"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra".

(Salomón Jedidías ben David, Qohelet 11:1, 2).

miércoles, 22 de junio de 2011

OPÚSCULO DE CRISTOLOGÍA / prefacio e índice


OPÚSCULO DE
CRISTOLOGÍA

OPÚSCULO DE CRISTOLOGÍA                                
© GINO IAFRANCESCO V. - 1982.
Los derechos son del autor. Permitida la libre reproducción íntegra, citando la fuente, para confirmar y preservar la veracidad del texto.
Segunda Edición del Autor
Impreso en Colombia.

OPÚSCULO DE
CRISTOLOGÍA

Consideraciones acerca
del Verbo de Dios

Gino Iafrancesco V.
1982

AGRADECIMIENTOS

Agradezco primeramente al Señor por la existencia, la vida, la salvación, el llamamiento y la
oportunidad de escribir este libro y ponerlo a disposición del público.
En segundo lugar agradezco a mi familia y especialmente a mi esposa Myriam por la ayuda
prestada mientras preparaba el manuscrito. Finalmente doy también las gracias a aquellos hermanos en Cristo que habiendo leído el trabajo antes de su impresión, lo apreciaron y me ayudaron para ello; igualmente agradezco a todas aquellas personas que trabajaron en su publicación; y a aquellos que tomaron al libro
como texto en sus institutos y seminarios, y se publica esta edición por causa principalmente de
estos últimos.

Gino Iafrancesco V.

DEDICO ESTA OBRA
A TODA PERSONA
QUE CON CORAZÓN HONESTO
SE AVOQUE A SU LECTURA.

PREFACIO

El presente opúsculo de Cristología no pretende ser una obra dispendiosa, sino que, por el
contrario, es una sucinta panorámica preparada en función de la obra cristiana y dentro de ella.
Se propone simplemente presentar una visión sintética para ayudar al pueblo del Señor en
medio de numerosas corrientes heterodoxas que podrían confundir y perjudicar el testimonio
cristiano. El trabajo ha surgido, pues, de las circunstancias de la obra y desea suplir una
necesidad de ella.
La mayor parte del trabajo fue preparado durante el segundo semestre de 1982 en el
Paraguay a pedido de obreros cristianos y hermanos en el Señor, también del Brasil, entre
quienes el autor estuvo compartiendo en forma oral. Algunas partes del opúsculo datan de 1981
y los apéndices son de 1984 basados en notas de una ministración en Río de Janeiro y en dos
cartas de las que se ha extractado: una dirigida a los hermanos de la iglesia en Curitiba y otra a
una hermana que por correspondencia pedía algunas aclaraciones.
En su mayor parte se ha utilizado la versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera
revisada en 1960 de las Sagradas Escrituras; sin embargo, donde se ha creído conveniente, se
ha hecho una aproximación al texto griego de Wescott y Hort.

Gino Iafrancesco V.

CONTENIDO

PARTE I
CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Capítulo I: La Importancia de Conocer a Cristo
Capítulo II: La Promesa de Conocerle
Capítulo III: La Manera de Conocerle
Cap ítu1o IV: La Historicidad de Cristo
Capítulo V: Profecías acerca de Cristo
Capítulo VI: Tipología del Cristo

PARTE II
CONSIDERACIONES ESCRITURALES

Capítulo VII: Introducción acerca del Verbo de Dios
Capítulo VIII: La Sabiduría de Dios
Capítulo IX: La Expresión de Dios
Capítulo X: La Pre-existencia del Verbo
Capítulo XI: La Co-existencia del Verbo con Dios
Capítulo XII: La Divinidad del Verbo
Capítulo XIII: El Ángel de Yahveh
Capítulo XIV: La Encarnación del Verbo
Capítulo XV: Su concepción virginal, Su vida sin pecado y Su muerte expiatoria
Capítulo XVI: Su completa resurrección, ascensión, operación y regreso

PARTE III
CONSIDERACIONES HISTÓRICAS

Capítulo XVII: Monoteísmo judaico
Capítulo XVIII: "El Padre, el Verbo y el Espíritu Santo" de 1 Juan 5:7
Capítulo XIX: Evolución de la expresión dogmática
a) Los escritores apostólicos
b) Escritores y controversias siguientes
c) Desarrollo escolástico

APÉNDICES

Capítulo XX: Acerca de la Divinidad
Capítulo XXI : Carta acerca de los "Sólo Jesús".

LA IMPORTANCIA DE CONOCER A CRISTO

LA IMPORTANCIA DE
CONOCER A CRISTO

Cualquiera que haya comenzado a conocer a Cristo, sabe que conocerle no es cosa de poca
monta; sabe que, por el contrario, conocerle es algo de supremo valor. Empieza uno a descubrir
que se ha embarcado en la más seria aventura, la más sublime, la más bienaventurada, y la más
terrible; ¡nos compromete hasta el súmmum de nuestro ser total, y nos lo exige todo!
Palidecemos a la simple sombra de Sus pies. Y perdóneme, por favor, el Señor por hablar de
“simple sombra", pues hasta el lugar más escondido y recóndito del abismo se estremece de
pavor por Su presencia; es la presencia de Su juicio, y nadie puede ignorarla; nadie puede ya
más restarle su importancia; allí se ven las cosas desnudas, tal cual eran en la realidad. Pero
esto es solamente para aquellos que rechazan Su insondable amor. Su Amor no puede
describirse. La altura de Su Amor y la potencia de Su ira son insondables; desde aquí y ahora
comienza el hombre a conocerles. Su amor y Su ira están fundidos juntos en la naturaleza de Su
santidad. Pero Dios es grande en misericordia y lento para la ira. Glorioso es, pero también
terrible, como dijera el salmista. La Pasión de Cristo es sacra; es la pasión por la voluntad del
Padre, el celo de Su Nombre; la fidelidad purísima de la Deidad. ¡Conocerle es vida eterna! "Y
ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios Verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado" (Juan 17:3). "Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi
Padre conoceríais" (Juan 8:19). "Y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mt. 11:27).
Conocer a Cristo es, pues, conocer a Dios. “...el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado
entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en Su Hijo
Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna" (l Juan 5:20). Hablaba aquí el apóstol a los
hijos de Dios. Aparte de éste Dios, lo demás es un abominable ídolo. En Cristo están escondidos
todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, y todas las riquezas de pleno
entendimiento, que se alcanzan al conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo.1 Mediante el
conocimiento de Dios en Cristo, recibimos del poder divino todas las cosas que pertenecen a la
vida y a la piedad.2 He allí la razón por la que el apóstol Pablo estimó todas las cosas como
pérdida, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, nuestro Señor, por amor del cual lo
perdió todo y lo tuvo por basura para ganar a Cristo y ser hallado en Él, a fin de conocerle y el
poder de Su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él
en Su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos.3 Por la misma
razón el apóstol oraba insistentemente "17para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre
de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18alumbrando los
ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a la que él os ha llamado, y
cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19y cuál la supereminente grandeza
de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20la
cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares
celestiales, 21sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se
nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22y sometió todas las cosas bajo sus
pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23la cual es su cuerpo, la plenitud de...
---1Cfr. Colosenses 2:2,3.
2Cfr. 2 Pedro 1:3.
3Cfr. Filipenses 3:8-11---...Aquel que todo lo llena en todo” (Ef. 1:17-23).
Conocer a Cristo es, pues, de suma importancia y vital para todo hombre, pues es en Él donde
se reúnen y explican todas las cosas, y es en Él donde todas las cosas hallan su destino y
origen, su razón de ser. Y descubrir que la razón de todas las cosas anida en el seno de un Amor
que quiere revelar su insondable gloria, es algo tan sorprendentemente maravilloso que deja
anonadado a todo aquel que recibe la gracia de comenzar a ver las cosas como en realidad son.
Es entonces cuando despertamos y somos anegados de un sentir inefable, pues “Dios, quien
mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones,
para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).
¡Conocerle es la consigna! Ignorarle significa la muerte, significa el caos, ¡es la oscuridad! "¿A
quién iremos? Tú (Jesucristo) tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).

LA PROMESA DE CONOCERLE

LA PROMESA DE CONOCERLE

No solamente es de primordial importancia conocer a Cristo, sino que también es posible. Es
precisamente una promesa de Dios. Y es una promesa que ha sido revelada, porque es también
un propósito de Dios el darse a conocer y llenar toda la tierra del conocimiento de Su gloria. Es
una meta del Todopoderoso. Así como ha sido revelado el universo, como han sido reveladas
todas las cosas existentes por su propia evidencia, así ha sido también revelado por su propia
evidencia y por testimonios verificables, el propósito de Dios de darse a conocer. Él mismo ha
hecho llegar hasta nosotros la evidencia de Sus promesas, y la evidencia de Su capacidad en
cumplirlas. Siempre que Dios ha hablado, se ha hecho entender y le hemos entendido. Él tiene
la capacidad de hacerse entender; Él mismo diseñó el entendimiento de los hombres. No
podemos ignorar el cúmulo de Sus promesas cumplidas. Hemos conocido el testimonio de Sus
promesas y hemos visto cumplirlas. Tenemos, pues, la garantía de Su Todo-poder. La
omnipotencia es inherente a la Divinidad. El agnosticismo no es lo normal ni lo necesario. Dios
es conocible en Cristo por el Espíritu. Y el conocimiento del poder y la Deidad del Creador y
Sustentador de toda la creación se hace posible inicialmente mediante la evidencia de lo creado
y de su designio.

Y de la misma manera como Dios sabe hacerse entender, sabe también diferenciarse ante los
Suyos de todo lo engañoso y fraudulento. Él tiene Su sello indiscutible y propio, y la naturaleza
de lo Suyo no tiene par, porque sólo Él es Dios. Simplemente lo encontramos y allí está, ¡es Él! ¡y
lo sabemos! Descartes había dicho: "pienso, luego existo"; mas nosotros añadimos: "Dios
existe, ¡helo allí!" Su rastro es inconfundible e inimitable. Inimitable porque sólo Él es Dios.
Atended a Jesucristo con suprema atención y veréis al Padre.
Después de conocerle no hay lugar para equívocos. La equivocación acontece sólo antes de
conocerle. Sus ovejas conocen Su Voz. Si nos hemos equivocado es porque no le hemos
conocido suficientemente; pero cuando Él quiere revelarse, ¿quién puede impedírselo? El
diseñó la estructura de la convicción imperturbable, la convicción de la realidad última. Tal
convicción es como una incrustación de un pedazo de Sí mismo. Tan evidente es que no
podemos escapar a menos que lo hagamos inmoralmente. La absoluta realidad trascendental
que todo lo sostiene es Dios que da, y se da sin disminuir. Creación es Su obra, revelación Su
lenguaje.
Consideremos, pues, al Espíritu de gloria. Dios hizo esta promesa: ”"13¿No es esto de Yahveh
de los ejércitos? Los pueblos, pues, trabajarán para el fuego, y las naciones se fatigarán en
vano. 14Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Yahveh, como las aguas
cubren el mar” (Hab. 2:13,14).
También Dios ha hecho un pacto. “10Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel
después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su
corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo; 11y ninguno enseñará
a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán,
desde el menor hasta el mayor de ellos. 12Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me
acordaré de sus pecados y de sus transgresiones” (He. 8:10-12).

Así que ni los proyectos de los hombres, ni todo el trabajo del mismo diablo, impedirán que
Dios llene toda la tierra del conocimiento de Su gloria. ¡Ese es Su propósito y en Él hecho está!
Sus palabras son fieles y verdaderas, y Él es el Principio y el Fin sin estar sujeto a tiempo. No es
que Él era el Principio y llegará a ser el Fin, sino que Él es el Principio y el Fin. De manera que las
cosas temporales y pasajeras serán enrolladas como un antiguo libro para dar lugar a las cosas
eternas y verdaderas que muestran la inmutable gloria de Dios.

