"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).

martes, 21 de junio de 2011

EVOLUCIÓN DE LA EXPRESIÓN DOGMÁTICA

EVOLUCIÓN DE LA
EXPRESIÓN DOGMÁTICA

En la sección anterior “Acerca del Verbo de Dios", presentábamos el Testimonio Divino,
apostólico y profético acerca del Hijo de Dios, Jesucristo, en relación a la Deidad y a la
humanidad. Las Sagradas Escrituras son claras en este punto presentándonoslo como Dios y
hombre verdadero, el Verbo encarnado, hecho a la semejanza de los hombres. Ahora queremos
presentar a continuación una breve relación de la evolución de la expresión dogmática acerca
del tema a través de los siglos.
Comenzamos considerando la confesión de aquellos que estuvieron ligados directamente a
los apóstoles, la cual es de gran interés, pues manifiesta la tradición que heredaron en una
forma más pura y sencilla. Antes que nada mencionaremos por lo menos dos o tres que
autenticaron el testimonio evangélico del Nuevo Testamento:

PAPÍAS DE HIERÁPOLIS, quien murió en el año 130, conoció al apóstol Juan, y a Aristión,
discípulo de Jesús, también a las hijas de Felipe, y a varios de los antiguos, y recopiló también
los dichos de Jesús de la boca de Andrés, Pedro, Felipe, Tomás, Santiago, Mateo. Papías fue
amigo íntimo de Policarpo de Esmirna, discípulo directo del apóstol Juan. En su cita, Papías menciona dos veces a Juan, primero hablando en pasado de quienes había recogido el
testimonio ocular de los dichos y hechos de Jesús, y entonces a continuación menciona de
nuevo a Juan y a Aristiòn como de quienes aún en el presente recibía información a fines del
siglo primero. Papías dice haber escuchado de Juan que Marcos, intérprete de Pedro, consignó
el testimonio de éste fielmente. Además de Marcos, también Mateo es refrendado por Papías.

CUADRATO. También discípulo de los apóstoles, y además profeta, fue Cuadrato, el cual
entre los años 117 y 138 testificaba apologéticamente por escrito que aún sobrevivían algunos
de los que Cristo había sanado y resucitado, apelando a su testimonio de la misma manera
como el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios apelaba a los sobrevivientes de los 500
o más que vieron a Cristo resucitado.

TACIANO EL SIRIO, discípulo de Justino Mártir, en el siglo II, compuso el Diatessaron, una
armonía de los cuatro Evangelios, refrendando también así, junto con otros, el testimonio de su
antigüedad.

Habiendo, pues, confirmado con testigos entre los extrabíblicos, el testimonio de la
historicidad gloriosa del Cristo que nos presenta el Nuevo Testamento mismo, pasamos a
considerar algunas citas de otros hombres relacionados al primer período apostólico en relación
a su confesión de Dios y Cristo.

A. ESCRITORES APOSTÓLICOS

BERNABÉ. El Códice Sinaítico del siglo IV incluye en el canon del Nuevo Testamento,
después del Apocalipsis, una epístola atribuida a Bernabé, compañero del apóstol Pablo.
Clemente de Alejandría, que murió en 215 y Orígenes (184-254) atribuyen también el escrito al
compañero de Pablo. En la carta, Bernabé (en caso de ser correcta la atribución epistolar),
reconoce también la preexistencia de Cristo; entre otras cosas dice:"Dios dijo a su Hijo: hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra".

POLICARPO DE ESMIRNA (70-156). Discípulo del apóstol Juan y obispo de Esmirna y
también apóstol, como consta en las actas de su martirio, escribía a los Filipenses en estos
términos:
"Que Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, y este mismo eterno pontífice, el Hijo de
Dios, Jesucristo, os edifique en la fe, en la verdad y en toda mansedumbre...".
Ante la pira del martirio a fuego oró así Policarpo según registro de la iglesia de Esmirna:
"Señor Dios Omnipotente, Padre de tu amado y bendito Siervo (o Hijo, según otra
traducción) por quien te conocemos (...) te bendigo y te glorifico por mediación del eterno y
celeste Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu siervo (o Hijo) amado, por el cual sea gloria a Ti, con
el Espíritu Santo".
La iglesia de Esmirna de su tiempo, heredera de su tradición, a1 narrar en el año 156 el
testimonio de sus mártires, escribía a la iglesia de Filomelia y otras comunidades:
"A Cristo adoramos como Hijo de Dios, a los mártires amamos como discípulos e
imitadores del Señor".

CLEMENTE DE ROMA (Filipenses 4:3). Colaborador del apóstol Pablo, de quien y del apóstol
Pedro recibiera (como se hizo con Lino [2 Timoteo 4:21]) la constitución a1 episcopado de la
iglesia de la ciudad de Roma, ejerciéndolo entre los años 92-101; escribió a nombre de la iglesia
en Roma, a la iglesia hermana en Corinto, una carta exhortándoles a la reconciliación entre
ellos. Hay en tal carta las siguientes expresiones relacionadas a nuestro tema: "Por Él
(Jesucristo) contemplamos como en espejo la Faz inmaculada y soberana de Dios..."; eco
también de 2 Corintios 3:18; 4:6, y más adelante: "...Él, el esplendor de Su grandeza, y tanto
mayor que los ángeles, pues los supera el Nombre que heredó". Nos recuerda a Hebreos
1:3,4,5. Exclama luego: "Vive Dios, Vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos". Entonces ora: "Que todos los pueblos te reconozcan como único
Dios, a Jesucristo como tu Hijo, a nosotros como tu pueblo y ovejas de tu rebaño". Al terminar la
carta con un resumen se expresa así:
"El Dios que todo lo ve, el Soberano de los espíritus y Señor de toda carne, que escogió al
Señor Jesucristo y por medio de Él también a nosotros (...), para que todos agrademos Su
Nombre, por nuestro Sumo Sacerdote y Jefe, Jesucristo, por el cual sea dada a Dios gloria y
majestad, honra y poder, ahora y por los siglos de los siglos, amén".

IGNACIO DE ANTIOQUIA, quien conoció personalmente a1 apóstol Juan, amigo también de
Policarpo, con jurisdicción sobre la Siria, es el primero, a principio del siglo II, en hacer diferencia
entre obispos y presbíteros, que son la misma cosa antes que él, según las Escrituras y otros
documentos de la antigüedad cristiana; es también el primero en llamarle "católica" a la Iglesia
universal, y quien confederó las iglesias de Siria (plural, como consta en Hechos 15:41) en la
iglesia de Siria (singular). Ignacio ejerció su obispado entre los años 98-117, en el cual fue martirizado por las fieras; camino a1 martirio escribió cartas a algunas iglesias, y puesto que estaba en auge la herejía
doceta, que negaba la real humanidad de Cristo y la realidad de sus sufrimientos, enfatizó
entonces la tradición de su verdadera humanidad. Ignacio, en su carta a los Efesios decía (7:2):
"Un médico hay, sin embargo, que es carnal a la par que espiritual, engendrado y no
engendrado. En la carne hecho Dios, de María y de Dios, primero pasible (capaz de
padecer) y luego impasible, Jesucristo nuestro Señor".
Al principio había saludado a la iglesia de los efesios como: "predestinada antes de los siglos
por la voluntad del Padre y de Jesucristo nuestro Dios" (eco de la epístola paulina a los
Efesios). En esta misma carta usa expresiones como las siguientes: "...vivificados en la sangre
de Dios". Dice también: "Jesucristo, nuestra inseparable vida, es el pensamiento del Padre".
Y en otro lugar de la misma carta: "... La sabiduría de Dios, que es Jesucristo"; y en otro: "La
verdad es que nuestro Dios, Jesús el Ungido, fue concebido de María, según la economía
divina"; también: "Dios se manifiesta en forma humana para la novedad de la vida eterna". A
Policarpo escribía (3:2): "Aguarda al que está por encima del tiempo, al intemporal, al invisible,
que por nosotros se hizo visible; al impasible, que por nosotros se hizo pasible; al que por todos
los modos sufrió por nosotros"; y a la iglesia de Esmirna les decía: "glorificó a Jesucristo, Dios,
que os dio tal sabiduría"; "yo en verdad, aprendí y creo que Jesucristo aún después de la
resurrección, permanece en la carne... después de Su resurrección comió y bebió con ellos,
como alguien que tiene carne, aunque unidos espiritualmente al Padre". A la iglesia de la
ciudad de Roma se expresaba Ignacio: "... magnanimidad del Padre Altísimo y de Jesucristo Su
Hijo unigénito"; "...según la caridad de Jesucristo, nuestro Dios, salud, en nombre de
Jesucristo, Hijo del Padre". "... permitidme imitar la pasión de mi Dios".

