y por otros seres de la dimensión espiritual. Tal intervención de Dios, o de ángeles y demonios, es real
y no solamente imaginaria. En el sueño normal no intervenido, actuamos solos, aunque existen también
casos de comunicación con otros durmientes. A veces imaginamos al ser real; otras veces, tal ser real
espiritual interviene con su realidad propia. Durante el sueño, a menudo el proceso de despertarse es
representado como un ascender simbólico, como una culminación. La interpretación freudiana de los
sueños como satisfacción de deseos sexuales reprimidos no es exacta ni suficiente. La vida es más que
sexo, y la energía no sólo proviene de impulsos sexuales. A cada actividad normal de la vida corresponde
su energía especial. El deseo sexual reprimido es apenas uno de los problemas o de las situaciones con
que nos enfrentamos en la vida. En algunas ocasiones el sueño trata también con él como una parte del
acontecer vital, mas no todo en la vida es deseo sexual reprimido. El impulso primario en la energía vital
humana es desarrollar la integridad de la “hombredad”, la cual es esencial e innata en todas sus partes, y no es adquirida. El sueño cumpliría durante el descanso una función de entrenamiento integral; sería como una lección de capacitación programada autónomamente. El sueño no es precisamente una premonición del futuro, sino una indagación en miras a enfrentar el futuro, a partir del estado actual con su carga del pasado, y utilizando inclusive el instrumento de las percepciones del subconsciente. Cuando queremos algo, pero no sólo queremos, sino que indagamos acerca de algo, podemos soñarlo como para visualizarnos en talsituación y comprenderla mejor. Igualmente parece suceder cuando nos preocupa algo, así como cuando nos preguntamos por algo. Tal deseo, o pregunta, o preocupación no es precisamente un símbolo que esconda una energía reprimida, aunque en algunas ocasiones podría serlo; es simplemente un hecho normal humano, vital y auténtico, irreductible y legítimo; es decir, del nivel humano normal. No es necesario rastrearlo y aprisionarlo hasta la animalidad.
 

27
De la antigüedad del concepto de resurrección
 

El concepto de resurrección es mucho más antiguo que el zoroastrismo con su mazdeísmo, dualismo y
ciclos. Ya el rey David, en el libro de los Salmos, había profetizado acerca de la resurrección del Santo de
Yahveh. Tal cita era usada por los apóstoles de Jesús Cristo para confirmar escrituralmente la resurrección de Cristo, de la cual fueron testigos presenciales, fieles hasta el martirio. Zoroastro o Zaratustra fue apenas contemporáneo de Nabucodonosor de Babilonia y de Tales de Mileto, mal llamado padre de la filosofía; [el hombre siempre fue filósofo, aunque la expresión de su filosofía cambie de matiz según la época].
Zoroastro fue influenciado por el profeta Daniel. David fue anterior a Zoroastro. Igualmente podemos decir lo mismo con respecto al antiquísimo libro de Job, donde éste declara su esperanza de un redentor al cual verá en su misma carne después de deshecha esa su piel.49 Tal esperanza de resurrección es, pues,
mucho más antigua que Babilonia y Persia. El profeta Isaías, que predijo la cautividad de Israel en
Babilonia, ya mucho antes de Zoroastro, había profetizado la resurrección.
49 Ver Job 19:25,26.

Diré, pues, que el concepto de resurrección es tan, pero tan antiguo, que se remonta al origen mismo del
hombre. Ya Adam poseyó tal esperanza, pues recibió la promesa de redención desde el mismo Edén y al
mismo tiempo de la maldición. Si la transgresión provocaría la muerte y ésta era el imperio de la serpiente,
entonces cuando la serpiente fuese aplastada en su cabeza, su imperio sería roto. La resurrección estaba,
pues, claramente implícita en la promesa de Dios al hombre hecha en el Edén. De allí parte la historia
verídica de la raza humana y también del contexto del cual se derivaron los diversos mitos que fueron
tomando con el tiempo carices diferentes, pero conteniendo camufladamente las legítimas esperanzas y
recuerdos del hombre desde sus albores. Cuando la familia de Jacob descendió a Egipto consideraba ya de
importancia el lugar del sepulcro de sus padres Abraham e Isaac; por eso José hizo transportar sus huesos
a Kanaán, donde efectivamente fueron introducidos por Josué. Tal esperanza se fue definiendo en la
humanidad, y la línea escogida por Dios para preparar el advenimiento de aquella Simiente redentora que
aplastaría la cabeza de la serpiente, conservó y recibió la revelación que fue creciendo y acumulándose
hasta que la mies humana estuviera lista y preparada para la aparición de Jesús Cristo; entonces Éste dio
cumplimiento fehaciente e indubitable, delante de reconocidos testigos, de esa esperanza humana de
resurrección; mostró al mundo las primicias de la victoria, con Su propia vida y resurrección, y entregó la
garantía definitiva de la resurrección a los hombres, quitando la maldición de la tierra. La muerte ha sido,
pues, definitivamente aplastada. La confirmación de la esperanza humana se arraiga sólidamente en el
hecho de la realidad cristiana.
 

28
De la antigüedad del alfabeto
 

Algunos ya refutados críticos habían pretendido afirmar que el Pentateuco fue recién escrito por un
escriba desconocido, en los tiempos de Esdras, puesto que decían, Moisés no pudo hacerlo dizque porque
en sus tiempos no se conocía la escritura. Claro está que suena a suposiciones mal intencionadas. Ha
tiempo que es un hecho el descubrimiento de que los fenicios no fueron los padres del alfabeto, sino que lo
recibieron de los semitas. El alfabeto mismo testifica de esto: los nombres de las letras corresponden a
palabras hebreas (ej.: B, beth = casa). Así, pues, que el argumento de los ya refutados críticos se derrumba
cuando afirmaban que la escritura no se conocía en ese tiempo. Vemos, sin embargo, en los Salmos deDavid (ej.: 103), Asaf y otros muy anteriores a Esdras, que éstos hacen mención de Moisés, de los sucesosdel Éxodo, y de la Ley, lo cual es el más celosamente guardado patrimonio de los israelitas. David no sóloprecedió a Esdras sino también a la cautividad misma de Israel en Babilonia. El registro de la prácticasacerdotal de Israel es mucho más antiguo de lo que se pretendía atribuírselo. Por lo menos 300 añosantes de que Moisés llevase a Israel al Sinaí, ya se comprobó que existía el alfabeto entre los cananeos y hebreos. Tenemos el testimonio en las tablillas halladas por F. Petrie de los obreros del Retenú. Las
piedras del Serabit El-Chadem son ya antecesoras del alfabeto actual. También el Código negro de
Hamurabi es claramente premosaico. De modo que la escritura en alfabeto era ya una realidad en la tierra
del Sinaí en la época de Moisés. No olvidemos que el mismo Moisés cita libros anteriores a Él. Por otra
parte, el registro extrabíblico que confirma el Éxodo se hace patente en los descubrimientos de las pinturas con semitas que laboran en ladrillos hechos por Nemberry. Los 430 años de esclavitud parecen
corresponder con el final de la época de Ramesés II, afamado constructor, en cuya época Israel sufrió el
yugo de la esclavitud, de la cual fue liberado dejando, por así decirlo, la marca en la hechura de los ladrillos.