LA MANERA DE CONOCERLE

LA MANERA DE CONOCERLE

Cada cosa tiene su instrumento correspondiente de captación, y a cada porción de la realidad
corresponde un sentido; por ejemplo, a la realidad de los colores corresponde el sentido de la
vista; a la realidad de los sonidos corresponde el oído; a la realidad de los olores corresponde el
olfato, y así sucesivamente. Y de la misma manera que la realidad del universo visible es
aprehendido por los sentidos que corresponden estructuralmente a su captación, así también, al
mundo interior y psíquico, en cierto sentido invisible, pero no menos real, corresponden también
sentidos del alma; es decir, facultades psíquicas; es el hecho de la mente, la voluntad y la
emoción. Igualmente, con el espíritu recibimos las impresiones del Espíritu de Dios. De manera
que con el cuerpo y sus diferentes sentidos tomamos contacto y conciencia con y del mundo
material que nos rodea. Con el alma, el yo de nuestra personalidad, somos conscientes de
nuestros pensamientos, sentimientos y voliciones. Con el espíritu captamos a Dios, tenemos
conciencia moral, intuición espiritual y comunicación directa con el Espíritu Divino. De manera
que lo espiritual se discierne espiritualmente y lo natural naturalmente. Sería absurdo tratar de captar una porción de la realidad con el sentido equivocado; aplicar el olfato a los colores o el
tacto a los sonidos, sería anormal; solamente acontece en las enfermedades llamadas estesias,
en las que por razones de perturbación nerviosa y cerebral, o por efecto de alucinógenos, un
sentido mal recibe las informaciones dirigidas a otro en la corteza cerebral. De la misma manera,
no son los diferentes sentidos naturales del cuerpo, ni siquiera las facultades psíquicas del alma,
los que están diseñados para aprehender directamente las evidencias de la realidad espiritual
de Dios; con tales facultades se perciben solamente sus reflejos y sus efectos; pero el órgano
especialmente diseñado para el conocimiento experiencial de Dios es el espíritu del hombre,
que a través de sus diversas funciones recibe las diferentes impresiones de la realidad divina.
Esto lo hace, ya no como deducción en base a efectos e interpretaciones de reflejos, sino en
contacto y aprehensión directa. El Espíritu de Dios se amalgama con el nuestro para damos
testimonio directo de Sí Mismo y de las cosas Suyas. Es esa experiencia de evidente
conocimiento lo que en el lenguaje de las Sagradas Escrituras y de la verdad conocida por los
cristianos se llama "iluminación" o "revelación"; la dirección del Espíritu también es una
experiencia real. Revelación, en un sentido más amplio, es, pues, el testimonio que Dios da de
Sí Mismo, el cual también nos impresiona directamente en el espíritu, de manera que podemos
llegar a conocerlo, y no sólo superficialmente como una experiencia esporádica y aislada, sino
como es común entre los verdaderos cristianos maduros, en forma íntima, normal y permanente,
haciendo de la vida un deleitoso compañerismo, una labor mancomunada dentro de un
propósito definido, revelado, conocido, puesto en práctica y experimentado, encaminado a una
consumación total de gloria.
Dios, pues, se ha revelado perfectamente y en forma completa en Cristo, lo cual es conocido
directamente por revelación del Espíritu. De manera que el Espíritu Santo revela en nuestro espíritu humano a Cristo, el Hijo del Dios Viviente, y Éste nos da a conocer al Padre. Las Sagradas Escrituras son un testimonio de la experiencia de estas realidades. La Iglesia universal de Jesucristo, no una denominación cualquiera, sino Su Cuerpo místico, es, pues, el vaso que contiene y participa este testimonio; y este testimonio, más que una cosa o simple doctrina, es la evidencia de la VIDA ETERNA, en su naturaleza propia, y manifiesta en la demostración de las características actuantes del Espíritu; actuaciones que nacidas en Dios, producen efectos restauradores y verificables, los cuales se encaminan todos coordinadamente
a la redención total; es decir, a la reconciliación de todas las cosas con Dios, de manera, que Él
sea conocido por Su gloria en todas ellas. Esto ha sido hecho posible en Cristo Jesús sobre
quien fue puesta toda la vieja creación rebelde, entregada a muerte en la cruz de Cristo, y
reconstituida en una nueva creación, por la resurrección de Cristo, quien como segundo Hombre
y como Espíritu Vivificante permea ahora lo temporal para transfigurarlo en el día postrero hacia
la libertad incorruptible de que goza el Cristo resucitado. Y todo en su debido orden: primero Él
en Su resurrección para llenarlo todo, y entonces por el Espíritu derramado para confirmar la
plenitud de Su gloria, ahora a través de la Iglesia, que es Su Cuerpo, que será transformada
hacia la incorruptibilidad en la segunda venida de Jesucristo. Entonces, el resto de la creación
será libertada también para que Dios lo sea todo en todo, según ya lo ha hecho en Cristo,
Principio de la Creación y Sustentador de todo lo creado. Aún el juicio sobre lo reprobado
manifestará Su gloria. Esto es de lo que los cristianos damos testimonio.
Claro está que antes de conocer íntimamente al Cristo vivo y resucitado en forma espiritual,
normalmente se tiene primero un punto de contacto, pues el Verbo de la gloria vino al mundo y
se hizo carne visitando la historia. En ningún momento desconocemos, pues, la importancia que
pudiera tener en el comienzo de la fe de los cristianos, y también a lo largo del camino, el conocer primero naturalmente, según la carne, al Cristo objetivo de la historia; pero estábamos simplemente diciendo como Pablo que el verdadero conocimiento es por el Espíritu; como está escrito: "De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según 1a carne ; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así" (2 Co. 5:17). Pero claro está que para conocer espiritualmente por aprehensión directa al Dios de la gloria en Cristo por el Espíritu, es necesario primero «nacer de nuevo» y ser regenerado para tener parte en el reino espiritual (Jn. 3:6). El nuevo nacimiento mismo es un comienzo de conocimiento espiritual. Para que ese nuevo nacimiento sea de veras precisamos de la fe que nace gracias al testimonio
espiritual escuchando espiritualmente del Cristo objetivo e histórico y Su obra. Pero la gracia de
poder reconocer en Jesús de Nazaret al Cristo, el Hijo del Dios viviente, es indudablemente una
obra espiritual de iluminación por la que el Padre revela a los bienaventurados acerca de Su Hijo
y por Su Hijo acerca de Sí Mismo.
Así que antes del conocimiento espiritual y de la comunión personalísima con Dios en forma
directa, normalmente resulta necesario la invocación de fe; y para que haya tal fe suele ser
necesario escuchar el testimonio del evangelio que nos presenta primeramente la historicidad
del Cristo; pero mejor, al Cristo de la historia fluyendo evidentemente mediante el Espíritu. Tal
testimonio, además de en el Espíritu, que es fundamental, se halla también a través de las
Sagradas Escrituras y en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, es decir, el organismo vivo constituido por
los auténticos cristianos. No es necesario acudir a otro lugar, pues éstos bastan como testigos
autorizados. Sin embargo no estamos cortos del testimonio «externo» acerca de la historicidad
de Cristo. Tal testimonio simplemente confirma el de las Escrituras y la Iglesia, de manera que la
invocación de fe tenga un aliciente más.
A pesar de lo antedicho, no restringimos la obra del Espíritu al punto de contacto histórico, pues Cristo mismo vive hoy, y si lo quisiera, bien podría dar testimonio por Sí mismo y sólo, lo
cual ha hecho en casos esporádicos donde la necesidad era imperiosa. Recordamos el caso de
un brujo indonesio en la década de 1960-70, narrado por Mel Tari;4 también el caso del Rabí
Miguel,5 y el del ex-hindú Sundar Singh compilado por J. McDowell.6 Hay otros casos,7 pero
basten estos tres testigos.
El énfasis es que a Cristo lo conocemos verdaderamente al entrar en contacto directo con Su
Espíritu, para lo cual Él descendió y envió al Paracleto. También Su Espíritu se movió en la
dirección de Su Iglesia testigo e inspiró la Escritura, que presentaría los aspectos esenciales, de
manera que respaldados por todos los flancos, el Espíritu, las Escrituras, la Iglesia, la tradición y
experiencias vividas, junto con la evidencia "externa", tengamos los puntos de contacto, el
portal, donde la fe es animada para el diálogo que le llevará a la experiencia y al conocimiento
espiritual. Una vez que tal conocimiento sea engendrado por el testimonio espiritual, y parido,
"ya nadie os quitará vuestro gozo",8 en el decir de Jesucristo.
La fe depende primordialmente del Don de Dios, pero claro está que es fe otorgada en el
testimonio que Dios ha dado9 y da de Sí mismo en múltiples maneras, aunque exclusivamente
revelado en Cristo Jesús en su forma perfecta. Crezcamos en la Fe del Hijo y en su
Conocimiento.
---4Mel Tari, Como un Viento Recio.
5Miguel Hesbe, Miguel, Miguel, ¿por qué me persigues?
6Josh McDowell, Evidencia que Exige un Veredicto.
7Por ejemplo, los nombrados por John Walker y su familia en Milagros y Mártires, etc.
8Juan 16:22. 9Hechos 17:31.---

LA HISTORICIDAD DE CRISTO

LA HISTORICIDAD DE CRISTO

A pesar de lo que hemos dicho acerca de la «espiritualidad» del verdadero conocimiento de
Cristo, no estamos restringiendo su realidad al testimonio del Espíritu, que no es meramente
subjetivo, sino que es dado al sujeto objetivamente en su espíritu personal, órgano de
percepción apropiado a la dimensión del mundo espiritual invisible, pero real. No restringimos la
realidad del conocimiento de Cristo al campo meramente espiritual; y no necesitamos hacerlo en
relación a su realidad histórica, porque Jesús de Nazaret, el Cristo, es el personaje histórico más
sobresaliente que ha pisado nuestro planeta, y cuya huella es la más profunda de las que se han
impreso en la historia. El testimonio «terrenal» es también en su caso sin paralelo y más
abundante y más seguro y más probado que el de otros personajes abiertamente recordados,
recibidos y seguidos en el mundo y por el mundo. La huella imborrable de Cristo en la historia es
un peso inexorable que se asienta sobre la humanidad para salvarla para siempre o condenarla
justamente.
No podemos eludir el hecho de que con Él, toda la estructura humana, desde lo más íntimo,
haya esa satisfacción plena excepto en la complicidad con el pecado, como es bien testificado
por millones. Sin Él, la estructura humana gime, clama y reclama buscando una respuesta total
sin la cual se atormenta en una desubicación absurda que no hace más que confirmar el diseño
del hombre acondicionado para Dios; y para el Dios único y verdadero revelado exclusivamente
en Cristo Jesús. Era necesario Cristo al hombre; necesaria Su persona, Sus obras, Sus
palabras. En Él y en ellas se ubica el hombre para siempre y realiza su identidad a plenitud.
A diferencia de los mitos, Jesucristo es absolutamente histórico, absolutamente objetivo, el
cual coloca al sujeto en perfecta sintonía con la realidad total, incluyendo aquella del más allá;
para muchos desconocida, más sin embargo existente y poderosamente influyente. Jesucristo
es, pues, el eje de la historia y del hombre; del hombre-humanidad y del hombre-personal. Es el
deseado y el buscado de los antiguos, el necesitado de los mitos, el esperado de los anhelos, el
cuerpo de las sombras amadas como sustitutos del que era necesario que viniera. Sí, porque
hay elementos en los mitos que son sombras; y el reclamo humano se abrazaba a ellas para que
le sustituyesen a Aquel que había de venir, el Deseado de las gentes; así como la casadera se
abraza a la almohada en ensueños y en espera de que algún día lo que la almohada representa
se convierta en realidad. ¡Pero qué alegría! ¡Qué júbilo! ¡El Verbo de Dios se hizo carne y habitó
entre nosotros ¡Y Su nombre es Jesús el Cristo, el Hijo del Dios Altísimo y el mismo Hijo del
hombre, el que bajó del cielo y fue visto y oído, palpado. Y la gloria del Dios invisible penetra en
la historia del hombre, y desde más allá del mundo metafísico, del cual apenas los filósofos
hilvanaban imágenes abstractas, ideas y conceptos, descendió el Verbo, se encarnó y visitó los
valles del Jordán, la Galilea, la Samaria, la Judea, la Jerusalén, cual Hombre verdadero, mas
mostrando a través de perfecta y real humanidad el carácter de la Hípóstasis Divina.9
---9Cfr. Hebreos 1:3, griego---.