ARÍSTIDES DE ATENAS. Apologista contemporáneo del arriba citado Cuadrato, fue Arístides
de Atenas, muerto en el año 130. Éste, en defensa de los cristianos, escribía al emperador
Adriano la confesión de que "son los cristianos los que por encima de todas las naciones de la
tierra, han hallado la Verdad, pues conocen al Dios Creador y artífice del Universo en Su Hijo
unigénito y en el Espíritu Santo, y no adoran a ningún otro dios" (15:3).

HERMAS escribió su testimonio de unas visiones que tuvo; obra que tuvo mucha circulación
en el siglo II y el III, y que fue muy apreciada, aunque finalmente no fue aceptada en el canon del
Nuevo Testamento. "El Pastor" de Hermas, como comúnmente se conoce el escrito, pone en
boca de un ángel, que le dice a Hermas que el Espíritu Santo es el Hijo de Dios; declaración que
algunos considerarían heterodoxa, a menos que se la entienda mediante 2 Corintios 3:17 y Juan
14:18.

B. ESCRITORES Y CONTROVERSIAS SIGUIENTES

JUSTINO MÁRTIR. Muerto en 165, escribía por elk año 150: "Nosotros adoramos y amamos, después de Dios, el Verbo, que procede del mismo Dios Ingénito e inefable; pues Él, por amor nuestro, se hizo hombre para ser participante de nuestros sufrimientos y curarlos" (2a Apología 13:4-6).

MELITÓN DE SARDIS. Escribía por entre los años 160-170 una Homilia sobre la Pascua, donde se expresaba en estos términos acerca de Cristo: ":::Nacido como Hijo, conducido como cordero, sacrificado como una oveja, enterrado como un hombre, resucitó de los muertos como Dios, siendo por natuyraleza: Dios y hombre. Él es todo: por cuanto juzga, es Ley; en cuanto enseña: Verbo; en cuanto salva, Gracia; en cuanto engendra: Padre; en cuanto que es engendrado: Hijo; en cuanto que sufre: oveja sacrificial; en cuanto que es sepultado, hombre; en cuanto que rersucita: Dios. Este es Jesucrito, a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos" (8-10).


ATENÁGORAS DE ATENAS. Muerto en el año 180, se expresa en estos términos:
"El Hijo de Dios es Verbo del Padre en idea y en poder. Todo fue hecho por medio de Él,
siendo uno el Padre y el Hijo; el Hijo está en el Padre y el Padre en el Hijo..."; "El Hijo es el
primer brote del Padre, no como hecho, puesto que desde el principio Dios, que es
inteligencia eterna, tenía en Sí mismo al Verbo, siendo eternamente racional...";
"...admitimos a un solo Dios... ¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes
admiten a un Dios Padre, y a un Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran Su potencia en
la unidad y Su distinción en el orden?"
Del Espíritu Santo dice Atenágoras ser una emanación de Dios que “brota y regresa como un
rayo de sol"; y se expresa también así:
"Nos conmovemos por llegar a conocer al verdadero Dios y al Verbo que está en Él, cual
es la comunión que hay entre el Padre y el Hijo, lo que sea el Espíritu, cual sea la unidad de
tan grandes realidades y la distinción entre los así unidos, el Espíritu, el Hijo y el Padre".

TEÓFILO DE ANTIOQUÍA. En el año 181 moría el obispo Teófilo de Antioquía, quien un
poco antes escribía a su amigo Autólico, tres libros apologéticos. Es este Teófilo el primero en
que se encuentra la expresión traducida TRINIDAD aplicada a Dios; la palabra griega que usó
es Τριας (Triada). He aquí la cita en que aparece por primera vez esta palabra a fines del siglo II:
"Los tres días que preceden a la aparición de las lumbreras, son tipos de la Trinidad
(Τριας): de Dios, de Su Verbo y de Su sabiduría".
También Teófilo de Antioquía es el primero en el registro histórico en que aparece en su
expresión una diferenciación entre el Verbo como inmanente en Dios, y el Verbo proferido.

IRENEO DE LYON. Contemporáneo a Teófilo de Antioquía fue Ireneo de Lyon (140-202),
discípulo en su juventud de Policarpo de Esmirna. Fue uno de los más sobresalientes
defensores de la fe ortodoxa contra las herejías que comenzaban a infestar por todas partes el
siglo II. Ireneo combatió eficazmente el gnosticismo, al que el apóstol Pablo combatía ya en su
carta a los Colosenses. El gnosticismo pre-cristiano se vistió de terminología cristiana a partir del
discípulo gnóstico de Dositeo, Simón Mago; éste a su vez tuvo dos importantes discípulos:
MENANDRO y GEMELO, del cual surgieron los gemelitas y apoctatitas. A Menandro le
sucedió SATORNIL, y así se extendió la falsa gnosis, tomando diferentes matices, entre los
cuales figuran como los principales tipos de gnosticismo el de BASÍLIDES, discípulo de
SATORNIL, y también las líneas de CARPÓCRATES y VALENTÍN. A éste último le sucedieron
Herácteron, Ptolomeo y Florino, contemporáneo y antiguo amigo de Ireneo. A Basilides le
sucedió Isidoro, y a Carpócrates, Epifanes. Entre los valentinianos sobresalieron Bardesano
y luego Armonio. Fueron gnósticos también Teodoto y Marco, al que alude Ireneo en sus
escritos. Taciano fundó la secta de los encratitas, siendo Julio Casiano uno de sus principales herederos. Descolló, además, el hereje Marción, a quien sucedió Apeles con un tipo extraño de
gnosticismo. Todos estos herejes, sostenían extrañas revelaciones adaptando para sí
evangelios apócrifos espúreos, lo mismo que otros escritos, pretendiendo ser poseedores de
una tradición secreta de Cristo. Contra tales se levantó Ireneo, haciéndose campeón de la
ortodoxia. En contra de las descabelladas interpretaciones gnósticas, Ireneo sostuvo la fe
original heredada del apóstol Juan por Policarpo, y refrendada por las Escrituras y la tradición de
las iglesias apostólicas. Ireneo sostenía: "Dios se ha manifestado por el Hijo, que está en el
Padre y tiene en Sí al Padre" (Contra las Herejías 2,28.6).
Los gnósticos, y en especial Marción, decían ser uno el Padre de Cristo, y otro el Dios de
Israel, quién, según ellos, apenas era una potestad inferior. Otros gnósticos eran tan
extremadamente dualistas, que separaban al logos del hombre Jesús. Ireneo respondía:
"Juan no conoce sino un único y mismo Jesucristo para quien las puertas del cielo se
abrieron en Su ascensión en carne, y que igualmente, volverá en esa misma carne en la
cual padeció para revelarnos la gloria del Padre" (L. III. 16:8)
Aunque Ireneo era contemporáneo de Teófilo de Antioquía, no usa nunca el término Trinidad.
Acerca de Dios decía Ireneo:
"Él poseía un ministerio de inefable riqueza, siendo asistido en todas sus obras, por
aquellos que son a una vez su primogenitura y sus manos, a saber, el Hijo y el Espíritu, el
Verbo y la Sabiduría, a quienes a su vez ministran sumisos todos los ángeles".
A fines del siglo II y a comienzos del III, se acentuaba la controversia sabelianista. Bajo el
peso del judaísmo, muchos se negaron a aceptar ningún tipo de distinción en Dios, diciendo que
Padre, Hijo y Espíritu Santo eran meramente máscaras, negando así la subsistencia real y
eterna del Hijo que es el Verbo con Dios. Uno de los principales defensores de tal corriente fue
Sabelio; también lo fueron Noeto, Teodoto, Cleómenes, Epígonos y Pråxeas, los principales
exponentes del modalismo, adopcionismo, monarquismo y patripasionismo. Modalismo en el
sentido de que Padre, Hijo y Espíritu Santo eran simples modos o maneras temporales de
mostrarse Dios. Adopcionismo en el sentido de que el Hijo sería un mero hombre donde
moraba el Espíritu, el cual divinizó o adoptó al tal hombre. Patripasionismo, en el sentido de
que fue el Padre quien supuestamente sufrió la pasión.
Durante la reforma protestante, Miguel Servet sostuvo tales ideas. En este siglo XX lo opinan
los unitarios y los "Sólo Jesús". No obstante, el tercer siglo y los siguientes demostraron la
herejía de tal concepción.

TERTULIANO DE CARTAGO. Contra el presbítero Práxeas de Roma escribió Tertuliano de
Cartago (155-220); en su obra "Contra Práxeas" emplea por primera vez en latín la palabra
TRINIDAD. Teófilo en griego había usado Τριας; Tertuliano en latín introduce técnica y
definitivamente el vocablo TRINIDAD. Para expresar el dogma, Tertuliano es también el primero
en emplear la fórmula: "una substancia y tres personas en Dios". Escribe Tertuliano así:
"Son tres, pero no por la cualidad, sino por el orden; no por la substancia, sino por la forma;
no por el poder sino por el aspecto; pues los tres tienen una sola substancia, una sola
naturaleza, un solo poder, porque no hay más que un solo Dios. Mas por razón de su rango,
de su forma y de su aspecto, se les designa con nombres, Padre, Hijo y Espíritu Santo".

HIPÓLITO DE ROMA. Discípulo de Ireneo fue Hipólito de Roma (160-235), quien combatió el
modalismo patripasionista en Roma contra el bando de Calixto papa, por lo cual fue llamado el
primer antipapa. Papa llamábase en la antigüedad a todos los obispos prominentes de cualquier
parte del Imperio; no obstante Calixto era obispo de Roma, a quien Hipólito combatía por su
sabelianismo. He aquí la doxología de Hipólito:
"...por tu Hijo Jesucristo, por quien sea a ti la gloria, el poder y el honor, al Padre y a1 Hijo
con el Espíritu Santo (en tu gloria) ahora y por los siglos de los siglos, amén".

NOVACIANO, quien murió en 257, y que también residió en Roma, resume la teología que se
encuentra en Ireneo, Hipólito y Tertuliano. No usó el término TRINIDAD; refutó el docetismo, el
ebionismo, el adopcionismo, modalismo, patripasionismo. Abundantes son sus citas de las
Escrituras. Puesto que fue el primero en Roma en escribir en latín, capacitó a Occidente para
competir con el oriente. Novaciano amplió el significado de la terminología de Tertuliano.
Introduce la expresión: VERBO ENCARNADO. Del Hijo escribe:
"Dios, con toda certeza, procedente de Dios, constituyendo la segunda Persona después
del Padre, por ser el Hijo, sin desposeer por eso al Padre, de la unidad de la Divinidad".
Novaciano, de la misma manera como Tertuliano e Hipólito, presenta a1 Hijo, el Verbo, como
subordinado al Padre.

ORÍGENES (184-254). Usa desinhibidamente el vocablo TRINIDAD; introduce además el uso
de la palabra griega HOMOOUSIOS, es decir, consubstancial, de la misma esencia, el cual fue
usado en el Concilio de Nicea (325). Es también Orígenes el primero en usar el vocablo griego
TEOANTROPOS, es decir, Dios-hombre, referido a Jesucristo. Empleó en sus definiciones
términos como OUSIA, esencia, y PHYSIS, naturaleza. Dice Orígenes:
"La Sabiduría, por proceder de Dios, es engendrada también de la misma substancia
Divina. Bajo la figura de una emanación corporal, se le llama así: «Emanación pura de la
gloria del Dios Omnipotente»" (Sab. 7:35). “Estas dos comparaciones manifiestan
claramente la comunidad de substancia entre el Padre y el Hijo. En efecto, toda emanación
debe ser HOMOOUSIOS, o sea de una misma substancia con el cuerpo del cual emana o
procede" (In. Hebr. 24357).
En Arabia, en el año 245, Orígenes y Heráclides llegan a un acuerdo concluyendo así un
prolongado diálogo en presencia de muchos obispos:
"-Orígenes: ¿El Padre es Dios?
Evolución de la expresión dogmática 107
-Heráclides: Si.
-O.: ¿El Hijo es diferente del Padre?
-H.: ¿Cómo podría ser simultáneamente Hijo y Padre?
-O.: El Hijo, que es distinto del Padre, ¿es también Dios?
-H.: También Él es Dios.
-O.: ¿De esta manera los dos Dioses forman uno solo?
-H.: Sí.
-O.: Por consiguiente ¿afirmamos que hay dos Dioses?
-H.: Sí, pero el poder es UNO".

GREGORIO TAUMATURGO (213-273), se expresa así en su exposición de la fe:
"Hay un solo Dios, Padre del Verbo viviente, de la Sabiduría subsistente, del Poder y de la
imagen eterna; Engendrador perfecto del Perfecto Engendrado, Padre del Hijo Unigénito.
Hay un solo Señor, Único del Único, Dios de Dios, figura (carácter) e imagen de la Divinidad,
Verbo eficiente, Sabiduría que abraza todo el Universo, y poder que crea al mundo entero,
Hijo verdadero del verdadero Padre, Invisible del Invisible, Incorruptible del Incorruptible,
Inmortal del Inmortal, Eterno del Eterno. Y hay un solo Espíritu Santo, que tiene su
subsistencia de Dios y fue manifestado a los hombres por el Hijo: Imagen del Hijo, Imagen
perfecta del Perfecto, Vida, causa de los vivientes, Manantial Sagrado, Santidad que
comunica la santificación, en quien se manifiestan Dios Padre, que está por encima de todos
y en todos, y Dios Hijo, que está a través de todos. Hay una Trinidad perfecta, en gloria y
eternidad, que no está dividida ni separada. No hay por consiguiente, nada creado ni esclavo
en la Trinidad, ni tampoco nada sobreañadido, como si no hubiera existido en un período
anterior y hubiera sido introducido más tarde. Y así ni al Padre le faltó nunca el Hijo, ni el Espíritu Santo al Hijo, sino que, sin variación ni mudanza, la misma Trinidad ha existido
siempre".

MALQUIÓN DE ANTIOQUIA. En el año 268 se reunió el tercer sínodo de Antioquía, donde
fue anatematizado Pablo de Samosata por la discernidora intervención de Malquión de
Antioquía. Pablo de Samosata se había levantado contra el sabelianismo diciendo que el Hijo
era una virtud de Dios subordinado a Él y de la misma substancia (homoousios), pero posterior
y parcial. En ese sentido, entonces el Sínodo de Antioquía condenó la palabra homoousios
(consubstancial) como inapropiada para expresar la relación entre Padre e Hijo. Leoncio dice
que Pablo de Samosata aceptaba una TRINIDAD nominal donde sólo el Padre era Dios, el Hijo
meramente humano, el mayor Profeta, y el Espíritu Santo, la Gracia que residía en los apóstoles.
La palabra homoousios en el sentido de Pablo de Samosata fue rechazada por el Sínodo. A
Pablo de Samosata le sucedió Luciano de Antioquía, maestro de Arrío, los cuales, basándose en
el rechazo de la expresión homoousios, dijeron que el Padre y el Hijo eran de diferente
substancia, y que el Verbo era un ser creado; así que derivando poco a poco de Ebión, Artemas,
Pablo de Samosata y Luciano de Antioquia se llegó a Arrio. El arrianismo, que negaba la
divinidad del Hijo, sacudió a la Iglesia en el siglo IV. Contra el arrianismo se levantaron Alejandro
de Alejandría y principalmente Atanasio. Arrio (256-336) usaba el término TRINIDAD, pero con
el siguiente trasfondo. Decía él:
"Hay, pues, una Trinidad, pero no con glorias iguales; sus subsistencias no se
entremezclan; una es infinitamente más gloriosa que la otra. El Padre, por no tener origen,
es, en cuanto a esencia, ajeno al Hijo. Comprende que la mónada existía; en cambio la
díada no existía antes de que empezara a existir. Ahora bien, aun no existiendo el Hijo, el
Padre es Dios. Por consiguiente, no existiendo el Hijo, - pues empezó a existir por voluntad
del Padre-, es Dios Unigénito y ajenos los dos".