Su historia ha sido conservada, pues, hasta nosotros envuelta y preservada cual tesoro
inigualable, en la sangre de los mártires. Sus discípulos del círculo íntimo nos hablaron y
escribieron de Él, Su obra y Su doctrina; Juan, Pedro, Santiago, Mateo, Judas; y junto con ellos
Pablo, Lucas, Marcos. He allí el testimonio de los que estuvieron cerca, y tan cerca que
podemos tocarlo junto con ellos. También la tradición nos quiere conservar el Aroma fragante de
Su influencia primitiva siempre revitalizada hasta hoy; recuerdos que afectaban el modo de vida
de comunidades enteras dando fuerza al cristianismo, milagro histórico, fruto que tan sólo puede
serlo del Cristo verdadero.
También la historia temprana nos da abundante testimonio. Además de Lucas, excelente
historiador sagrado, reivindicado por la arqueología en W. Ramsay contra la escuela de Tubingia
y afines, tenemos los documentos de propios y de extraños dando razón del testimonio poseído
por los cristianos en sus días más tempranos; la Didaké, Bernabé, Clemente, Policarpo, Ignacio,
Papías, Hermas, Ireneo, etc., hasta Eusebio historiador, además del cúmulo de la
documentación patrística. Esto a vuelo de pájaro entre los propios, pero también la historicidad
de Cristo y Su fruto milagroso, el cristianismo primitivo, nos es mencionado por extraños y no
adeptos que nos refieren hechos ciertos e indubitables. Actas, historiadores, estadistas,
filósofos, enemigos declarados, poetas satíricos y retóricos, griegos, judíos y latinos, de entre los
cuales citaremos a algunos. Todos estos atestiguan de aquella realidad que afectó los siglos
contándolos de nuevo a partir de allí.
Empecemos mencionando el documento hebraico "Tratado del sinedrio", y junto a él las
jurídicas actas de Pilato. Entre los famosos historiadores hagamos mención de Josefo entre los
judíos, Talo entre los samaritanos, y Tácito, Suetonio y Arriano entre los gentiles. El primero,
Flavio Josefo, en su obra "Antigüedades de los judíos", hace una cita tan formidable, que se ha
intentado sin éxito impugnarla como espúrea; pero es una cita tan antigua y tan citada por los
antiguos, que se ha ganado el respeto. Algunos, inclusive, por el tono de la cita incluyendo las
apariciones de la resurrección y la identidad de Jesús como Cristo en labios del mismo Josefo, lo
han clasificado a éste como ebionita; sin embargo, el resto de su obra no da pie para tal
conjetura. La versión árabe de la cita, aunque más atenuada, es completa.
Talo hace mención del eclipse, según él, que acontecería el día de la crucifixión. Tácito en sus
"Anales" y Suetonio en su obra sobre los doce césares y específicamente en la sección de
Claudio, aluden a Cristo y a la persecución contra los cristianos y su testimonio, y a la expulsión
de los judíos de Roma por disturbios a causa de Cresto, Cristo. Aquila y Priscila, cristianos
prominentes, estuvieron entre los expulsados. Tácito es del año 54, y Suetonio de fines del
primer siglo. El historiador que también hace mención y que es a la vez filósofo, el griego Arriano,
data del año 96.
Entre los estadistas que también hacen referencias, podemos mencionar a Séneca, quien fue
preceptor de Nerón y además filósofo; vivió entre 4 a.C. y 65 d.C.; Plinio el joven, gobernador de
Bitinia, hace referencia en su informe al emperador Trajano, y Trajano mismo también en su
carta respondiendo a Plinio el joven. En tiempos de Adriano (117-138), el sobrino de Trajano
escribe también al procónsul de Asia. En tales documentos de estadistas están, pues,
incrustadas tales referencias históricas. Habíamos ya mencionado las actas de Pilato.
Entre los filósofos, sofistas y retóricos griegos haremos mención de Numenio, Dio Crisóstomo
y Luciano. Numenio fue un filósofo griego de mediados del siglo segundo, el cual buscaba la
interpretación escondida de citas que hacía de la historia de Jesucristo; Orígenes lo menciona.
Dio Crisóstomo, que se refirió a nuestro tema, fue un sofista griego que vivió entre 40 y 115 d.C.
Luciano fue un retórico y satírico griego del siglo segundo, a fines del reinado de Trajano, quien
escribiendo concerniente a la muerte del cínico Peregrino Proteo, en su carta a Cronio, dice de
los cristianos que hablaban de Cristo como un dios y lo tomaban por legislador y lo honraban con
el título de maestro, y que adoraban a ese hombre que fue crucificado en Palestina y que
introdujo en el mundo esa nueva religión; que el primer legislador de los cristianos les había

persuadido de que todos ellos eran hermanos unos de otros, a pesar de haber Él transgredido
sus leyes al negar la existencia de los dioses griegos, a quienes Luciano pretendía hacer
hermanos del dios Cristo. Los cristianos ahora, según él, adoraban a Aquel sofista crucificado
viviendo bajo sus leyes. Muy diciente también la referencia histórica de Luciano.
Entre los latinos citaremos también 2 o 3 testimoniantes: Tertuliano, escritor jurista, que
testifica con las actas de Pilato. Lucano, poeta latino, y Juvenal, satírico notable de la época
(60-140 d.C.) que en sus divulgadas "Sátiras" contra el César hace referencia de Cristo y de los
cristianos, confirmando él también su realidad histórica. Aludía a la persecución. A mediados del
segundo siglo vivió Flegón, quien hizo mención del cumplimiento de profecías relacionadas a
Cristo.
Un enemigo declarado fue Celso, de fines del siglo segundo, quien escribió un libro contra los
cristianos, haciéndose sin quererlo eco del testimonio histórico sostenido por ellos. Orígenes lo
refutó en su obra "Contra Celso". Otro enemigo declarado fue el filósofo Frontón de Cirta de
Numidia, profesor de Marco Aurelio y autor del "Discurso". Marco Aurelio mismo en sus
"Meditaciones" refiérese al hecho cristiano. La carta de Mara bar-Serapio es también testigo
histórico extrabíblíco, amigable. No incluimos en la misma categoría histórica a la carta de
Publius Lentulus que supuestamente se hacía leer Calígula con la descripción de Cristo. El
Talmud también es eco de la historia, y si bien ataca el mesianazgo de Jesucristo, confirma su
historicidad.
El Señor Jesucristo está, pues, ubicado en el centro de la historia en un puesto que nadie le
puede quitar. Y cerrar los ojos frente a tal hecho es negar, como se ha dicho, que exista tal cosa
como historia. Ahora bien, su biografía la encontramos en sus detalles esenciales
principalmente en los escritos inspirados de sus discípulos, el testimonio del Nuevo Testamento.
También del Nuevo Testamento apócrifo se podría extraer con cierto discernimiento un núcleo
auténticamente histórico.

¡He allí al Hombre! ¡Sus obras, Sus palabras, Su muerte y Su resurrección, Su Nombre, Su
Espíritu y poder, Sus reclamos! El cristiano auténtico, la Iglesia universal que es Su Cuerpo
místico, existe para confrontar a la humanidad con tales hechos, con tal personaje histórico
resucitado y vivo hoy, actuante evidentemente en millares de vidas transformadas, liberadas,
sublimadas y convertidas, muchas hasta la abnegación del martirio; y una clase de martirio que
no son bajas de guerra ni de guerrilla, sino ofrendas de amor que perdonan, holocaustos
inexplicables para los perseguidores.
La gran noticia, pues, la buena nueva, el evangelio, es que el Dios de la gloria, el Dios invisible,
Aquel que mora en los cielos, más allá y más acá de las regiones metafísicas de que hablaría el
filósofo, ha descendido a la historia del hombre, por Su Verbo, haciéndose semejante a los
hombres, y revelándose, declarándose; y Su gloria fue vista con ojos humanos y palpada por
manos de hombre; sí, por testigos de entre los hombres que presenciaron el cumplimiento
profético de las predicciones antiguas acerca del Mesías, muerto por nuestros pecados
conforme a las Escrituras y resucitado al tercer día también conforme a ellas. Apareció a
testigos10 y les comisionó, y éstos llevaron la comisión de su testimonio fiel hasta el martirio, que
sólo podía ser soportado en el sustento de la certeza de la verdad.
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1:14).
"1Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo
que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2(porque la vida
fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba
con el Padre, y se nos manifestó); 3lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que
también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el...
---10Cfr. 1 Corintios 15:3-5---...Padre, y con su Hijo Jesucristo. 4Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido" (1 Jn. 1:1-4).
"Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para
que vosotros también creáis" (Jn. 19:35).
"16Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo
siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.
17Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria
una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18Y nosotros oímos
esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo" (2 Pe. 1:16-18).
"39Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en Judea y en Jerusalén; a
quien mataron colgándole en un madero. 40A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se
manifestase; 41no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano; a
nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos" (Hch. 10:39-41).
"...5y... apareció a Cefas, y después a los doce. 6Después apareció a más de quinientos
hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7Después apareció a
Jacobo; después a todos los apóstoles; 8y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a
mi" (1 Co. 15:5-8).
"1Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre
nosotros han sido ciertísimas, 2tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con
sus ojos, y fueron ministros de la palabra, 3me ha parecido también a mí, después de haber
investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh
excelentísimo Teófilo, 4para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido
instruido" (Lucas 1:1-4).
"1Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no
 sea que nos deslicemos. 2Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda
transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3¿cómo escaparemos nosotros, si
descuidamos una salvación tan grande? la cual, habiéndose anunciado primeramente por el
Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4testificando Dios juntamente con ellos, con
señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad"
(He. 2:1-4).

PROFECÍAS ACERCA DE CRISTO

PROFECÍAS ACERCA DE CRISTO

Una de las cosas más satisfactorias es ver la vida del Señor Jesucristo ajustarse al molde de
las profecías acerca del Mesías. Es un nutriente maravilloso de la fe el ver que antes de Su
venida los siglos preparaban ya su identificación con detalles que hubiera sido imposible fraguar
y hacerles a todos coincidir; tal cosa sería imposible; no estaban en la mano del hombre. El
pre-conocimiento divino había hecho que se escribiera, por así decirlo, una biografía antes de
que aconteciera en el tiempo y la historia. Estaba prevista la raza, el pueblo, la tribu, la familia de
su ascendencia, el lugar de su nacimiento y la forma del mismo, junto con acontecimientos
concomitantes. Estaban previstas sus obras y su ministerio, e incluso la época de éste, y el día
de Su visitación; aun Su precursor estaba previsto. Su muerte en detalles y su significado; Su
sepultura y Su resurrección; Su ascensión y partida por un tiempo a ministrar en los cielos; y aun
Su regreso está previsto, acerca del cual se dieron señales que le precursarían, las cuales, gozo
da el verlo, se confirman en la realidad histórica corroborando la veracidad de la inspiración
profética.
En Jesús de Nazaret se cumplen, pues, las expectativas mesiánicas de los siglos pasados,
todo en su debido orden, la parte del Cordero y la parte del León. La parte ya cumplida nos
hinche de esperanza en relación a la parte restante, que con toda lógica corresponde a Su
segunda venida, de cuya cercanía ya las vestiduras del siglo presente nos avisan confirmando la
promesa, cuyo cumplimiento se escucha ya viniendo como piedras del río que suenan
anunciando el aluvión. Todo se acomoda como estaba previsto para ser hallado de Él cual lo
anunció; aunque el día y la hora nadie sabe, sino sólo el Padre. No obstante, señales nos dio y señales tenemos; no han faltado a la cita, enriqueciendo la fe. La profecía y su cumplimiento son
hechos ineludibles, vindicaciones que dejan sin excusa a los que tratan de eludir el hecho de que
la historia estaba preparada para Cristo.
Él es la Simiente de la Mujer que, al ser herido en el calcañar, aplastó la cabeza de la
serpiente; 11 con Su muerte nos dio el perdón, la liberación y la reconciliación; con Su
resurrección, la vida y todo lo que ella implica.12 El es Siloh a cuyo nombre se congregarían los
pueblos. Él es el León de la tribu de Judá cuyo cuerno no sería quebrado.13 Él es la bendición del
Dios de Sem y Aquel que hace a Jafet morar en las tiendas de su hermano.14 El es aquel profeta
al que había que escuchar;15 Él es el Hijo, el Sacerdote conforme al orden de Melquisedec,16 el
heredero para siempre del trono de David.17 Él es Emanuel, el hijo de la virgen, el admirable
consejero, Dios fuerte y quien es llamado Padre eterno; el Príncipe de Paz que nos sería dado
como un niño.18
---11Cfr. Génesis 3:15. 12Romanos 6:23. 13Génesis 49:9,10. 14Génesis 9:26,27.
15Cfr. Deuteronomio 18:15. 16Hebreos 7:11. 17Lucas 1:32. 18Isaías 7:14; 9:6,7.---