ALEJANDRO DE ALEJANDRÍA, hecho obispo en el año 312 y muerto en 328 fue el primer
antiarriano que se levantó inclusive antes del Concilio de Nicea; sin embargo, no emplea la
expresión homoousios (consubstancial) que adoptará luego el Concilio en 325. d.C. Alejandro
combate a Arrio diciendo:
"Cómo no va a ser una impiedad el decir que la Sabiduría de Dios no existió durante algún
tiempo, cuando ella dice de sí mismo: «Estaba yo con Él como Arquitecto de todo, siendo
siempre su delicia»; pues quien afirma que el resplandor de la gloria no existía, elimina
también la luz original, cuyo resplandor es. Y si la imagen de Dios no existía siempre, es
evidente que tampoco existía siempre Aquel cuya Imagen es. Además, al decir que no
existía el carácter de la subsistencia de Dios, se elimina también a Aquel que se expresa
perfectamente en dicha imagen".
Alejandro preguntaba:
"¿Cómo puede ser Él distinto de la substancia del Padre, el que es la Imagen perfecta y el
resplandor del Padre?... Y si el Hijo es el Verbo y la Sabiduría y la Razón de Dios, ¿cómo
hubo un tiempo en que no era? Es como si dijeran que hubo un tiempo en que Dios estaba
sin razón y sin sabiduría".

ATANASIO. Diácono de Alejandro fue Atanasio (295-373), campeón contra el arrianismo y
defensor de la fe nicena. No obstante, años antes que él, Pedro de Alejandría, quien murió en
el 311, había claramente sostenido en su obra "sobre la divinidad": "El Verbo se hizo carne y fue
hallado semejante a un hombre, pero sin haber abandonado su Divinidad". Su obra se usó más
tarde, en 431, en el Concilio de Efeso.
En el año 325, el emperador Constantino, usurpando una autoridad que no le correspondía
sobre la Iglesia, convocó el famosísimo CONCILIO DE NICEA. El primero en hablar fue
Eustasio de Antioquía, que moriría más tarde en el 337. Este es el primero en enfatizar una cristología Logos-antropos en vez de la más corriente Logos-sarx, es decir, más exactamente: el
Verbo Hombre que el Verbo-carne. En el Concilio de Nicea se discutió entre otras cosas, la
Controversia Arriana. Representaba el arrianismo Eusebio de Nicomedia, cuya doctrina fue
anatematizada. He aquí la conclusión a que llegó el Concilio expresada en el Credo de Nicea:
"Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e
invisibles. Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del
Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios: luz de luz; Dios verdadero de Dios
verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial (homoousios) al Padre; mediante el cual
todas las cosas fueron hechas, tanto las que están en los cielos como las que están en la
tierra; quien para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne,
se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y a los
muertos. Y en el Espíritu Santo. A quienes digan, pues. qué hubo cuando el Hijo de Dios no
existía, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son,
o que fue formado de otra substancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o
variable, a éstos anatematiza la Iglesia Católica".
Como habíamos dicho, fue Atanasio el gran defensor de la fe nicena en la Divinidad del
Verbo. Insistió en la expresión homoousios, consubstancial, aplicada en relación al Padre y al
Hijo, después también al Espíritu Santo. Serapión de Thmuis, quien murió después del 362,
representaba a los que sostenían el homoiusios, es decir, no consubstancial, sino de
semejante substancia. Un diptongo representaba la controversia entre "de la misma substancia"
homousios, y "de semejante substancia", homoiusios. Serapión, amigo de Atanasio era
homoiano, es decir, tan sólo aplicaba al Hijo una semejanza de substancia. Éstos temían que a1
decirse consubstancial, homousios, en vez de homoiusios, de semejante substancia,
desaparecía toda distinción entre el Padre y el Hijo. Atanasio, no obstante, buscó la aceptación
de la consubstancialidad. En su primera carta a Serapión escribía Atanasio:

"Existe, pues, una Trinidad santa y completa, de la cual se afirma que es Dios en el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo, que no tienen mezclado ningún elemento extraño o externo, que
no se compone de uno que crea y otro que es creado, sino que toda ella es creadora; es
consistente e indivisible por naturaleza, y su actividad es única. El Padre hace todas las
cosas por el Verbo en el Espíritu Santo".
Y en relación a la diferencia de los homoianos escribe Atanasio:
"El decir solamente «semejante según la esencia», de ningún modo significa «de la
esencia», con cuya expresión, como dicen ellos mismos, se quiere significar la legitimidad
del Hijo respecto al Padre. Así el estaño es sólo semejante a la plata, el lobo es semejante al
perro, y el cobre dorado es semejante al oro auténtico; pero el estaño no proviene de la
plata, ni el lobo puede considerarse descendencia del perro. Pero cuando dicen que Él es
«de la esencia» y «semejante en esencia», ¿qué quieren significar con esto sino
«consubstancial»? porque, mientras el decir solamente «semejante en esencia», no implica
necesariamente «de la esencia», por el contrario, decir «consubstancial» es afirmar el
significado de ambos términos: «semejante en esencia» y «de la esencia»".

HILARIO DE POITIERS. A la par que Atanasio combatía en Oriente, el Atanasio de occidente
fue Hilario de Poitiers (316 - 367), quien organizó la resistencia contra el arrianismo en las
Galias representado en Saturnino de Arles. En su tratado sobre la fe refuta los argumentos
arrianos que pretendían una mera unión moral entre el Padre y el Hijo.

DÍDIMO EL CIEGO. Por la misma época, Dídimo el Ciego (313-398) defendió la
consubstancialidad de las tres Personas en tratados sobre la Trinidad y el Espíritu Santo. A éste
Dídimo se le conoce como teólogo de la Trinidad. En su discurso contra Arrio y Sabelio utiliza por
primera vez la fórmula que Atanasio no se atrevió a usar, es decir, μια o_σ_α τρεις _πόστασις, una
esencia, tres hipóstasis. Atanasio en su tomo a los Antioqueños pidió que no se usara laexpresión "tres hipóstasis" para no confundir. Aunque sin hacer una mención específica, Dídimo
el Ciego avanzó en el reconocimiento de dos naturalezas en la unidad personal de Cristo.
Dídimo, es también, por excelencia, teólogo del Espíritu Santo; la procesión del Espíritu Santo
del Padre y del Hijo es claramente formulada por éste. Dice además:
"El Espíritu Santo es la plenitud de todos los dones de Dios, y que nada de lo que
comunica Dios se da sin Él, porque todos los beneficios que se reciben por gracia de los
dones de Dios, emanan de este manantial".
Escribió Dídimo:
"El Salvador, por ser Dios, fue ungido por el Espíritu Santísimo e increado como Él... Si el
Espíritu Santo fuera una criatura, el que es increado no hubiera sido ungido por Él".
A partir del año 353, el Emperador Constancio impuso el arrianismo hasta su muerte,
forzándolo sobre los obispos e imponiéndolo en los sínodos, de manera que aun el papa Liberio
de Roma, y Osio de Córdoba claudicaron; en el Concilio de Sirmio se rechazó abiertamente la fe
nicena.

Durante la controversia Trinitaria surgió una nueva, la Cristológica, relacionada a la forma
cómo la Divinidad y la Humanidad estaban juntas en Cristo.

APOLINAR DE LAODICEA (310-390), comenzó a enseñar la herejía de que en Cristo el Logos
divino tomó el lugar del alma humana, negando así la completa humanidad de Cristo. Entonces,
en el Primer Concilio de Constantinopla, en el año 381, fue anatematizado el Apolinarismo, y
se estableció la fe en la verdadera y plena humanidad de Jesucristo. Jugaron, en este siglo IV,
un papel importantísimo en la definición dogmática, los TRES CAPADOCIOS: Basilio Magno,
Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Niza.