Él es el siervo de Yahveh y Yahveh mismo que abriría los ojos de los ciegos y haría cantar la
lengua de los mudos.19 Él es el Príncipe que nacería en Belén,20 el Rey que entraría en un
burrito, manso y humilde, a Jerusalén.21 Él es el Mesías Príncipe que se presentaría tras la
semana sesenta y nueve de la profecía de Daniel, que moriría mas no por sí, sino que daría Su
vida en expiación por el pecado de su pueblo;22 Aquel varón de dolores, despreciado,23 cuyas
manos y cuyos pies serían honrados,24 a quien se daría a beber vinagre25 y de quien se
repartirían sus vestidos.26 Aquel que sería vendido por treinta piezas de plata;27 Aquel que se
llamaría Nazareno, aquel pimpollo, sí, aquel renuevo, la vara de tronco de Isaí.28 Aquel que
sepultado Su alma no sería dejada en el Hades, que es el Seol. Aquel cuya carne no vería
corrupción sino que viviría, resucitaría y nos daría vida.29 Aquel que se sentaría a la diestra del
Padre hasta que sus enemigos fuesen puestos por estrado de sus pies.30 Aquel cuyo Nombre
daría luz a los gentiles;31 sí, aquel que nos dejaría por un poco de tiempo para volver a
establecer el Reino recibido.32 Aquella piedra no cortada de mano, que desmenuza los reinos,33
el Hijo del Hombre que después de traspasado será visto en las nubes del cielo viniendo en
gloria y majestad.34 He allí lo profetizado. ¡Solamente Jesucristo es Aquel! Las profecías lo
presentan, la historia lo presenta, y lo que es más asombroso, Él mismo se presenta. Todas Sus
credenciales están en orden, y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en Él.35 Entonces,
también la Iglesia por Su Espíritu le presenta.
Pero hay algo más en esta relación profética: los tipos, las figuras, las sombras y la alegoría le
presentan también. Para la analogía del pensamiento fue provisto también un testimonio.
---19Cfr. Isaías 35:4-6. 20Miqueas 5:2. 21Zacarías 9:9. 22Daniel 9:26. 23Isaías 53:3.
24Cfr. Salmos 22:16b.
25Cfr. Salmos 69:21. 26Salmos 22:16,18. 27Zacarías11:12.
28Cfr. Isaías 11:1. 29Salmos 16:8-11. 30Salmos 110:1. 31Isaías 42:6. 32Miqueas 5:3,7.
33Cfr. Daniel 2:44-45. 34Daniel 7:13. 35Mateo 11:6; Lucas 7:23.----

TIPOLOGÍA DEL CRISTO

TIPOLOGÍA DEL CRISTO

El pensamiento analógico es una realidad dentro de la humanidad; y Dios, en Su trato con el
hombre, no se limita a un sólo aspecto o tipo de pensamiento. Dios es el Dios de todos los
hombres y el Creador de todos los aspectos de la mente y del hombre. De manera que Él se
adapta perfectamente a todo tipo de pensamiento, y sabe hacerse entender por todos los
medios. La hermenéutica se asienta en esta área. Dios hace un uso legítimo de la alegoría, pues
ésta tiene un lugar adecuado dentro de la realidad, y es un departamento dentro de las muchas
vivencias del hombre. Así que para la comunicación es posible hallar puntos de contacto
también en la analogía, y aun en los más recónditos aspectos del pensamiento llamado mágico.
Cualquier tipo de pensamiento tiene sus normas legitimas dentro de la realidad y también sus
limitaciones, cruzando las cuales, cualquier tipo de pensamiento se desliza en extravagancias y
delirios; incluimos expresamente también al pensamiento llamado lógico del racionalismo;
también este debe sujetarse a normas legítimas y límites jurisdiccionales. Hay una jurisdicción
para la razón, y la hay también para lo mágico. Si bien la magia está prohibida por Dios, no por
eso es menos real. Jurisdicción hay para lo de acá y para lo de más allá; lo hay para lo explicable
y para lo milagroso. De la misma manera, dentro del pensamiento hay lugar para el razonamiento
abstracto y para la imaginación, etc. Todos estos aspectos solamente siervos son del
hombre total; no debe permitírseles ser señores; son secretarios, no presidentes. Sí, la
deducción es una sierva, la inducción también; la síntesis y el análisis igualmente; sirven al
hombre todo, pero no deben tiranizarlo ni deformarlo con desequilibrios. Queremos al hombre todo, realizado a plenitud en todas sus capacidades y posibilidades, equilibradamente, para su
fin innato: la gloria de Dios.
Todo lo que descentre al hombre de su fin innato es enfermedad que corrompe hasta la
desintegración. Repito, pues, entonces que el fin innato de la realización plena del hombre está
relacionado a la gloria de Dios; contenerla, reflejarla, representarla. Háblase de la gloria del
verdadero Dios, que se ha revelado en la historia con exclusividad mediante Jesucristo, el hecho
de cuyo testimonio estudiamos. Tal testimonio nos llega también multiplicado en la concordancia
de la realidad histórica y espiritual de Cristo con los tipos y figuras, ejemplos, sombras y
alegorías que ya le presentaban de antemano. De manera que nos maravillamos de los métodos
didácticos de Dios.
Cristo es, pues, aquel verdadero Adam que al ser herido en el costado durante el sueño
profundo de la muerte, entregó de Sí mismo para la formación de su Eva, la Iglesia. Él es el
verdadero árbol de vida, el sacrificio de cuyas pieles cúbrese al pecador desnudo; el sacrificio
que a las puertas del Paraíso nos hace gratos a Dios como la ofrenda de Abel. Él es testador del
pacto cuya señal es el arco iris. Él es la bendición de Sem y el verdadero Isaac que retorna de la
muerte, el Hijo esperado, la simiente prometida. Él es quien corta a la carne en la circuncisión
verdadera. Él es el José verdadero cuyo Espíritu moró en aquel primero, vendido aquel por casi
30 piezas de plata, sacado de la cisterna y de la cárcel para la diestra de la majestad. Sí, Él es
quien, herido en la casa de sus hermanos y amigos, se da luego a conocer a ellos para preservación
del alma. Él es el legislador verdadero perfeccionando a Moisés. Él es el verdadero Aarón,
el sumo sacerdote perfecto; Él es la ofrenda sacrificada, el holocausto; Él es el verdadero pan, el
trigo molido cual harina, molido por nuestros pecados y ungido con el aceite del Espíritu Santo.
Él es el Arca de madera de acacia cubierta de oro, la naturaleza humana y la divina en Su sola
persona; el maná verdadero, pan del cielo, agua viva y Roca herida, almendro escogido y
florecido en la resurrección. Él es la Pascua, el Cordero expiatorio, la trompeta perfecta que reúne así al pueblo santo. Él es el primogénito, el siclo del santuario, el precio del rescate, el
tabernáculo henchido de la gloria de Yahveh; Él es el descanso, el sábado y el jubileo; las fiestas
solemnes sombra de Cristo son. Cristo es el nazareno separado para Dios, el Sansón perfecto,
el Josué que nos introduce en el Canaán de los lugares celestiales. Aquel que abrió el Jordán de
la muerte y devoró como pan a Sus enemigos.
Cristo es el juez justo, el libertador perfecto, el cántaro de Gedeón, que al quebrantarse
alumbró asegurando la victoria. Él es el pariente redentor, marido de la gentil convertida, el
restaurador del alma de la Noemí-Israel en su vejez; el tronco de Isaí, el David verdadero, el
Heredero del trono de Israel y las naciones; el Rey de Paz y Sabio, también reconstructor de
ruinas. Él es aquel que cual Elías fue arrebatado al cielo dejándonos la capa de Su Espíritu. Él es
aquel que resucita a los muertos que descansan en su tumba, como al contacto de los huesos
de Eliseo un muerto volvió a vida. El es el monarca que extiende el cetro de oro de la
misericordia a la esposa querida que se aventura en Sus brazos. Él es el Amado de la amada en
el Cantar de los Cantares; el Hijo del hombre, el Príncipe de los ejércitos, la Piedra. Él es aquel
que regresó del vientre del abismo, uno mayor que Jonás, mayor que Salomón, el Renuevo, el
Deseado, el Ángel del Pacto de Yahveh, que ruge cual león; el Único que puede abrir el libro; el
hijo varón de la mujer arrebatado para Dios y Su Trono. Aquel cuya hoz está en Su mano y cuya
espada en Su boca. ¡La Lumbrera perfecta de la Nueva Jerusalén! ¡Jesucristo es Su Nombre!

INTRODUCCIÓN ACERCA DEL VERBO DE DIOS

INTRODUCCIÓN ACERCA
DEL VERBO DE DIOS

La Revelación que Dios ha dado de Sí mismo ha sido a través de Su Verbo, el cual se hizo
carne,12 semejante a los hombres,37 y vino a la tierra en la Historia, y nos dio y da a conocer al
Padre.38 El propósito de Dios es reunir todas las cosas en Cristo,39 reconciliar en Él y por Él.40
Jesucristo es, pues, el fundamento puesto, y nadie puede poner otro fundamento.41
La intención de Satanás ha sido colocarse a sí mismo en el lugar de Dios,42 y el misterio de
iniquidad, por el espíritu de anticristo, trabaja en ese propósito malévolo, a fin de colocar al inicuo
satánico en el lugar de Dios.43 Es por esa razón que la serpiente procura presentar a otro
Jesús,44 con el fin ulterior de sustituirlo. El espíritu de anticristo se caracteriza por su manera de
enfocar a Cristo;45 procura confundir a la Iglesia acerca de Jesucristo, presentando a otro Jesús,
de manera que nos aparte del verdadero y nos atraiga poco a poco y sutilmente a un falso cristo.
---12Cfr. Juan 1:14,18. 37Filipenses 2:7. 38Juan 17:26; 1 Juan 5:20. 39Efesios 1:10.
40Cfr. 2 Corintios 5:19. 411 Corintios 3:11. 42Isaías 14:14. 432 Tesalonicenses 2:3,4.
44Cfr. 2 Corintios 11:13.4. 451 Juan 2:22,23; 4:3; 2 Juan 7.---