BASILIO EL GRANDE (329-379), de Cesarea, Capadocia, fijó la diferencia de significado en
forma definitiva entre ousia, esencia, e hipóstasis, subsistencia, ambas usadas anteriormente con ambigüedad, significando "substancia".
Es también Basilio Magno Capadocio, quien defendió e impulsó el cambio de doxología.
Anteriormente la doxología era: "Gloria al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo". Desde Basilio
Magno se impone la siguiente doxología: "Gloria al Padre con el Hijo con el Espíritu Santo". De
esta manera, dedicando a Anfiloquio de Iconio su tratado sobre el Espíritu Santo, intenta con
su doxología combatir al arrianismo y al sabelianismo. Es interesante notar también la siguiente
declaración de Basilio el Grande:
"No podemos añadir nada al Credo de Nicea, ni siquiera la cosa más leve, fuera de la
glorificación del Espíritu Santo, y esto porque nuestros padres mencionaron este tema
incidentalmente" (Ep. 258,2). Sin embargo, no le llama "Dios" al Espíritu Santo en su obra acerca de Él.

De tal tratado se sirvió AMBROSIO DE MILÁN, quien fue obispo desde 373 a 397, por medio de quien las ideas de Basilio Magno pasaron al Occidente. Escribió Basilio (Ep. 210,5):
"No basta enumerar las diferencias de persona (πρόσωπov); hay que confesar que cada
persona (πρόσωπov) existe en una substancia verdadera, en una hipóstasis real. Ahora
bien, ni siquiera Sabelio rechaza esa ficción carente de hipóstasis de Personas. Decía él que
el mismo Dios, siendo uno en substancia, se mudó en la medida en que le exigían las
necesidades del momento, y unas veces se expresó como Padre, otras veces como Hijo y
otras como Espíritu Santo. Los inventores de esta herejía anónima están renovando un viejo
error que hace tiempo se extinguió; me refiero a los que repudian las hipóstasis y rechazan
el nombre del Hijo de Dios”.
El Concilio de Constantinopla (381) adoptó la expresión: Tres hipóstasis, o personas
subsistentes.

GREGORIO DE NACIANZO (330-390), hace explícita la doctrina de las relaciones en la Trinidad, haciendo así que la futura escolástica, como se expresará en 1441 en el Concilio de
Florencia, se remonte a este Capodocio quien expresó que hay completa identidad entre las tres
Personas Divinas fuera de las relaciones de origen. Aunque Basilio apenas trató de las
características de relación del Hijo, su discípulo, el Nacianceno Gregorio, las entiende también
como propiedad del Espíritu Santo. Gregorio Nacianceno expresa clara y abiertamente la
Divinidad del Espíritu Santo, y es el primero en definir el carácter definitivo de las tres Personas.
Dice él:
"El Padre es Padre sin principio, porque no procede de nadie. El Hijo es Hijo y no es sin
principio, porque procede del Padre. Pero si hablas de principio en el tiempo. Él es el
Hacedor del tiempo y no está sometido al tiempo. El espíritu Santo es Espíritu de verdad,
que procede del Padre, pero no a manera de filiación, porque no procede por generación,
sino por procesión" (Or. 39,12).
Es también Gregorio de Nacianzo quien por primera vez usa en la fórmula cristológica la
terminología Trinitaria. Escribe él:
"Las dos naturalezas son una sola por la mixtión, habiéndose hecho Dios hombre, y el
hombre Dios... y digo elementos diferentes, porque es el reverso de lo que ocurre en la
Trinidad; porque allí reconocemos personas distintas para no confundir las hipóstasis, pero
no elementos distintos, porque los tres son uno mismo en la Divinidad" (Ep: 101).
En el siguiente siglo se adoptó la fórmula de una sola hipóstasis en Cristo. Gregorio había
declarado de las dos naturalezas estar unidas en esencia.

GREGORIO DE NIZA. El otro de los grandes Capodocios también fue llamado Gregorio, mas
de Niza (335-385), quien profundizó en el estudio de las relaciones del Espíritu Santo con el
Hijo. Los tres Capodocios sostienen que el Espíritu Santo procede del Padre por el Hijo. Del Hijo
procede inmediatamente, del Padre mediatamente.

JERÓNIMO. No obstante lo anterior, en el año 376, Jerónimo (347-420) escribía a Dámaso,
obispo de Roma, de quien fue secretario, objetando el uso de la expresión: tres hipóstasis, que,
como hemos dicho, fue adoptada definitivamente 5 años después en el Primer Concilio de
Constantinopla.

AGUSTÍN DE HIPONA (354-430). Aquí A. Trapé, describiendo el libro agustiniano De la
Trinidad dice: "Los aspectos más originales son: la doctrina de las relaciones, la explicación
«psicológica», la doctrina sobre las propiedades personales del Espíritu Santo, que procede
como amor, y la ilustración de las relaciones entre el misterio trinitario y la vida de la gracia".
Escribía Agustín:
"Aunque sean cosas diversas ser Padre y ser Hijo, la substancia, empero, no es diversa,
pues estos apelativos se dicen no según la substancia, sino según las relaciones, que no
son accidentales, porque no son mudables".
La contribución de Agustín a la expresión dogmática fue importante y básica para la
escolástica posterior, que usó y desarrolló la doctrina de las relaciones y la explicación
"psicológica" de la Trinidad, además de la teología del Espíritu Santo. He aquí la correcta
cristología de Agustín que, como se dice, preludia la definición de Calcedonia; exprésase
Agustín:
"Aquel que es Dios es también hombre, y Aquel que es Hombre es también Dios; no por la
confusión de las naturalezas, sino por la Unidad de la persona" (SERM. 186, 1,1).
Escribe también:
"Decimos que Cristo es verdadero Dios, nacido de Dios Padre... y que el mismo es
verdadero hombre, nacido de una mujer madre... y que su humanidad, por la que es menor
que el Padre, en nada disminuye su divinidad, por lo que es igual al Padre. Una doble
naturaleza, un solo Cristo..." (De Pened.s. 24,67).

En cuanto a la explicación "psicológica" de la Trinidad, es decir, basada en el hombre que es
creado a Imagen y semejanza de Dios, escribe Agustín:
"La mente está en sí misma, pues cuando se habla de ella, se habla de ella en sí; mas
considerada cuando conoce o es conocida o es conocible, pasa a relacionarse con su
conocimiento; o amando, amada o amable, pasa o referirse en relación al amor con el cual
se ama. Y el conocimiento, aunque se refiera a la mente que conoce o es conocida, es
también dicho como conocido o conociente en relación a sí mismo: el conocimiento, en
efecto, con el cual el alma se conoce, no es desconocido de sí mismo. Y el amor, aunque se
refiera al alma que ama, es también amor en relación a sí mismo, de modo que está también
en sí, pues también el amor es amado, y no puede ser amado sino por el amor, es decir, por
sí mismo. Así, cada una de esas realidades está en sí misma. Están sin embargo presentes
unas en las otras. La mente que ama está en su amor, el amor en el conocimiento de la
mente que ama, y el conocimiento en la mente que conoce. Cada una está en las otras dos.
La mente que se conoce y se ama está en su conocimiento y en su amor; el amor de la
mente que se ama y se conoce está en la mente y en su conocimiento: y el conocimiento de
la mente que se conoce y se ama está en la mente y en su amor, porque ella se ama
mientras conoce y se conoce mientras ama. Por consiguiente las otras dos están también en
cada una; la mente que se conoce y se ama está con su conocimiento en el amor y con su
amor en el conocimiento: el amor y el conocimiento están simultáneamente en la mente que
conoce y se ama. Vemos, pues, cómo cada una está toda entera en las otras (todas
enteras); cuando la mente se ama toda, se conoce toda, conoce su amor entero, ama su
conocimiento entero. Esto ocurre cuando esas tres realidades son perfectas en relación a sí
mismas. Así, esas tres realidades son extrañamente inseparables las unas de las otras, y sin
embargo cada una de ellas, tomada aparte, es substancia, y todas en conjunto son una sola
substancia o una sola esencia, a pesar de que tomadas relativamente se debe decir que difieren unas de las otras".
Agustín usa este ejemplo para aplicarlo a Dios el Padre, quien ama y conoce, el Verbo, que es
Conocimiento y es amado, y el Espíritu Santo, que es el amor.