Quien no conozca, pues, al verdadero Cristo, puede caer en las redes de uno falso. Conocer a
Cristo es, pues, el asunto de mayor importancia; sólo por Él conocemos al Único Dios
verdadero;46 Jesucristo es, pues, el Fundamento. El Espíritu de Dios se caracteriza por su
confesión del Cristo;47 la Iglesia está edificada sobre la Roca de la revelación y confesión de
Jesucristo como el Hijo del Dios viviente.48 El Espíritu Santo glorifica al Hijo49 y lo presenta como
Señor;50 cualquier supuesta "revelación" que disminuya o niegue al Hijo, no proviene del Espíritu
de Dios, y es característica de la serpiente; y es tan sutil el asunto, que en muchos casos se
pretende confesar al Hijo al mismo tiempo que se le niega, como veremos, Dios mediante, más
adelante.
Es posible que algunos hijos de Dios, niños en Cristo e inmaduros para discernir la Voz del
Espíritu, y con insuficientes elementos de juicio para examinar, sean en parte confundidos.51
Pues Jesús dijo que engañarían, si fuese posible, a los escogidos;52 pero al conocer la verdad,
son libertos, pues el Espíritu de verdad oye lo que dicen los apóstoles de Cristo, que hablan
desde las Escrituras; el espíritu de error no escucha a los apóstoles y permanece en error.53
¿Quién es, pues, el Verdadero Cristo que presentaron sus apóstoles? Debemos enfrentarnos
a su Testimonio. Comenzaremos el examen con la magistral presentación del apóstol Juan en
su evangelio; éste fue el último en ser escrito, y uno de los últimos libros de la Biblia escrito con
conocimiento de causa, y específicamente en medio de un ambiente que comenzaba a ser
infestado por el trabajo del espíritu anticristo; de manera que el valor de sus declaraciones es
inapreciable, ya que son tan específicas y equilibradas, que si las tomamos cuidadosamente en
cuenta, nos evitarán de deslizarnos en cualquiera de los extremos. De antemano advertimos
que se hace necesario tomar en consideración todos los aspectos de la verdad presentados...
---46Cfr. 1 Juan 5:20. 471 Juan 4:2. 48Mateo 16:16-18. 49Juan 16.14. 501 Corintios 12:3.
51Cfr. Gálatas 3:1-5. 52Mateo 24:24. 531 Juan 4:6---...acerca de Cristo, el Verbo de Dios encarnado.
Un énfasis parcial, en desmedro de otro aspecto igualmente importante, nos daría una visión
deformada del verdadero Cristo. Debemos, pues, tener en cuenta al mismo tiempo todas las
declaraciones acerca de Él para no desviarnos; debemos observar juntamente con Su
Generación, Su Eternidad; con Su co-existencia, Su Deidad; con Su Deidad, Su Humanidad. Ver
tan sólo Su co-existencia con Dios, sin ver juntamente Su Divinidad, nos puede llevar a dividir la
Substancia esencial. Ver tan sólo su Divinidad sin ver juntamente Su co-existencia con Dios, nos
puede llevar a confundir al Unigénito del Padre con el Padre del Unigénito. El Verbo es
Unigénito, engendrado; el Padre no, sino que es ingénito, y es Quien de Su Plenitud, desde la
eternidad, ha engendrado inmanentemente a Su propio Verbo, el Unigénito. Así que
acerquémonos con reverencia, prudencia, sinceridad y acatamiento a la revelación que el
Padre proveyó para nosotros en forma escrita. Igualmente puede decirse del Espíritu Santo, que
procede del Padre, sin embargo, el Padre no procede; en esto se distinguen.
Leemos del evangelio según Juan 1:1,2,3, 10,14,18; estos versos nos hablan de Su Identidad
(léase en privado el contexto completo).
"1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Éste era en e1
principio con Dios. 3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho
fue hecho... 10En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11A
lo suyo vino... 14Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros [y vimos su gloria, gloria
com del unigénito del Padre], lleno de gracia y de verdad... 18A Dios nadie le vio jamás; el
unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer".
El apóstol Juan conoció personalmente a Jesucristo, Su Persona y Su gloria, Sus obras y
palabras; él no escribe mera teología, él escribe Historia; él describe a Aquel a quien llegó a
conocer cada vez más íntimamente; él nos presenta al que conoció, no al que se imagina; confiesa no sólo lo que cree sino lo que palpó; habla de la evidente realidad objetiva con la que
se encontró en su vida.
Recordemos que él fue testigo de Su gloria: "y vimos su gloria, gloria como del unigénito del
Padre". "1Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al verbo de vida 2(porque Ia vida
fue manifestada, y Ia hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba
con el Padre, y se nos manifestó); 3lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que
también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el
Padre y con su Hijo Jesucristo".54
Juan se presenta, pues, como historiador testigo; su interpretación teológica le fue forzada por
la evidencia histórica; de los hechos nació su teología; el lenguaje no le agrega nada. Sólo
aquellos que por el Espíritu comienzan luego a gustar de aquella revelación gloriosa, llegan a
entender la propiedad de las expresiones apostólicas y el contenido de profundidad que hay
detrás de ellas, pues una cosa es conocer lo que dice la Escritura, y otra conocer a Aquel de
quien apropiadamente éstas hablan. Al conocer al Cristo resucitado, por el Espíritu que vino
para glorificarlo entre nosotros, vemos cuán auténtico es el testimonio de Juan; no sólo es
teología, es realidad. Esto lo digo, pues, a propósito de los que menosprecian la magnitud de la
confesión juanina, y la realidad objetiva que hay detrás de ella; la realidad de gloria que él palpó
y que anuncia para invitar a conocer y comulgar.
Juan le llama, pues, a Jesucristo, nuestro fundamento: "El Verbo de Dios". Detengámonos,
pues, primeramente en el concepto de Verbo.
¿Qué significa "el Verbo"? Esta no es una palabra ideada o inventada por el apóstol, sino una
palabra ya existente y con profundo significado en su contexto histórico, la cual Juan, guiado por...
---54Juan 1:14; 1 Juan 1-3---...el Espíritu Santo, usó para aplicarla con propiedad a Jesucristo. Así que la palabra "Verbo" que Juan aplica a Jesucristo, por el Espíritu Santo, era ya usada en y antes de su tiempo.
"Verbo" es la traducción de la palabra griega "Logos" (λόγoς). Ya desde Heráclito, 500 a.C., los
filósofos griegos hablaban del "Logos". Agustín de Hipona confiesa haber ya encontrado en la
filosofía griega el concepto de "Verbo", aunque no el de Su encarnación. El Verbo es, pues, la
Palabra, el Concepto, la Expresión, la Mente, la Sabiduría, la Razón fundamental. Cuando los
filósofos griegos observaban el universo, descubrían en él un orden tal y un designio tal, que
concluían que detrás de todas estas cosas había una razón fundamental que sustentaba el
orden y el designio de todas las cosas; tal razón era el Logos que dirigía el curso cósmico y
universal. Pablo apóstol escribía de Cristo, el Verbo encarnado, que todas las cosas en Él
subsisten,55 y la carta a los Hebreos nos informa que Él es quien sustenta todas las cosas con la
Palabra de Su Poder.56 Ya con Alejandro Magno, el imperio griego estuvo en su apogeo; él fue el
rey primero, el cuerno grande entre los ojos del macho cabrío de la visión de Daniel (8:5-8,
21,22), del cual sucedieron cuatro, los cuatro (4) generales que se dividieron el imperio y de los
cuales se sucedieron las dinastías de los Antíocos y Seléucidas, y los Ptolomeos, los reyes del
Norte y del Sur,57 que atravesaron la Palestina; el libro de los Macabeos también nos informa de
esto. Así que la cultura griega penetró a la Palestina y hubo quienes intentaron helenizar el
Judaísmo, o a lo menos hacerlo inteligible al Helenismo.
El judío Filón, contemporáneo de Cristo, hablaba también del Verbo, como de la Sabiduría
Divina, intermediario para la creación. El Apóstol Juan escribía, pues, en ese contexto histórico,
acerca del Verbo de Dios, reconociendo Su existencia objetiva más allá del mero concepto
metafísico. El Verbo es entonces la Palabra creadora de Dios, la Palabra que le revela, el
Concepto, tan perfecto que expresa a Dios mismo tal cual Dios es, siendo igual a Él y uno con...
---55Cfr. Colosenses 1:17. 56Hebreos 1:3. 57Daniel 11:3-24---...Él, engendrado de Él. El Verbo es la Sabiduría de Dios, por la cual Dios lo conoce todo y aun a Sí mismo en forma perfecta; de modo que el Verbo es Su Propia Imagen, Su Expresión.58
---58 Consideraciones más exhaustivas del autor a este respecto pueden verse en “Cristo en la Eternidad y la Trinidad”.

LA SABIDURÍA DE DIOS

LA SABIDURÍA DE DIOS

En este punto resulta excelente comparar Proverbios 8 con el pasaje mencionado de Juan 1.
El apóstol conocía Proverbios y el concepto del Verbo como Sabiduría, de modo que puede
observarse en Juan 1 un resumen de Proverbios 8. Pero antes de cotejar los pasajes citados,
identifiquemos definitivamente por las Escrituras mismas a Cristo, El Verbo de Dios, como Sabiduría. Esto podemos leerlo sin lugar a dudas en forma definitiva en 1 Corintios 1:24: "Mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios". ¡Cristo, Sabiduría de Dios!
En Colosenses 2:2,3: "2... el misterio de Dios el Padre y de Cristo [(μvστηρίov τo_ θεo_,
Χριστo_) Misterio de Dios, Cristo - según manuscritos antiguos]] 3en quien están escondidos
todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento [(σoφίας κα_ γvπσεως) sofía y gnosis]". En Él
están escondidos todos los tesoros de la Sabiduría y del conocimiento; Él es la Sabiduría de
Dios, el Verbo que era en el principio con Dios y era Dios, sin el cual nada de lo que ha sido
hecho fue hecho.13
En proverbios 8:12, la Sabiduría se nos presenta así: "YO, la Sabiduría...", y desde los versos
22 hasta el 31 nos habla de Sí misma magistralmente: Su eternidad pre-existente, Su
co-existencia con Dios; de manera que en el Nuevo Testamento hallamos luego muchas
alusiones, como veremos Dios mediante.
Proverbios 8 nos habla también, junto con la eternidad, de la generación de la Sabiduría. Así
que seguimos la lectura en Proverbios 8 interpolándola con citas neotestamentarias a modo de
comentario y comparación: "22Yahveh me poseía en el principio ("en el principio era el
Verbo"60), ya de antiguo, antes de sus obras ("y él es antes de todas las cosas"61).
23Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra. 24Antes de los
abismos fui engendrada ("Unigénito del Padre"62); antes que fuesen las fuentes de las
muchas aguas. 25Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados ya había
sido yo engendrada; 26no había aún hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del
polvo del mundo. 27Cuando formaba los cielos allí estaba yo ("y sin él nada de lo que ha sido
hecho fue hecho"63); cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; 28cuando afirmaba...
---13Cfr. Juan 1:3. 60Juan 1:1. 61Colosenses 1:17. 62Juan 1:14. 63Juan 1:3---....los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; 29cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas nos traspasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra, 30con él estaba yo ordenándolo todo ("y el Verbo era (estaba) con Dios"64), y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo ("la gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese...; por qué me has amado desde antes de la
fundación del mundo"65). 31Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son
con los hijos de los hombres ("y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"66). 35Porque
el que me halle. hallará la vida... ("En él estaba la vida...; Yo soy la Vida...; "el que tiene al Hijo,
tiene la vida"67).
---64Cfr. Juan 1:1. 65Juan 17:5; 17:24. 66Juan 1:14. 67Juan 1:4; 14:6; 1 Juan 5:12.---

LA EXPRESIÓN DE DIOS

LA EXPRESIÓN DE DIOS

Detengámonos en el examen bíblico de la identidad de Cristo, el Verbo Encarnado, como
expresión de Díos.
Nos dice Pablo en la segunda de sus cartas que tenemos a los Corintios:
"...Cristo, el cual es la imagen de Dios" (4:4c). Semejante expresión utiliza en su carta a los
Colosenses: "Él es la imagen del Dios invisible" (1:15), lo cual es perfectamente comparable al lenguaje de Juan en su evangelio:
"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a
conocer" (1:18). El Dios al que nadie vio jamás, es el Dios invisible, el Padre que habita en Luz
inaccesible, Quien lo da a conocer es el Hijo, el Dios Unigénito (Monogenès Teòs - μovoγεv_ς
Θε_ς, según los más antiguos manuscritos griegos), el cual es, entonces, Su Imagen.
Hebreos 1:3 nos lo dice de la siguiente manera: "...el cual (el Hijo), siendo el resplandor de su
gloria, y la imagen misma de su substancia (carácter de la Hipóstasis Suya [χαρακτ_ρ τ_ς
_πoστάσεως α_τo_] según transliteración del griego), y quien sustenta todas las cosas con la
palabra de su poder...".
La Carta de Pablo a los Filipenses nos dice: "El cual, siendo en forma de Dios" (2:6a). Cristo
dijo de Sí mismo: "Y el que me ve, ve al que me envió", y "Si me conocierais, también a mi padre
conoceríais; y desde ahora le conocéis y le habéis visto... el que me ha visto a mí, ha visto al
Padre".14
El apóstol Juan en la epístola primera lo resume así: "...el Hijo de Dios ha venido, y nos has
dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo
Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna" (5:20).
---14Cfr. Juan 12:45; 14:7,9.

De modo que la Imagen del Dios invisible, el Resplandor de Su gloria, el Carácter de Su
Hipóstasis (subsistencia-sustancial del ser), el Verbo, es un "El", un "el Cual", un "Mí"; "Él es la
imagen del Dios invisible"; "El cual siendo el resplandor de Su gloria"; "Si me conocieseis,
también a mi Padre"; "el que me ha visto a Mí...". El Verbo es un Quién que sustenta todas las
cosas con la Palabra de Su Poder;15 por Quien Dios hizo el Universo;16 en Quién, por medio de
Quién, y para Quién fueron hechas todas la cosas.17
Examinamos entonces el tema del Verbo como Sabiduría, y entonces Su pre-existencia, Su
co-existencia con Dios, Su Divinidad, y Su Encarnación histórica.
15Cfr. Hebreo 1:3.
16Cfr. Hebreo 1:2.
17Cfr. Colosenses 1:16.

LA PRE-EXISTENCIA DEL VERBO CON DIOS

LA PRE-EXISTENCIA DEL VERBO

"En el principio era el Verbo".18 No dice que el verbo comenzó con el principio, sino que en
el principio era el Verbo. Cuando las cosas tuvieron su principio, allí estaba el Verbo de
antemano, y nada fue hecho sin Él (YO, sin Él "NADA de lo que ha sido hecho fue hecho"73].
Todo fue hecho por Él y "Él es antes de todas las cosas".74 Antes de la tierra, los abismos, las
aguas, los montes y collados, los campos, el polvo del mundo, etc.;75 antes de todas las cosas; y
puesto que todo fue hecho por medio de Él, Él mismo, entonces, es el principio, "Él, que es el
principio",76 "el principio de la creación de Dios",77 "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin... el
primero y el último".78 Y por ser el Principio, es también "el primogénito de toda la creación".79 Es
decir, que antes de toda creación, ya había sido engendrado el Verbo, el Unigénito del Padre,
Primogénito de toda creación.
---18Juan 1:1. 73Juan 1:3. 74Colosenes 1:17. 75Proverbios 8:23-26. 76Colosenses 1:18.
77Apocalipsis 3:14. 78Apocalipsis 22:13. 79Colosenses 1:15---.

Ahora bien, el Primogénito, el Primero, el Principio, es también Unigénito, y lo es, porque su
generación es única en comparación a toda creación. Las cosas todas fueron creadas de la
nada por Su intermedio, pero Él mismo es engendrado directamente en forma inmanente del
Padre, y no vacilamos en decir con la Escritura, desde la eternidad. Él es el Principio, mas Él
mismo no tiene principio, sino que desde la eternidad es engendrado del Padre, siendo la misma
Sabiduría Divina, la Imagen misma de Dios, el resplandor de Su gloria. Dios nunca desde la
eternidad estuvo falto de sabiduría ni de resplandor de gloria; Su sabiduría, el resplandor de Su
gloria, le acompaña desde la eternidad, engendrado en el seno de Dios de una forma única, que
sólo el Padre conoce, pues nadie conoce al Hijo sino el Padre,80 el cual dice: "Yo te engendré
hoy".81. El "hoy" de Dios, no tiene ayer ni mañana, es eterno; él es el Principio y el Fin; Él es el
que era y el que ha de venir. Él dice: Yo soy; Yo te engendré hoy. El que era es el que es; Dios
es inmutable, inmutable Su gloria, inmutable Su sabiduría. Cuando dice: El que era, lo precede
con Yo Soy: "YO SOY EL que era, y que es, y que ha de venir".82 Engendrado hoy.
Cristo mismo declaró Su pre-existencia: "De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham
fuese, Yo Soy";83 (y tomaron piedras para arrojárselas, porque se hacía igual a Dios. "Nadie
subió al cielo sino EL QUE DESCENDIÓ DEL CIELO; el hijo del hombre que está en el cielo".84
"¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir A DONDE ESTABA PRIMERO?".85 "Padre,
glorificame tú al lado tuyo, con aquella gloria que TUVE CONTIGO ANTES QUE EL MUNDO
FUESE".86
"Yo soy el Alfa y la 0mega, el principio y el fin, el pr1mero y el último".87 Por eso leíamos en
Proverbios 8:23: "ETERNAMENTE tuve el principado". ¡Eternamente tuve! He allí la
pre-existencia prolongándose hasta la eternidad pasada.
80Cfr. Mateo 12:27. 81Hebreo 1:5. 82Apocalipsis 1:8.
83Juan 8:58. 84Juan 3:13. 85Juan 6:62. 86Juan 17;5. 87Apocalipsis 22:13.

Miqueas nos profetiza del Él: "...y sus salidas son desde el principio, desde los días de la
ETERNIDAD" (5:2); e Isaías nos lo refiere como: "...admirable, consejero, Dios fuerte, Padre
ETERNO, príncipe de paz" (9:6); y el apóstol Juan como: "...la vida ETERNA; la cual estaba con
el Padre y se nos manifestó".88
Juan el Bautista, que por la profecía sabía a quién precursaba, al propio Yahveh (Isaías 40:3),
dice: El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo (cfr. Juan 1:30).
La carta a los Hebreos asemeja el sacerdocio de Melquisedec con el del Hijo de Dios en que ni
tiene principio de días ni fin de vida.89 O sea, Melquisedec aparece en la Biblia
desconociéndose su Genealogía, sin padre, sin madre, sin principio de días y sin fin de vida; se
le declara ya Sacerdote del Dios Altísimo y no hay noticias del comienzo de su Sacerdocio. Todo
esto lo utiliza el autor de la carta a los Hebreos para asemejarlo al Hijo de Dios, cuyo Sacerdocio
es con juramento según el orden de Melquisedec. ¿Qué se le atribuye entonces al Hijo? ¿Qué
se reconoce de El cuando se usa para Su semejanza la expresión “sin principio de días”? ¡Se le
atribuye eternidad!
Bien, este Verbo pre-existente, engendrado inmanentemente desde la eternidad en el Seno de
Dios, como Su propia Sabiduría, como el Resplandor de Su gloria, es co-existente con Dios.
881 Juan 1:2.
89Hebreos 1:3.

LA CO-EXISTENCIA DEL VERBO CON DIOS

LA CO-EXISTENCIA
DEL VERBO CON DIOS

El apóstol Juan, continúa diciendo: "Y el verbo era (estaba) con Dios". [κα_ _ λόγoς _v πρ_ς τ_v
Θεόv]. Era con, estaba con. Era (_v), del verbo “eimi” (existir, ser) y con (πρ_ς), co-existencia.
Es de suma importancia detenerse en esta declaración; está colocada exactamente antes y
repetida después de la declaración: “Y el Verbo era Dios”.19 La declaración acerca de la
Divinidad del Verbo está, por así decírlo, envuelta, "emparedada", entre dos declaraciones
acerca de la coexistencia del Verbo con Dios:
19Juan 1:1.

“1Y el Verbo ERA CON Dios, y el Verbo era Dios. 2Este ERA en el principio CON Dios".20
Esto tiene un propósito bien definido: confesar al Hijo como al Padre, distinguirlo y no confundirlo.
Al decir que era con Dios está reconocíendola existencia subsistente del Verbo junto al
Padre desde la eternidad: era con Dios, mas sin dividir la Substancia esencial, pues también
era Dios. Así que éstas dos declaraciones tienen que ir juntas: era con Dios y era Dios. No
basta una sola de ellas, pues una media verdad puede desviarnos.
El Verbo es la Imagen de Dios, es Aquel Quien por el cual Dios el Padre lo hizo todo. El Padre
todo lo hizo por el Hijo. Proverbios 8:30 nos decía: "CON ÉL estaba yo ordenándolo todo, y era
su delicia de día en día, teniendo solaz DELANTE DE ÉL en todo tiempo". Con Él, delante de Él,
como queda implicado en la palabra griega de Juan 1:1: πρ_ς (pros). En la epístola primera de
Juan, (1:2), se nos dice: "...os anunciamos la vida eterna, la cual estaba CON EL PADRE, y se
nos manifestó". La vida es el Hijo. El Hijo es persona y comulga con el Padre desde antes de la
fundación del mundo: "Ahora pues, Padre, glorificame Tú al lado tuyo, con aquella gloria que
tuve CONTIGO antes que el mundo fuese".21
Quien habla en este pasaje es la persona del Hijo; habla, comulga con el Padre; y no habla
simplemente como hombre, como si fuera meramente el tabernáculo humano hablando con la
Deidad, según piensa el modalismo monarquiano patripasionista y unicista. ¡No! Quien habla es
el Hijo, el Verbo encarnado, pre-existente, pues dice: "...aquella gloria que tuve contigo antes
que el mundo fuese".
La naturaleza humana del Hijo tuvo principio en el vientre de la Virgen María, y no tuvo
existencia real antes de la fundación del mundo; sin embargo, la Naturaleza Divina del Verbo
compartía la gloria con el Padre, siendo el resplandor mismo de ella22 antes que el mundo fuese.
20Juan 1:1,2.
21"Juan 17:5
22Cfr. Hebreo 1:3.

Aquí co-existencia implica co-inherencia, pues el Padre es en el Hijo y el Hijo en el Padre (Juan
14:10,11).
La co-existencia del Verbo con Dios, del Hijo con el Padre, queda, pues, aquí expuesta, sin
dividir la Substancia esencial Divina, compartiendo la gloria desde antes de la fundación del
mundo,23 Su delicia delante de El.24
“ESTE era en el principio con Dios”.96 Éste, no esto; el Verbo no es un esto, sino que es éste,
y era en el principio con Dios. Si Dios el Padre es un Dios personal trascendente, Su Verbo, que
es Su Imagen, siendo Su fiel representación, es de hecho igual a Él; y es por lo tanto también
personal, para revelar al Padre tal cual el Padre verdaderamente es. "A Dios nadie la vio jamás;
el unigénito Hijo, que está en el seno del padre, él le ha dado a conocer".97 El Hijo es, pues, aquel
TÚ a QUIEN el Padre dice: Yo TE engendré hoy.98
No es, sin embargo, el Hijo otro Dios, sino más bien: "...El verbo era Dios".99 y "...El Hijo de
Dios ha venido, y no ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el
verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna" (l Juan 5:20).
No es, pues, el Hijo otro Dios, sino Su imagen misma, Su Verbo, Su Sabiduría, el resplandor
de Su gloria, el heredero de Su plenitud, el objeto de Su amor eterno, Aquel con quien el Padre lo
comparte todo. "Todo lo que tiene el Padre es mío", "Y lo mío tuyo";100 como está escrito; "Por
cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud".101
Entonces llegamos al momento de abordar con más detenimiento la verdad acerca de la
divinidad del Verbo.102
23Cfr. Juan 17:5; Filipenses 2:6.
24Cfr. Proverbios 8:30. 96Juan 1:2. 97Juan 1:18. 98Juan 1:1. 991 Juan 5:20.
100Juan 16:15; 17;10. 101Colosenses 1:19.
102Consideraciones más exhaustivas del autor al respecto en “Cristo en la Eternidad y la Trinidad”.

LA DIVINIDAD DEL VERBO DE DIOS

LA DIVINIDAD DEL VERBO

Encaramos, pues, ésta, con el conocimiento paralelo de Su co-existencia con Dios el Padre. El
Verbo que se hizo carne, Jesús el Cristo, es claramente llamado Dios en las Escrituras según Su
revelación propia:
"Y el Verbo era Dios" ("y Dios era el Verbo"). Dios es lo que se predica del Verbo.25
Hay varias Escrituras que nos hablan primeramente de Dios en Cristo, y también entonces de
Cristo – Dios, sí, incluso del Hijo – Dios antes de la encarnación: Yahveh enviado de Yahveh.
Comencemos leyendo de las primeras:
"...Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo".104 “Porque en él habita
corporaImente toda la plenitud de la deidad".105 "17...al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al
único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos amén. 14...la aparición de
nuestro Señor Jesucristo, 15la cual a su tiempo mostrará al bienaventurado y sólo Soberano, Rey
de reyes y Señor de señores, 16el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a
quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno.
Amén".106
25Cfr. Juan 1:1. 1042 Corintios 5:19. 105Colosenses 2:29. 1061 Timoteo 1:17; 6:14-16.