CIRILO DE ALEJANDRÍA. Acercándose a mediados del siglo V tuvo lugar otra controversia en
la cual tomaron parte los patriarcas de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y el obispo de
Roma. Puesto que se reconocía dos naturalezas en la sola Persona de Cristo, la divina y la
humana, se le dio a María el título de "Paridora de Dios" (Teothokos), más comúnmente:
"Madre de Dios", queriendo decir que quien nació de ella era Dios y hombre. Entonces Nestorio
(381-459) impugnó el título de Teotokos proponiendo meramente Cristotokos o
Antropotokos, queriendo decir que ella era madre tan sólo del hombre, pero separando al
parecer al Verbo como una persona y al hombre como otra, desembocando así en dos Hijos. A lo
cual respondió Cirilo de Alejandría (_444) señalando la unión en una persona de dos
naturalezas, aunque mezclando aún los términos "fisis" (naturaleza) e "hipóstasis"
(subsistencia), significando naturaleza y persona y dando también lugar a interpretaciones
inexactas; por ejemplo, llegó a decir: "La única .naturaleza encarnada del Verbo", dando así
ocasión al monofisismo. No obstante, Cirilo de Alejandría puso las bases para el Concilio de
Calcedonia. Escribiendo a Nestorio, patriarca de Constantinopla, decía Cirilo:
"No decimos que la naturaleza del Verbo se hizo carne sufriendo un cambio, y que se
transformó en un hombre completo y perfecto, compuesto de cuerpo y alma. Decimos más
bien que el Verbo, habiendo unido a sí mismo personalmente una carne animada de un alma
viviente, se hizo hombre de manera inefable e inconfundible, y se llamó Hijo del Hombre,
pero no por puro favor ni por pura benevolencia, ni tampoco por el hecho de asumir una sola
persona (es decir, una persona humana en su divina persona). Siendo distintas las
naturalezas que se vieron en esta unidad verdadera, de ambas resultó un solo Cristo, un solo Hijo: no en el sentido de que la diversidad de las naturalezas quedara eliminada por
esta unión, sino que la Divinidad y la humanidad completaron para nosotros al Único Señor
Jesucristo e Hijo con su inefable e inexpresable conjunción en la unidad. De esta manera
aunque Él subsistía y era engendrado por el Padre antes de los siglos, se dice de Él que
también nació de una mujer según la carne; no que su naturaleza divina comenzara a existir
en la Santa Virgen, o que necesitara por fuerza por sí misma una segunda generación
después de su generación del Padre. Es necio y absurdo decir que Él, que subsistía antes
de los siglos y era coeterno con el Padre, tenía necesidad de un nuevo comienzo de
existencia. Decimos que el Verbo ha nacido según la carne, porque asumió personalmente
la naturaleza humana «por nosotros y por nuestra salvación», porque no nació primero de la
Santa Virgen como hombre ordinario y luego descendió sobre Él el Verbo, sino que
habiéndose unido a la carne desde el seno mismo, se dice de Él que se sometió a una
generación según la carne, como apropiándose y haciendo suyo el nacimiento de su propia
carne".
Nestorio fue depuesto, y sus obras quemadas, pero en su exilio compuso una vindicación que
sobrevivió bajo el seudónimo de Heráclides de Damasco, la cual ha dado pie para una
reconsideración más favorable de Nestorio.

CONCILIO DE ÉFESO. Al concilio de Calcedonia se adelantó también Isidoro de Pelusio,
muerto en 435. En el año 431 se celebró el turbulento Concilio de Éfeso; turbulento, pues se
apresuró el bando de Cirilo a excomulgar al bando de Nestorio antes de que este llegara, es
decir, sin escuchársele; llegado el Patriarca Juan de Antioquía, pro-nestoriano, comenzó con los
suyos un concilio aparte. El emperador Teodosio II castigó entonces a los dos, quienes llegaron
luego a una fórmula de unión en el año 433. Las negociaciones revalidaron el Concilio de Éfeso,
donde se estableció el término "Teotokos" aplicado a María, convirtiéndolo en "signo de
ortodoxia".

CONCILIO DE CALCEDONIA. Teodoreto de Ciro (393-466) defendió, no obstante, también
el uso del término "antropotokos" a la par que el de "Teotokos", aplicados a María. Eutiques,
abad de Constantinopla, luchando contra el nestorianismo, se fue al otro extremo, fusionando en
su fórmula en una sola naturaleza la Divinidad y la Humanidad de Cristo. La controversia
entonces dio origen al Concilio de Calcedonia (451), que condenó el monofisismo
eutiquiano y el nestorianismo. He aquí la famosa definición de Calcedonia:
"Siguiendo, pues, a los santos padres, enseñamos todos a una voz que ha de confesarse
Uno y el Mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el cual es perfecto en Divinidad y perfecto en
humanidad; verdadero Dios y verdadero Hombre, de alma racional y cuerpo; consubstancial
al Padre según la Divinidad, y asimismo consubstancial a nosotros según la humanidad;
semejante a nosotros en todo, pero sin pecado; engendrado del Padre antes de los siglos
según la Divinidad, y en los últimos días, y por nosotros y nuestra salvación, de la Virgen
María, la madre de Dios (Teotokos), según la humanidad; Uno y el mismo Cristo, Hijo y
Señor Unigénito, en dos naturalezas, sin confusión, sin mutación, sin división, sin
separación, y sin que desaparezca la diferencia de las Naturalezas por razón de la unión,
sino salvando las propiedades de cada naturaleza, y uniéndolas en una persona e
hipóstasis; no dividido o partido en dos personas, sino Uno y el mismo Hijo Unigénito, Dios
Verbo y Señor Jesucristo, según fue dicho acerca de Él por los profetas de antaño y nos
enseñó el propio Jesucristo, y nos lo ha transmitido el Credo de los Padres".

C. DESARROLLO ESCOLÁSTICO

BOECIO. Fue necesario esperar hasta Boecio (480-524) para intentarse una definición y
diferenciación más exacta de las palabras "persona" y "naturaleza". En Nicea se usaron tales
palabras, no en sentido exacto sino aproximado.

Tertuliano usó el término "persona", pero fue Boecio el primero entre los latinos que consta
que intentó definir tal palabra. En su obra: "Libro de la Persona y las dos Naturalezas, contra
Eutiques y Nestorio. A Juan, diácono de la iglesia romana" (513), Boecio define la persona como
el sujeto de la naturaleza, y presenta a la "persona" diferente de "la naturaleza", en que aquella
es substancia racional individual. En su obra "Cómo la Trinidad es un Dios y no tres dioses",
escribe Boecio:
"Si «Padre» e «Hijo» se predican de Uno y no de Otro, difieren sólo en la relación, pues la
relación verdaderamente no se predica de sí misma o de la cosa a la cual se le atribuye".
Así Boecio se adelanta a la Edad Media al inscribir, como se dice, a las "personas" en el
predicamento de la "Relación". Sigue explicando Boecio:
"Ninguna relación puede constituirse con un solo término; por ello no existe relación
cuando sólo existe una cosa. En la Trinidad existe entonces diversidad por vía de relación;
mientras que la Unidad se predica de aquello que es común o substancia".
Hasta Boecio se usaba en forma ambigua "naturaleza" y "esencia"; igualmente "persona"
(prosopon) e " hipóstasis".
Boecio intenta una diferenciación, sin embargo, aún utiliza la palabra "substancia" en dos
sentidos, según se refiera a la Trinidad, o a la Unión Hipostática de las dos Naturalezas en la
Persona de Cristo. En su doctrina Trinitaria, Boecio relativiza las personas para salvar la Unidad
de la Substancia Divina; en su cristología en cambio substancializa la Persona para salvar la
Unidad Hipostática. Fue necesario esperar hasta Ricardo de San Victor, en el siglo XII, para
superar tal ambigüedad. La Escolástica Medieval reacondicionó las definiciones de Boecio, pues
éste aún no llegó a explicar la Unidad de una Relación que fuese subsistente y además
individual; tampoco llegó Boecìo a identificar a la "persona" como sujeto de existencia. En
Boecio no se distingue aún esencia de existencia, y como ya dijimos, "substancia" fue usado endos sentidos: en el universal, esencia, y en el individual, hipóstasis. La esencia (ousia) según
Boecio es la substancia universal; la naturaleza (fisis) es la esencia formada por
diferenciaciones específicas y propiedades, es decir, ousiosis; hipóstasis, sería la substancia,
mas ya no universal, sino individual; la persona entonces sería la hipóstasis racional.