"Yo soy el Alfa y la 0mega, el principio y el fin".107 "Yo soy el Alfa y Ia Omega, principio y fin,
dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el todopoderoso".108 ("Yo soy el Alfa y la
Omega, el primero y el último")109 (en estas últimas citas, porciones no se encuentran en todos
los manuscritos). He aquí ahora algunas declaraciones de Jesús acerca de Sí mismo: "22Porque
el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23para que todos honren al Hijo como
honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió... 26Porque como el
Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo".110 "Si me
conocieseis también a mi Padre conoceríais".111 "Antes que Abraham fuese, yo soy".112 "Yo y el
Padre uno somos".113 "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le
conocéis y le habéis visto... 9¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido,
Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al
Padre?"114
Además de éstas, están las declaraciones proféticas acerca del Cristo como Yahveh mismo;
veamos además las de Su nacimiento e infancia: "He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz
un hijo, y llamará su nombre Emanuel",115 lo cual tuvo cumplimiento según Mateo apóstol:
"...Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" [1:23]; e Isaías profetizó: "Porque un niño nos
es nacido, hijo nos es dado... y se llamará su nombre... DIOS FUERTE, PADRE eterno, príncipe
de Paz" (9:6).
Lo que Jesús mandó contar a Juan el Bautista, según Mateo 11:5, fue el cumplimiento de
Isaías 35:4-6 donde Dios mismo viene y salva y abre los ojos de los ciegos y los oídos de los
sordos. Juan el Bautista, la voz que clamó en el desierto, según Isaías, preparaba camino a
Yahveh y enderezaba calzada en la soledad a nuestro Dios.116 Jeremías le llama al Mesías:
---107Apocalipsis 22:13. 108Apocalipsis 1:8. 109Apocalipsis 1:11; Apocalipsis 1:17,18.
110Juan 5:22.26. 111Juan 8:19. 112Juan 8:58. 113Juan 10:30. 114Juan 14:7,9. 115Isaías 7;14. 116Isaías 40:3. 117Jeremías 3:6. 118Zacarías 11;12,13. 119Zacarías 12:10. 120Zacarías 14:3-5---....Yahveh, justicia nuestra.117 Zacarías presenta a Yahveh vendido por 30 piezas de plata,118
también traspasado,119 viniendo en gloria con todos los santos para afirmar sus pies sobre el
monte de los Olivos.120 Todo es aplicado exactamente a Jesucristo, en quien hallan cumplimiento
estas profecías acerca de Yahveh. Así, pues, que vemos a las Escrituras mostrarnos a
Jesucristo cual Yahveh en Cristo. En Cristo vemos a Dios en carne, como está escrito: "...de los
cuales (los patriarcas) según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito
por los siglos. Amén".
(_ξ _v _ Χριστ_ς τ_ κατ_ σάρκα _ _v _π_ πάvτωv θε_ς
ex wn o Kristos to kata sarka o wn epi pantwn Teos
ε_λoγητ_ς ε_ς τo_ς α__vας, _μήv.
eulogetos eis tous aionas, amén).121
Y la primera carta de Pablo a Timoteo: "Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad;
Dios (aquí el original no dice Teos, sino _ς, quien, el cual) fue manifestado en carne, justificado
en espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en
gloria" (3:16), lo cual no sería ningún misterio si fuese sólo aplicado a una criatura, hombre o
ángel.
Los apóstoles, pues, le llaman a Jesucristo indefectiblemente Dios. Pedro le llama:
"Nuestro Dios y Salvador Jesucristo".122
τo_ θεo_ _μ_v κα_ σωτ_ρoς _Iησo_ Χριστo_
tou Teou emwn kai Soteros Yesou Kristou
del Dios nuestro y Salvador Jesús Cristo.
Pablo le llama igualmente:
---121Romanos 9:5. 1222 Pedro 1:1. 123Tito 2:13. 124Juan 20:28. 125Juan 1:1. 126Juan 1:18.---
:"Nuestro gran Dios y salvador Jesucristo".123
(μεγάλoυ θεo_ κα_ σωτ_ρoς _μ_v Χριστo_ _Iησo_
Megalou Teou kai Soteros emwn Kristou Yesou).
Gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús.
El apóstol Tomás le llamó: "¡Señor mío y Díos mío!"124. Juan dice que Dios era el Verbo,125 y
que al Dios invisible, el Díos unigénito126 ha dado a conocer.
Así que toda la evidencia presentada nos descubre al Señor Jesucristo, el Verbo encarnado,
como siendo Dios mismo. Ahora bien, alguno podría falazmente argumentar con la unicidad
modalista que la Deidad vista en el Hijo era tan sólo la del Padre, haciendo así al Hijo un mero
tabernáculo humano; o sea, nos hablaría del Padre como Hijo, y no del Padre en el Hijo, lo cual
sería un grave error, pues NIEGA AL HIJO, Ya que éste que es enviado del Padre y a él ora; no
ora ni es enviado como un mero hombre, pues quien ora, aunque es verdadero hombre, no es
sólo hombre, sino que es el Verbo que estaba con Dios y era Dios, hecho carne, semejante a los
hombres, y cuando dialoga con el Padre, dialoga acerca de la gloria compartida antes de la
encarnación.127 También Hebreos 1:2 nos presenta al Hijo en la creación antes de la
encamación.
También está escrito: "Y Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen";128 no dice: Mi
imagen; ni tampoco: Nuestras imágenes, sino que dice: Nuestra imagen; ésta es el Hijo, imagen
del Dios invisible por Quien todo fue hecho, y sin Quien nada de lo que ha sido hecho fue
hecho. Así que podemos mostrar un poco más de evidencia escritural para señalar específica y
distintivamente al Hijo en cuanto Dios; es decir, no apenas la Deidad del Padre en la mera
humanidad del Hijo como simple tabernáculo humano, sino la Deidad del Hijo en Sí mismo, es
decir, en cuanto Hijo, la que sin embargo no es otra substancia esencial Divina, sino la misma del
---127Cfr, Juan 17;5; 128Génesis 1:26. 129Juan 5:26. 130Juan 17:1. 131Juan 17:21. 132Hebreos 1:8-9. 133Juan 20:17.---...Padre que en el Hijo subsiste específicamente como resplandor engendrado inmanentemente.
Mientras que en el Padre subsiste como ingénita, el Hijo la tiene en Sí mismo recibiéndola129
inmanentemente y eternamente del Padre, con quien la comparte, siendo Él mismo resplandor
de Su gloria, y siendo el Hijo del Padre, y para el Padre, y en el Padre, inseparablemente un sólo
Dios. Tal relación se expresa en estas palabras de Cristo: "Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu
Hijo te glorifique a ti".130 También en esta Escritura: "Jesucristo es el Señor para gloria de Dios
Padre". Y puesto que Dios es Uno, no es el Padre sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre, sino que es
el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre;131 como se reconociera también en Nicea: "Dios de Dios,
Luz de Luz".
Nos dice, pues, la Escritura: "8Mas del Hijo dice: Tu Trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro
de equidad es el cetro de tu reino. 9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te
ungió Dios, el Dios tuyo...".132 Del Hijo dice: Tu trono, oh Dios... te ungió Dios, el Dios tuyo. Tu
trono, oh Dios, se dice del Hijo. "Oh Dios", se dice del Hijo. "El Dios Tuyo" es el Padre, el Dios del
Hijo, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, a Quien el Hijo llama Padre y Dios: "Subo a mi Padre
y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios".133

EL ÁNGEL DE YAHVEH

EL ÁNGEL DE YAHVEH

Podemos ver entonces no sólo al Padre cual Yahveh, sino también al Hijo, al Hijo cual Yahveh,
con el Padre, con Yahveh. Leemos en Zacarías 2:8-11: "8Porque así ha dicho Yahveh de los
ejércitos (el Hijo): Tras la gloria me enviará él (el Padre) a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su (del Padre) ojo. 9Porque he aquí yo (el Hijo) alzo mi
mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos (del Padre), y sabréis que Yahveh de los
ejércitos (el Padre) me envió (al Hijo). 10Canta y alégrate, oh hija de Sion; porque he aquí vengo,
y moraré en medio de ti, ha dicho Yahveh (Dios). 11Y se unirán muchas naciones a Yahveh
(Dios) en aquel día, y me (a Dios) serán por pueblo, y moraré (Dios) en medio de ti; y entonces
conocerás que Yahveh de los ejércitos (el Padre) me ha enviado (al Hijo) a ti". Vemos a Yahveh
que envía quien es Dios nuestro Padre, y a Yahveh enviado de Yahveh, el Verbo enviado del
Padre. Se observa, pues, aquí al Hijo, en forma distintiva, también como Yahveh; distinción que
no debe entenderse como de substancia esencial, pues Yahveh Díos Uno es,26 mas el Padre
verdaderamente envía, y el Hijo verdaderamente es enviado, según la revelación escrita.
---26Cfr. Deuteronomio 6:4---.

Un pasaje similar lo podemos leer en Isaías 48:15,16: "15Yo, yo hablé, y le llamé y le traje; por
tanto, será prosperado su camino. 16Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en
secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envío Yahveh el Señor, y su
Espíritu". El contexto del pasale en el capítulo nos muestra a Yahveh hablando, y he aquí que
es enviado de Yahveh el Señor Y, aquí hay una conjunción Y, "y su Espíritu". Vemos, pues, al
Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Esta secuencia no es escandalosa en la frase, pues fue
claramente pronunciada por el mismo Señor Jesucristo; "Id, y haced discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".27 Jesús usó
esta frase con segura corrección y sin pedir a nadie disculpas. (Aquí no estamos hablando
extensivamente del bautismo ni de fórmula bautismal, sino del uso de la frase: Padre, Hijo y
Espíritu Santo, de parte de Jesús, en ese orden y con esa equiparación). Es clara entonces la
Escritura cuando dice: "Y el Verbo era Dios".136
En el Antiguo Testamento vemos a Yahveh en apariciones teofánicas, llamado también el
Ángel de Yahveh, aunque Yahveh mismo. Uno de los pasajes de mayor claridad es el de la
zarza ardiendo cuando Dios apareció a Moisés, pues evidentemente se trataba de Dios mismo
al decir: "Yo soy el Dios de tu Padre, Dios de Abraham, Dios de lsacc, Dios de Jacob",137 mas en
el verso 2 de Éxodo 3, en el pasaje claramente dice: "Y se le apareció el ángel de Yahveh en una
llama de fuego en medio de una zarza".138 Dios mandó a Moisés a decir: "Yahveh, el Dios de
vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció..." (3:16). Observamos
entonces aquí la identidad del Ángel de Yahveh con Yahveh mismo, y diciendo: "Yo soy el que
soy". Yahveh le había aparecido a Abraham, Isaac y Jacob, también a Agar a quien ella, en el
Ángel de Yahveh, vio a Yahveh y le llamó: “Tú eres Dios que ve”.139
---27Mateo 28:19. 136Juan 1:1. 137Éxodo 3:6. 138Éxodo 3:2. 139Génesis 16:13. 140Génesis 32:22-30.---

El Ángel de Dios se presentó a Jacob así: "Yo soy el Dios de Bet-el", según Génesis 31:13.
Jacob luchó en Peníel con un Varón,140 y dijo ver a Dios; igualmente se dijo de él haber luchado
con Dios. El Ángel de Yahveh que apareció a Moisés como Díos en la zarza, fue el mismo que
guió a Israel en el desierto, del cual dijo Dios: “Mi nombre está en él”.141 Era Yahveh en la
columna de nube;142 y el Ángel de Yahveh que en Jueces 2:1-5 dice haber introducido al pueblo
en su tierra, y el cual habla de mi pacto con vosotros; es el mismo Ángel de Yahveh a quien
Gedeón llama: Ah, Señor Yahveh, y Ángel de Yahveh.
En Zacarías 3 es también llamado el Ángel Yahveh; la partícula "de" no aparece en el original
hebreo. En Jueces 13, Manoa, padre de Sansón se encuentra con este Ángel de Yahveh, y dice
de Él: “Ciertamente moriremos porque a Dios hemos visto” (v.22). Éste es quien guió a Israel por
el desierto,143 el cual, según el Nuevo Testamento, es definitivamente Cristo, el Verbo de Dios,
como está escrito: “Porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.144
Tanto Isaías como Malaquías lo identifican como el Ángel de Su Faz y el Ángel del Pacto:
"8Porque dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador. 9En toda
angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó...";145 y Malaquías profetiza:
"He aquí, yo envío mi mensajero, el cual prepara el camino delante de mí; y vendrá súbitamente
a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis
vosotros".146 El Verbo es, pues, la imagen del Dios invisible, el resplandor de Su gloria, el Ángel
de Su faz, Ángel del pacto, Ángel Yahveh quien es Yahveh mismo enviado de Yahveh. “Salí del
Padre, y he venido al mundo".147 "Han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que
tú me enviaste”.148
Reafirmamos entonces que este Ángel de Yahveh, que es Yahveh mismo, es el Verbo de
---141Éxodo 23:20,21. 142Éxodo 13:21. 143Jueces 2:1. 1441 Corintios 10:4. 145Isaías 63:8,9.
146Malaquías 3:1. 147Juan 16:28. 148Juan 17;8. 149Cfr. Miqueas 5:2---....Dios, cuyas salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad;149 y este Verbo de Díos que estaba con Dios y era Dios, se hizo carne llegando a ser Jesús el Cristo, quien es el Hijo del Dios viviente, Yahveh mismo cuya venida estaba profetizada, el Hijo del Padre, el unigénito Dios.

LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

"Y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros [y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre] lleno de gracia y de verdad".28
La expresión Unigénito del Padre nos presenta la generación del Hijo, lo cual antes de
entrar en la encarnación más detalladamente, debemos observarlo en tres declaraciones:
1. Antes de todas las cosas:
"Antes de los abismos fui engendrada [la Sabiduría de Dios que es el Verbo)";151 "antes de los
collados ya había sido yo engendrada".152
2. En la encarnación:
"No temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo
es".153
28Juan 1:14. 151Proverbios 8:24. 152Proverbios 8:25. 153Mateo 1:20.