SEGUNDO CONCILIO DE CONSTANTINOPLA. Más tarde, en el año 553, se celebró el
Segundo Concilio de Constantinopla, donde se intentó un acercamiento entre los calcedonenses
(adeptos al credo de Calcedonia) y los monofisistas moderados, para lo cual se condenaron
algunas expresiones de los teólogos Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro e Ibas de
Edesa, con el propósito de evitar interpretaciones nestorianas a la definición de Calcedonia. En
el intento de ganarse a los monofisistas, el Patriarca Sergio de Constantinopla, a principios del
siglo VII formuló la doctrina del Monotelismo, en la cual negaba la voluntad humana de Cristo,
diciendo que en Él había meramente voluntad Divina. El Papa Romano Honorio también se
pronunció a favor de la herejía monotelita que minimizaba la completa Humanidad de Cristo.
Entonces contra el monofisismo y el monotelismo se levantó Máximo de Crisópolis, Confesor
(580-662), por cuya intervención fueron reconocidas la Voluntad Humana y la Divina de Cristo,
de manera que en el CONCILIO DE LETRÁN (649), un año después que el emperador
Constante II prohibió toda discusión acerca de si en Cristo había una o dos voluntades, el
monotelismo fue condenado.

TERCER CONCILIO DE CONSTANTINOPLA. Años más tarde en el Tercer Concilio de
Constantinopla (680-681) se reafirmaron la definición de Calcedonia y la condena del
monotelismo. El Papa Honorio fue entonces también condenado por el Concilio.
SEGUNDO CONCILIO DE NICEA. A la controversia monotelita le siguió la controversia
iconoclasta, si debía o no hacerse uso de las imágenes. El Segundo Concilio de Nicea (787)
falló a favor de su uso, sin sospechar que siglos después, en la práctica popular, la mera dulía o veneración recordatoria daría lugar a la directa idolatría o culto de adoración a las imágenes.
Entramos así de lleno a la Edad Media; la Teología, pues, se desarrolló en la Escolástica.

Gilberto de la Porré (1076-1154) comentarista de Boecio, estudió la condición, en la Trinidad,
de cada Persona Divina, siendo representante de la corriente personalista que centraba su
análisis en la diversidad de las personas, al contrario de la corriente esencialista, que lo hacía en
la unidad de la Substancia. Parece haber sido Gilberto de la Porré el primero en aplicar una
filosofía de la existencia a la Persona.

Ya Anselmo de Canterbury (1040-1119) definía a la persona como aquella de quien es la
esencia, en cambio la esencia es el principio de lo que es. En el mismo siglo XII, Pedro
Lombardo (_1164) emprende la corrección de Agustín de Hipona, quien daba a las Personas un
sentido absoluto; también Pedro Lombardo, al sostener que en la Trinidad las "procesiones" van
de Persona a Persona, corrige a los griegos quienes presentaban tales procesiones de
Substancia a Substancia. Pero es en este siglo XII Ricardo de San Víctor (_1163), quien
definitivamente supera a Boecio en la definición de "persona", mostrando la ambigüedad, ya
mencionada, de éste. Según Ricardo de San Victor, la Persona Divina es Naturaleza Divina de
existencia incomunicable. De manera que la Persona tiene sistencia (lo que es) y existencia
(Quien lo es). Así que cada Persona tiene sistencia de una manera que le es propia.
Entonces Alejandro de Hales (1180-1245) reteniendo la terminología boeciana, pero
adoptando la escuela de Ricardo de San Victor, llega a expresar que "subsistente" no es sujeto
de accidente sino de atribución. ¿Cómo podrían ser sujeto de accidente las inmutables,
perfectísimas y completísimas Personas Divinas? De manera que para Alejandro de Hales se
hacía necesario modificar el sentido de la terminología boeciana, su nomenclatura. Esta tuvo la
siguiente evolución en la definición dogmática: La esencia (ousia) es lo que tiene ser; ahora bien,
el ser que tiene es la ousiosis, o sea, la naturaleza en el sentido común y universal. Si esta naturaleza llega a identificarse como singular e incomunicable, eso sería la hipóstasis, en el caso de no atribuírsele una propiedad determinada. Pero si a la hipóstasis se le atribuye una propiedad determinada de naturaleza racional, se llegaría a tener lo que se llama persona; de manera que la persona es el sujeto de la hipóstasis.

Buenaventura (1221-1274) define a la Persona como el sujeto de naturaleza racional con
propiedades distintivas. Vemos, pues, que la Escolástica, aunque utilizando a Boecio, lo supera.
Alberto Magno (1206-1280), maestro del famosísimo escolástico Tomás de Aquino, respalda
la critica de Ricardo de San Victor a Boecio; de éste aprende y a éste sucede Tomás de Aquino
(1225-1273), quien lleva la Escolástica a su punto máximo. Aunque usa a Boecio, usa
restricciones para el sentido de las definiciones, e incluso las cambia reconociendo el aporte de
Ricardo de San Víctor. En el siglo XII ya se reconoce sin sombra de duda a la Persona como
alguien, en vez de un algo. De la misma manera se define la esencia y la existencia como los que
del Quien a quien se atribuye la Persona. La Persona es alguien que es aquel que es. Lo tal se
dice del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; cada uno es Persona.