3. La confirmación en la resurrección:
"32Aquella promesa hecha a nuestros padres, 33la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a
nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi Hijo eres tú,
yo te he engendrado hoy".154 "Que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de
santidad, por la resurrección de entre los muertos".155
El Unigénito del Padre, el Hijo Unigénito, es el Dios Unigénito, según la expresión de Juan
1:18, en los más antiguos manuscritos: Monogenès Theòs.
Unigénito es, pues, el Único engendrado, es decir, no en el sentido de creación de la nada,
sino de participación inmanentemente, de la Substancia Esencial misma de la Divinidad, siendo
así el resplandor mismo de la gloria Divina, Aquella Imagen de Sí mismo que Dios conoce y ama
como igual a Sí, tan eterna como Él, pues le acompaña siempre siendo con Él UN Dios. Y el Díos
Padre que conoce, se conoce con un conocimiento igual a Sí el cual es el Verbo, Su Hijo, Dios
con Él, al cual ama con un Amor igual a Sí que procede de Sí siendo Éste el Espíritu Santo, Dios
mismo que procede y se da igual a Sí. Un solo Dios, que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El Hijo corresponde el Amor, y este Amor entre el Padre y el Hijo es el Espíritu Santo subsistente.
Ahora bien, este Verbo de Dios llegó a ser carne:
(κα_ _ λόγoς σ_ρξ _γέvετo
kai o logos sarx egeneto)
Y el Verbo carne llegó a ser.156
El Altísimo hizo sombra sobre la Virgen María, de manera que ella concibió en su vientre por el
poder del Altísimo, el Espíritu Santo que vino sobre ella,157 y en ella fue engendrado del Espíritu...
---154 Hechos 13:32,33. 155Romamos 1:4.
156Juan 1:14. 157Lucas 1:35. 158Mateo 1:20. 159Juan 1:14.--- ...Santo,158 y el Verbo fue hecho carne.
Debemos notar la expresión: "y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros".159 No dice
allí que el Verbo descendió sobre una carne, o sea, el Logos sobre un hombre, sino más
exactamente, Él mismo llegó a ser ese Hombre; El Verbo fue hecho carne, asumió humanidad,
no viniendo sobre un hombre, sino viniendo como hombre. Es de suma importancia este
pequeño detalle, pues no se trata de dos personas, una el Logos y otra el hombre, como si fuera
una en la otra, sino que se trata de la Única Persona del Hijo, que es el Verbo de Dios y a la
vez Hombre perfecto, el Verbo hecho carne, y, como dice Filipenses 2:7: "...hecho semejante a
los hombres".
El espíritu de anticristo procura dividir la Persona del Hijo, separando al Logos como uno y al
hombre como otro, y esto lo hace con el fin de presentar posteriormente la pretensión de el
Logos ubicado dentro de otra persona distinta a Jesús de Nazaret el Cristo; o sea, como si el
Cristo ahora viene a través de otro hombre distinto al Nazareno. Pero el Verbo llegó a ser carne
Él mismo, semejante a los hombres, y permanece eternamente encarnado cual Jesús el Cristo.
El apóstol Juan escribió: "¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?
Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo".160 Así que es mentiroso el que niega que
Jesús es el Cristo. No se trata del Cristo en Jesús, sino más bien de Jesús el Cristo. Jesús
mismo es el Cristo. ¡No hay diferencia entre Jesús y el Cristo! lo tal sería mentira. Sino que el
Cristo es Jesús, y Jesús mismo es el Cristo; el Verbo encarnado es el Mesías, el Cristo, y Su
nombre es Jesús, el Hijo de Dios, también Él mismo es el Hijo del Hombre, la Persona del Hijo,
verdadero Dios y verdadero Hombre. El Verbo es Dios verdadero, y como Dios es inmutable y no
puede dejar de ser Dios; y este Verbo, que es Dios, fue hecho carne, hecho semejante a los
hombres; por lo tanto, el mismo que es el Verbo de Dios, Dios verdadero, es también Hombre
---160 1 Juan 2:22---...verdadero y Su nombre es Jesús, y Su identidad el Cristo; Su Persona es única, Teo-antrópica, Dios y Hombre verdadero; Dios en cuanto Verbo, y Hombre en cuanto este Verbo fue hecho
carne semejante a los hombres. Estas dos naturalezas, la divina y la humana, están
perfectamente unidas en una única Persona que es Jesucristo el Hijo del Dios viviente. Estas
dos Naturalezas no se anulan mutuamente.
La naturaleza divina del Verbo es inmutable y no se disuelve, aunque es todopoderosa y
puede lo que quiere, incluso encarnarse. La naturaleza humana de Cristo no es semidiós por el
hecho de haber sido asumida por el Verbo, pues el Verbo, que es Dios y por naturaleza
inmutable, fue hecho hombre, no semidiós, sino carne y semejante a los hombres, tentado en
todo conforme a nuestra semejanza, verdadera y realmente. Así que la naturaleza humana no
deja de ser perfectamente humana por el hecho de haber sido asumida por el Verbo; ni tampoco
la naturaleza divina deja de ser perfectamente divina por el hecho de haber asumido humanidad,
sino que es el Verbo hecho carne, Dios con nosotros, manifestado en carne, Dios y Hombre
verdadero, Jesucristo.
El arca era tanto de madera de acacia como de oro, y la ofrenda tanto de harina como de
aceite.
¡Así que Jesús es el Cristo! y permanece el mismo hoy, ayer y por los siglos.161 Pablo por el
Espíritu Santo lo confiesa de la siguiente manera: "5Haya, pues, en vosotros este sentir que
hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho
semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. 9Por lo cual Dios también le exaltó
hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús...
---161Cfr. Hebreos 13:8----....se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.162
Examinando por partes, tenemos:
Χριστ_ _Iησo_, _ς _v μoρφ_ θεo_ _πάρχωv
Kristw Yesou, os en morfe Teou yparkwn
o_χ _ρπαγμ_v _γήσατo τ_ ε_vαι _σα θε_
ouk arpagmon egesato to einai isa Tew.
-Cristo Jesús, quien en forma [de] Dios subsistiendo, no usurpación consideró el ser
igual [a] Dios.
---162Filipenses 2:5-11.---

Esto nos indica la condición del Verbo en cuanto Divinidad. O sea, aunque era igual a Díos no
lo estimó como algo que debía usurparlo, arrebatarlo o retenerlo con avidez, sino que su sentir
fue despojarse de lo Suyo voluntariamente. No se aferró a mantenerse en la condición propia de
ser igual a Dios, existiendo en forma de Dios, μoρφ_ θεo_, sino que se despojó a Sí mismo:
_λλ_ _αυτ_v _κέvωσεv
alla eayton ekenwsen
...pero a Sí mismo se anonadó.
Es decir, se humilló, se despojó, se vació a Sí mismo voluntariamente, se puso a nuestro
nivel. Notemos que este despojamiento no es "de Sí mismo", es decir, de Su Persona y
Divinidad inmutable, sino que se despojó a Sí mismo, o sea, de la exclusividad de su condición
en cuanto Divinidad cuya posición es de gloria. Él sigue siendo la misma Persona, y la gloría
sigue siendo Su derecho innato en cuanto Divinidad, mas sin dejar de ser la misma Persona
innata e inmutablemente gloriosa, no se aferró a retener con exclusividad las condiciones
gloriosas de Su Divinidad, sino que por Amor, voluntariamente, aceptó someterse a condiciones
inferiores a las cuales corresponde una honra inferior; además de eso, Él tomó nuestra
deshonra: se humilló a Sí mismo, se anonadó. La inmutabilidad de la gloria divina no es afectada
por Su humillación, sino que al contrario, la excelencia de esa gloria de naturaleza inmutable fue
revelada en la exquisitez maravillosa del amor eterno e inmutable del cual es ingrediente la
humildad. Tales atributos manifestó la encarnación, "¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a
mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?"163 Al hablar así lo hace aun
como Hombre en cuanto Hijo, en Su humillación, reteniéndose a Sí mismo en su condición
humana.
"Tomando forma de Siervo".
---163 Mateo 26:53.---

μoρφ_v δoύλoυ λαβώv
morfen doulou labwn
Forma (de) Siervo habiendo tomado.
Es decir, no era siervo ni lo es por naturaleza divina, sino que subsistiendo en forma de Dios
por naturaleza es igual a Dios, mas tomó la forma de un siervo. El siervo de Yahveh y el Hijo del
Hombre que no vino para ser servido sino para servir. Toda criatura es por naturaleza
indeleble, siervo; Él no lo era, sino que tomó tal forma; es decir, era definitivamente Dios
tomando forma de siervo hecho semejante a los hombres:
_v _μoιώματι _vθρώπωv γεvόμεvoς
en homoiwmati antrwpon genomenos
En semejanza [de los) hombres habiendo llegado-a-ser.
Aquí se nos completa mucho más la revelación anterior: Aquel Verbo fue hecho carne. Aquí
aparece no meramente como carne, σ_ρξ (sarx), sino como hombre, semejante a los hombres,
_vθρώπωv [antropon]. Así que el Verbo se hizo Hombre, es decir, no asumió tan solamente un
cuerpo humano, sino la completa naturaleza humana.
Según 1 Tesalonicenses 5:23, el ser del hombre está compuesto de: espíritu, alma y cuerpo.
Al espíritu corresponden las funciones de conciencia, percepción intuitiva y comunión
espiritual: Salmos 34:18; 51:10; Romanos 9:1; Mateo 26:41; 1 Corintios 2:11; Marcos 2:8; 8:12;
Lucas 1:47; Juan 11:33; 13:21; Hechos 17:16; 18:25; 20:22; Romanos 1:9; 7:6; 8:15,16; 1
Corintios 5:3; 6:17; 14:15,16; 16:18; 2 Corintios 2:13; 7:13; Filipenses 3;3; Juan 4:23.
Al alma corresponden: la voluntad: Deuteronomio 21:14; Números 30:2; Job 6:7; 7:15;
Salmos 27:12; 35:25; 41:2; Jeremías 44:14; Ezequiel 16:27; 1 Crónicas 22:19; la emoción:
Deuteronomio 6:5; 14:26; Jueces 10:16; 1 Samuel 18:1; 20:4; 30:6; 2 Samuel 5:8; Job 10:1; 19:2; 33:20; Salmos 42:1,5; 84:2; 86:4; 107:5; 116:7; 119:20; Proverbios 16:24; Cantares 1:7;
Isaías 26:9; 55:27; 61:6; Ezequiel 24:21; 2 Reyes 4:27; Jonás 2;7; Zacarías 11;8; Mateo 12;18;
26;18; Lucas 1:46: 2:35; Juan 12:27; 2 Pedro 2:8, y el intelecto y mente natural: Génesis 49:6;
Salmos 13:2; 139:14; Proverbios 2:10; 3:21,22; 19:2; 24:14; Lamentaciones 3:20; Ezequiel
24:25. Al cuerpo corresponde nuestra participación en el mundo material.
Cuando la persona no es regenerada, el hombre natural se gobierna generalmente según el
antojo de su alma, de manera que su espíritu atrofiado llega a tomar tales características (Gé.
41:8; Dt. 2:30; Jueces 8:3; Prov. 14:29; 17:22; Is. 20:24; Dn. 5:20). En la regeneración espiritual,
el espíritu es vivificado cambiando también la mente (Ef. 4:23). Arrepentimiento significa
también entonces cambio de mente, como consta en sus raíces griegas: meta-noia, μετάvoια.
El alma, pues, se diferencia del espíritu: 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 4:12; Lucas
1:46,47, aunque operan juntos en estrecha comunicación.
El Señor Jesucristo, el Verbo encarnado, que tomó forma de siervo, hecho semejante a los
hombres, llegó a ser un verdadero (_vθρώπoς, antropos) Hombre. Es decir, un Hombre con
espíritu, alma y cuerpo verdaderamente humanos, en todo semejante a nosotros.
"Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo ml espiritu"
(Lc, 23:46); "Entregó el espíritu" (Mt. 27:50).
"37Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse
en gran manera. 38Entonces Jesús les dijo: mi alma está muy triste, hasta la muerte" (Mt.
26:37,38)
"En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en
carne, es de Dios" (1 Jn. 4:2)
Este Santo Hombre verdadero, el Señor Jesucristo, el Verbo encarnado, tuvo, pues, y tiene
espíritu, alma y cuerpo verdaderamente humanos. Ahora bien, en el ser humano distínguese el espíritu del hombre, del Espíritu de Dios. El espíritu del hombre es creado y dado por Dios al
hombre, formado dentro suyo.164 En cambio el Espíritu de Díos es eterno,166 increado y
procedente del Padre166 por el Hijo.
---164Cfr. Zacarías 12:1. 166Hebreos 9:14. 166Juan 15:26.---

Pablo dice así: "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu" (Ro. 8:16). Ahora bien.
Jesús fue y es un hombre verdadero con espíritu, alma y cuerpo humanos, el cual como persona
participante de la naturaleza humana fue investido también del Espíritu Santo.
"37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea; después del
bautismo que predicó Juan: 38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de
Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo,
porque Dios estaba con él" (Hchs. 10:37,38).
El Verbo, pues, de Dios, que estaba con Dios y era Dios, fue hecho carne, semejante a los
hombres, espíritu, alma y cuerpo, y fue a su vez investido del Espíritu Santo por Su Padre. Éste
es el Señor nuestro Jesucristo, que vino mediante (δι_)167 agua y sangre; no en (_v) el agua
solamente, mas en (_v) el agua y (_v) en la sangre.168
---167Cfr. 1 Juan 5:6. 168 l Juan 5:6---.