Con Tomás de Aquino parece haberse llegado a una conclusión final en esta evolución de la
expresión dogmática, la cual ha permanecido incólume, desde sus días, y a través de la
Reforma Protestante, hasta nuestro siglo XX.
Queremos, pues, para concluir, citar suficientemente a Tomás de Aquino en lo relativo al tema
tratado, de su obra: "La Suma Teológica", Dice el Aquinate:
"La palabra «persona» significa lo que hay más perfecto en toda naturaleza, es decir, lo
subsistente en una naturaleza racional. Ahora bien, como todo lo que sea perfección debe
atribuírse a Dios, puesto que Su Esencia contiene en sí toda perfección, es conveniente
adoptar esta palabra hablando de Él, aunque no del mismo modo que se aplica a las
criaturas, sino de otro mucho más excelente, así como se atribuyen a Dios otros nombres tomados de los que damos a las criaturas, conforme a lo demostrado al tratar de los Nombres Divinos. Lo que constituye la dificultad respecto de la palabra persona, atribuida a la Divinidad, es el predicarse en plural de tres, lo cual es contrario a la naturaleza de los nombres esenciales, y que además no se refiere a otra cosa, como las palabras que notan relación. He aquí por qué algunos han creído que este nombre persona significa esencia
absolutamente en su acepción propia, lo mismo que el nombre "Dios" o el nombre "sabio".
Mas, para combatir las sutilezas de los herejes, se ordenó por un concilio que se pueda usar
en sentido relativo y señaladamente en plural: o como nombre partitivo: como cuando
decimos "Tres Personas" o bien "Una es la Persona del Padre" y "Otra la Persona del Hijo".
Pero en singular puede usarse en sentido absoluto o relativo. Mas esta razón no parece
satisfactoria, porque si la palabra persona no significase en su propia acepción otra cosa que
la Esencia Divina, el decir que en Dios hay tres Personas, no hubiera acallado la calumnia de
los herejes, sino que hubiera dado pábulo a mayor calumnia.
“Otros por esto mismo dijeron que la palabra persona significaba en Dios esencia y
relación simultáneamente. Entre estos algunos pretendieron que dicha palabra significara
directamente la esencia e indirectamente la Relación; porque la persona se dice, como "Una
por Sí", y "la Unidad" pertenece a la Esencia; mas lo que se dice "por Sí", implica
indirectamente la Relación, pues que se entiende que el Padre es por Sí Mismo como
distinto del Hijo en Su Relación con Él.
“Otros, por el contrario, dijeron que significaba directamente la Relación, e indirectamente
la Esencia; porque en la definición de la persona, la naturaleza no entra sino indirectamente:
éstos se aproximaron más a la verdad. Para esclarecer esta situación, debe observarse que
hay algo en la significación de lo menos común, que no pertenece a la de lo más común; así,
en la significación de la palabra "hombres" se incluye la idea de "racional", que no está
comprendida en la de la palabra "animal"; por consiguiente, una cosa es buscar la significación de la palabra animal, y otra la aplicación de esta misma palabra aplicada al hombre. Igualmente, una cosa es indagar la significación de la palabra persona en general, y otra distinta la de la Persona Divina; porque persona en general significa "sustancia individual de naturaleza racional", y se entiende por individuo lo que es indistinto en sí, pero distinto de otros. Así, pues, persona en cualquier naturaleza significa lo que es distinto
dentro de ella, como en la naturaleza humana significa estas carnes, estos huesos y esta alma, que son los principios que individualizan al hombre; y aunque estos elementos no entren en la significación común de la palabra persona, sí, empero, en el de la persona humana.
“Ahora bien, en la Divinidad no se hace distinción sino por relaciones de origen, según lo
dicho, y la Relación en Dios, por otra parte, no es como un accidente inherente a un sujeto,
sino que es la misma Divina Esencia y, por lo tanto, es subsistente como subsiste la Divina
Esencia; y como la Deidad es Dios, del mismo modo la Paternidad Divina es Dios Padre, que
es una Persona Divina. La Persona Divina significa, pues, una relación como
subsistente; y esto es significar la relación por modo de substancia, que es la hipóstasis
subsistente en la Naturaleza Divina... Según esto, es cierto que la palabra persona significa
directamente Relación e indirectamente Esencia: mas no Relación en cuanto es relación,
sino en el concepto de hipóstasis. Significa también directamente Esencia e indirectamente
Relación, en tanto que la Esencia es lo mismo que la Hipóstasis, mas la Hipóstasis en la
Divinidad se significa como distinta en la Relación; y así la Relación, por modo de Relación,
entra en la razón de Persona indirectamente. Y conforme a esto puede también decirse que
antes de las sutilezas de los herejes, esta significación de la palabra persona no era
bastante conocida; por lo cual no estaba en uso sino como uno de los otros términos
absolutos. Mas después se ha adoptado este nombre "Persona" en sentido relativo,
atendiendo a la congruencia de su significación; de modo que esta significación relativa le ha
provenido, no sólo del uso, como pretendía la primera opinión, sino también de su
significación propia. La pluralidad de Personas en Dios es una consecuencia de lo que
precede, porque se ha demostrado que la palabra persona significa en Dios relación, como
cosa subsistente en la Divina Naturaleza. Igualmente queda evidenciada la pluralidad de
estas Relaciones reales. De donde se deduce que hay realmente en la naturaleza Divina
varias cosas subsistentes; que es lo mismo que decir que hay en Dios pluralidad de
Personas".
“Según lo dicho anteriormente, es necesario reconocer en Dios no más de tres Personas.
Acabamos de demostrar que muchas Personas suponen muchas Relaciones subsistentes,
realmente distintas entre sí, y esta distinción real entre las Relaciones Divinas no se funda
sino en la razón de su relativa oposición. Luego, necesariamente las dos Relaciones
opuestas corresponden a dos Personas; y si hay Relaciones no opuestas, deberán
pertenecer a una misma Persona. Así, siendo la paternidad y la filiación dos relaciones
opuestas, corresponden necesariamente a dos Personas: y en efecto, la paternidad
subsistente es la Persona del Padre y la filiación subsistente es la Persona del Hijo. Hay,
empero, además, otras dos relaciones que no son opuestas a ninguna de estas, sino
opuestas entre sí, y que por lo mismo no pueden corresponder ambas a una sola Persona.
Es preciso, pues, que o bien una de ellas convenga a las dos personas ya consignadas, o
bien la una a una de estas y la otra a otra. Mas no es posible que la procesión convenga al
Padre y al Hijo o a Uno de los Dos, puesto que entonces la procesión del entendimiento, que
es en Dios verdadera generación y da origen a la paternidad y a la filiación, resultaría de la
procesión del Amor, según la cual se realizan la expiración y la procesión, y la Persona que
engendra y la del Engendrado procederían de la Persona que expira: lo cual es contrario a lo
anteriormente establecido. Queda, pues, la única deducción de que la expiración conviene a
las Personas del Padre y del Hijo, puesto que no hay en ella oposición relativa ni a la
Paternidad ni a la Filiación; y por tanto, la Procesión conviene a otra Persona, la del
Espíritu Santo, que procede por modo de Amor, según lo dicho. Resulta por
consecuencia, que son Tres las Divinas Personas, a saber: el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo”.
En otro pasaje de la Suma Teológica, concluía Tomas de Aquino:
"Si bien las relaciones en las criaturas existen accidentalmente, en Dios son la misma
Esencia Divina, de donde se sigue que en Dios la Esencia no es en realidad otra cosa que la
Persona, y sin embargo, que las Personas son realmente distintas entre Sí. En efecto, la
Persona, como se ha dicho, significa la Relación, en tanto que es subsistente en la
naturaleza Divina; pero la Relación, comparada con la Esencia, no difiere en realidad, sino
sólo racionalmente, al paso que si se la compara con su Relación opuesta, es realmente
distinta de ella en virtud de oposición. Así que la Esencia permanece Una, siendo Tres las
Personas".

Con esto llegamos a la conclusión de esta parte de Consideraciones Históricas, dado que la
expresión dogmática llegó en este punto a su nivel máximo de evolución patentado en el
Concilio de Florencia, permaneciendo así hasta nuestros días modernos. Tras la Edad Media, la
Reforma Protestante, que pasó por el cedazo las doctrinas cristianas, conservó, sin embargo,
como verdadera esta final concepción de la Divinidad. Esa fue la razón por la que aun el
reformador Calvino anatematizó la doctrina unitaria de Miguel Servet, el cual, conforme a la
costumbre de la época, fue quemado en la hoguera. El unitarismo de Servet no era una novedad
o avance, sino un rebrote herético de la vieja concepción sabelianista, modalista y unicista,
estrechamente emparentadas al monarquianismo, adopcionismo y patripasionismo. A
comienzos del siglo XX, una rama del pentecostalismo, los "Sólo Jesús", revivieron el viejo brote.
Por otra parte, el arrianismo, que negaba la Divinidad del Verbo, está también representado por
los "testigos" del movimiento Ruselista.
No obstante, el entendimiento ortodoxo ha sido compartido por las principales ramas de la
Cristiandad de Occidente, Oriente y la Reforma, hasta hoy. Witness Lee, en nuestros días, ha
intentado una aproximación más novedosa, que sin embargo, Bill Freeman rastrea, pasando por
la reforma hasta la Patrística.37
No quiero terminar esta parte III de este Opúsculo de Cristología sin expresar mi
reconocimiento a los autores de quienes he consultado obras o escritos para la documentación
histórica. Hago, pues, mención de ellos en orden alfabético:
J. Angus, D. Brown, E. Danyans, E. Dussel, A.R. Fausset, J. Flores, C. Folch Gómez, J.L.
González, S. Green, J.L. Hurburt, R. Jamieson, F. Lacueva, R. Machado, J. McDowell, J.
Quasten, A.T. Robertson, A. Trapé, H. Vos, E. Yamauchi, Watchtower Bible and Tract Society.

Gino Iafrancesco V.
Segundo semestre de 1982,
Paraguay
--------37Bill Freeman, El testimonio de la Iglesia en relación al misterio del Dios Triuno.